Inmigración deporta a nicaragüenses que piden asilo para huir del gobierno de Ortega

Jarvin Hernández tiene 22 años, no cree en las armas, no tolera la injusticia y ha buscado una vida digna y libre en Estados Unidos, pero inmigración le ha dicho que no.
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Un joven que protestaba contra el gobierno es arrastrado por fuerzas de seguridad durante la marcha Unidos por la Libertad en Managua. AP / AP

Jarvin Antonio Hernández-Jarquín llegó a Estados Unidos pidiendo asilo, después de un largo viaje por Centroamérica y México para escapar de la represión desatada por el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua. Hoy fue devuelto al país del que huyó por las autoridades migratorias a las que pidió el asilo.

Hernández, de 22 años de edad, es el hijo de un pastor en Nicaragua. Su familia es conocida en el municipio de San Juan del Río Coco, en el norte del país. Su abuelo perdió la vida en la guerra civil que dividió al país en las décadas de los años setenta y ochenta, a manos de las mismas personas que hoy persiguen a su nieto.

“No creo en el uso de armas, pero tampoco tolero la injusticia de un régimen. Creo en escapar de la opresión y buscar la libertad, tal como lo hicieron una vez la sagrada familia y los judíos”, escribió Hernández en una carta que envió al juez de inmigración.

El joven nicaragüense ha dicho a la corte de inmigración que revisó su caso que si regresa a Nicaragua teme que lo maten como a su abuelo o lo encarcelen de manera arbitraria.

Foto de Jarvin Antonio Hernández en Nicaragua.

La protesta de Hernández contra el gobierno, como la de miles de estudiantes en Nicaragua, comenzó con las reformas a la seguridad social en abril de este año, pero la situación escaló dramáticamente cuando fuerzas leales al presidente Ortega comenzaron a disparar contra los manifestantes. En los días que siguieron, decenas de personas fueron asesinadas, la mayoría jóvenes como Hernández. A la fecha, la cifra de muertos asciende a más de 300, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Durante una de las protestas Hernández fue capturado por la policía. Había cometido el error de no correr como los demás chicos después de que arrojaran bombas lacrimógenas contra ellos. En la carta enviada al juez de inmigración, explicó que su razonamiento había sido que no había cometido ningún crimen y además temió que si corría podía sucederle algo peor.

Los policías que lo capturaron lo tiraron al piso y ahí lo patearon en las costillas, luego lo abofetearon e interrogaron por largo tiempo. Después, amenazaron con matarlo si lo volvían a ver y le tomaron fotografías. Hernández no acudió al hospital por temor a que lo fueran a encontrar allí y tampoco pudo ir a la policía a denunciar por obvias razones.

Sin embargo, el oficial de inmigración que condujo la entrevista de miedo creíble, uno de los requisitos para solicitar asilo, concluyó que no había fundamento para el temor de Hernández de regresar a su país y que, por tanto, debía ser deportado.

“Cuando el oficial me preguntó por qué tenía miedo de regresar a Nicaragua, yo respondí ‘me quieren matar”, escribió Hernández. ¿Quién?, preguntó el oficial. “Los policías y grupos cercanos al gobierno… los llaman los sandinistas”, respondió, según la carta que envió al juez.

Hasta muy tarde este jueves, la comunidad nicaragüense de Houston, donde el joven tiene familia, no había sabido de su deportación. Más temprano en el día, un puñado de residentes de Houston se habían movilizado afuera del centro de detención para inmigrantes de Houston, donde se encontraba, para protestar por las deportaciones de sus connacionales que han pedido asilo.

“Si estos jóvenes son deportados, estarán regresando al mismo gobierno que atentó contra sus vidas y no tendió recursos legales de protección”, dijeron en un comunicado miembros de la comunidad nicaragüense en Houston.

La comunidad ha compartido una lista de al menos 30 nicaragüenses que están esperando el fallo de un juez en su solicitud de asilo, algunos son menores de edad y todavía se encuentran detenidos. Se desconoce la cifra total de nicaragüenses que se encuentran en esta situación.

“No sabemos cuántos más deportados podamos tener en los próximos días”, dijo Vilma Shandera, residente nicaragüense de Houston y una de las personas que acudió al plantón fuera del centro de detención. Este sábado reanudarán sus protestas contra el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, en inglés).

Al menos hay una denuncia de un nicaragüense que fue asesinado después de haber sido deportado. “Ariel García vino de los Estados Unidos deportado, fue asesinado por un sandinista, qué triste lo que está pasando aquí en Nicaragua”, dijo el padre de Jarvín Hernández, Mario Hernández. Telemundo no pudo verificar esta información.

Esta es la segunda vez que Hernández intenta conseguir asilo político en Estados Unidos, explicó su abogada, Emili Bendaña. Cuando la represión se recrudeció a finales de abril de este año, su familia decidió enviarlo fuera. Sin embargo, un oficial de migración en la frontera desestimó su caso sin que siquiera lo pudiera ver un juez.

Durante un tiempo permaneció en Honduras, pero luego tuvo que regresar a Nicaragua porque no tenía manera de sostenerse ni nadie que lo pudiera ayudar en ese país vecino. Fue poco después de su regreso que la policía lo arrestó mientras participaba en una protesta pacífica, por no tolerar la injusticia.

El viaje de vuelta a Estados Unidos para conseguir el asilo fue casi tan duro como su experiencia con la policía de Ortega.

“Jarvin presenció cómo una persona que se había vuelto su amigo en el viaje murió en el desierto”, dijo Bendaña.

Después de esta experiencia traumática, además de haber escapado de un gobierno que ha asesinado, desaparecido y encarcelado a cientos de opositores, Hernández se entregó a las autoridades migratorias en un puerto de entrada, conforme la ley lo establece, por segunda ocasión.

Nuevamente un oficial condujo una entrevista para establecer si el miedo a regresar era verdadero. Pero las preguntas que hizo, dijo su abogada, no contribuyeron a que Hernández pudiera explicarse con amplitud.

En este caso, además del posible estrés post traumático por el que estaba pasando su cliente, la abogada de Hernández dijo que la entrevista fue demasiado breve y las preguntas que el oficial hizo realmente no ayudaron a que su cliente desarrollara su historia, “no le pidieron que diera los detalles que lo hubieran podido ayudar”, dijo Bendaña.

Tras la breve entrevista, el oficial desestimó el caso por falta de detalles que hicieran creíble su historia: “No hay posibilidad razonable de que sufras el daño que temes”, dijo el oficial según relata Hernández en la carta al juez.

En estos casos, explicó su abogada, sólo se puede apelar una vez a un juez, cuyo fallo se vuelve indiscutible. Esta fue la razón por la cual Hernández redactó una carta al juez de la corte de inmigración de Houston, para explicarle los detalles que no había podido dar en la primera entrevista. Sin embargo, la respuesta del juez fue igualmente demoledora, no creyó que omitiera esa información y en consecuencia negó su apelación.

Después de eso Hernández permaneció en el centro de detención de ICE en Houston, en espera a que hubiera un avión para enviarlo de vuelta a Managua, la capital de Nicaragua. Este jueves se reunió con su padre en Nicaragua.

El mes pasado, la Organización de Estados Americanos, de la cual Estados Unidos y Nicaragua son miembros, denunció el recrudecimiento de la represión en el país centroamericano: “un incremento de los actos de violencia y represión… (para) disuadir las manifestaciones”. Organizaciones locales de derechos humanos hablan de más de 400 personas en prisión, y miles desaparecidos.

De acuerdo con la ley, Hernández no podrá volver a entrar a Estados Unidos en los próximos diez años y sólo podría pedir asilo nuevamente si algo más grave que el arresto, golpiza y amenazas que recibió llegara a ocurrirle.