Los latinos en el Ejército llevan mucho tiempo pidiendo justicia. En el caso de Vanessa Guillén exigen respuestas

La noción de que los militares no podían proteger a Guillén, que soñaba con servir a su país desde que era joven, ha sacudido a los militares hispanos que piden cambios.

Suzanne Gamboa — NBC News

El sargento del Ejército Raúl Ríos dobló una bandera de Estados Unidos en forma de triángulo –un ritual que simboliza rendirle tributo a un compañero fallecido–  para honrar a la soldado latina Vanessa Guillén, brutalmente asesinada en la base de Fort Hood, en Texas. Luego publicó un video del ritual funerario militar en las redes sociales.

Pam Campos-Palma, exanalista de inteligencia antiterrorista de la Fuerza Aérea, recolectó más de 4,000 firmas de mujeres en servicio y veteranos en una carta abierta exigiendo un cambio radical en el Ejército y el cierre de Fort Hood, Texas, donde sirvió Guillén.

Queta Rodríguez, de 49 años, una infante de marina retirada de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC, en inglés) en San Antonio, organizó una manifestación exigiendo justicia para la soldado.

Las protestas y eventos que se han desatado en nombre de Guillén y su familia podrían parecer motivadas por el desprecio hacia los militares. Pero ha habido una conexión histórica entre los latinos en el Ejército y los llamados a la equidad y los derechos civiles. La idea de que los militares no podían proteger a Guillén, que soñaba con servir a su país desde que era joven, ha sacudido a muchos de los que protestan.

“La traición es parte de eso. Parte de esto también es cultural”, sostuvo Rodríguez. “Estamos muy orientados a la familia en nuestras comunidades. Crecemos realmente teniendo estas tradiciones donde la familia es importante. Pudimos ver que uno de nosotros podría ser Vanessa o su madre".

El Ejército encontró los restos del cuerpo desmembrado de Guillén dos meses después de que fuera vista por última vez el 22 de abril cerca de la base de Fort Hood. 

El principal sospechoso de su asesinato, un compañero soldado de Fort Hood, se suicidó cuando la policía se aprestaba a arrestarlo, mientras que una mujer, que los funcionarios identificaron como su novia, fue arrestada y se declaró inocente de los cargos federales de manipulación de evidencias. 

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Marchas por la muerte de Guillén se llevaron a cabo el fin de semana pasado en varias ciudades de los Estados Unidos, con unas 2,000 personas que participaron en una caravana en San Antonio y cientos se manifestaron en Austin, Texas. 

Familiares de la soldado Vanessa Guillén en ceremonia fúnebre en su honor dentro de la base militar de Fort HoodBase militar de Fort Hood

La familia de Guillén y sus partidarios han planteado problemas en torno a la falta de responsabilidad en la cadena de mando, la ausencia de transparencia en torno al caso y la justicia desigual para las personas de color por parte de las fuerzas policiales en Estados Unidos, de las que se han hecho eco los manifestantes del movimiento Black Lives Matter.

"Los latinos tienen una orgullosa historia de servir al país, pero no de ser tratados como ciudadanos iguales", lamentó Domingo García, presidente y CEO de LULAC, quien instó a las latinas a no unirse al ejército hasta que haya garantías de que las mujeres estarán protegidas cuando sirven en el Ejército.

Los latinos representan alrededor del 16% de los miembros del servicio activo y suponen la minoría de más rápido crecimiento en el país.

Organizaciones latinas de derechos civiles como la estadounidense G.I. Forum, fundada por el Dr. Héctor Pérez García, un veterano del Ejército de la Segunda Guerra Mundial, y LULAC, creada en 1929, fueron fundados por veteranos que regresaron de la guerra solo para enfrentar el racismo en EE.UU. y lucharon por el acceso de estos soldados a los beneficios para veteranos (GI, en inglés), incluida la atención médica, así como la equidad educativa y laboral. 

En las últimas décadas, varios jóvenes inmigrantes que han crecido en Estados Unidos, pero que no tienen estatus legal, han luchado por la oportunidad de servir en el Ejército. Han abogado por una legislación que les permita servir como un requisito previo para obtener la ciudadanía estadounidense.

Mexicanoestadounidenses y otros latinos realizaron una serie de marchas conocidas como La Moratoria Chicana en 1969 y 1970, que fueron un llamado para poner fin a la Guerra de Vietnam, pero también se quejaban de que un número desproporcionado de ellos moría en la guerra mientras el país les negaba la igualdad. 

Unirse al Ejército "es algo que haces". "Nuestra comunidad es muy patriótica. Nos interesa mucho apoyar al Ejército", dijo Rodríguez, quien siguió a sus dos hermanos mayores y se alistó al Cuerpo de Marines, sabiendo que podría "hacer algo más grande que mí misma".

Sus padres crecieron en el vecindario West Side de San Antonio, donde la segregación confinó a muchos de los residentes de origen mexicano de la ciudad. "Esto es algo que es honorable crecer en nuestras comunidades, y para algunos es una carrera profesional, es algo que haces: estás sirviendo al país, pero también te estás sirviendo a ti mismo", explicó Rodríguez, quien ingresó al Ejército como soldado y se retiró como capitán. “No solo eso, tenemos mucha juventud", agregó. "Vanessa quería unirse al Ejército a una edad muy temprana".

Miembros de la familia recordaron que Guillén soñaba con unirse al Ejército desde que tenía 10 años y que su hermana menor, Lupe, la admiraba por ello y quería seguir sus pasos.

El orgullo al que se refiere Rodríguez queda reflejado en Ríos, de 33 años, que emigró de México, cuando realizó el ritual de doblar la bandera para Guillén, una tradición que se lleva a cabo en los funerales de los miembros del servicio y de los veteranos.

Ríos ha sido parte de la guardia de honor en más de 800 funerales. "Simplemente me pareció correcto hacer algo en su nombre", dijo.

Preocupación por el "miedo" de hablar sobre el acoso sexual 

La familia de Guillén dijo que la soldado les había informado que un soldado o supervisor la había estado espiando en la ducha. 

Al respecto, los funcionarios de Fort Hood aseguraron que no estaban al tanto de ningún informe de Guillén sobre acoso sexual. 

Sin embargo, desde su desaparición, muchos miembros del servicio femenino y veteranos han compartido historias de acoso y agresión sexual. 

Yesenia Mata, de 31 años, de Nueva York, y miembro de la Reserva Nacional del Ejército, siguió el ejemplo de su hermano y se unió a sus filas, a pesar de las preocupaciones de su padre. 

Artistas realizan mural para exigir justicia por la muerte de la soldado latina Vanessa GuillénTelemundo

Tenía una maestría y había estado involucrada en activismo político. Mata dijo que no se sentía cómoda al denunciar el acoso sexual que experimentó durante el entrenamiento. Más tarde se enteró de que el sargento de instrucción a cargo del programa de prevención y respuesta al acoso sexual/asalto en el que se capacitó había sido acusada de solicitar a un joven de 15 años en línea, que resultó ser un oficial de policía encubierto.

Como tenía 30 años en ese momento, "pude retroceder", sostuvo. "Solo puedo imaginar a las mujeres jóvenes cuando tienen 18 años que tienen ese miedo cuando son acosadas sexualmente", señaló Mata, en la actualidad directora ejecutiva de La Colmena, un grupo de Nueva York que organiza trabajadores inmigrantes.

El secretario del ejército Ryan McCarthy anunció la semana pasada que recomendaría al Departamento de Defensa que su inspector general lleve a cabo una revisión "completa e independiente" del asesinato de Guillén y las circunstancias relacionadas.

Su familia anunció esta misma semana que mantendrá una reunión privada con el presidente Donald Trump el 29 de julio, el día siguiente en el que se presentará el proyecto de ley #IAmVanessaGuillen ante el Congreso, según reportes.

Los valores militares "eran los valores de mi madre"

En una reunión con LULAC y las representantes demócratas Sylvia García de Texas y Gil Cisneros de California, McCarthy dijo que quiere fortalecer la relación del Ejército con LULAC y la comunidad hispana.

También anunció planes para una comisión que revise la cultura de mando de Fort Hood. LULAC ayudará a elegir algunos miembros de esa comisión.

Campos-Palma, de 32 años, hija de inmigrantes hondureños y guatemaltecos, dijo que vio a su propia madre, una inmigrante hondureña, en las lágrimas de la madre y la familia de Guillén.

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"He visto el dolor de emigrar a este país en el que uno cree, solo para que te falle", según Campos-Palma, actualmente estratega política y consultora. La exanalista antiterrorista de la Fuerza Aérea ha pedido el escrutinio del Congreso y que se den los pasos para atacar el asalto sexual y el acoso en el Ejército.

"Solía decir que los valores de la Fuerza Aérea eran los valores de mi madre", aseguró Campos-Palma.

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Pero ella siempre le decía que dijera la verdad: "Siempre tienes que hacer la mejor que puedas en todo lo que hagas", le decía

"Y en el Ejército lo que vi fue sexismo, vi la política de 'Don't ask, don't tell' (que prohibía a los miembros LGBTQ hablar de su orientación sexual o su identidad de género)", denunció Campos-Palma. "Siento que mi madre defendió mucho más los valores éticos y centrales de vida que la Fuerza Aérea", concluyó.

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