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Miles de inmigrantes siguen sufriendo los efectos de los ataques del 9/11 dos décadas después

No solo hubo quienes perdieron seres queridos: también se esfumó el sueño americano para miles de personas que padecieron el endurecimiento de las leyes migratorias, y comenzó un calvario para las familias que no lograron recibir ayuda oficial o que no pudieron probar que sus familiares murieron en los ataques.
/ Source: Telemundo

Han pasado 20 años desde aquella mañana soleada del 11 de septiembre de 2001 cuando Alejandro Castaño subió al World Trade Center, en la ciudad de Nueva York, a entregar materiales de oficina: un puesto de trabajo en el que había comenzado hacía un mes. Él no tenía que estar arriba, sino afuera en el camión, esperando a que su compañero hiciera las entregas. Pero ese día decidió ayudarlo para terminar rápido y poder ir a desayunar a un restaurante colombiano en Queens. 

Minutos después de subir a los edificios, dos aviones chocaron contra las torres gemelas. Castaño murió esa mañana junto a casi 3,000 personas, víctimas de los ataques terroristas que cambiaron al mundo y la vida en Estados Unidos. Sus restos fueron identificados por los equipos forenses en 2008

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“Era un muchacho muy alegre, hacía reír a todo mundo. Siempre con un carisma muy lindo, una persona noble, si usted lo llamaba a cualquier hora, él estaba ahí para usted, en cualquier situación”, contó a Noticias Telemundo su hermana Claudia, residente de Englewood, Nueva Jersey. 

Castaño nació en Pereira, Colombia y emigró a Estados Unidos con su hermana y sus padres cuando tenía 2 años. Llegaron un 11 de septiembre de 1968. 

El impacto de su muerte trascendió el dolor de la ausencia física. Dejó un hijo de 13 años que hoy, con 33 y con su propia hija, a veces reclama a la vida el que su padre no haya podido conocer a la nieta. Cuando murió, Castaño vivía con su mamá y se encargaba de los gastos familiares. Y aunque su madre luchó por mantener la casa donde vivían, también en Englewood, terminó perdiéndola años más tarde. “Era muy duro para ella pagar solita [...] ese día [de los ataques] nos cambió a todos en la familia”, dice Claudia. 

Alejandro Castaño llegó a Estados Unidos cuando tenía dos años. Nació en Pereira, Colombia y perdió la vida en el ataque terrorista al World Trade Center en septiembre del 2001. Su hermana Claudia dice que Alex era bromista, alegre y amante de las camionetas. Claudia Castaño

Impacto en el sistema migratorio

Los ataques de 2001 no solo afectaron profundamente el estilo de vida estadounidense y el destino de países como Iraq y Afganistán. También impactaron de distintas maneras la vida de millones de personas de diversos orígenes y nacionalidades que vivían en Estados Unidos, entre ellos los hispanos, nacidos en el país o que emigraron de Latinoamérica.  

Cerca de 250 personas hispanas murieron en el World Trade Center, el 9% de todas las víctimas en la ciudad de Nueva York, según el recuento del Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York. Entre los fallecidos se cuentan 43 inmigrantes, la mayoría hispanos, que trabajaban en el restaurante Windows on The World, ubicado en el piso 107 de la torre norte, según el sindicato de trabajadores de la hostelería.

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Aparte de quienes perdieron a seres queridos, millones de inmigrantes indocumentados vieron esfumarse sus sueños de regularizar su situación legal por culpa de los atentados.

En 2001, Estados Unidos parecía listo para aprobar una reforma migratoria que habría regularizado a millones de personas sin papeles y crearía un importante programa de trabajadores temporales.

La iniciativa tenía el apoyo de legisladores claves de ambos partidos políticos y del presidente, el republicano George W. Bush, que se había reunido cinco veces en nueve meses con el mandatario mexicano, Vicente Fox, para desarrollar un acuerdo bilateral de inmigración. 

Pero tras los ataques todo cambió: no sólo la reforma se vino abajo sino que la discusión sobre inmigración se convirtió en un debate de seguridad nacional.

 

 

Los ataques terroristas fueron perpetrados por personas que llegaron a Estados Unidos con visas de estudiantes y visitantes, y los procesos de inmigración y los controles fronterizos se convirtieron inmediatamente en un tema central de preocupación”, explica un reporte del Instituto de Políticas Migratorias.  

“El Congreso probablemente iba a legalizar a los inmigrantes no autorizados en 2001. Había una votación programada para el 11 de septiembre para avanzar con la reforma migratoria, y si no fuera por los ataques, los ocho millones de inmigrantes no autorizados que vivían aquí en ese momento probablemente se habrían legalizado y los futuros inmigrantes no autorizados que vendrían hubieran podido hacerlo con visas”, explicó a Noticias Telemundo Alex Nowrasteh, director de estudios de inmigración en el Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Instituto Cato.

"Las cosas no volvieron a ser iguales"

Una de las personas que esperaba regularizar su situación en esa época es Sanda Delgado Villalobos, una costarricense que entró a Estados Unidos sin permiso en el año 2000. Meses después de llegar al país se casó con un ciudadano estadounidense y comenzó a pensar en tramitar su residencia.

En septiembre de 2011, Delgado vivía en West New York, Nueva Jersey, a pocas millas de Manhattan, donde ocurrió la tragedia. Esperaba un hijo y estaba en sus últimas semanas de embarazo, ilusionada por la posibilidad de obtener sus papeles. 

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“Recuerdo que estaba muy ilusionada con el nacimiento de mi último hijo, y ese día fue terrible. El antes del 9/11 es muy diferente a lo que vivimos después, se vivía un ambiente bien fuerte, las miradas, teníamos miedo. Este era el sueño americano, pero no hay duda que después de esa fecha no nos vieron igual. Nunca, jamás, no fue igual”, dijo Sandra a Noticias Telemundo. 

Sandra Delgado posa frente a las torres gemelas en la ciudad de Nueva York, en una imagen de mayo del 2001. Tenía menos de un año de haber llegado a EE.UU. y estaba esperando a su tercer hijo. A la izquierda, un cuñado suyo que la acompañó en el paseo. Sandra Delgado

No solo las posibilidades de una reforma migratoria se habían esfumado, sino que su propio caso no avanzó con éxito. En abril de 2001 Delgado aplicó a un ajuste de estatus bajo la Sección 245(i) de la Ley de Inmigración, que le permitía a algunas personas sin papeles obtener la residencia permanente.

Pero su solicitud nunca fue aprobada. En 2004, ella terminó aceptando una salida voluntaria de Estados Unidos y regresó a Costa Rica con su hijo, donde permaneció separada de su esposo, que iba a visitarla regularmente, durante 10 años, hasta que logró la residencia en 2014 y volvieron a reunirse en Nueva Jersey. 

“Por cuatro años estuvimos peleando y se nos fueron los ahorros, se nos fue la vida, se nos fue hasta el deseo. Ya no quería luchar. Esa inestabilidad en el hogar, esta ausencia de la figura paternal en el hogar nos marcó muchísimo. De verdad que nos causó mucho daño”, recuerda Delgado, quien se mudó a Carolina del Norte con su esposo en 2020.

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No es posible saber si el caso de Delgado fue afectado de alguna manera por los cambios en el sistema migratorio a raíz de los ataques del 2001. Aunque los ataques sí fueron responsables de que la provisión 245(i) bajo la que ella aplicó no fuese extendida pese a que había recibido el visto bueno del Congreso semanas antes de los ataques

Las deportaciones aumentaron

Uno de los mayores cambios se produjo en 2002, cuando la Administración de George W. Bush creó el Departamento de Seguridad Nacional (DHS). Bajo esa entidad se creó el Control de Inmigración y Aduanas (ICE) que trajo consigo un notable aumento en las deportaciones.

Entre 1998 y el año 2001, las autoridades federales expulsaron del país a cerca de 180,000 inmigrantes por año, según datos oficiales. A partir del 2002 ese número comenzó a aumentar hasta superar las 400,000 deportaciones anuales entre 2012 y 2014, durante la Administración del demócrata Barack Obama, la mayor cantidad de deportaciones en la historia del país. 

Sandra Delgado (vestido negro) con sus hijos Genesis y Abner, y su esposo, Onner Camacho. El matrimonio se mudó a Carolina del Norte en noviembre del 2020.Sandra Delgado

Otra consecuencia de los ataques fue la creación del programa Comunidades Seguras en 2008 durante la Administración de George W. Bush, según explica la abogada de inmigración Alma Rosa Nieto, basada en Los Ángeles.

El programa permitía a las agencias de policía local cooperar con ICE para revisar el estatus migratorio de las personas detenidas en las cárceles locales en todo el país con la excusa de buscar criminales.

Entre 2008 y 2014, cuando fue suspendido temporalmente, el programa fue responsable de más 450,000 deportaciones, casi la mitad de las personas deportadas habían cometido faltas menores como infracciones de tránsito o posesión de marihuana, o no habían cometido ninguna falta, según encontró un estudio de los investigadores de la Universidad de California, Davis, Annie Laurie Hines y Giovanni Peri. 

Estas cifras sugieren que “el aumento de las deportaciones bajo Comunidades Seguras no se concentró necesariamente en los criminales serios”, concluyó el estudio. 

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Comunidades Seguras fue revivido por el presidente republicano Donald Trump cuando llegó al poder, pero la Administración del demócrata Joe Biden anunció su cancelación este año.  

“El sistema de inmigración empeoró para todo el mundo, pero en especial para las personas de países con mayoría musulmana”, dice Alex Nowrasteh.

Los ataques terroristas “hicieron que el gobierno de Estados Unidos viera a los inmigrantes como posibles amenazas a la seguridad nacional, en una forma en que no se los veía antes”, explicó. 

 

 

En junio de 2002, el entonces fiscal general, John Ashcroft, anunció que todos los hombres de una veintena de países árabes o de mayoría musulmana en Estados Unidos debían someterse a un “registro especial” y presentarse para que tomaran sus huellas dactilares.

El programa, suspendido por la administración Obama en 2011, nunca derivó en una sola condena relacionada con terrorismo “a pesar de que decenas de miles de personas se vieron obligadas a registrarse”, concluyó la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU).

El endurecimiento de las políticas migratorias relegó a muchos inmigrantes indocumentados a las sombras, temerosos de ser enviados a sus países de origen y de que sus familias terminaran rotas. “Todo se puso más difícil y claro que iba a afectar a más personas y más personas van a estar escondidas por miedo a ser detectadas”, dijo la abogada Alma Rosa Nieto.

Víctimas no reconocidas

Dos décadas después, el drama de los ataques también lo siguen viviendo decenas de familias de inmigrantes indocumentados que murieron en el World Trade Center, pero que no han sido reconocidos como víctimas de la tragedia, debido a que las familias no han podido probar que vivían en Estados Unidos y trabajaban en los edificios.

La Asociación Tepeyac de Nueva York, una organización sin fines de lucro que asiste a los inmigrantes de Nueva York, dedicó años a rastrear a los inmigrantes que desaparecieron en las torres.

A la fecha, han identificado a 67 inmigrantes sin papeles, la mayoría de México y Centroamérica, que trabajaban en el World Trade Center y aún se consideran desaparecidos. Sin embargo, solo las familias de 12 de ellos pueden probar su existencia, según un reporte de la radio pública de Washington D.C. 

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Por no ser reconocidos oficialmente como víctimas de los ataques, sus familias no pueden acceder a los recursos que ofrece el Fondo de Compensación de Víctimas del 9/11, creado para ayudar a las familias de los fallecidos y a las personas que estuvieron el el World Trade Center y resultaron afectados de alguna manera por los ataques terroristas. 

Una imagen que quedará grabada en la historia. Las torres gemelas se queman tras ser impactadas por dos aviones secuestrados el 11 de septiembre del 2001. Cerca de 3,000 personas murieron en los ataques terroristas perpetrados ese día en EE.UU.Marty Lederhandler/AP

William Rodríguez, considerado el último sobreviviente en salir de las torres gemelas esa mañana de septiembre tras ayudar en la evacuación de los sobrevivientes y colaborar con los rescatistas que subían por las escaleras de la torre norte, explicó a Noticias Telemundo que ayudó a cientos de inmigrantes para que fuesen reconocidos como víctimas de los atentados, por medio del Grupo de Víctimas Hispanas que fundó.

“Pudimos identificar alrededor de dos mil quinientas personas que no estaban siendo contadas. Desgraciadamente hoy por hoy, 20 años después de la tragedia, muchos de ellos siguen sin ser contados”, dijo Rodríguez, nacido en Puerto Rico y quien era el encargado de mantenimiento en el World Trade Center. 

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“Mucha gente se tuvo que ir, conozco el caso de una familia que perdió a su ser amado en la torre norte, en Windows on the World, y se tuvo que ir porque murió la persona que traía el pan a la casa y no les dieron reconocimiento porque tenía papeles falsos, y se tuvieron que ir a México”, contó Rodríguez. 

Para algunos familiares de los fallecidos, la ayuda económica nunca llegó. Ese fue el caso de la madre de Alejandro Castaño, quien dependía económicamente de él. El dinero de la compensación fue para el hijo de Castaño, pero su madre nunca pudo reclamar la ayuda y terminó perdiendo su casa porque no pudo pagarla.

 

 

“¿Quién tenía derecho a esa plata?, se pregunta Claudia, la hermana de Castaño. ¿Por qué los papás no tenían derecho? ¿Por qué los hermanos no tenían derecho?. Siempre fue un dilema, los first responders tenían más derecho que la otra gente, eso nunca me ha gustado. Yo veo en los ojos de mi mamá esa tristeza, ¿Por qué, si todos murieron igual?”, dijo. 

Dos décadas después de los atentados, las personas que perdieron seres queridos siguen sufriendo su pérdida y millones de inmigrantes aún viven las consecuencias de las decisiones que el gobierno tomó bajo la justificación de la seguridad nacional. 

“Creo que definitivamente [el Gobierno] reaccionó exageradamente en términos de políticas de inmigración”, dice Alex Nowrasteh. "El terrorismo es increíblemente raro, y el Gobierno pensó que sería más común de lo que era y le negó la oportunidad de vivir en Estados Unidos a muchos miles de personas sin una buena razón”, concluyó.