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El 9/11 unió a Estados Unidos. Veinte años después, la nación está dividida

"Escriba que nos estamos deteriorando, escriba que cada vez más personas que estaban abajo están enfermas y muriendo, escriba que una bomba llena de odio ha explotado y está arruinando nuestro país", dijo un supervisor de demoliciones que perdió parte de un pie mientras trabajaba en la zona cero aquel fatídico día.

Por Corky Siemaszko - NBC News

Veinte años después, Sally Regenhard aún no ha enterrado a su hijo bombero perdido en Nueva York, Christian.

Veinte años después, John Feal, un trabajador de la construcción convertido en activista, sigue llorando la pérdida de ese fugaz momento de unidad nacional que surgió tras la caída de las torres gemelas del World Trade Center.

Veinte años después, el veterano del Ejército Kiyoshi Mino teme que los afganos con los que sirvió, después de que Estados Unidos invadiera el país porque su Gobierno talibán daba cobijo al arquitecto de los atentados del 11 de septiembre, Osama bin Laden, y a otros miembros de Al Qaeda, caigan en manos de los talibanes. Y se pregunta si todo ese sacrificio mereció la pena.

Y 20 años después, las filas de los socorristas que arriesgaron su vida y su salud para rescatar a los atrapados en las ruinas de las torres, y posteriormente recuperar los cuerpos de los que allí murieron, se reducen cada año.

Un hombre entre los escombros llama preguntando si alguien necesita ayuda, tras el derrumbe de la primera torre del World Trade Center en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001.Doug Kanter / AFP vía Getty Images file

Era una mañana azul de finales de verano cuando los terroristas de Al Qaeda, en aviones secuestrados, derribaron el World Trade Center, atacaron el Pentágono, estrellaron un avión en un campo de Pennsylvania, mataron a más de 3,000 personas y se burlaron de la creencia de Estados Unidos de que era invencible. Y dos décadas después, la nación —todavía sumida en la mortal pandemia del COVID-19 y aturdida por el caótico final de la guerra de Afganistán— sigue lidiando con las secuelas de aquel día.

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"¿Qué se escribe sobre el 9/11 20 años después?", preguntó Feal, un supervisor de demoliciones que perdió parte de un pie mientras trabajaba en la zona cero y que más tarde se asoció con el cómico Jon Stewart para luchar por la indemnización de los miles de policías, bomberos y otras personas que enfermaron por trabajar en el lugar.

"Escriba que nos estamos deteriorando, escriba que cada vez más personas que estaban abajo están enfermas y muriendo, escriba que una bomba llena de odio ha explotado con retraso y está arruinando nuestro país", dijo. "Después de toda esa increíble unidad del 12 de septiembre de 2001 [...] toda esa unidad ha desaparecido", agregó.

Grietas en la unidad

Michael J. Allen, profesor de historia de Estados Unidos en la Universidad Northwestern, coincidió en que el país no es el que era cuando cayeron las torres gemelas.

"Estados Unidos es una nación mucho menos confiada y optimista ahora que en septiembre de 2001, que marcó el final de una década de crecimiento económico impulsado por la tecnología, el dominio de la política exterior y el centrismo presidencial", aseguró. "Pero también es una nación más diversa, con un sentido más claro de los graves desafíos a los que se enfrentan los estadounidenses y un sentido más realista de los peligros y límites del poderío estadounidense", añadió.

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¿Cómo nos desmoronamos tras el ataque más impactante contra Estados Unidos desde Pearl Harbor? Las primeras grietas en la unidad posterior al 11 de septiembre se produjeron cuando la Administración del entonces presidente George W. Bush utilizó los atentados terroristas como excusa para atacar a Irak, que no tuvo ningún papel en ellos, según los historiadores.

Al mismo tiempo, millones de estadounidenses musulmanes se vieron tildados de terroristas por los fanáticos y se vieron obligados a defender su religión por el fanatismo de Bin Laden.

"La fallida respuesta de la Administración Bush en materia de política exterior a los atentados del 11 de septiembre desacreditó a los actuales dirigentes del Partido Republicano y a los principales demócratas como Hillary Clinton" que apoyaron la guerra de Irak, dijo Allen.

Eso ayudó a abrir el camino para la elección del expresidente Barack Obama, uno de los pocos políticos que se opusieron públicamente a la guerra de Irak, y permitió que surgiera "una nueva clase política" antes de la posterior elección de su sucesor, Donald Trump.

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"Pero esa clase política es más conflictiva y goza de menos confianza en una nación que se ha dividido más", dijo Allen. "El efecto neto es dejar a los estadounidenses con menos capacidad para llegar a un consenso sobre cualquier problema al que nos enfrentemos —desde el COVID-19 hasta el cambio climático, pasando por la lucha contra el terrorismo y la vigilancia— y, por tanto, incapaces de forjar respuestas de política pública".

Internet también entra en la ecuación.

"Se puede decir que si lo que ocurrió el 11 de septiembre de 2001 hubiera ocurrido hoy, la respuesta habría sido enormemente diferente", dijo el profesor de la Universidad de Syracuse Robert Thompson, experto en cultura popular. "La principal variable son las redes sociales y la explosión del entorno digital".

Jon Stewart abraza a John Feal, primer interviniente del 11 de septiembre, con el senador demócrata Chuck Schumer, en una rueda de prensa después de que el Senado votara la renovación del Fondo de Compensación a las Víctimas del 11 de septiembre, el 23 de julio de 2019.Mark Wilson / Getty Images file

Hubo teóricos de la conspiración que hicieron flotar nociones falsas de que los judíos fueron advertidos de no presentarse a trabajar en las torres gemelas ese día y que los ataques fueron un trabajo interno o incluso falsos, aseguró.

Pero aunque esas nociones siguen persistiendo en la red, no obtuvieron en 2001 el repentino atractivo que, por ejemplo, tuvieron algunas de las falsas afirmaciones que Trump promovió en Twitter sobre el coronavirus el año pasado.

En cambio, la narrativa de "estamos todos juntos en esto" se impuso en los medios de comunicación tras los ataques terroristas y se mantuvo hasta que la Administración Bush comenzó a presionar para invadir Irak, lo que ocurrió en marzo de 2003.

"Tuvimos a Jay Leno prometiendo no burlarse de la forma en que el presidente Bush pronuncia mal las palabras", dijo Thompson. "No hay forma de que ese sentimiento cálido y unificado se produzca hoy", recalcó.

La guerra interminable ha terminado

Cuando Bin Laden ideó los atentados del 11 de septiembre, lo hizo desde un escondite en Afganistán, que entonces estaba gobernado por los talibanes, practicantes de una versión extrema del Islam, empeñados en devolver al país a algunas de las prácticas de la Edad Media.

La invasión que lanzó Bush desalojó rápidamente a los talibanes pero no los destruyó. Tampoco logró capturar a Bin Laden, que escapó a través de la frontera con Pakistán y siguió amenazando a Estados Unidos hasta que fue asesinado en una redada ordenada por Obama en 2011.

Pero ahora los talibanes están de nuevo en el poder, su regreso triunfal se vio allanado por el acuerdo de la Administración Trump el año pasado para retirar las fuerzas estadounidenses del país, y el aparente fracaso del Gobierno de Joe Biden para anticipar la rapidez con la que Kabul caería.

Mino y otros cientos de veteranos de la guerra de Afganistán han estado tratando frenéticamente de ayudar a los intérpretes afganos que fueron a la batalla con ellos durante la "guerra más larga" de Estados Unidos a escapar de los talibanes.

"Me alisté en el Ejército justo después de graduarme en la universidad, en julio de 2001, a la edad de 21 años, y justo antes del 11 de septiembre", recuerda Mino. "Estaba en medio de una clase de desmontaje y montaje de un fusil M16 en la formación básica cuando los sargentos instructores nos anunciaron que Estados Unidos había sido atacado y que era mejor que nos preparáramos para ir a la guerra. Siempre estaban haciendo juegos mentales, así que todos pensamos que se trataba de otro intento poco convincente de meterse en nuestras cabezas o de asustarnos", aseguró.

El veterano del Ejército Kiyoshi Mino.Jamshid Omari

Sólo que no lo fue. Y al servir como soldado en Afganistán y luego regresar a ese país como cooperante civil, vio de primera mano cómo el intento de Estados Unidos de establecer la democracia se vio socavado por la corrupción de los líderes de Afganistán y las corporaciones estadounidenses que se establecieron en el país.

"No creo que estuviéramos en Afganistán por una causa noble, aunque a muchos nos hicieron creer que sí", dijo Mino. "Estuvimos allí para gastar mucho dinero de los contribuyentes en bienes y servicios proporcionados por corporaciones estadounidenses, todo en nombre de cosas como la lucha contra los terroristas, la reconstrucción de un Gobierno, la creación de un Ejército Nacional Afgano, por supuesto. Pero en última instancia, el resultado final habla por sí mismo".

El Ejército afgano apenas se resistió y los talibanes tomaron Kabul sin encontrar resistencia.

"Nuestro Gobierno nunca se preocupó mucho por el destino de ese dinero ni por su buen uso y, como resultado, el Ejército Nacional Afgano era mucho más pequeño y más mal equipado de lo que los recibos sugerían", dijo Mino.

Monica Iken-Murphy, cuyo marido, Michael Iken, murió en la torre sur del World Trade Center, se indigna ante los críticos que comparan la caída de Kabul con la de Saigón. La mujer dijo que se lamenta por los 13 miembros del servicio estadounidense que murieron a causa de un atentado suicida del grupo Estado Islámico Khorasan a las puertas del aeropuerto internacional Hamid Karzai y por los demás estadounidenses que murieron luchando en Afganistán.

"Espero que nuestros miembros del servicio no sientan que su servicio fue en vano", dijo. "Les estaremos eternamente agradecidos por haber luchado por nuestros seres queridos el 11 de septiembre".

Ahora, como creadora de podcasts, dijo que fue una reciente conversación con la exsecretaria de Estado y candidata presidencial Hillary Clinton lo que le hizo reconsiderar la guerra más larga de Estados Unidos.

Monica Iken-Murphy, cuyo marido Michael Iken murió en los atentados del 11 de septiembre de 2001, sostiene una foto del día de su boda en 2000, el 1 de septiembre de 2016 en Nueva York.Jennifer Weiss / NBC News

"Ella señaló algo que todos deberíamos recordar, a saber, que durante todo ese tiempo no hubo otro ataque como el del 11 de septiembre en suelo estadounidense", dijo Iken-Murphy. "Y al tener nuestras fuerzas allí, los Navy SEALS pudieron acabar con ya saben quién".

A día de hoy, se niega a referirse a Bin Laden por su nombre.

Restos sin identificar

Regenhard dijo que "la asignatura pendiente de los atentados del 11 de septiembre es el hecho de que más de 1,100 personas siguen desaparecidas y sin identificar".

Los aviones que se estrellaron contra la torre norte y la torre sur en el bajo Manhattan las redujeron a escombros y los restos de las decenas de personas que no escaparon se mezclaron con ellos.

"No he tenido ningún cierre y tampoco el 40% de las familias que perdieron a sus seres queridos el 11-S", advirtió.

Y lo que es peor, según ella, es que algunos de esos restos aún no identificados están almacenados en las entrañas del Monumento Nacional al 11-S, cuyos operadores han rechazado las repetidas demandas de muchos familiares de las víctimas para que sean sacados a la superficie y colocados en una "tumba de lo desconocido."

"Los restos humanos se han convertido en un reclamo para entrar en el museo y pagar los 26 dólares de la entrada", dijo el abogado de derechos civiles Norman Siegel, que ha estado ayudando a estas familias del 11-S. "Es muy desagradable".

El portavoz del museo, Lee S. Cochran, dijo que a los familiares del 11-S nunca se les cobra por visitar los restos, que están en un depósito que "aunque se accede a través del museo, no forma parte de él."

"Es un espacio separado operado y mantenido enteramente por la Oficina del Médico Forense Jefe de la Ciudad de Nueva York", dijo en un correo electrónico. "El deseo de tener una Tumba de los Desconocidos sobre el suelo ha sido rechazado en múltiples ocasiones por el Médico Forense Jefe de la Ciudad de Nueva York (OCME), cuyo personal sigue utilizando análisis forenses cada vez más precisos para tratar de hacer identificaciones positivas y devolver los restos a las familias."

Las secuelas se siguen notando entre los que se acercaron y ayudaron a limpiar los escombros de las torres derribadas. Más de la mitad de las 105,000 personas inscritas en el Programa de Salud del WTC han desarrollado enfermedades relacionadas con los atentados, según informó la organización de noticias The City.

"Hablo con miembros moribundos y enfermos todos los días pero ya no quedan tantos", dijo Tom Frey, de 56 años, exdetective de la policía de Nueva York, a quien se le diagnosticó un linfoma de Hodgkin relacionado con el tiempo que pasó en las instalaciones del World Trade Center y en el vertedero de Staten Island tras los atentados del 11 de septiembre, y que ahora necesita oxígeno las 24 horas del día para mantenerse con vida. "Es como si nos hubieran olvidado. Pero cuando sonó la campana, hicimos lo que teníamos que hacer".

Pero para todos aquellos que todavía sienten las heridas en carne viva, hay millones de estadounidenses vivos hoy para los que el 11 de septiembre es algo que encontraron por primera vez en los libros de historia.

Arin Parsa, el fundador del grupo de defensa Teens for Vaccines hace 14 años, dijo que su generación no recuerda que Rudy Giuliani fuera alabado como "el alcalde de Estados Unidos" por su liderazgo en la ciudad de Nueva York después del ataque.

Su generación no puede imaginarse que el Capitolio de Estados Unidos —el lugar donde se produjeron los disturbios del 6 de enero por parte de los furiosos partidarios de Trump, empeñados en anular la victoria electoral de Biden— fue también el lugar donde los legisladores republicanos y demócratas permanecieron juntos en las escaleras y cantaron "Dios bendiga a Estados Unidos" después del 11 de septiembre, dijo Parsa, citando otro acontecimiento mundial de gran relevancia.

"La pandemia de COVID-19", dijo, "es absolutamente y sigue siendo el 11/9 de nuestra generación", concluyó.