Esta madre latina recibió una multa de tráfico de $150. Quiso pagarla. Ahora será deportada

“No soy una criminal”, explica, “he limpiado botes y casas, he trabajado duro haciendo tareas que nadie más quiere hacer”. Le explicamos qué hizo mal.

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/ Source: TELEMUNDO

María no se llama María. Su nombre real queda oculto para no complicar aún más su vida. Porque su vida ha sido complicada. Y acaba de volverse aún más difícil si cabe.

María tiene 24 años y tres hijos. Tras dar a luz al primogénito, hace nueve años, decidió dejar atrás una vida de pobreza y violencia en Guatemala y emigró de forma ilegal a Chicago, donde tuvo a sus otros dos hijos. Intentó conseguir la residencia pero, según explica su abogado, Jonathan Urrutia, faltó a una cita ante la corte precisamente porque estaba hospitalizada para dar a luz.

A principios de año, una patrulla de policía del condado de Martin detuvo el vehículo de María, que se había mudado con su familia a Florida. Le impusieron una multa de 150 dólares por manejar sin licencia. Los agentes la dejaron marchar, pero ella decidió pagar la multa de todas formas.

“Quería hacerlo bien con la ley, quería ir y arreglarlo”, explica en declaraciones al diario Miami New Times, que ha relatado su historia.

Pero la policía le dijo que había una orden de arresto a su nombre, y la encarcelaron durante una semana. Contactó con el servicio de ayuda legal del condado de Broward, que la recomendó pagar su fianza de 750 dólares antes de que el Servicio de Inmigración y Control de Fronteras (ICE) viniera a por ella.

Ella pagó el dinero, pero la cárcel del condado de Martin se lo quedó y no la puso en libertad, según su abogado, que ahora estudia llevar al sheriff ante la justicia por haber quebrado la Cuarta Enmienda de la Constitución.

“No soy una criminal”, ha explicado María, “he limpiado botes y casas, he trabajado duro haciendo tareas que nadie más quiere hacer”.

Finalmente ICE vino a por ella, y ahora espera su deportación en un centro de detención privado de Pompano Beach (Florida). Sólo puede hablar con sus niños dos veces a la semana: “Imagine, soy una madre, es muy poco tiempo. Ellos lloran, sollozan, ‘Mami, vamos’, me dicen. La de nueve años tiene miedo de que la detengan, viene a visitarme pero está esperando que la arresten”.