Escándalos de abuso sexual en la iglesia católica, los agresores y sus víctimas

Los cimientos de la iglesia católica vuelven sacudirse por otro escándalo de abuso sexual. Las desgarradoras revelaciones de que más de 1.000 niños fueron acosados por más de 300 religiosos en seis diócesis católicas en Pensilvania durante las últimas siete décadas

Los cimientos de la iglesia católica vuelven sacudirse por otro escándalo de abuso sexual. Las desgarradoras revelaciones de que más de 1.000 niños fueron acosados por más de 300 religiosos en seis diócesis católicas en Pensilvania durante las últimas siete décadas, y que el Vaticano encubrió desde 1963 muchas de las acusaciones, han dejado perplejo a feligreses y no devotos de la Santa Sede.

El informe del gran jurado recoge que la cantidad real de menores pudiera ser mucho mayor, teniendo en cuenta el número de registros extraviados y el miedo razonable de las víctimas a denunciar a su agresor.

"Los sacerdotes estaban violando niños y niñas, y los hombres de Dios que eran responsables de ellos no solo no hicieron nada, sino que lo ocultaron durante décadas", afirmó Josh Shapiro, fiscal general del estado.

El informe de 1.356 páginas recopila desgarradores testimonios como el de un sacerdote que habría violado a una niña de siete años cuando la visitó en el hospital después ser intervenida quirúrgicamente. O el de un religioso que lavó con agua bendita la boca de un niño de nueve años, después de forzarlo a practicarle sexo oral.

Gracias a los testimonios aparecidos en el informe, pudo conocerse la existencia de una red de sacerdotes que "compartían datos o información de las víctimas". Entre ellos intercambiaban a las victimas e incluso las llegaba a identificar regalándoles cadenas con cruces de oro.

En dicho informe también se recoge que la Santa Sede fue informada en varias ocasiones de la situación. Shapiro argumentó que la red de encubrimientos "en algunos casos se alarga hasta llegar al Vaticano". Según él, la prioridad de la Curia Romana "no era ayudar a los niños, sino evitar el escándalo".

¿Por qué el Vaticano oculta estos hechos?

En una carta publicada por el Vaticano, el papa Francisco escribió: "Estas palabras de san Pablo resuenan con fuerza en mi corazón al constatar una vez más el sufrimiento vivido por muchos menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas".

De acuerdo con las palabras de sumo pontífice, se trata de "un crimen que genera hondas heridas de dolor e impotencia; en primer lugar, en las víctimas, pero también en sus familiares y en toda la comunidad, sean creyentes o no creyentes".

El informe señala la existencia de documentos guardados en un archivo secreto al que solo el obispo tenía una clave de acceso. El papa permaneció en silencio días después de conocerse la denuncia realizada en una conferencia de prensa por Shapiro. En su homilía del domingo tampoco se hizo referencia al hecho.

En el 2013, Benedicto XVI sorprendía a expertos en el tema de la Santa Sede anunciando su renuncia. Joseph Ratzinger daba como justificación el declive de sus capacidades físicas y mentales para enfrentar los nuevos retos de la Santa Sede. Sin embargo, para algunos la lucha de poder dentro de la iglesia recogidas en los documentos conocidos como "Vatileaks" y los escándalos de abuso sexual por parte de sacerdotes pudieron ser las causas principales.

Con la llegada de Jorge Mario Bergoglio, muchos vieron la posibilidad de que el nuevo líder sudamericano traería nuevos aíres a la iglesia católica. Una vez elegido por el cónclave y de ser conocido como "Francisco", su intención de crear una iglesia más dinámica fue puesta en marcha. En cambio, elegir una vestimenta menos ostentosa y abandonar los acostumbrados zapatos rojos por el típico calzado negro no fueron solo los cambios que sus discípulos pretendían ver.

Ahora, el papa Francisco se une a sus predecesores. Tal vez la crítica más fuerte ha surgido del arzobispo de Dublín, Diarmuid Martin, quién afirmó el pasado domingo que "no es suficiente decir lo siento. Las estructuras que permitieron o facilitaron el abuso deben ser destruidas y destruidas para siempre". Precisamente, el papa llegará el sábado a Irlanda, un país que también vivió encubrimientos de 45 sacerdotes acusados de abuso sexual a menores, pero que aquí se sumaron las autoridades.

Los casos de abuso sexual en Latinoamérica son diversos. En México, Marcial Maciel, el sacerdote fundador de los Legionarios de Cristo, fue acusado por alrededor de 20 seminaristas. Benedicto XVI, en el 2006, decidió no continuar el proceso canónico a Maciel de 86 años, por su "avanzada edad" y su frágil estado de salud.

Sin embargo, fue en Chile donde la iglesia recibió el más fuerte portazo. La justicia de ese país allanó, el 14 de agosto, la sede de la Conferencia Episcopal con la intención de recolectar evidencias de abusos sexuales y exigió al Vaticano la entrega de información sobre el tema.

En un principio, el sumo pontífice calificó de "calumnias" las acusaciones contra el obispo Juan Barros. Las victimas lo señalan de encubrir al sacerdote Fernando Karadima y quien fue hallado culpable en el 2011 de abuso sexual. Aquí fue donde la opinión pública ha sido más fuerte provocando, más tarde, una rectificación de la posición del papa Francisco.

Estos "vaivenes eclesiásticos" han permeado la fe de muchos devotos. Un estudio realizado por Latinobarómetro muestra la opinión que tienen los creyentes en 18 países de América Latina. Es precisamente en Chile donde el papa Francisco recibe la más baja aprobación con 5,3 puntos en una escala de 10.  En la región, el número de católicos ha disminuido. En 1995, el 80 por ciento se definió como tal. Pero, en el 2017, solo el 59 por ciento afirma seguir en esta religión.

El Vaticano es consciente de la situación y ha emprendido lo que algunos consideran medidas cosméticas como es la de aceptar la renuncia de clérigos vinculados con escándalos sexuales como es el caso del cardenal de Washington Theodore McCarrick. El exarzobispo de 88 años ha sido vinculado sexualmente con seminaristas adultos y de haber asaltado a un adolescente en la década de los 70.

Las víctimas

Las víctimas de abuso sexual por parte de clérigos no siempre encuentran el mecanismo adecuado para hacer justicia. Cuando se disponen a contar sus historias, pueden recibir el rechazo no solo de otros feligreses, sino de la propia familia.

En estos casos, el ostracismo, puede ser la opción más viable para ellos. Casi siempre, la propia comunidad los aísla como "frutas podridas", pero la necesidad de restablecer sus vidas es el factor fundamental que los lleva a radicar fuera del entorno que los vio crecer y donde pudieron vivir los peores años de su infancia. Los expertos consideran que estas víctimas necesitan una reparación psicológica. Tienen que asimilar que ellos no fueron los causantes del hecho. Necesitan ser reinsertados en la sociedad.

La organización Ending Clerical Abuse (ECA) considera que las leyes y estructuras del Vaticano deben ser modificadas para poder erradicar los abusos sexuales. ECA ha respondido a la carta del sumo pontífice afirmando que no solo se trata de un problema "cultural" de la iglesia, como dijo el papa, sino la práctica común de permitir a "los sacerdotes de todo el mundo seguir siendo clérigos después de haber abusado de niños".

Los agresores

Contrario al escándalo de abuso sexual ocurrido en la Arquidiócesis de Boston donde cinco sacerdotes fueron condenados, el encubrimiento de los casos en Pensilvania por parte de Roma provoca tal vez la peor consecuencia, la mayoría de los casos han prescrito por ser anteriores al año 2000. Para las víctimas no habrá justicia de acuerdo con las leyes de este estado.

El cardenal Bernard Law falleció en diciembre del año pasado y sobre él recayó el encubrimiento de muchos casos de abuso sexual cuando se desempeñaba como arzobispo de Boston. Tras verse obligado a dimitir, radicó en Roma y nunca fue enjuiciado por el delito de complicidad. Law trasladó en diversas oportunidades al sacerdote John Geoghan a pesar de conocer sus perversos actos.

De acuerdo con la organización Bishop Accountability, "hasta el momento, 18 diócesis católicas y órdenes religiosas de EE. UU. se han declarado en bancarrota. Para esta ONG, se ha llegado a más de seis mil acuerdos con las víctimas de abuso sexual, solo un tercio de las acusaciones recibidas.

Acudir a la protección de bancarrota por parte de las diócesis es un recurso estratégico para no ver afectadas sus estados financieros. La mayoría de ellas cuentan con cobertura de seguro o activos que en muchos casos son desconocidos por la comunidad.