El triunfo de Chávez ni blanco, ni negro

Opinión: Una mayoría de venezolanos que están por el proyecto de país del hoy reelecto presidente

Columna de opinión

 Por Carlos Rajo

El triunfo de Hugo Chávez no debería verse en blanco y negro. Ni hablar sólo de la algarabía de quienes lo apoyan y el supuesto mandato para profundizar el modelo socialista venezolano, pero tampoco la negativa de los opositores a reconocer que más allá de las prebendas, manipulaciones o lo que se acuse a Chávez, hay una mayoría de venezolanos que están con el  hoy reelecto presidente.

Chávez ganó y ganó por relativo amplio margen (casi el 10% de diferencia). Decimos relativo ya que en el pasado había ganado por márgenes mucho mayores (más del 30% en 2006) lo cual como todo lo que tiene que ver con la elección del domingo tiene una mitad llena del vaso y otra vacía. La llena es que por supuesto hay una mayoría de venezolanos (54%) que votó por Chávez. La vacía es que hay una minoría (45%) que es casi la mitad del país y la cual rechaza visceralmente todo lo que representa Chávez.

Alguien dirá que este 54% es suficiente para dar legitimidad a un partido triunfador en su afán por imponer -o en este caso profundizar- su proyecto político. Que tal número es más que la simple mayoría, y que como en cualquier régimen democrático, da el derecho a hacer cosas como esa profundización del socialismo venezolano de que hablan los chavistas.

Es posible que este argumento de la mayoría sea cierto, o mejor dicho, por supuesto que es cierto ya que es una de las reglas de la democracia, sin embargo, uno quisiera pensar que precisamente por lo sucedido el domingo y en general por lo que es el estado actual de la sociedad venezolana, Chávez y compañía lo pensaran dos veces antes de seguir con su proyecto de socialismo bolivariano o como se le llame.

Sobre lo sucedido el domingo (de cara a este análisis) lo más importante es la cifra de votación por el candidato opositor Henrique Capriles. El 45% es casi la mitad del país y en una situación en la que el partido en el poder intenta imponer un modelo de sociedad radicalmente distinto de lo que quiere o aspira esta otra casi mitad uno pensaría que la mejor manera de gobernar sería tomando esta cuenta a este universo de electores.

Llamó la atención de que en el discurso de celebración luego de conocerse su victoria, Chávez básicamente sólo reconoció de la oposición el que ésta por su parte haya reconocido su victoria. Un poco como, les reconozco que existen ya que tuvieron la gentileza de aceptar que gané, pero más allá de eso nada o muy poco. Chávez tendría que decir claramente que gobierna para todos los venezolanos y que dentro de lo posible se tomará en cuenta o al menos se escuchará las posiciones de sus opositores políticos.

Esto de ceder en algo, de tomar en cuenta los puntos de vista de la oposición y de gobernar para todos no se simple verso o ingenuidad, es algo necesario para la gobernabilidad. Luego de casi catorce años en el poder la realidad ha demostrado -hoy en las urnas- algo que cualquiera que conociera un pelo de la sociedad venezolana contemporánea sabía: que el país está literalmente partido por la mitad entre chavistas y anti chavistas. Más allá de la retórica y el griterío el punto es que no se puede gobernar de manera efectiva sino hay consenso en la sociedad. No hay que renunciar a lo de uno, pero tampoco se puede ignorar lo del otro, aun si es el perdedor.

Otra razón por la cual hace falta este consenso o este tender puentes hacia la oposición es lo que sucede en la vida diaria de la sociedad venezolana. La criminalidad, la inflación (ambas entre las más altas del mundo), la decadente infraestructura (calles en mal estado, etc.), los apagones y demás asuntos que le quitan el sueño a los venezolanos deberían de servir de recordatorio que más que eslóganes ideológicos lo que el país necesita es un gobierno que funcione. Por cierto, cuando hay eficiencia gubernamental es más fácil la gobernabilidad.

Independiente de cual sea el destino de Chávez vis a vis su enfermedad, lo cierto es que existe la posibilidad de que el presidente tenga una recaída o simplemente se muera -’Dios no lo quiera’, utilizando su propio lenguaje últimamente bastante cristiano-. Si este fuera el caso tendrían que haber nuevas elecciones presidenciales (si el evento se da en los primeros cuatro años de gobierno). Esta sola posibilidad les debería servir a los chavistas para gobernar para todos. Es posible que muy pronto tengan que pedir de nuevo el voto y ya sin Chávez en escena nada será igual.

Pero decíamos que tampoco se podía ver los resultados de la elección como algo totalmente negro. Así como se le pide a los ganadores que literalmente acepten la existencia de los opositores, lo mismo se pide de estos que acepten la legitimidad del triunfo de Chávez. Es cierto, el líder Henrique Capriles no pudo haber sido más directo. Cuando se conocieron los resultados aceptó sin ambages la victoria de Chávez. Que bueno que así haya sido ya que con ello Capriles atajo cualquier intentona de acciones violentas, disturbios o cualquier cuestionamiento a la elección. Pero esto no es suficiente.

Más que de Capriles se necesita un gesto de esa otra casi mitad de la sociedad venezolana. Aceptar que lo de Chávez y los suyos tiene una legitimidad democrática y que como tal no puede desconocerse. Que no todos los que votan por Chávez son el diablo o gente engañada que votó por él debido al puesto en el gobierno, a la pequeña vivienda o al médico cubano que los atiende en la clínica del proyecto “Barrio Adentro”.

Sé que es fácil decir esto pero otro cuento es tragarse el sapo si uno vive en Venezuela, pero es la realidad. Hay gente en Venezuela que en efecto cree que el proyecto de Chávez es para beneficio de las clases populares. Más allá de lo ingenuo o trasnochado de izquierda que esto pueda sonar, lo cierto es que hay mucha gente pobre que se ha beneficiado con alguno de los programas de la famosa revolución bolivariana y como tal merece que se le respete su opción electoral.

Un poco para ilustrar esto de la distancia entre lo dicho por Capriles y sus bases valga referirse a algo que sucedió en la noche del domingo. Las televisoras entrevistaron a mucha gente de la oposición y nadie se expresó en los términos de Capriles. No en su capacidad menor o mayor de oratoria, sino en aceptar el triunfo de Chávez y decir esto sigue, el país no se termina y aquí seguiremos dando la batalla política. Lo que la gente decía era no sólo que no entendían como es que Chávez había ganado sino -aunque sin decirlo abiertamente- que no aceptaban al mandatario y los suyos como los gobernantes (hacía recordar a la gente del líder mexicano López Obrador y su cuestionamiento del triunfo del candidato del PRI).

Haría bien la oposición venezolana -líderes y gente de a pie- en copiar también otra cosa de Capriles: el conceder en la campaña que mantendría alguna de las cosas de Chávez (programas que benefician a los pobres y cosas por el estilo). Sería un poco como aceptar lo que decíamos de que no todos los que votan por Chávez “están en el error” o de que todo lo de Chávez es malo. El que hayan alcanzado un 45% significa que lograron convencer a mucha gente que antes votó por Chávez.

Mucho de todo esto suena a buenos deseos o ingenuidades del análisis que no tiene nada que ver con la brutal realidad política de Venezuela -la de ‘Hugo Chávez Frías socialista y demás y de Capriles, oligarca y lacayo del imperio’-, y quizá sea cierto. Pero el punto es que como dijo Capriles y no recuerdo si Chávez también, es el único país que tienen y como tampoco se van a ir de ahí -a excepción de unos anti chavistas que si han dicho que lo harán-, lo mejor será buscar la mejor forma de convivir.

Tampoco es fácil lo que pasa en Venezuela ya que lo que está sucediendo sólo ha sucedido en Latinoamérica, en el Chile de Allende de los años 70s (el intento de cambio de sistema por medios pacíficos o electorales). Como sabemos, ahí el aparato militar voló en pedazos el experimento social y político. En Venezuela esto no ha pasado porque el ejército está del otro lado de la barrera del que estuvo el de Chile. Siempre es bueno tomar lecciones de la historia. No se pueden imponer modelos sociales y políticos a la fuerza. Tampoco se puede negar el deseo de muchos seres humanos por una sociedad más justa. El desafío es encontrar el balance entre ambos ideales.