“El sistema migratorio no funciona ni para las familias que están viniendo ni para el pueblo estadounidense”

El periodista Jacob Soboroff explica en un libro las secuelas de la separación de miles de niños migrantes en la frontera. Conversamos con él sobre cómo fue posible, qué hizo la Casa Blanca, y futuros cambios en el sistema migratorio.
Se estima que unos 5,400 menores fueron separados de sus padres al cruzar a Estados Unidos en 2018.
Se estima que unos 5,400 menores fueron separados de sus padres al cruzar a Estados Unidos en 2018. AFP via Getty Images
/ Source: Telemundo

El periodista Jacob Soboroff cuenta que fue casi una casualidad estar en la frontera con México cuando, en 2018, el presidente, Donald Trump, desató una crisis humanitaria sin precedentes al separar a unos 5,400 menores migrantes de sus padres y "encerrarlos en jaulas", provocando un escándalo en la opinión pública estadounidense e internacional.

Soboroff,  de 37 años y corresponsal de NBC y MSNBC, ya tenía sin embargo una relación estrecha con la frontera durante el mandato de Barack Obama en la Casa Blanca: "Estaba enfocado en el muro, en cuántos miembros de la MS-13 entraban al país o por dónde pasaban las drogas”, relata a Noticias Telemundo.  

Fue uno de los primeros en visitar el centro comercial Walmart en el sur de Texas convertido en prisión para menores migrantes, donde apenas veían la luz del día un par de horas diarias.

Y ha pasado los dos últimos años documentando lo ocurrido en aquellos meses para su libro Separated: Inside an American Tragedy (Separados: al interior de una tragedia estadounidense), un volumen de 400 páginas en el que rememora una política que, asegura, no ha cesado a pesar de las órdenes judiciales y el compromiso de Trump de suspenderla.

El volumen de 400 páginas repasa la crisis que organizaciones de derechos humanos han descrito como uno de los capítulos más vergonzosos de la historia moderna de Estados Unidos.    Amazon

La trayectoria de una familia de migrantes guatemaltecos, Juan y su hijo de 14 años José, le sirve de hilo para ilustrar el drama de la separación de familias y sus secuelas.

 Juan y José llegaron a Estados Unidos en la primavera de 2018 para solicitar asilo luego de haber sufrido amenazas de muerte por parte de grupos de narcotraficantes en su natal Petén. Una vez en la frontera, el padre fue llevado a California, mientras el niño terminó a miles de millas, en Texas. Pasaron cinco meses antes de volverse ver.

La Administración Trump asegura que fue Obama quien comenzó la separación de familias en la frontera. Otras fuentes testifican que, aunque sucedió, fue solo en casos aislados y no en forma de política. ¿Cuál es la verdad?

La verdad es que nadie separó sistemáticamente a niños de sus padres de la manera que lo hizo la Administración de Donald Trump en 2018.

La Administración de Obama, con una frecuencia muy limitada, sí separó familias si esto se correspondía con el mejor interés de los niños. Sí sopesó la política que Trump terminó poniendo en práctica, pero altos funcionarios de su mandato me contaron en entrevistas que se rechazó porque considerarlo cruel, no quisieron implementarlo de ninguna manera.

Jacob Soboroff ha ganado, entre otros, el Premio Cronkite a la Excelencia en Periodismo de Difusión Política y el Premio Hillman de Periodismo de Difusión 2019.NBCU Photo Bank/NBCUniversal via

La Administración Trump pensó diferente y adoptó el plan, que ya estaban analizando poner en práctica tan pronto como asumió el cargo.

¿Cómo algo tan delicado e impactante pudo mantenerse escondido hasta que lo desveló el diario New York Times en abril de 2018?

La información de que se estaba considerando poner esto en práctica sí se filtró casi de inmediato. En marzo de 2017, John Kelly, entonces secretario de Seguridad Nacional y luego jefe de Gabinete de Trump, admitió que lo habían considerado pero no lo implementarían, luego de las amplias críticas de la opinión pública.

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Pero en 2017 ya tuvieron un programa piloto secreto en El Paso, Texas, donde estaban separando a niños inmigrantes de sus padres. Cuando esto fue descubierto, lo terminaron. Luego fue firmado como política en la primavera de 2018 por Kirsjen Nielsen y Jeff Sessions e implementado a gran escala. Y ahí es cuando llegó a la vista pública.

Pero es correcto: lo admitieron, luego lo negaron y lo hicieron en secreto. Y no fue hasta el verano de 2018 que pudimos entrever por primera vez lo que realmente estaba sucediendo con esta política que había estado en desarrollo por, literalmente, un par de años.

Usted tiene un hijo. ¿Cómo le afectó personalmente ver las condiciones en que esos niños eran separados y custodiados?

Cuando estaba en la frontera, en el medio de la crisis, mi esposa estaba publicando en redes fotos de mi hijo en pañales viéndome a mí en la televisión hablar de cómo otros niños estaban siendo separados de sus padres. Fue difícil de experimentar y me ha hecho ver a mi familia y a mi Gobierno de una forma diferente.

Ver a cientos de niños retenidos en un antiguo Walmart, a los que sólo se les dejaba salir dos o tres horas al día. Ver los niños en jaulas en el suelo, bajo esas mantas, y supervisados por contratistas de seguridad, ahí fue cuando me golpeó.

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Por supuesto que me sentía allí en una posición de privilegio. Yo era un reportero blanco visitando esas instalaciones, con la ventaja de poder luego regresar a mi hogar con mi familia. Tengo el privilegio de que mi propio hijo probablemente nunca pasará por eso en su vida. En muchos sentidos yo soy la persona incorrecta para contar esta historia, pero no puedo cambiar el hecho de que estuve allí.

En la frontera también vi los rostros de personas que lucen como los de la gente de donde soy, de Los Ángeles. Hay más centroamericanos en esta ciudad que en ningún otro lugar fuera de Centroamérica. Y ése era el grueso de las personas que estaban siendo separadas. Ésas eran las caras de gente que son mis vecinos, mis amigos.

El libro cuenta el calvario de Juan y su hijo José. ¿Por qué eligió a esa familia?

Juan había entrado a Estados Unidos dos veces a trabajar como inmigrante por razones económicas y había regresado a Guatemala. Él mismo dice que entró “ilegalmente” y no está avergonzado de eso. Yo no quería elegir la historia de una familia perfecta que no hubiera hecho algo como esto antes, porque ése es el punto: no importa quién fueras, de dónde vinieras, por qué o cuántas veces, el Gobierno estadounidense decidió torturar y abusar —en las palabras de expertos— de esos niños.

Nadie es perfecto. Pero ¿merecen tener un trauma psicológico de por vida y está justificada la tortura infantil? Yo creo que la respuesta es no.

Los médicos tienen la opinión casi unánime de que las familias sufrieron traumas indelebles. ¿Cómo le afecta aún a Juan y José?

En una de nuestras charlas, Juan me dijo que había cometido un pecado por haber sido separado de su hijo. Imagínate eso: él, que vino aquí escapando a la violencia de los narcos para tener una vida mejor y para escapar del peligro, sentía que era él quien había pecado por huir, y no el Gobierno por quitarle a su hijo de 14 años.

Obviamente, ha sido muy difícil para ellos hablar de esto. Muchas veces terminamos conversando de cómo van las cosas con su permiso de trabajo, el caso de inmigración, el abogado, la escuela de José y esos asuntos. Pero una de las últimas veces que nos reunimos, finalmente empezamos a hablar —por cierto, su inglés está mejorando mucho— de lo difícil que fue para ellos. Cuando Juan escucha a José platicar de eso, rompe a llorar.

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La razón por la que no están aquí contando la historia ellos mismos es porque aún creen que están en peligro. Están procesando el dolor producto de un trauma continuo a la vez que intentan proteger su familia. Aún tienen por ver qué pasará con el resto de familia, pues la madre, María, vive en Guatemala con una hija que dio a luz luego de que Juan viniera a Estados Unidos. En este sentido, la separación continúa.

Visitó Guatemala para constatar de qué estaba huyendo esta familia migrante. ¿Qué encontró allí?

Encontré que muchas personas están escapando de la malnutrición, la hambruna y la pobreza, exacerbada por el cambio climático y la sequía. La producción de café, que ha sido históricamente su fuente de mayores ingresos, así como el azúcar, bananas y otros productos, se ha visto diezmada por las condiciones medioambientales. En departamentos como Chiquimula y Zacapa, los cultivos de café han sido arrasados por el hongo CLR (Cofee Leave Rust) y por la sequía.

Se estima que unos 5,400 menores fueron separados de sus padres al cruzar a Estados Unidos en 2018. AFP via Getty Images

Los campesinos no tienen un plan B para ganar dinero y los niños están literalmente al borde de la malnutrición. Algunos mueren por ello. Hay padres que llegan a la conclusión de que, ya sea por los narcos o por la pobreza extrema, la esperanza es irse a Estados Unidos para encontrar una manera de enviar dinero a quienes se quedan. Ninguna de las personas con las que hablé dijo querer irse del país si tuvieran otras opciones.

Entre las familias separadas también había mexicanos, que fueron tratados de la misma manera. ¿Cuál fue su reacción cuando el presidente, Andrés Manuel López Obrador,  agradeció a Trump en la Casa Blanca por tratar a México “con respeto”?

Cuando vi a AMLO hablando de Trump de una manera tan positiva creo que reaccioné de la misma manera que el resto.

Estaba perplejo y confundido. Éste es el presidente estadounidense que, desde su primer día como candidato, acusó específicamente a los mexicanos de ser violadores y criminales y prometió que pagarían por el muro fronterizo.

No sé por qué esa fue su reacción a Trump, o siquiera por que vino aquí. La palabra extraño es la única que lo describe.

Uno de los pasajes más reveladores del libro es cuando Katie Miller, asistente del vicepresidente, Mike Pence, cuestiona la existencia de enclaves étnicos como la Pequeña Habana en Miami. Estados Unidos ha sido conocido históricamente por ser una nación que los inmigrantes ayudaron a construir. ¿Ha dejado de ser ese país hospitalario?

Cuando Katie Miller me dijo que por qué necesitábamos tener una Pequeña Habana me quedé...  [hace un gesto de sorpresa] ¿Qué respondes cuando un funcionario te dice que cree que las personas deben “integrarse” y que no deberíamos tener enclaves étnicos?

Miller también ha expresado que carece de compasión por lo que vio en la frontera. Se lo ha dicho antes a personas que lo han compartido conmigo. Cuando me lo dijo a mí, le respondí que era una nacionalista blanca.

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Ella conoce muy bien, como residente del sur de Florida, cuán inseparable es la vida de los cubanos —en lo económico, lo social y lo político— del resto de los residentes allí. No hay que ser un genio para saber eso.

Sus comentarios muestran la forma de pensar detrás de la política de separación de familias. Pero eso no significa que el país sea menos hospitalario, sino que hay personas en posiciones de poder que suscriben esta ideología radical.

Casos como el del asesinato de Vanessa Guillén en una base militar no fueron cubiertos en toda su extensión por la prensa en inglés. ¿Le parece que los problemas que afectan a los latinos en EE.UU. están subrepresentados en los grandes medios en inglés?

Deberíamos estar escuchando más historias sobre los latinos, porque sus historias son historias sobre Estados Unidos. Yo vivo en Los Ángeles, donde el 50% de la población es hispana. Y es imposible contar la historia de esta ciudad sin contar la de nuestros residentes latinos.

La trayectoria de esta comunidad es tal que, si la ignoras, lo haces a tu propio riesgo. Cuando en el título del libro incluyo la frase “una tragedia estadounidense” es porque la separación de familias no es solo una tragedia de los latinos sino para el país. Esto le ocurrió en suelo estadounidense a gente que vino a ser parte de esta sociedad. Y se podría decir lo mismo de la aplicación de otras políticas como las deportaciones, las redadas de ICE, la violencia policial perpetrada contra latinos o la propia historia de Vanessa Guillén.

Todas estas historias deberían estar en la prensa. Pero tiene razón, muy frecuentemente no lo están.

El libro trajo de vuelta un tema que parecía olvidado pero que está más presente que nunca, pues cientos de niños migrantes están en este momento bajo riesgo de ser separados nuevamente.

La diferencia ahora es que los niños que están en riesgo de ser separados se encuentran bajo custodia de ICE junto con sus familias, mientras que en 2018 eran separados casi inmediatamente por la Patrulla Fronteriza.

Los abogados de esas familias han alertado de cómo los centros de detención son muy peligrosos a causa del COVID-19, y exigiendo que sean liberados. Pero, en lugar de liberarlos junto a sus padres, la Administración continúa sin descartar la separación. Es la misma estrategia una y otra vez.

Trump firmó una orden ejecutiva en junio de 2018 para dar por terminadas las separaciones y aquí estamos de nuevo, con esos 335 niños en riesgo. Las condiciones que permitieron que las separaciones sucedieran y las personas en el poder aún están aquí.

[Continúa la separación de familias en la frontera]

¿Considera que la separación de familias y los niños puestos en “jaulas” serán recordados como el capítulo más negro de la Administración Trump? 

Hay un par más.

Aquí estamos en medio de la pandemia del coronavirus y la Administración obviamente ha manejado mal las vías para salvarle la vida a los estadounidenses. Previo a eso, tenemos la respuesta de Trump al huracán María, en Puerto Rico. Pero la separación es uno de los capítulos más vergonzosos en la historia moderna de Estados Unidos. La tortura sistemática a esos niños.

Un oficial del Gobierno me dijo que esta era la mayor catástrofe de derechos humanos que había presenciado. Estas son palabras de funcionarios que fueron parte de la política de separación de familias. Así que no me crea a mí, créale a ellos. 

Casi todos coinciden en que el sistema de inmigración está roto, pero ningún partido parece capaz de encontrar una solución. ¿Qué hará falta para arreglarlo?

Primero hay que pensar en qué es necesario arreglar. Nunca he visto al Partido Demócrata hablando de abolir ICE o quitarle los fondos a la estructura actual de las autoridades migratorias de la manera en que están conformadas. La misma separación de familias mostró que este sistema no funciona. No funciona ni para las familias que están viniendo ni para el pueblo estadounidense, que no desea que esto esté haciéndosele a familias enteras en nuestro nombre, colectivamente.

¿Sucederá si Joe Biden es elegido? No lo sé. Eso lo dirá él. ¿Cuáles son sus prioridades y políticas? ¿Acabará con la sección 1325 [que establece delitos penales relacionados con la entrada indebida de un extranjero]? Esas son propuestas concretas.

Lo que espero es que, no importa quién gane las elecciones, entienda que la manera en que el Gobierno ha tratado a los migrantes durante décadas, bajo demócratas y republicanos, no está bien, y es lo que dio pie a la separación de familias.

La reportera María Peña contribuyó con esta entrevista.