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El Salvador: ¿A quién apoyará Saca en la segunda vuelta?

El Salvador: Segunda vuelta tras votación pacífica

Por Carlos Rajo, Columna de Opinión 

El FMLN, el partido de izquierda que ha gobernado El Salvador por los últimos cinco años, terminó según resultados preliminares en primer lugar en la elección presidencial del país centroamericano. Debido a que no obtuvo más del cincuenta por ciento de los votos sin embargo, deberá competir en una segunda vuelta con su rival más cercano, el conservador partido ARENA.

Luego de contados un poco más del 70% de las actas de votación, las autoridades electorales informaron que el FMLN obtuvo el 49.1% de los votos con ARENA el 38.9%, ubicándose en tercer lugar el llamado Partido de Unidad, el que obtuvo un lejano 11.4% de los votos. La segunda vuelta se realizará el próximo 9 de marzo.

Los resultados no han sorprendido, no sólo porque han sido muy similares a lo que indicaban las principales encuestas sino también porque confirman que El Salvador sigue dividido entre dos grandes bloques, uno de izquierda y otro de derecha o conservador. Esta división ha sido una constante en las últimas dos décadas desde que terminó la guerra civil que ensangrentó a El Salvador en los años 80.

El candidato del triunfante FMLN, Salvador Sánchez Cerén, es precisamente alguien que combatió en esa guerra civil como comandante de uno de los grupos guerrilleros que formaban el FMLN. El hecho de que una buena parte de los votantes salvadoreños acepten ahora como presidente a un hombre que en su momento combatió a sangre y fuego al estado salvadoreño, es una de las cosas nuevas de El Salvador. El FMLN nunca había ganado una elección con un ex comandante al frente de la boleta electoral. El actual presidente, Mauricio Funes, aunque del FMLN, era un civil de profesión periodista quien sólo se incorporó al partido de izquierda para competir en la elección de 2009.

Sánchez Cerén fue Ministro de Educación en el gobierno de Funes y durante la campaña trató de vender la imagen de que era un tipo moderado más interesado en mejorar la educación de los niños y jóvenes y en asegurarles a los empresarios que habrá seguridad jurídica para sus negocios e inversiones. Nada que ver con la supuesta ideología y aspiraciones izquierdistas de cuando era uno de los comandantes más radicales del FMLN.

El FMLN y su candidato tuvieron la ventaja de estar en el gobierno y utilizar a su favor los recursos materiales y propagandísticos que da la maquinaria estatal, inclusive la figura presidencial misma. Igualmente, el poder económico de varias empresas fundadas en los últimos años con ayuda financiera de la Venezuela del fallecido Hugo Chávez. Pero además, confirmó que sigue contando con una base de ‘voto duro” o fiel que lo ha acompañado en las diferentes elecciones.

El partido ARENA perdió en parte porque hizo una mediocre campaña, porque el voto conservador está dividido -el candidato en tercer lugar fue Presidente del país siendo miembro de ARENA de donde fue posteriormente expulsado-, pero también porque no presentó propuestas nuevas. Su ideario fue básicamente un volver al pasado: meter miedo sobre el supuesto izquierdismo-comunismo del FMLN y el ofrecimiento de “mano dura o militar” ante el problema de la inseguridad.

La falta de propuestas, sin embargo, no fue sólo de ARENA. Fue una constante en la campaña electoral criticada por observadores y analistas como una de las grandes deficiencias de los tres candidatos y sus partidos. Ni la inseguridad, ocasionada en gran parte por las pandillas o maras y el crimen organizado ligado al narcotráfico, la corrupción y la situación económica, fueron temas que se abordaran a fondo en el debate y propuestas de los candidatos.

Un factor que de seguro también influyó en que ARENA obtuviera menos votos, o que al menos algo de su “voto duro” le diera la espalda y votara por el partido Unidad o simplemente no asistiera a votar -la abstención fue de más del 40%-, es que en las últimas semanas El Salvador ha vivido un espectáculo no muy común en su vida política.

Sucede que un ex presidente -Francisco Flores precisamente del partido ARENA y hasta hace unos días asesor del actual candidato presidencial Norman Quijano-  ha comparecido ante una Comisión de la Asamblea Legislativa bajo la acusación de que se apropió de más de diez millones de dólares donados por Taiwán. Flores aceptó que recibió el dinero sólo que no tiene pruebas de que lo entregó para ayudar a los necesitados de varias tragedias naturales.

En la segunda vuelta este elemento de la investigación contra Flores de seguro será explotado por el FMLN. Buena manera de recordarle al electorado del paso de ARENA por veinte años en el poder. Los más de diez puntos porcentuales de diferencia que le aventaja el FMLN, además, serán un formidable obstáculo para ARENA.

Uno de los factores que pudiera influir en la segunda vuelta es la posición que tome el candidato del tercer lugar, el ex presidente Tony Saca. El candidato ha dicho que dejará a sus votantes que apoyen a quien les parezca mejor, con todo, su palabra será de mucho peso en la decisión de sus votantes.

Por afinidad política e ideológica, Saca debería apoyar a ARENA; sin embargo, existe mala leche con los actuales dirigentes. Saca participó en la elección al frente de una coalición de pequeños partidos sin mayor fuerza electoral, lo que indicaría que los votos que obtuvo fueron más por la fuerza de su personalidad que por la presencia electoral de los partidos de la coalición.

En un escenario ideal lo deseable fuese que en las semanas que quedan de campaña para la segunda ronda los dos candidatos tomen el toro por los cuernos de la realidad salvadoreña y en efecto debatan sobre los grandes temas nacionales. Durante la campaña hubo un debate que lo fue sólo de manera formal ya que no hubo ningún intercambio entre los candidatos y tampoco preguntas que los obligara a exponer sus ideas o propuestas sobre esos temas como qué hacer con las pandillas, qué posición toman ante la tregua extraoficial que existe entre ellas o cosas tan complejas como el futuro económico de El Salvador (el país sobrevive en parte gracias a los más de 4 mil millones de dólares anuales que envían los salvadoreños en el exterior, nada menos que alrededor del 17% del Producto Interno Bruto).

El fracaso de la tercera fuerza política -en este caso el partido de Saca- es la repetición de una situación que se ha dado en otras épocas y elecciones. Esto vendría a confirmar que similar a lugares como Nicaragua o Venezuela, hay una intensa polarización del electorado y una sociedad dividida básicamente entre dos grandes bloques políticos. Antes fueron intentos de partidos o fuerzas social demócratas, centristas o diferentes grupos que abandonaron el FMLN. Hoy lo fueron grupos del conservadurismo o la derecha. La constante es que siempre ésta tercera fuerza se queda en números minúsculos.

Lo valioso al menos de la elección salvadoreña es que fue una competencia pacífica. Una elección presidencial más en donde se disputa el poder en las urnas -aunque los candidatos se hagan los oídos sordos a los grandes problemas nacionales-. Y en donde la izquierda, que algún día tuvo sueños de revolución, hoy ostenta el poder sin que le quite el sueño a nadie (más allá de algunos conservadores estadounidenses quienes aseguran que el FMLN sigue con sus ideas marxistas y similares). Es el FMLN el que llega con ventaja a la segunda vuelta. Dependerá de ARENA obligar al partido de gobierno a que diga no sólo como gobernará sino cuál es su visión de país en el largo plazo -y por supuesto que ARENA misma también lo diga.