El pueblo atacado por Pancho Villa rechaza el muro y las tropas en la frontera: "Es sólo un pretexto"

La incursión del revolucionario mexicano no tuvo que ver con la inmigración, dice un experto. Pero la Casa Blanca utiliza aquel episodio histórico para explicar una operación militar con licencia para matar.

Un pequeño pueblo de Nuevo México cerca de la frontera, que hace un siglo fue atacado por el revolucionario mexicano Pancho Villa, rechaza ahora la construcción del muro fronterizo y el despliegue de tropas militares contra los inmigrantes.

El secretario de Defensa, Jim Mattis, defendió la semana pasada el despliegue de casi 6.000 soldados en la frontera ante la llegada de la caravana de inmigrantes centroamericanos a Tijuana (México) para pedir asilo de forma pacífica y de acuerdo con las leyes estadounidenses. La Casa Blanca dio este martes permiso a los soldados para disparar a matar “si tienen que hacerlo”. Mattis comparó esta operación militar con la que ordenó el presidente Woodrow Wilson en 1916 ante la “amenaza” de “las tropas de Pancho Villa, un revolucionario que hacía incursiones a través de la frontera”.

La guerrilla comandada por Francisco Villa, apodado Pancho Villa, cruzó la frontera el 9 de marzo de 1916 y atacó el pueblo de Columbus (Nuevo México), que quedó parcialmente destruido; murieron 17 estadounidenses, según el canal de televisión History. Wilson ordenó de inmediato capturar al revolucionario, y envió a unos 10.000 soldados, que se enfrentaron a los guerrilleros y a las fuerzas oficiales de Venustiano Carranza. Los enfrentamientos, en el estado mexicano de Chihuahua, causaron la muerte a decenas de combatientes; Villa logró escapar, y ambos países estuvieron a un paso de la guerra antes de la retirada estadounidense en febrero de 1917.

Más de un siglo después, los menos de 2.000 habitantes de Columbus coexisten pacíficamente con sus vecinos al otro lado de la frontera, aseguran que la incursión de Pancho Villa corresponde a otra época, y creen que citarla para justificar el despliegue militar pasa por alto otras necesidades más apremiantes del pueblo, como iniciativas económicas y un mejor transporte.

“Es solo un pretexto”, asegura Roberto Gutiérrez, de 63 años, dueño de una tienda, “desde entonces, la gente cruza [la frontera] sin problemas”.

El alcalde, Esequiel Salas, cree por su parte que la ciudad ha incorporado a su  historia lo ocurrido hace un siglo: “Lo hemos aceptado”, afirma, “creo que lo consideramos un episodio aleccionador”. En su opinión, a los ciudadanos les disgusta que se use ese episodio para justificar el despliegue militar, y apenas se quejan nunca por falta de seguridad fronteriza. Lo que les preocupa, añade, es la falta de empleos o residencias para mayores, no una incursión de hace 102 años.

“Muchas cosas han cambiado desde entonces y hemos aprendido unos de otros”, explica Salas, “todavía seguimos tratando de aprender”.

Columbus se apresta a lanzar una campaña bajo el lema “Donde el viejo México se encuentra con Nuevo México”, que destaca el parque estatal Pancho Villa, cerca de la zona de la incursión. El museo del pueblo exhibe carteles de reclutamiento del Ejército y de armas antiguas.

Todos los años se conmemora el día de la incursión para recordar a los soldados estadounidenses caídos, y a veces se guarda un minuto de silencio con velas o se celebra un desfile con gente disfrazada de Pancho Villa y del general estadounidense John J. Pershing.

“La incursión se debe comprender en el contexto de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y México y la Revolución Mexicana, no la inmigración”, explica el profesor universitario José Ángel Hernández.