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"El País”, Chávez y la foto que no fue

"El País”, Chávez y la foto que no fue

Por Carlos Rajo/Opinión

Por mucho tiempo el periódico español “El País”, con sede en Madrid, fue considerado el diario más influyente o, incluso para algunos, el mejor en el mundo hispano parlante. Es “el New York Times” del periodismo en español, era una de las descripciones que se hacían del prestigioso matutino.

Vaya que sí han cambiado las cosas. Este mismo diario, ahora con una audiencia global gracias a su robusto sitio de Internet, se ve envuelto en el escándalo de la foto falsa del Presidente de Venezuela Hugo Chávez en la que aparece un hombre, muy parecido al mandatario venezolano, acostado, con la boca abierta, los ojos cerrados y con una serie de tubos médicos que acceden a su garganta.

Más allá de las justificaciones, de la búsqueda de los responsables o de los golpes de pecho del diario disculpándose por la metida de pata, lo cierto es que el golpe a la credibilidad del periódico es brutal. De aquí en adelante será difícil leer “El País” sin tener en cuenta el fiasco de lo de Chávez.

“El País” venía ya con problemas. Debido a la crisis económica por la que pasa España y a la crisis también por la que pasan muchos periódicos del mundo ante la caída de publicidad en sus ediciones en papel, el diario ha estado en serios apuros financieros.

Hace un par de meses el periódico despidió a más de cien empleados y persiste una tensa relación entre los ejecutivos de la empresa propietaria y los periodistas. Nada de esto, sin embargo, se compara con el escándalo de la foto. Por los despidos hay críticas a la gerencia del diario, por lo de la falsa imagen de Chávez hay un agujero en lo más valioso que tiene un medio de comunicación: la confianza de sus lectores/televidentes/oyentes.

De seguro que alguien dirá que estos despidos y la mala leche que existe entre los ejecutivos y los periodistas contribuyeron a que se publicara la falsa foto de Chávez. Obviamente no lo sabemos, pero lo que sí queda claro es que en el proceso de la publicación de esa imagen fallaron los filtros mínimos que deben existir en cualquier medio de comunicación responsable. La foto fue ofrecida en venta al diario por una agencia de noticias con la cual el periódico tiene un contrato.

En un editorial en su versión de Internet, El País explica que en efecto pidió explicaciones a esta agencia y que se le respondió que la foto había sido tomada por una enfermera en Cuba y enviada por medio de su hermana quien reside en España. La agencia, dice El País, añadió que por motivos de seguridad no se podía revelar la identidad de la enfermera. El diario agrega también que debido a que su corresponsal en Cuba -Yoani Sánchez- es una blogera crítica del gobierno cubano, hubiese sido "un riesgo" para ella mandarla a corroborar si era cierto lo de la enfermera y la foto.

El punto es que El País publicó algo de lo cual no sabía la fuente y tampoco si era verdadero. La excusa de que la agencia que ofrecía la foto le ha vendido cosas antes y/o de que era difícil investigar su procedencia es una excusa imperdonable. A los periodistas se les paga precisamente para que ejerzan su experiencia y juicio editorial para determinar si algo es noticia cierta. Habla muy mal del diario si, como lo revelan en el editorial, solo se dieron cuenta del error por el ruido que se generó en las redes sociales.

Por otro lado, aun cuando el diario dirá que no hubo segundas malas intenciones, es decir que con la foto no se pretendía golpear a Chávez y al chavismo sino únicamente hacer pública una imagen que a juicio de los editores tenía valor noticioso, lo cierto es que por la mala relación que existe entre el periódico y el gobierno venezolano, no extraña que muchos concluyan que el apresuramiento al publicarla tuvo en parte que ver con las ganas de hacer ver mal a Chavez. “Prensa canalla”, le llamó la presidenta de Argentina, y aliada de Chávez, Cristina Fernandez.

Independiente de si hubo mala intención o no de parte del diario, el punto es que los errores en la publicación son varios. Es no sólo el de publicarla sin corroborar la fuente, o su veracidad, sino el hecho de que se publicó en primera plana. De entrada, lo menos que se puede acusar al diario por esto es de sensacionalismo o amarillismo. “El País, al nivel de Hola”, escribió en un twit alguien bajo el nombre de @bufetalmeida (Hola es una revista sobre la vida y milagros de la gente famosa).

Publicar una foto así de alguien enfermo y claramente en mal estado (la foto provenía de un video médico filmado en México en 2008) rompe reglas básicas del buen gusto, el derecho a la privacidad y la seriedad que supuestamente debe caracterizar a un diario como “El País”. Es cierto, Chávez es una figura pública y como tal una imagen de él es sujeta de atención periodística. Sin embargo, debe haber un límite. Aun cuando figura pública, el individuo sigue siendo un ser humano, con familia y gente cercana a la cual se le debe cierta dosis de privacidad.

“El País” señala en ese editorial que "los responsables del periódico" consideraron estos factores y concluyeron que la supuesta foto de Chávez "era pertinente". Que la imagen "no contenía elementos extraordinarios" en el contexto de la enfermedad de Chávez y que sí añadía "elementos informativos". Llama la atención que el diario hable de "los responsables del periódico", lo cual hace suponer que la decisión de publicar la foto, y de hacerlo además a bombo y platillo, fue tomada al más alto nivel del diario. Si esto es así, aun peor. Habla mal del diario y de sus dirigentes.

Si la foto era ya un problema (de nuevo, debido a que era falsa), el que el diario titulara la historia que la acompañaba con la leyenda: “El secreto de la enfermedad de Chávez”, añade al fiasco. Este título da la impresión de que el diario conoce de algo nuevo que hasta ahora se había mantenido en secreto sobre la enfermedad del líder venezolano. Como se supo después, ni lo uno ni lo otro, es decir ni la foto era de Chávez y ni la nota periodística aportaba algo nuevo.

Al hablar de Chávez y su enfermedad, y en este caso de la cobertura mediática (más allá del escándalo de “El País”), no puede dejar de mencionarse lo que ha sido hasta ahora el silencio y la falta de información de parte del gobierno venezolano. No es justificación por lo hecho por “El País”, pero de alguna manera ayuda a poner en contexto la frustración de editores, periodistas y el público en general al no saber cuál es el verdadero estado de Chávez (y de ahí el apetito por cualquier cosa sobre el enfermo líder venezolano). Un gobierno responsable, democrático y abierto a sus gobernados tiene la obligación de decir la verdad sobre cómo se encuentra el mandatario.

Uno debe de suponer que eventualmente “El País” -si es que no lo ha hecho ya- ordenará una investigación sobre lo sucedido con la supuesta foto de Chávez (el editorial sólo habla de que el diario \'revisará sus procedimientos de verificación\'). Se sabrá así quién tomó la decisión de comprar la foto y luego publicarla bajo el listín de “exclusiva mundial”. Se hablará de las tremendas presiones que existen ahora en esta era de Internet por “ser el primero”. Por no dejarse ganar la partida ante la competencia que está siempre respirando en la nuca de los editores. Y una competencia que incluye ahora a miles de sitios de Internet. Por supuesto, nada de esto justifica el error de juicio con la foto.

Por cierto, una de las principales competencias de “El País” -sino es que la primera o al menos a la que el diario más le preocupa- es “El Mundo”, otro de los periódicos que también se publican en Madrid. Sucede que el director de este diario, el famoso periodista español Pedro J. Ramírez, reveló en su cuenta de twiter que le habían ofrecido “una foto de Chávez entubado” en 30 mil euros (unos 41 mil dólares) y que la rechazó (no dice por qué). Después de lo sucedido a su acérrimo rival periodístico, Ramírez queda hoy como un genio.

Más allá de estas disputas periodísticas madrileñas, lo cierto es que el escándalo de “El País” con la falsa foto de Chávez, trasciende España. Se ha enlodado el nombre y la credibilidad de un diario que por mucho tiempo fue el ejemplo y bandera del mejor periodismo en lengua española. No es suficiente con que el periódico pida disculpas. Tiene que investigar lo sucedido y garantizar a sus lectores en todo el mundo que aun con su fama, con sus problemas financieros, con las presiones de Internet y las redes sociales, o incluso con sus supuestas ganas de golpear a Chávez y al chavismo, no ha perdido de vista esos detalles básicos del periodismo como cerciorarse de que lo que publica no son mentiras.

(Carlos Rajo fue por varios años colaborador de El País. Actualmente ofrece comentarios y análisis en una radio propiedad de la compañía madre -Prisa- dueña de El País).