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El insulto a Ronaldinho y el gusanito racista que cargamos los latinoamericanos

El insulto a Ronaldinho y el gusanito racista que cargamos los latinoamericanos MSN

Columna de opinión


Por Carlos Rajo

El insulto racista al jugador brasileño recién llegado a México Ronaldinho -le llamaron ‘simio’- de parte de un político del conservador Partido Acción Nacional (PAN), ha sacado a la luz un tema que existe en muchos países de Latinoamérica pero del cual muy poco se habla. Una de las consecuencias positivas de lo hecho contra el jugador es el debate que se ha abierto en la sociedad mexicana.


El político en mención es un ex funcionario de gobierno del Estado de Querétaro, precisamente la sede del club del mismo nombre que contrató a Ronaldinho y el que lo presentó en público la semana anterior. El político, de nombre Carlos Manuel Treviño, aparentemente se molestó por el congestionamiento de tráfico que originó la llegada del famoso jugador a la ciudad. En un momento de enojo escribió en su cuenta de Facebook que aun cuando es alguien tolerante le molestaba que la gente llenara las calles “todo para ver a un simio…Brasileño pero simio aun”.

Un tanto como era de esperarse, la reacción en la sociedad mexicana ha sido de intensas críticas contra Treviño, inclusive con el inicio de una investigación de parte de la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación. El político panista por su parte -fue secretario de desarrollo social en Querétaro de 2006 a 2009-, se ha disculpado y ha dicho que Ronaldinho tiene todo su respeto “como persona y jugador”.

Una de las tantas reacciones ante lo dicho por el político conservador fue la del también jugador del Querétaro Yasser Corona, quien en apoyo a Ronaldinho creó el hashtag en twitter #TodosSomosSimios el cual ha obtenido el visto bueno de la directiva del club Querétaro. El equipo además, ha pedido “un castigo ejemplar” para Treviño.

“El racismo, la xenofobia, la desigualdad de género y otras prácticas discriminatorias son una forma de violencia que debemos erradicar como sociedad”, añade el equipo queretano.

La idea de Corona es similar a la campaña que en su momento creó en España el futbolista brasileño del Barcelona Neymar, cuando su colega también brasileño Dani Alves fue objeto igualmente de insultos racistas -le tiraron una banana a la cancha. El hashtag de Neymar fue #somostodosmacacos.

Es cierto que en general en Latinoamérica no existen en el fútbol los insultos racistas que con cierta frecuencia se dan en Europa -no sólo en España sino también en Italia y otros países-, al menos en términos de llamar a los jugadores con el término que utilizó el político de Querétaro o con lo hecho con Alves en España. Pero lo que si es cierto también es que sí existe esa vena de la discriminación contra la gente negra -aunque no se asuma como discriminación de parte de quien la hace-. En lugar de lanzar una banana o llamarle “simio” a la persona con frecuencia se le llama “negrito” o en su caso “indio” o “naco”, o “cholo” como en el Perú -todas formas también de discriminación racial.

O qué decir de esa expresión tan mexicana del “pu**”, que adquirió sus “quince minutos de fama” en el Mundial de Brasil -la gritaban los aficionados mexicanos a los porteros rivales de México con un significado homofóbico- y que después de cierta consideración la FIFA decidió no castigar. El punto aquí, advertido por varios en su momento, es que el peligro de tolerar esa expresión, que para muchos es inofensiva, solamente chistosa y muy del folclor mexicano, es que la gente se acostumbra a escuchar y en su momento a expresar esos insultos discriminatorios - o ‘formas de violencia’ como le llama el club Querétaro. Así como para algunos es normal lo del “pu**”, es posible que para gente como el político panista en su momento también fue normal lo del “simio”.

“El racismo en México es contradictorio, nos ofendemos cuando insultan a un futbolista extranjero cuya presencia de hecho no trae ningún efecto real sobre nuestras vidas, pero nos vale insultar de la misma manera a nuestros compatriotas”, señaló un lector del sitio de Internet SDPnoticas en uno de las tantos comentarios que han surgido alrededor de la controversia con los insultos a Ronaldinho.

Otro elemento que llama la atención en esto del jugador brasileño es quién dijo el insulto. Una cosa es que este racismo sea común en la gente de la calle en Latinoamérica o que se diga o se haga bajo el anonimato de las tribunas de un estadio de fútbol. Otra muy diferente es que lo diga un personaje público. Es cierto, todos somos sujetos a errores y todos podemos hacer cosas de las cuales luego nos avergonzamos, pero el punto es que alguien que es político -en este caso de un partido que se da golpes de pecho por su conservadurismo y supuesta moral- está obligado a mantener una conducta un tanto más cuidadosa que el simple ciudadano ordinario. Lo que hace un político, o alguien famoso, repercute mucho más en la sociedad que lo dicho o hecho por alguien común.

Ciertamente que la llegada de Ronaldinho al fútbol mexicano ha generado ya tal “ruido” y atención que los dueños del Querétaro deben de estar contentos con la inversión que hicieron para que el en su momento mejor jugador del mundo pusiera pie en las canchas mexicanas. Hoy es la sociedad toda la que en cierto sentido debe sentirse satisfecha por el primer escándalo alrededor de Ronaldinho. Lo de la discriminación -en México nadie parece llamarle ‘racismo’- surgida por lo dicho por el político panista ha abierto un saludable debate sobre ese gusanillo racista que muchos latinoamericanos cargamos ahí escondido en nuestro subconsciente.