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Maestros enojados y asustados: ¿cómo el regreso a las escuelas está afectando la elección presidencial?

Biden lo llama una “emergencia nacional” y el presidente Trump busca reabrir las clases de manera presencial y "segura". Conversamos con educadores y profesores, la nueva ola de trabajadores de primera línea, para entender qué piensan.
/ Source: Telemundo

Por Ronny Rojas y Juliana Jiménez

AshLee DeMarinis tenía 34 años y enseñaba habilidades sociales. Nacoma James, de 42 años, entrenaba al equipo de fútbol americano. Demetria Bannister, de 28, enseñaba tercer grado. Tom Slade enseñaba historia y su último día de clases fue el 21 de agosto.  

Todos ellos son maestros que murieron de coronavirus luego de que reiniciaran las clases en las últimas semanas. 

La reapertura de las escuelas supone un mayor riesgo para los maestros: los niños padecen menos los síntomas y secuelas que los adultos, pero los estudiantes sin embargo sí pueden contagiarse y contagiar a otros más vulnerables, como los mayores de 60 años o quienes tienen sistemas inmunológicos comprometidos.

Por eso, la ansiedad por el COVID-19 entre maestros (y padres) ha ido aumentando desde el verano. 

Esa ansiedad se ve alimentada por la poca fe en la manera en que el presidente, Donald Trump, ha intentado controlar la pandemia. Tan solo 37% de los votantes dice que ha hecho un buen trabajo y 56% dice que lo ha hecho mal, según una encuesta, publicada este miércoles, de la Universidad de Monmouth. 

Estas cifras son importantes para Trump, pues busca ser reelecto en noviembre para ejercer otros cuatro años de Gobierno. Más votantes tienen fe en que su oponente, el demócrata Joe Biden, es quien puede guiar al país a recuperarse y vencer la pandemia. 

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"No creo que sea seguro"

Nadine Barthole, maestra de tercer grado, inició el año escolar de forma remota este jueves. A finales de septiembre, su escuela, la New York French American Charter School de Manhattan, analizará si va a adoptar un modelo de enseñanza híbrida, una combinación de clases virtuales y presenciales. 

Barthole le explicó a Noticias Telemundo que no se siente a gusto con la idea de dar clases en persona en este momento.

“No creo que sea seguro para estudiantes y profesores regresar a las aulas por la incertidumbre de este virus. Se dice que los niños son ‘súper súper esparcidores’ y portan una carga viral más alta. Por esta razón, es un riesgo muy grande”, dijo.

La ciudad de Nueva York, que cuenta con el distrito escolar más grande del país, tuvo que aplazar el inicio de clases presenciales para el 21 de septiembre, ante la amenaza de huelga de varios sindicatos de maestros, que piden acciones de seguridad adicionales en sus sitios de trabajo. 

El alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, llegó a un acuerdo con tres poderosos sindicatos: negoció con estos hacer pruebas de COVID-19 obligatorias a al menos 10% de los estudiantes y profesores, quienes serán sometidos a una prueba nasal una vez al mes.  

Pero Barthole no cree que esto, por sí solo, sea suficiente para hacer seguras las aulas en el otoño e invierno.

“Se tienen que tomar otras medidas de precaución para mitigar el riesgo de contagio del virus. Tiene que haber ventilación adecuada y equipo de protección apropiado para todo el mundo. También se necesita un cumplimiento estricto de la distancia social en las escuelas”, opinó la maestra. 

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Los planes para reabrir las escuelas han estado ligados a la política y a la elección presidencial, y las divisiones en estos temas son claras y varían según el estado o distrito escolar. 

Barthole dijo que la discusión sobre la apertura de las escuelas tendrá un efecto en por quién ella votará para presidente. 

“Esto influirá absolutamente en mis inclinaciones políticas y mi voto en noviembre. Enseñar virtualmente puede ser una forma diferente de enseñar, pero sigue siendo enseñar. Es una forma diferente de aprender, pero los niños todavía están aprendiendo, y eso es lo importante”, dijo. 

Los maestros están enfrentando distintos retos en múltiples frentes: con las clases presenciales se arriesgan a contraer coronavirus. Con las clases en línea pierden el elemento humano que los atrajo a enseñar en un principio.

Nina Gónzalez, colombiana que enseñaba matemáticas en Miami y este semestre se jubiló, le dijo a Noticias Telemundo que fue difícil adaptarse a dar clases en línea.

“No siento esa parte humana, no puedo percatarme de los mínimos detalles de sus rostros, de sus expresiones espontáneas”, comentó. Por eso optó por dividir sus clases en grupos pequeños, pero “eso hace que se duplique el trabajo”, dijo.

 “Pienso que me desenfoco de la generalización, del todo, ¡de la realidad! Se me hace difícil explicar esta experiencia”, añadió. 

Sobre la votación en noviembre, González dijo sin titubear: “Sería un desastre ver a Trump por cuatro años más. No resisto sus mentiras, su cinismo y estupideces”, añadió.

¿Cómo reabrir las escuelas? Lo que proponen Biden y Trump

Como con casi todo lo demás, Biden y Trump no están de acuerdo en cuándo ni cómo reabrir las escuelas. 

"Puede que el presidente Trump no crea que esto es una emergencia nacional, pero yo sí lo creo", dijo Biden. "Proteger a nuestros estudiantes, nuestros educadores y nuestras comunidades. Hacer que nuestras escuelas abran de manera segura y eficaz: esta es una emergencia nacional".

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Biden dijo que, si fuera presidente, ordenaría a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) que se asegure de que todas las escuelas de kinder a 12º grado reciban fondos federales de “desastre y asistencia de emergencia" para reabrir y operar de manera segura durante la pandemia.

Esos fondos, dijo, podrían usarse para comprar grandes cantidades de equipo de protección personal, instalar mejores sistemas de ventilación o pagarles a más maestros para permitir tener clases más pequeñas. También podría utilizarse el dinero para financiar más tecnología de enseñanza a distancia y para cubrir las crecientes necesidades de salud emocional y mental de los estudiantes.

¿Qué propone Trump y cuál ha sido su gestión hasta ahora?

El presidente “apoya la reapertura segura de las escuelas”, dice la página web de la Casa Blanca. En una conferencia de prensa de este miércoles, Trump leyó el mismo texto que está en el sitio, que dice que “los niños tienen un riesgo extremadamente bajo de enfermarse de gravedad o morir por COVID-19, mucho menos que los adultos e incluso menos que por la influenza estacional”.

Los datos no apoyan eso. Un reporte reciente de la Academia Americana de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés), basado en datos de 49 estados, señala que entre el 13 de agosto y el 3 de septiembre se registraron 107,306 nuevos casos de contagios entre niños. Eso es un incremento de 26.4% en los contagios de niños en tres semanas, justo durante el período de regreso a clases en diversos estados.

La tasa de contagio entre niños también ha subido: a finales de agosto era de 680 por cada 100,000 niños, la más alta desde el primer reporte en abril.

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La Casa Blanca sí tiene un par de puntos importantes sobre los beneficios de reabrir las escuelas, aunque Trump busque “restarle importancia al virus”. 

La AAP también ha dicho que las escuelas reducen el riesgo de abuso, de adicción a las drogas y de suicidio en los niños y adolescentes, y que el cierre de los colegios tiene un "impacto sustancial en la seguridad alimentaria y la actividad física de los niños y las familias".

Una profesora en un colegio de Miami-Dade el 10 de septiembre de 2020.EFE

Ese impacto es aún mayor en los niños de familias de bajos ingresos o los niños de minorías, como los hispanos o negros.

La página web de la Casa Blanca dice que “la Administración Trump también está trabajando en un plan para proporcionar millones de mascarillas reutilizables a los estados para estudiantes, maestros y el personal”, pero no proporciona detalles de ese plan.

Las cifras de contagio en la población escolar no son claras, pues no todos los estados hacen públicos sus datos. 

Tennessee, por ejemplo, tiene la tasa más alta de niños contagiados, con 1,553 infecciones por cada 100,000 menores de edad. Pero incluso es difícil analizar esos datos, porque allí el gobernador republicano, Bill Lee, se negaba a publicar las cifras de casos en las escuelas desde que los primeros distritos escolares comenzaron clases el 25 de julio. Alegaba que hacerlo podría violar las leyes federales de privacidad. 

A pesar de eso, el Departamento de Educación de Tennessee anunció que comenzarían a publicar los datos a partir del 8 de septiembre. Eso no ocurrió por “dificultades técnicas”. Se espera que lo hagan a partir del 21 de septiembre. 

¿Cómo está el resto del país? En contagios nuevos, a Tennessee le sigue Carolina del Sur, con 1,448; Arizona, con 1,380; Mississippi, 1,272; y Louisiana, 1,234. Algunos de estos estados fueron, precisamente, los primeros del país en reabrir las escuelas. 

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Uno de los estados donde sí hay datos públicos es Mississippi. Allí, solo cuatro días después de que el primer distrito escolar reabriera sus puertas el 27 de agosto, reportaron al primer estudiante contagiado. Para el 7 de agosto, ya eran nueve casos y 100 estudiantes y maestros en cuarentena. 

Mississippi ha visto 40 brotes de COVID-19 en las escuelas de kinder a 12º grado desde que comenzaron las clases en julio. En total, 766 estudiantes y 482 maestros se han contagiado, según un reporte del Departamento de Salud del estado del 1 de septiembre. 

"Los educadores están observando, en noviembre recordaremos"

El descontento de los maestros no solo es evidente en casos aislados: también se han organizado para dejar claro que no quieren volver a clases en persona, y así lo han expresado los mayores sindicatos de educadores del país. 

Incluso el sindicato de maestros del distrito escolar de Miami-Dade (el cuarto más grande del país) demandó al gobernador de Florida, Ron DeSantis, por ordenar que se reabran las escuelas. DeSantis ha dicho públicamente que se ciñe al plan de Trump de buscar una reapertura lo más completa lo más pronto posible.

La Asociación Nacional de Educación (NEA, por sus siglas en inglés), el mayor sindicato laboral de Estados Unidos, también se ha opuesto férreamente. 

 “El presidente Trump y la secretaria de Educación Betsy Devos han demostrado –una vez más– que no tienen un plan real para lidiar con la pandemia de COVID-19, la crisis económica resultante o el cierre de los edificios y campus escolares que son muy inseguros para el aprendizaje en persona”, dijo en un comunicado Becky Pringle, presidenta de NEA. 

Pringle pidió más recursos federales para que las escuelas puedan controlar la pandemia, y lanzó una advertencia a la Casa Blanca y a los senadores republicanos: “Hagan su trabajo, dejen de jugar a la política, comiencen negociaciones reales y pasen legislación que no esté llena de trampas, restricciones y excepciones. Los educadores están observando; en noviembre recordaremos quiénes defendieron a los estudiantes y educadores y quiénes no”, dijo. 

La Federación Estadounidense de Maestros (AFT) también ha criticado la “temeridad” del presidente: “Trump y su Administración han visto toda esta crisis como un asunto político, no uno humano o moral. Su atención sigue en pretender que el COVID-19 no importa, en lugar de combatirlo”, escribió la presidenta de la Federación, Randi Weingarten, en agosto.

“Educadores, padres y niños están enojados y asustados porque las escuelas están siendo forzadas a reabrir sin los recursos adecuados para los protocolos de seguridad”, escribió Weingarten.

AshLee DeMarinis, Nacoma James, Demetria Bannister, Tom Slade: todos maestros, todos de menos de 45 años, todos murieron de coronavirus. Todos tuvieron que escoger entre su salud y su trabajo, entre su seguridad y continuar enseñando. Lo que piden los maestros es no verse obligados a escoger.