¿Cómo serán las clases de los universitarios en otoño? Sin fiestas, ni viajes

Mientras que algunos institutos optan por penas drásticas para los estudiantes que no respeten las normas sanitarias, como la expulsión, otros han tomado medidas más indulgentes, confiando en su capacidad de autocontrol.

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Mientras se esfuerzan para poder ofrecer este otoño una experiencia que se parezca de alguna manera a la de estar en un campus, los centros universitarios estadounidenses están pidiendo a los estudiantes una mano para contener el avance del coronavirus: ninguna fiesta, ninguna excursión de largo recorrido y ningún invitado externo.

Si bien son muchas las universidades que han optado por un semestre con cursos en línea, aquellas que han decidido ofrecer clases presenciales se enfrentan a un reto sin precedentes que podría alterar de manera significativa la experiencia universitaria.

Las administraciones de algunos institutos han sido enfáticas con los alumnos: no utilizar mascarillas, no practicar distanciamiento social y acudir a aglomeraciones masivas puede conllevar consecuencias serias, incluso la de ser expulsados.

Los críticos cuestionan que sea realístico pedir a los estudiantes universitarios que no se porten como estudiantes universitarios. Pero las acciones de los centros son una muestra de lo mucho que está en juego para los que planean dar la nueva bienvenida al menos a una parte de los alumnos.

Un estudiante de posgrado sale de un edificio del campus de la Universidad de Boston. AP

Las pruebas masivas de detección del COVID-19, las cuarentenas y las barreras de plexiglás en las aulas no funcionarán si demasiados estudiantes no se adhieren a las pautas sanitarias.

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“Creo que la mayoría de los estudiantes serán realmente respetuosos y llevarán sus mascarillas, practicarán el distanciamiento social y limitarán las aglomeraciones”, dijo a The Associated Press Sanjali De Silva, estudiante del último año en la Universidad de Tulane, Louisiana. “Pero me temo que habrá otro grupo de estudiantes que decidirán no hacerlo. Y eso será un gran problema”, agregó.

Los estudiantes en Tulane ya recibieron una advertencia severa de su escuela en Nueva Orleans, un lugar con muchos contagios en las primeras fases de la pandemia. Después de un fin de semana de verano con grandes aglomeraciones, la decana de estudiantes Erica Woodley escribió a los estudiantes y destacó en mayúsculas sus puntos clave, según reporta la agencia de noticias citada.

“NO HAGAN FIESTAS O REUNIONES CON MÁS DE 15 PERSONAS, INCLUIDO EL ORGANIZADOR. SI LO HACEN, SE ENFRENTAN A LA SUSPENSIÓN O EXPULSIÓN DE LA UNIVERSIDAD”, escribió, y agregó. “¿Realmente quieren ser el motivo por el que Tulane y Nueva Orleans deberán cerrar otra vez?”.

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El énfasis en el comportamiento de los estudiantes es parte de una serie de acciones más amplia para hacer que los campus sean lugares seguros incluso si los contagios se disparan en otros lados. La Universidad de Texas en Austin no permite fiestas ni en el interior ni en el exterior del campus. En Massachusetts, el Amherst College prohíbe a los estudiantes viajar fuera del campus si no es por razones específicas como citas médicas o emergencias familiares.

Muchas universidades han hecho explícitas sus expectativas en acuerdos que cubren todos los aspectos, desde el de llevar mascarillas hasta las salidas del campus. Estos acuerdos a menudo involucran a las facultades y también al personal.

No está claro si se logrará implementar estas normas. Los críticos aseguran que la verdadera esencia de la experiencia en un campus —con residencias abarrotadas y una intensa actividad social— juega en contra de su éxito. Algunos centros universitarios ya están retrocediendo en sus planes de reanudar las clases presenciales en otoño.

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Por su parte, la Universidad de California, Berkley y varias universidades históricamente afroamericanas en Georgia anunciaron a mediados de julio que no tendrían clases presenciales debido al riesgo de contagio.

Pero en las universidades del sur de California, Washington y Mississippi, donde las clases han continuado, a pesar de las medidas sanitarias, las fiestas de las fraternidades han provocado brotes de coronavirus.

Para tratar de mantener el control, muchas de las universidades que reabrirán sus puertas en alguna modalidad han requerido que sus alumnos firmen cartas compromiso de que seguirán los lineamientos sanitarios.

 La Universidad de Yale, por ejemplo, requiere que los estudiantes se comprometan a no viajar fuera de Connecticut durante el semestre de otoño y a no invitar a personas ajenas al campus sin una autorización previa.

La Universidad de Cornell ha exigido a sus alumnos que no hagan eventos que puedan poner en riesgo a la comunidad. La de Pennsylvania ha advertido que el uso de alcohol o drogas no son pretextos para incurrir en comportamientos que pongan en riesgo a otros del COVID-19.

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Las autoridades de la Universidad de Syracuse han dicho que aquellos que violen los lineamientos, como usar una mascarilla, serán penalizados e incluso podrán ser suspendidos o expulsados. Mientras tanto, la Universidad de Kentucky ha optado por una política menos punitiva, pidiendo a los estudiantes que sigan el código de honor de la escuela y promuevan la responsabilidad personal y colectiva.

“La mayoría de los chicos que van al college son personas responsables, con civismo. También son jóvenes”, aseguró Scott Galloway, profesor de márquetin en la New York University. “Si algunos no cumplen, es un problema. Y yo creo que a muchos les costará ignorar todo el instinto que pulsa en sus cuerpos a esa edad, en la que se supone que están para socializar y encontrar a colegas”. 

Un análisis del New York Times estima que las medidas para adaptarse al coronavirus tendrán un costo de alrededor de 70,000 millones de dólares para las más de 5,000 universidades del país.

Con información de The Associated Press, NPR, The New York Times.