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Empleadas latinas denuncian que Amy's Kitchen las empuja a trabajar hasta lesionarse: "Nunca volveré a vivir sin dolor"

Un grupo de mujeres relata cómo la empresa especializada en comida congelada niega a sus trabajadores atención médica cuando se lastiman en las fábricas. "Soy yo la que sufre con el dolor y la que tiene problemas con mi trabajo", lamenta una.

Por Amy Martyn - NBC News

Cuando Inés De La Luz acudió a trabajar en julio de 2020 en la fábrica de Amy’s Kitchen en Santa Rosa, California, con un aparato ortopédico en un brazo tras hacerse daño en un turno acelerado de elaboración de burritos congelados, un supervisor le ordenó que se lo quitara y se reincorpora a su puesto como si nada pasara.

Así comenzó un calvario de un año y medio que la enviaría una y otra vez a un médico, quien, según denuncia, dudó en recomendar restricciones laborales por lesiones más graves. Su odisea acabó por proporcionarle un nuevo trabajo desinfectando la cafetería junto a otros trabajadores que también se habían lesionados. 

Maricruz Meza, a la izquierda, y María del Carmen González son algunas de las trabajadoras de Amy's Kitchen que describen un lugar de trabajo implacable en Amy's Kitchen, que las empuja hasta el punto de lesionarse.
Maricruz Meza, a la izquierda, y María del Carmen González son algunas de las trabajadoras de Amy's Kitchen que describen un lugar de trabajo implacable en Amy's Kitchen, que las empuja hasta el punto de lesionarse.Marissa Leshnov para NBC News

La cafetería es conocida como "el corral", según cuenta De La Luz y un compañero también lastimado. Aunque desconocen el origen de este apodo, afirman que transmite su relación con este negocio familiar de preparación de comida vegetariana congelada: que su bienestar no importa.

De La Luz relata que en otoño de 2021 se enteró de que podía ser operada para resolver su problema en el brazo, pero Amy’s Kitchen le comunicó que eliminaba su puesto en la cafetería y la despidió. 

"Hay muchos días en los que pienso que no sirvo para nada, que mi vida nunca será la misma y que nunca volveré a vivir sin dolor", lamenta. 

Amy’s Kitchen se negó a ofrecer su versión sobre las denuncias de De La Luz y de otros cuatro trabajadores entrevistados por NBC News, citando la política de privacidad de la empresa.

"Nos entristece escuchar que algunos de nuestros empleados pueden estar teniendo una mala experiencia con nosotros", manifestó en un comunicado el director de personal, Mike Resch. 

Con unos 600 millones de dólares facturados en ventas en 2020, Amy’s Kitchen forma parte de un selecto grupo de empresas que tienen la reputación de ser socialmente responsables.

La base de sus productos son orgánicos y sigue siendo dirigida por sus fundadores Andy y Rachel Berliner, que la bautizaron en 1987 con el nombre de su hija recién nacida, Amy.

Su lema es: "Siempre cocinamos nuestra comida con amor".

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"En Amy’s, nuestros héroes son nuestros empleados en primera línea que vienen a trabajar cada día para que podamos seguir haciendo comida para que la gente coma", afirmó la compañía con orgullo en una publicación de Facebook al comenzar la pandemia. 

Pero un extrabajador y cuatro empleados actuales aseguran que esa imagen no concuerda con la dolorosa realidad que viven.

Según su testimonio, el crecimiento de Amy’s Kitchen ha sido posible gracias al aumento de la velocidad de las líneas de producción y a que los trabajadores se lesionan cuando se esfuerzan por mantener el nivel de rendimiento.

Las condiciones laborales, afirman, los dejan especialmente vulnerables a sufrir lesiones por estrés repetitivo y a que éstas empeoran gradualmente con el tiempo.

Amy’s Kitchen emplea a 2,700 personas en todo el país, y cocina y envasa sus productos alimentarios en instalaciones situadas en Idaho, Oregón y en el norte de California. Además de tener cuatro restaurantes de comida rápida en la Costa Oeste, planea abrir más establecimientos a lo largo de este 2022.

Los empleados que hablaron con NBC News trabajan en la fábrica de Santa Rosa, la más antigua y que funciona como un centro de mando para el conjunto de las operaciones.

Éstos denuncian que las líneas de producción han aumentado constantemente su ritmo a lo largo de los años sin los correspondientes aumentos salariales o mejores recursos para prevenir las lesiones.

Tras el inicio de la pandemia, los ejecutivos de Amy’s Kitchen alardearon en varias entrevistas de haber incrementado la producción para satisfacer la demanda "sin precedentes" de los consumidores de alimentos preparados.

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"Al inicio hacíamos 21,000 platos en 8 horas. Luego vieron que se podían hacer más", asegura Cecilia Luna Ojeda, quien ha trabajado en la fábrica de Santa Rosa durante 17 años. Actualmente, cada línea de producción hace 25,716 platos de comida durante un turno de 8 horas y media, relata.

Resch, el director de personal de la empresa no quiso especificar cuántos platos prepara cada trabajador por turno. "Rutinariamente reducimos o aumentamos la velocidad de la línea dependiendo de una variedad de razones, incluyendo el número de puestos de trabajo, el uso de diferentes equipos, y las limitaciones de la línea ascendente/descendente", contó. 

Ojeda revela que sintió dolor por primera vez en una mano en 2006, pero un supervisor le dijo que probablemente era producto de las hormonas del embarazo. Cuando finalmente se operó dos años más tarde, el tendón de su muñeca pendía de un hilo.

"Muchos de los trabajadores ni siquiera lo llaman recursos humanos. Lo llaman recursos inhumanos porque realmente no les importa", denuncia.  

En 2019 se resintió del brazo derecho, pero le exigieron presentar un reporte médico para asignarle un puesto pesando tamales con el izquierdo. Al final sufrió lesiones en ambos brazos, pero sólo logró que le pagaran los días de licencia cuando trajo un nuevo informe y la vieron llevar aparatos ortopédicos.

Amy’s Kitchen niega que maltrate a los trabajadores que sufren lesionados o accidentes laborales. "Si se produce una lesión laboral o personal, nos comprometemos a encontrar un alojamiento seguro y razonable para todos y hacemos todo lo posible para que los empleados se sientan apoyados desde el inicio de la lesión o enfermedad hasta la recuperación", señaló el director de personal.

"Nos aseguramos de que reciban la atención médica que necesitan tan pronto como la solicitan y, cuando un empleado se reincorpora al trabajo, nuestro equipo de Discapacidades Integradas trabaja con ellos y con su jefe para realizar las adaptaciones necesarias", agregó Resch.

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Pero los trabajadores sostienen que deben demostrar cualquier lesión presentando a Recursos Humanos un reporte redactado generalmente por un médico de Concentra, una compañía de atención sanitaria con ánimo de lucro que tiene sucursales por todo el país.

Sin embargo, también denuncian que los doctores del dispensario Concentra cercano a la fábrica de Santa Rosa restan importancia a sus lesiones.

De La Luz, que compartió su historial médico con NBC News, sostiene que cuando se quejó a su primer doctor de Concentra de que sus recomendaciones médicas no la protegían de sus problemas de salud, éste le respondió que "tenía miedo de Amy y Amy no quería que dejáramos de trabajar". 

Select Medical, la empresa matriz de Concentra, dice no poder pronunciarse sobre las dolencias de sus pacientes de acuerdo a las leyes de privacidad. No obstante, defiende que éstos son evaluados y tratados individualmente por un experto en lesiones laborales.

María del Carmen González no ha podido trabajar con su brazo derecho después de romperse un tendón del hombro estando en la línea de producción en abril de 2021.

Tras meses de fisioterapia y trabajando sólo con el brazo izquierdo, su médico le recomendó que se operara, según los registros médicos revisados por NBC News. Pero la empresa contratada por Amy's Kitchen que supervisa las reclamaciones de indemnización de su personal se opuso en octubre a dicha opinión, alegando que la cirugía "no era médicamente necesaria".

Un portavoz de la compañía de seguros que gestiona estas reclamaciones declinó hacer comentarios.

"Soy yo la que sufre con el dolor y la que tiene problemas con mi trabajo. Dicen que me van a mandar a otra persona (...) pero nunca lo hacen", se queja González.

Su último trabajo fue en "el corral", limpiando mesas con la mano izquierda. Le gustaría poder volver a su antiguo puesto, pero necesita ambos brazos. "Me siento como en una jaula porque siempre nos están controlando y hay cámaras", asegura.

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A finales del año pasado, tomó una licencia médica. Actualmente espera a que revoquen la decisión de no operarla y cobrar la indemnización por accidente laboral. 

Después de trabajar en la fábrica durante 28 años, y de sobrevivir a un cáncer en 2004, Janet Bárcenas padece dolores crónicos en un hombro y una pierna, y su médico le ha dicho que nunca se recuperará del todo.

El especialista redactó en 2020 solicitando que se le permitiera utilizar una silla mientras estaba en la línea de producción. Pero un supervisor rechazó inicialmente la petición: "No vamos a hacer simplemente lo que diga el médico. Vamos a hacer lo que creemos que es mejor", le dijo.

Después de protestar varias veces, Recursos Humanos finalmente accedió a poner sillas, dice, pero no instalaron las suficientes para todos. Algunos días, no tiene encuentra una silla disponible. "Actúan como si no necesitáramos estas cosas”, se lamenta.

Los trabajadores entrevistados por NBC News ganan entre 18 y 22 dólares la hora. En otoño de 2021 recibieron un aumento de 2 dólares por hora gracias a un paro organizado por el turno de la mañana. Sin embargo, posteriormente se enteraron de que su seguro médico también aumentaría.

La idea de crear un sindicato sobrevuela en la fábrica de Santa Rosa, aunque la empresa no es partidaria.

"Preferimos seguir trabajando y comunicándonos con nuestros empleados directamente que a través de un sindicato o de un tercero" agente, aseguró el director de personal en un correo electrónico.