Discurso de MLK "Yo tengo un sueño" inspiración para movimiento pro inmigrantes

Por Carlos Rajo

La frase “Yo tengo un sueño”, dicha por Martin Luther King Jr. hace exactamente 50 años en un discurso en la capital del país y referida a que un día en Estados Unidos todos los seres humanos serían iguales, sirvió de inspiración a toda una generación de luchadores por los derechos civiles entre ellos el activista latino César Chávez.

Medio siglo después del memorable discurso de King Jr., ese sueño del que hablaba el líder afro-americano se refleja en una lucha similar, sólo que ahora con los latinos como destinatarios centrales de lo que se busca: una reforma migratoria que de igualdad a millones de indocumentados.

Ver y escuchar el discurso de King sigue siendo una experiencia especial. No sólo por la gran capacidad oratoria del líder de los derechos civiles sino porque sirve de recordatorio como apenas hace cinco décadas -una nada en la historia de un país- Estados Unidos tenía enormes materias pendientes en cuestiones de derechos civiles, igualdad y demás. Es cierto, había habido en el país una guerra civil en los años 1860s que terminó con la esclavitud pero cuando se da el discurso de King seguía existiendo discriminación y desigualdad.

El discurso de King tuvo tal impacto que a partir de ahí el lider de los derechos civiles es considerado por muchos historiadores como una especie de “padre de la patria”, en igualdad de estatura con los  fundadores de la nación estadounidense. En gran medida por su discurso, en los años posteriores el Congreso aprobó las leyes de Igualdad de Derechos y de Derecho al Voto que al menos en el plano legal terminaron con la discriminación abierta.

En esa misma época de King y las grandes marchas por los derechos civiles en Washington y otros sitios, hacía su camino por los campos de California César Chavez. La lucha del líder latino era en principio porque se reconociera los derechos de los trabajadores del campo. Aunque estos no sufrían una discriminación como la de los afroamericanos al final el objetivo era el mismo: que la sociedad estadounidense midiera a todo el mundo por igual. Derechos civiles para los afroamericanos y derechos labores para los trabajadores latinos de la agricultura.

Y aun cuando nunca se trataron personalmente, King envió en septiembre de 1966 un telegrama a Chávez apreciando el “coraje” y “sacrificio personal” del líder campesino durante una de sus huelgas de hambre. “Mis colegas y yo lo felicitamos por su bravura,  lo saludamos por su infatigable trabajo contra la pobreza y la injusticia, y oramos por su salud y continuo servicio como uno de los grandes hombres de América (Estados Unidos)”, escribió King en el mensaje.

King sería asesinado en 1968 y Chávez moriría de muerte natural en 1993. Hay mucho de qué hablar del legado de los dos líderes y si se ha conseguido lo que buscaban.

Ciertamente la sociedad estadounidense ha avanzado mucho en términos de igualdad y protección a los trabajadores. Hay cosas pendientes que tienen que ver más con la injusticia social que con la discriminación abierta (afroamericanos y latinos siguen siendo más pobres que los blancos debido a menos oportunidades en educación, empleo, recursos familiares, etc.). Lo que ha adquirido otra dimensión totalmente diferente a los tiempos de King y Chávez es el tema migratorio.

Hoy se habla de once millones de indocumentados que aunque en su mayoría están integrados a la sociedad estadounidense tanto en la esfera económica -tienen trabajo- como en la social -tienen familias y arraigo- en la práctica están en una situación de desigualdad. No sólo porque precisamente debido a esa situación de irregularidad migratoria están en desventaja a la hora de hacer valer sus derechos laborales sino porque igualmente en cualquier momento los pueden deportar.

Más allá de cómo llegaron al país -ciertamente violaron la ley- el punto es que la lucha de estos millones de indocumentados es en cierto sentido similar a la de King y demás luchadores por los derechos civiles de la década de los 60s: que la nación los trate como iguales, con los mismos derechos de cualquier otra persona que vive en el país. Sí, en teoría todos tenemos los mismos derechos, con la diferencia que quien está indocumentado en un instante puede perder todo al ser detenido y/o deportado.

El aniversario del discurso de King no podía caer en mejor momento vis a vis el tema migratorio. La reforma que aprobó el Senado hace unas semanas trata de enmendar está situación de injusticia, desigualdad o como se le quiera llamar. Algo simple: permitir dentro de lo posible -con muchas reglas, excepciones, requisitos, etc.- que seres humanos que como decíamos están integrados a la sociedad estadounidense regularicen su situación migratoria y puedan vivir una vida normal como el resto de la población.

Valga traer a cuento lo dicho por el congresista John Lewis, un líder afroamericano quien de joven marchó y sufrió golpizas junto a King, hablando a propósito del aniversario del discurso del “Yo tengo un sueño”. Lewis se dio tiempo para referirse a la reforma migratoria y la necesidad de que ésta sea aprobada por la Cámara baja, para así “traer a la luz” a los indocumentados y “ponerlos en el camino hacia la ciudadanía”.

Cuando se leen partes del discurso de King, en particular esas referencias a que “tiene un sueño”, es difícil no hacer la comparación con lo que sucede ahora con los indocumentados. King habla por ejemplo de que “tiene un sueño” de que sus cuatro pequeños hijos “vivan un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel pero por el contenido de su carácter”. 

Cualquier indocumentado podrá decir que quisiera ser juzgado por su carácter como ser humano -buen trabajador, mediocre trabajador, buen padre, mal padre, etc.- y no por si tiene o no documentos migratorios en regla. Y qué decir de sus hijos, los cuales en muchos casos llegaron al país de niños y para los cuales también existe la posibilidad de que su vida cambie radicalmente de un momento a otro ante una eventual deportación (al menos por hoy esto no se da gracias a la disposición del Presidente Obama de permitir que se queden en el país los llamados ‘dreamers’ o ‘soñadores’).

Sin duda que es bastante lo que ha cambiado en Estados Unidos desde ese agosto de 1963 cuando King dio el memorable discurso en Washington, en especial el hecho de que oficialmente no existe más discriminación. Hay hasta un presidente afroamericano. En la realidad diaria por supuesto, todo es más complicado. Las cárceles están llenas de afroamericanos y latinos y ambas poblaciones sufren más de pobreza, desempleo y falta de educación. Es buen momento para reflexionar sobre lo que hace falta por conseguir, no sólo en lo social y en lo económico sino en nuestro caso como latinos, en ese tema de siempre: en la reforma migratoria. Con respeto, todos queremos tener ese sueño al que aspiraba King.