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Desesperación en Louisiana: entre el coronavirus y los efectos de Ida, los afectados no ven salida

Los residentes del estado han sido impactados por 17 tormentas desde el año 2000. La desigualdad y las altas tasas de pobreza son un obstáculo para la recuperación.

La vida de Natasha Blunt se sumió en la oscuridad mucho antes de que el huracán Ida ocasionara los cortes de electricidad en Louisiana.

Durante la pandemia fue desalojada de su apartamento de Nueva Orleans y perdió su trabajo en un salón de banquetes. Además, sufrió dos accidentes cerebrovasculares y le cuesta ayudar a su nieto de 5 años con las tareas escolares.

Como casi una quinta parte de la población del estado, Blunt, de 51 años, vive por debajo del umbral de pobreza y las consecuencias económicas de la pandemia la llevaron al borde del abismo. Con la colaboración de un grupo de ayuda legal y varios donantes pudo mudarse a Chalmette, una población ubicada a pocas millas de Nueva Orleans, y se instaló en un apartamento de dos habitaciones.

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No pudo volver a trabajar porque tiene que usar un bastón y tomar una gran cantidad de medicamentos debido a sus accidentes cerebrovasculares. Sin embargo, los beneficios federales por la pandemia la ayudaban a comprar alimentos.

Luego llegó el huracán Ida.

Considerado como el quinto huracán más fuerte que se ha registrado en territorio estadounidense, devastó Louisiana ocasionando destrozos graves en la red eléctrica antes de enfilar hacia la costa, además provocó grandes inundaciones en el noreste del país.

El número de víctimas ha sido mayor entre las personas como Blunt, que ya perdieron sus medios de vida por la pandemia de COVID-19 en una región con gran desigualdad racial y social. Los activistas dicen que los pequeños logros que habían logrado las comunidades marginadas y las personas de color desde que comenzó la pandemia, se han desvanecido.

Sheryl Campbell caminaba entre los escombros de su casa en LaPlace, Louisiana, el 10 de septiembre de 2021.AP / AP

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“El Gobierno está desconectado de lo que viven las personas que tienen poca o ninguna red de seguridad”, dijo Maggie Harris, una documentalista y activista que el año pasado creó una recaudación de fondos para Blunt y otras mujeres que fueron afectadas económicamente por la pandemia.

Las personas están marginadas, no les pagan lo suficiente, tienen problemas de salud y no están aseguradas, además hay pocas ayudas en efectivo o beneficios para el alquiler por lo que pueden ser desalojadas. El mensaje que les dan es que sus vidas son prescindibles”, explica Harris.

Cuando Ida se acercó a Louisiana, Blunt se percató de que se volvía más fuerte. Un día antes de que tocara tierra, se fue a un hotel en Lafayette, a más de dos horas al oeste de su nuevo hogar. Pero solo pudo quedarse por poco tiempo porque ese alojamiento estaba reservado para otras personas evacuadas por lo que tuvo que regresar a Chalmette, a pesar de que las autoridades advertían que no era conveniente retornar a las localidades donde no había luz y fallaban los servicios básicos.

Su apartamento estaba completamente a oscuras. Los fuertes vientos rompieron las ventanas de su dormitorio y sus pocas pertenencias (camas, ropa y muebles) estaban empapadas. Además gastó sus últimos dólares para llegar al hotel, porque no recibió las ayudas federales para evacuación.

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“Es como si tuviera que volver a empezar”, dijo Blunt entre sollozos mientras caminaba por el primer piso de su apartamento. Ahora duerme ahí porque su dormitorio quedó destruido. “Cada vez que doy un paso adelante, me empujan para atrás. Y estoy cansada. No veo ninguna salida”.

Ahora, Blunt enfrenta el desalojo por segunda vez en un año. Dice que su única esperanza es el Seguro Social y otros beneficios por discapacidad. Aunque presentó su solicitud antes de la tormenta, aún no ha recibido respuesta. Muchos programas de la red de seguridad social suelen interrumpir sus actividades por los desastres naturales.

Blunt quiere encontrar un nuevo hogar, preferiblemente lejos de la costa azotada por la tormenta, un lugar donde Kamille, su nieto, pueda reanudar sus estudios sin preocuparse por los cortes de energía e internet. Pero no es muy optimista.

“Este es el final del camino, no creo que pueda seguir más tiempo”, dijo.

Samuel Hernandez, de 13 años, ayudaba a su padre a recoger los escombros de su casa en LaPlace, Louisiana, el 9 de septiembre de 2021.AP

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El peso de la desigualdad

Los defensores del derecho a la vivienda y activistas que luchan contra la pobreza en Louisiana lamentan la situación que viven las personas de zonas pobres que han sido desatendidas por los programas gubernamentales. En muchas ocasiones, la ayuda de los programas contra la pobreza no satisface las necesidades más urgentes de las víctimas de las tormentas y eso, según los activistas, es lo que ha sucedido en el caso de Ida.

Desde el año 2000, la población de Louisiana ha sido impactada por 17 tormentas que ocasionaron unos mil millones de dólares en daños.

“Una de las cosas que nos frustran mucho, en términos de la narrativa, es que la gente dice: ‘Louisiana es muy resistente’”, dijo Ashley Shelton de Power Coalition for Equality and Justice, una organización estatal sin fines de lucro que proporciona recursos y fomenta la participación cívica en las comunidades marginadas.

No queremos resistir para siempre. Sí, somos gente hermosa e ingeniosa. Pero cuando obligas a las personas a vivir en un estado constante de resiliencia, eso es opresión. Hay que arreglar los sistemas que no funcionan” dijo Shelton.

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Tampoco ayuda que la tasa de pobreza de Louisiana sea más alta que el promedio nacional, según la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense de la Oficina del Censo. Los altos índices de pobreza hacen que la perspectiva de una reubicación temporal o permanente sea precaria para las personas que ya estaban en una situación desesperada antes de que ocurriera el desastre, dijo Andreanecia Morris de HousingNOLA, un programa de ayuda.

“La vivienda es un tema fundamental para todas estas catástrofes, ya sea el COVID, la crisis económica, los problemas de justicia penal o la educación”, dijo Morris.

Nuestra incapacidad para abordar los prejuicios raciales, de género y de pobreza en la vivienda impide lograr cambios en esos temas. No hay mayor evidencia que la respuesta de nuestro Gobierno a los desastres. Y esta ocasión no es diferente”, advierte la activista.

Mientras tanto, los funcionarios de Lousiana elevaron a 26 el número de fallecimientos en el estado. De esa cifra, 11 muertes ocurrieron en la ciudad de Nueva Orleans.  Según las autoridades, nueve muertes se produjeron por el “calor excesivo durante un apagón prolongado” y hubo dos fallecimientos por intoxicación por monóxido de carbono.

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El Superintendente de Educación del estado, Cade Brumley, señaló que 250,000 estudiantes no han reanudado sus clases debido a las secuelas del huracán. Antes de Ida, las escuelas de Louisiana funcionaban a pesar de los casos generalizados de COVID-19, y se había implementado el uso de mascarillas en los espacios interiores.

“Necesitamos que los niños regresen a clases tan pronto como sea posible”, dijo Brumley.

En todo el estado, las cuadrillas han restaurado el suministro eléctrico para 600,000 de las 902,000 personas que sufrieron apagones por el huracán Ida, dijo el presidente y director ejecutivo de Entergy Louisiana, Phillip May, en una conferencia telefónica.

Unas 62,000 personas siguen sin agua corriente y se les recomendó a más de 580,000 usuarios que hiervan el agua por motivos de seguridad, informó el Departamento de Salud del estado.

En muchos barrios, las casas siguen siendo inhabitables. Unas 3,200 personas se encuentran en grandes refugios masivos alrededor de Louisiana, mientras que otras 25,000 se alojan en habitaciones de hotel con el programa de refugio transitorio de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias.

Natasha Blunt en su apartamento en Chalmette, Louisiana, el 6 de septiembre de 2021. AP

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La lucha para sobrevivir

Blunt dice que ha sobrevivido a las tormentas desde su nacimiento, en 1969, cuando llegó el huracán Camille. Su madre embarazada fue trasladada a un barco médico para dar a luz. La mujer se ríe por la coincidencia con el nombre de su nieto, Kamille.

“Es como si las tormentas vinieran a buscarme”, dijo entre carcajadas.

El recuerdo de Katrina le da mucho miedo. Blunt fue evacuada a Alabama y luego a Chicago. Cuando estuvo a salvo, ella y el abuelo de Kamille regresaron a su casa en el séptimo distrito de Nueva Orleans para atender los daños por inundación. Pero, a pesar del caos de Katrina, dice que Ida ha sido peor.

“Esta fue la peor experiencia de mi vida, volver a esto, volver a la oscuridad. Estoy muy enojada, enferma y asustada. Ahora ni siquiera puedo dormir”, dijo.

Quizá Blunt decida marcharse para siempre de Louisiana, a pesar de que ha vivido allí toda su vida. Mientras revisaba sus pertenencias dañadas por la tormenta, decía que no cree que pueda tener paz en ese estado.

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Y no es la única persona que piensa así. Mucha gente ha huido del estado después de las grandes tormentas, según muestran los datos oficiales.

En el área metropolitana de Nueva Orleans, y en Chalmette, la Oficina del Censo registró una pérdida significativa de población entre 2000 y 2020. Después de Katrina, en 2006, casi 160,000 residentes se mudaron a Texas, Georgia y Mississippi. La población de Louisiana se recuperó cuando la gente volvió a reconstruir, pero desde 2016 ha vuelto a bajar.

Para las familias que se quedan a pesar de los desastres naturales, parece que cada nueva generación aprende nuevas lecciones de supervivencia, dijo Toya Lewis de Project Hustle, una organización sin fines de lucro que organiza a los vendedores ambulantes que trabajan en la economía informal.

Natasha Blunt miraba los escombros en su apartamento de Chalmette, Louisiana, el 6 de septiembre de 2021.AP

“Nadie estaba preparado para quedarse sin electricidad en Nueva Orleans durante más de ocho días”, dijo Lewis. “Estamos aprovechando esta experiencia para mejorar y prosperar. Debemos comenzar a organizarnos para nuestra supervivencia”.

Blunt dice que no importa adónde vaya, porque está segura de que sobrevivirá. Incluso en la oscuridad, encuentra algo de luz ayudando a su comunidad, tratando de conseguir una fuente de energía para el respirador de un vecino o compartiendo su automóvil para que la gente cargue los teléfonos celulares. “Voy a estar bien. No lastimo a nadie y sigo de pie”, suele pensar.

Aunque tiene algo de consuelo le gustaría poder ofrecerle un mejor futuro a su nieto. “Quiero que vayamos a un lugar mejor”, dijo Blunt mientras ayudaba a Kamille con el control remoto del televisor, luego de que finalmente llegó la luz a su apartamento.

“Me gustaría vivir en un lugar donde pueda estar estable. Solo quiero tener estabilidad”, dice con esperanza.

Con información de AP y NBC News