Debate demócrata: La pasión de Sanders y la experiencia de Clinton

Los precandidatos demócratas discutieron sobre inmigración, ley de salud y otros temas en su sexto encuentro

Hillary Clinton y Bernie Sanders protagonizaron otro debate más en el cual aun cuando en general los dos candidatos demócratas coincidieron en la mayoría de asuntos discutidos, entre ellos en el tema de inmigración, quedó claro que hay importantes diferencias entre ellos.

Un senador Sanders más a la izquierda de Clinton. Un Sanders expresando la pasión y entusiasmo que ha ha logrado generar en millones de jóvenes. 

Una ex secretario de estado con posiciones más de centro criticando la viabilidad o el costo de las propuestas de su rival.

Un Sanders repitiendo cuanta vez puede su crítica al mundo de Wall Street y a la manera de como estos financieros y otros igualmente millonarios, dan apoyo en dinero a los candidatos para así ganar influencia en las decisiones políticas. Un Sanders también, trayendo a cuenta el tema de una economía que principalmente beneficia a los más ricos.

Clinton por su parte, insistiendo en su vasta experiencia, en su pragmatismo y en el hecho de que estará lista desde el primer día que llegue a la Casa Blanca para ser no sólo Presidente sino en particular -enfatizando este término- “Comandante en Jefe”. 

Por cierto, hablando de presidente, una Clinton utilizando al Presidente Obama como escudo para atacar a Sanders. Acusando al senador de haber dicho que Obama es “débil” y que ha sido “una decepción”. O implicando de que por haber recibido contribuciones de la gente de Wall Street Obama no ha actuado derecho.

Como ha sido común en esta campaña política, el tema de inmigración fue parte del debate -con diferente tono por supuesto de como lo abordan los republicanos. Básicamente tanto Clinton como Sanders dicen que apoyan una reforma migratoria y que igualmente están a favor de la acción ejecutiva que decretó el presidente Obama que beneficiará a varios millones de indocumentados.

Las diferencias son pequeñas, quizá sólo de tono o de énfasis. Ciertamente difícil para un votante determinar por quién votar basándose únicamente en el tema de inmigración. Con todo, los candidatos encontraron la manera de atacarse mutuamente.

Clinton volvió a lo sucedido en 2007 cuando Sanders votó en contra de uno de los tantos proyectos de ley de reforma migratoria que se han intentado pasar por el Congreso. Sanders tiene una explicación sobre su no a esa ley: que crearía un programa de trabajadores huéspedes equivalente a una especie de esclavitud. Clinton repitió una vez más que era una ley promovida por el hoy fallecido senador Ted Kennedy -se supone que Kennedy era muy querido por los latinos.

El ataque de Sanders contra Clinton en inmigración tiene que ver con que hace unas semanas, cuando se dieron las redadas contra indocumentados centroamericanos, en algún momento Clinton dijo algo en público indicando que de alguna manera estaba de acuerdo con las deportaciones. 

Ante las críticas -cuando se dio el incidente-, Clinton rápidamente corrigió lo dicho. En el debate señaló que su dicho tenía que ver con que las deportaciones sirvieran como elemento de disuasión para que las madres dejaran de enviar a esos hijos solos. Y todavía más, hoy Clinton señala que está en contra de estas redadas.

El tema del papel de los financieros de Wall Street ha sido y sigue siendo central en la candidatura de Sanders. Nada nuevo en este sentido. El senador va a la yugular en cuanto puede y señala que es un sistema político corrupto debido a la influencia de estos hombres del dinero. Sanders ataca a Clinton en este tema debido a que Clinton ha recibido dinero de ésta gente de Wall Street.

En el pasado Clinton se vio contra la pared cada vez que se tocaba este punto. Hoy lo que hizo fue utilizar a Obama como escudo. Si Obama ha recibido dinero de Wall Street, dijo Clinton, cómo se explica las leyes que el presidente ha pasado contra Wall Street. 

No hay que hacer implicaciones que o bien el presidente Obama o yo no podemos estar contra Wall Street, agregó Clinton. 

“No insultemos la inteligencia del pueblo estadounidense”, respondió Sanders, señalando que es de ingenuos pretender que Wall Street da dinero por gusto o sin intereses de por medio.

Esta táctica de utilizar a Obama también se vio en el tema de la ley de salud y en general en todo el tono del debate -en particular al final en su discurso de cierre. El punto de Clinton es que ella es en cierto sentido sino la heredera de Obama la que mejor defenderá el legado de lo hecho por el mandatario. Pero Clinton fue todavía aun más lejos, al señalar que no le sorprendía los ataques contra Obama procedente del campo republicano, pero que nunca esperaba que lo atacara un senador demócrata (Sanders).

Eso es “un golpe bajo”, fue la inmediata respuesta de Sanders, explicando todas las veces que ha apoyado a Obama.

Cuando se entró al tema de política exterior igualmente se volvió a lo que ha sido la tónica en tantas discusiones entre los dos candidatos. La vasta experiencia de Clinton, sugiriendo que Sanders no está listo para ser presidente por este deficit en asuntos de política exterior. 

En general, es claro que Clinton se mueve mejor en este tema. Sanders básicamente sólo tiene un punto para contrarrestar la experiencia de Clinton en política exterior: que ella votó en 2002 para darle la autorización al presidente George W. Bush de ir a la guerra contra Irak. 

Clinton no tiene una buena respuesta ante esta acusación. Quizá la única y no por ello menos poderosa es que lo que pasó en 2002 no tiene nada que ver con por ejemplo la amenaza que representa hoy el Estado Islámico. El punto de Sanders es que ese voto mostró el temperamento o el juicio de alguien para ser presidente.

No queda claro si el debate cambiará voluntades entre los votantes demócratas. Es posible que Clinton, al utilizar el escudo de Obama, haya ganado puntos en particular con los votantes afro americanos. O es posible incluso que con los latinos también. La implicación de Clinton es que atacar sus políticas es indirectamente atacar a Obama. O que las propuestas de Sanders, por estar tan alejadas de la realidad, pondrán en peligro lo conseguido por Obama.

Lo que sí es claro es que Clinton volvió a mostrar un manejo tremendo de los detalles de las diferentes políticas, sea en asuntos de salud, en política exterior o en lo que sea. Su experiencia y su conocimiento es casi único en el mundo de los políticos. El otro lado de la moneda puede ser para algunos, que aun con esta maestría de conocimiento, no hay pasión en lo que se propone. No hay proyecto o visión de propuesta presidencial. Básicamente lo que Clinton “vende” es lo de proteger lo que ya se tiene.

Y lo que también quedó claro de Sanders es que no sólo sí hay pasión y entusiasmo en todo lo que propone, sino además -y esto puede ser algo negativo o positivo- el senador básicamente tiene sólo dos o tres ideas a las cuales regresa siempre no importando el tema que se esté tocando. Lo de la culpa de Wall Street por lo mal que anda el país y la economía en particular, lo de lo corrupto que es el sistema de financiamiento de las campañas políticas -quien más dinero tiene más consigue- y de que hay que apuntar y soñar a lo más alto -salud para todos, universidades públicas gratis, etc.-. 

La próxima parada en la primaria demócrata es Nevada. Luego vendrá Carolina del Sur. En ambos estados, con importantes segmentos del electorado siendo minorías, latinos en uno y afro americanos en otro. Con los dos grupos, Clinton en la delantera.