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"A mis abuelos no les puedo fallar": por qué es tan importante y única la celebración del Día de Muertos

Altares y ofrendas para recordar a los seres queridos: la celebración del Día de Muertos es una tradición ancestral que sigue vigente. No solo México, sino muchas ciudades de Estados Unidos, como Los Ángeles y Nueva York, se llenan de flores de cempasúchil en honor a quienes ya partieron. "Es una fiesta que nos da pertenencia y nos une", dice una antropóloga.

CIUDAD DE MÉXICO.- José García López sudaba profusamente mientras revolvía un caldero de aceite hirviente en el que nadaban decenas de papas, pero aunque debía ser muy cuidadoso para no quemarse, su mente solo pensaba en una cosa: las ofrendas para sus muertos. "Ahorita termino con esto y me voy a comprar el papel y las velas que me hacen falta. A mis abuelos no les puedo fallar", dijo el viernes en la tarde, en la acera del Panteón Francés de la Piedad, un antiguo cementerio en Ciudad de México.

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García López es un vendedor ambulante que, como millones de mexicanos dentro y fuera del país, celebra el Día de Muertos, una festividad en la que las tradiciones precolombinas y católicas se mezclan para honrar a los familiares y seres queridos que han fallecido.

Mujeres disfrazadas de catrinas que participaron en una procesión por el Día de Muertos en la ciudad de Oaxaca, México, el 28 de octubre de 2022.
Mujeres disfrazadas de catrinas que participaron en una procesión por el Día de Muertos en la ciudad de Oaxaca, México, el 28 de octubre de 2022. Daniel Ricárdez / EFE

"En México el 1 y 2 de noviembre son días muy especiales porque se celebran el Día de Todos los Santos y el de los Fieles Difuntos, respectivamente. Es una tradición netamente católica que traen los españoles a México y se fusiona con toda la cosmovisión o forma de pensamiento mesoamericano, es una fiesta que nos da pertenencia y nos une", explica Diana Martínez, académica del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Es una fiesta que nos da pertenencia y nos une"

Diana Martínez Académica de la unam

El Día de Muertos se celebra en diversas partes de México, y en muchas ciudades de Estados Unidos como Los Ángeles y Nueva York donde se hacen grandes ofrendas, desfiles y actos culturales. En países como España, Filipinas, Brasil y Guatemala, entre otros, también tienen tradiciones para festejar a sus difuntos.

Las creencias populares varían dependiendo de la región mexicana pero, en general, establecen que el 28 de octubre se celebra a los que fallecieron de manera trágica o accidental, el 30 de octubre está dedicado a quienes murieron sin ser bautizados y están en el limbo, el 1 de noviembre es para los niños fallecidos y el 2 se centra en las personas adultas.

Tanto los lugares públicos, como los hogares, se llenan de altares u ofrendas para rememorar a los seres queridos con flores de cempasúchil, papel picado, velas, sal, agua, calaveras de chocolate y azúcar, el famoso pan de muerto, y la comida y el licor preferido de los antepasados. La idea es mágica y muy poderosa: festejar a los muertos durante unos días en los que sus almas retornan a este plano para compartir con los vivos.

Aquí vivimos mientras los familiares nos recuerdan"

José garcía vendedor ambulante

"A mí me gusta que los mexicanos no olvidamos a nuestros muertos, en eso sí somos distintos. Aquí vivimos mientras los familiares nos recuerdan", explica García López.

Los orígenes de celebrar a los muertos

Esta festividad se remonta al siglo XI, cuando el abad de Cluny decidió crear una fecha especial para honrar a las personas creyentes que murieron en los albores del cristianismo, cuando todavía era considerada una secta y las persecuciones y ejecuciones eran frecuentes. Para el siglo XIII, la Iglesia romana estableció el 1 de noviembre como el Día de Todos los Santos.

"Los reinos de León, Aragón y Castilla preparaban dulces y panes parecidos a las reliquias, que son los restos o huesos de los santos. Lo interesante es que eso se unió con las fiestas prehispánicas relacionadas con el término de la época de lluvias, la recolección de la cosecha y la sequía. Es esa dualidad de abundancia y escasez, de vida y muerte", asevera Martínez, la investigadora de la UNAM.

[La exposición ‘Las calaveras de Frida’ abre las celebraciones del Día de Muertos en México]

Desde tiempos inmemoriales, etnias como los nahuas establecieron ritos y fiestas que celebraban a los difuntos, como es el caso de Miccailhuitontli o Fiesta de los Muertecitos.

"A veces el colibrí, a veces el cuervo, a veces el tecolote, nos dice cuándo hemos de irnos. Pero nosotros los mexica no morimos, sólo cambiamos de casa, de cuerpo. Y cada año venimos aquí", dice un antiguo poema náhuatl.

Nosotros los mexica no morimos, sólo cambiamos de casa, de cuerpo. Y cada año venimos aquí"

poema náhuatl

Los antiguos mexicanos consideraban la muerte como un tránsito, no era el final de la existencia sino el inicio del viaje al Mictlán, el lugar del descanso eterno. Según la tradición, la travesía hacia el inframundo dura cuatro años en los que se deben sortear diversos obstáculos y pruebas para demostrar nuestro temple y fortaleza.

"En los primeros años de la independencia se revalorizó qué era ser mexicano y eso potenció una serie de tradiciones como la del Día de Muertos. En los años treinta del siglo XX, el presidente Lázaro Cárdenas también impulsó esa celebración intentando alejarla un poco de la Iglesia y reivindicando sus raíces prehispánicas", comenta Martínez.

Esta celebración fue declarada por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial y en los últimos años ha trascendido fronteras convirtiéndose en un fenómeno cultural que se ha potenciado por películas como Coco, una exitosa producción animada de Pixar que recaudó más de 800 millones de dólares en todo el mundo y cuyo argumento se centra en esta tradición mexicana.

Además, en Spectre, la película de la franquicia de James Bond estrenada en 2015, la trepidante secuencia inicial en la que el actor Daniel Craig seduce a una bella catrina mientras corre, salta, dispara y explota un edificio del Centro histórico de Ciudad de México, transcurre con el telón de fondo de un colorido desfile de Día de Muertos.

Es un caso en el que la realidad imita a la ficción porque ese desfile nunca se había hecho, pero ahora se celebra cada año y en 2021 convocó a 400,000 personas. Este año se estima que casi dos millones de personas acudieron a las principales avenidas del centro de la ciudad para festejar a los muertos, según las autoridades capitalinas.

La cultura es cultura porque cambia, va adaptándose y transformándose"

Enrique Rodríguez investigador unam

"Hay gente que dice que eso es puro marketing cultural, pero no entienden que la cultura es cultura porque cambia, va adaptándose y transformándose. Para mí es un triunfo que ese desfile sea popular y reúna a miles de personas", comenta Enrique Rodríguez Balám, investigador del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM, en Mérida, Yucatán. 

¿Cómo se hace el altar del Día de Muertos?

Desde el 28 de octubre comienzan a realizarse las ofrendas en altares, tanto públicos como privados y de todos los tamaños. Aunque existen variaciones, parece existir un consenso entre los expertos sobre la forma de los altares: se trata de tres escalones o niveles que, de abajo hacia arriba, representan el inframundo, el plano terrenal y el estadio superior.

"Aunque se inició con los santos y los fieles difuntos, ahora se ha popularizado poner a estrellas de cine, a los abuelitos, a los santos y hasta las mascotas. En general, las ofrendas contienen sal, agua, el copal, las velas, las flores, el papel picado, las calaveras, las fotografías de los seres queridos y los platillos preferidos del difunto. Según la región hay cambios, por ejemplo, en la Huasteca se ponen arcos con flores y frutas que invitan a los muertos para que entren al mundo terrenal", explica Martínez.

Según el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, la ofrenda simboliza la mezcla cultural, así que cada elemento tiene un significado específico.

El agua es símbolo de vida y se incluye para que las ánimas se recuperen después de su largo recorrido. Desde la antigüedad, la sal ha sido un elemento de purificación porque, entre otras cosas, sirve para que los cuerpos no se corrompan.

Las velas son luz y guía para que las almas puedan retornar a sus viejos lugares: el número de velas del altar dependerá de las almas que quiera recibir la familia. Si los cirios se ponen en forma de cruz, representan los puntos cardinales para que las almas puedan encontrar el camino a casa.

El copal era usado por los pueblos mesoamericanos para las alabanzas a sus dioses, se usa para limpiar los lugares de los malos espíritus. También puede usarse incienso. En general, las flores adornan la estancia del alma, y específicamente las flores amarillas de cempasúchil se deshojan en algunos lugares para hacer caminos de pétalos y guiar a los difuntos hasta la ofrenda.

El perro izcuintle ayuda a las almas a cruzar el potente río antes de entrar al Mictlán. El pan es un elemento cristiano que simboliza "el cuerpo de Cristo. Los retratos son la representación física de los seres queridos que ya no están y sus platillos favoritos también forman parte de la celebración.

En los cementerios guatemaltecos la gente toca marimba y bailan sobre las tumbas"

enrique rodríguez Investigador UNAM

Entre las tradiciones de esas fechas se destacan prácticas como adornar las tumbas e incluso hacer altares sobre las lápidas o monumentos funerarios. En algunos pueblos de México se hacen bailes con máscaras y se cree que las almas de los muertos se apropian de los cuerpos de los vivos, por un rato. En localidades de Guatemala, las celebraciones derivan en fiestas donde la gente termina cantando entre los muertos.

"En los cementerios guatemaltecos la gente toca marimba y bailan sobre las tumbas, mientras lloran y se emborrachan en una mezcla entre el dolor y el sufrimiento. Es algo común que también puede verse en otras regiones con influencia de la cultura maya", dice Rodríguez Balám.  

Sin embargo, pocas celebraciones son tan bizarras como las que se realizan en el cementerio de Pomuch, en el estado mexicano de Campeche donde se hace La Limpieza de los Santos Restos. En ese pueblo, los restos de los seres queridos descansan en cajas depositadas en los nichos del camposanto y, cada año, los familiares se reúnen para limpiar los huesos de los familiares.

"Algunos huesos son blancos, otros son ambarinos, unos más son cafés. Huelen a monte (...) Limpian los huesos. Los de las piernas, los brazos, el torso, las falanges y el cráneo. Conforme van quitando el polvo y las telarañas los colocan de vuelta en la caja", escribe el cronista Paul Antoine Matos en su libro Embellecedores de huesos.

Los mexicanos y la muerte

La fascinación y el respeto de la cultura mexicana por la muerte ha sido un motivo recurrente en la tradición literaria del país. Importantes escritores como José Revueltas, Carlos Fuentes, Octavio Paz y Juan Rulfo han reflexionado al respecto.

"Lo que sí es un hecho es que la obsesión del mexicano por mezclar la muerte con una celebración con rituales y la vida cotidiana es algo muy nuestro y eso es lo que llama la atención en otros lugares del mundo", asevera Rodríguez Balám.

Morir y matar son ideas que pocas veces nos abandonan. La muerte nos seduce. La fascinación que ejerce sobre nosotros quizá brote de nuestro hermetismo y de la furia con que lo rompemos. La presión de nuestra vitalidad, constreñida a expresarse en formas que la traicionan, explica el carácter mortal, agresivo o suicida, de nuestras explosiones. Cuando estallamos, además, tocamos el punto más alto de la tensión, rozamos el vértice vibrante de la vida. Y allí, en la altura del frenesí, sentimos el vértigo: la muerte nos atrae".

octavio paz, "el laberinto de la soledad"

Raúl Flores dice que conoce bien los secretos de la muerte porque su oficio está ligado a los restos humanos. Como sepulturero, vive metido en las entrañas de la tierra donde todo cambia, hasta la noción del tiempo.

Las fosas de un metro las excava en una hora, las de un metro y sesenta centímetros en dos horas. Las peores son las de más dos metros porque a veces tarda hasta cuatro horas. Así mide el tiempo.

"En esta chamba nosotros lidiamos con tantas cosas y, al final, pues la muerte es algo muy muy común, ¿no? Solo es un paso más que tenemos que pasar toda la gente, ricos y pobres", dice Flores, de 57 años.

Desde muy joven trabaja en el Panteón Francés de la Piedad, donde cada noviembre ve desfilar a la humanidad doliente.

"Es una tradición bonita, porque la gente recuerda a sus abuelos, a sus papás, a sus hermanos. No es triste, más bien muchas veces se ven contentos cuando hacen los altares. La gente piensa que en los cementerios asustan, pero no. Son los lugares más tranquilos", advierte con la mirada fija.