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Cuba: Exhibición de Autos Antiguos reúne a los amantes de estos en La Habana

Rally de Autos Antiguos en La Habana, Cuba, organizada por el club de amantes de autos A Lo cubano

Por Orlando Matos

La Habana, 24 de agosto.- El décimo Rally organizado por el Club de Autos Antiguos “A lo Cubano” este domingo ratificó la afición por el automovilismo que pervive en el país, así como que se mantiene latente la esperanza por el regreso de las carreras profesionales al país.

Unos sesenta “carros”, en su mayoría estadounidenses de la primera mitad del siglo pasado, participaron en la competencia que sumó 37 millas de trayecto dentro de la capital, en una modalidad que da una interpretación muy específica a la velocidad.

“Es un evento difícil, contra el tiempo y contra ti mismo” define uno de los jueces del llamado Rally de la Regularidad, el doctor Armando Miari.  “Los pilotos y sus copilotos tienen que circular respetando las leyes del tránsito” y “sin exceder las 31 millas por hora”, amplía.

Cada tripulación debe vencer una ruta –que conocen justo antes de la arrancada- salpicada de puntos de control, conocidos y secretos, a los que llegar antes o después de los tiempos fijados suma puntos de penalidad. El equipo ganador es aquel con menos puntos acumulados.

“Lo principal es equilibrar el promedio de velocidad”, opina el joven ingeniero mecánico Dayan Gutiérrez, con tres campeonatos de este tipo en su haber.  Mientras trabaja por su cuenta confiesa que “le encantaría ser piloto de carreras profesionales¨.

Marlon Arias, de 34 años y médico cirujano, compitió este año por primera vez con su camioneta Ford Modelo A de 1930, que “conserva su motor y bujías originales” expresa con orgullo sobre su vehículo, una herencia familiar “a partir de mi bisabuelo”.

Arias dedica parte de su tiempo libre “a darle mantenimiento”, pero asegura preferir su profesión antes que el automovilismo. No obstante, “siente mucho” tener que vender su “joya”, debido a apremios económicos.

Manuel Soto, otro trabajador privado de 48 años y técnico en mecánica, mientras afina su Buick de 1957, previo al inicio del Rally, nos confiesa que participa por “el placer de compartir con la gente del club”.

El Rally no distribuye premios en metálico, sólo trofeos, de forma que los aficionados -de lo que alguna vez ha sido definido “como el museo viviente más grande del mundo de autos americanos antiguos”- compiten por una especie de devoción.

“Por amor, por eso venimos” rectifica Francisco de Cárdenas, ingeniero de aviación y dueño de un Ford de 1931, “eso es lo que sentimos por el Rally y estos autos, que además llevan un mantenimiento costoso”, pero “me gusta pasear en él los domingos”.

“Desde niño sigo estos carros” coincide el joven economista David Herrera, quien posee un Ford de 1927 –el más antiguo en la competencia- y al que como a Gutiérrez le “gustaría competir en la Fórmula Uno”.

El músico inglés Kevin Jones, integrante del club desde que vive en Cuba hace cuatro años, y tomó parte en el Rally con su Mercury de 1954, ratifica que el evento “es muy importante para todos” y que “le encanta la gran diversión que comparten”.

Al final de eso se trata: compartir la afición por estos increíbles automóviles.