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Cuba: Autos con ilusiones frustradas

Cuba: Autos con ilusiones frustradas

Por Orlando Matos La Habana, 3 enero.- Hoy comenzaron en Cuba las ventas liberadas de autos bajo reglas de mercado, y al menos en  las agencias de la capital fue  día de enfrentar una nueva realidad que aparta antiguos preceptos e ilusiones.

A la oficina de ventas de 20 y Primera en Miramar  acudieron decenas de personas, muchas de ellas con la famosa “carta” –autorización gubernamental para comprar autos con precios subsidiados- y chocaron con que finalmente solo el dinero tenía valor.

Un funcionario del establecimiento a la hora de la apertura reiteró el anuncio de días atrás de que el citado documento serviría nada más que para pasar antes que los que no la tuvieran: “los precios son iguales para todo el mundo”, sentenció.

El pasado 31 de diciembre el Decreto 320 del consejo de ministros no dejaba lugar a dudas y en su disposición especial primera dictaba “Dejar sin efecto las autorizaciones emitidas para la compra de vehículos de motor por las personas naturales en entidades comercializadoras”.

Así terminó el último minuto de la esperanza. CUC, pesos convertibles por delante y en cifras sumamente elevadas al contado y nada de ventas a plazos. Ni la promesa gubernamental de que con los beneficios económicos de las ventas se crearía un fondo para mejorar el transporte público acalló a muchos entonces.

Los precios van desde los 21,400 hasta los 51,000 CUC en carros de segunda mano de las marcas Hyndai y Gelly, entre otras, y  en el caso de los 0 kilómetros Peugeot del 2013 oscilan entre  91,113 y 262,185 CUC.  Esto en un país en el que el salario medio es de 466 pesos cubanos (poco más de 18 CUC  al cambio oficial actual).

“Esto es inconcebible”, “y de qué me sirvió la carta”, “nadie me advirtió de esto, me siento engañado” fueron expresiones colectivas de los que se sintieron perjudicados. Estas personas en su mayoría obtuvieron ese documento luego de trabajar en la “colaboración internacional” y de ahorrar dinero tras ceder la mayor parte del salario conseguido por ello en divisas justo al gobierno.

Gilber, un joven productor musical que omitió su apellido, se sintió realmente molesto y compartió con NBC News sus opiniones. “El precio es una inflación, no hay quien compre esto” dijo señalando a los autos usados.

“La gente con sus cartas viene a comprar y los autos valen diez veces más de lo que ganaron” y concluyó con una fuerte expresión: “esto es una infamia”.

Menos acalorado, pero realmente apesadumbrado, el jubilado Antonio Díaz, expresó a NBC News que “solo me queda resignarme a no comprarlo, a no tener carro”, toda vez que el dinero que logró acumular “en las misiones” que tuvo en el exterior “ no alcanzan a esos precios”

Un joven doctor, como muchos otros allí presentes evitaron conversar abiertamente con nosotros “la prensa extranjera”, pero su rostro contraído y sus ojos enrojecidos lo decía todo.

Un hombre cincuentón comentó con este redactor, a reserve de su identidad, “porque tuve un cargo importante y no me conviene hacer declaraciones”, que un auto esperaba que fuera un alivio para él, pues hace poco sufrió un infarto y de momento no puede operarse.

Pero aseguró que se siente “frustrado, por no decir que engañado” con esta medida y estos precios, pues su “carta adquirida con sacrificios al final no le sirve para nada”.

En la agencia de ventas conocida como Peugeot –otro de los sitios que visitamos- un cubano bromista al pasó me soltó “al que compre uno de esos carros lo meto preso porque de dónde sacó la plata”.

El gobierno exige demostrar que el dinero tiene un origen lícito, de modo que todo aquel que no lo extraiga de su cuenta bancaria podría quedar en una mala posición sobre la procedencia de las divisas.

En otra oficina de ventas conocida como Multimarcas en el municipio de La Lisa, un empleado que pidió no revelar su identidad, reconoció que “nadie ha comprado todavía aquí” y a seguidas fundamentó que “el lío (el obstáculo) son los precios”.

Este cambio, que en el terreno de los vehículos comenzó hace par de años con la autorización gubernamental de la compra-venta de autos entre personas naturales cubanas y extranjeras residentes permanentes en el país, tiene un camino cuesta arriba.

O quizás dinero arriba.