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Ejecutado un traficante de metanfetamina de Iowa que mató a dos niñas y tres adultos

Dustin Honken, de 52 años, recibió la inyección letal en la prisión de Terre Haute, Indiana, este viernes. Estuvo condenado a muerte desde 2005 y ahora es el tercer recluso federal que recibe la pena capital esta semana tras un lapso de 17 años.
Prisión federal deTerre Haute, Indiana
Prisión federal deTerre Haute, Indiana, donde Dustin Honken, de 52 años, será este viernes el tercer recluso ejectutado esta semana.AP Photo/Michael Conroy

Un traficante de metanfetamina de Iowa que mató a cinco personas, incluidas dos niñas, fue el tercer preso federal en ser ejecutado esta semana. La sentencia se cumplió en la prisión de Terre Haute, Indiana, donde Dustin Honken, de 52 años, estuvo condenado a muerte desde 2005. Es la tercera vez que se ejecuta a un reo federal tras un lapso de 17 años.

Honken fue sentenciado a muerte por matar informantes del gobierno y niños para tratar de frustrar su procesamiento por narcotráfico en 1993. Al condenado se le ejecutó con una una inyección letal de pentobarbital. 

Sus abogados pidieron un último indulto, aunque no tuvieron éxito. La Corte Suprema ya había revocado las órdenes de tribunales inferiores que quisieron bloquear las ejecuciones de otros dos hombres esta semana.

El primero fue Daniel Lewis Lee, que fue ejecutado el martes por la mañana; el segundo, Wesley Ira Purkey, que cumplió su condena dos días después. Ambos fueron sentenciados después de horas de disputas legales a las que el tribunal superior puso fin con una disputada votación de 5-4 votos a favor de la pena.

Lee, un supremacista blanco, fue condenado por asesinar a una familia de Arkansas en la década de 1990. Mantuvo su inocencia hasta el final y justo antes de morir dijo: "He cometido muchos errores en mi vida, pero no soy un asesino. Están matando a un hombre inocente".

Purkey fue ejecutado por secuestrar y matar a una niña de 16 años, Jennifer Long, en Kansas City, Missouri, antes de desmembrar, quemar y arrojar su cuerpo en un pozo séptico. En sus últimas palabras, el recluso expresó su pesar por matar a Long y dijo: “Este asesinato no sirve para nada. Gracias".

Un juez federal había ordenado un retraso de última hora en ambas ejecuciones, citando la posibilidad de que los reclusos sufrieran un fuerte dolor durante la ejecución. El juez también permitió a los abogados de Purkey presentar alegaciones de que el recluso padecía demencia y no podía entender por qué estaba siendo ejecutado.

La Corte Suprema puso punto y final a las disputas legales y el martes indicó que Texas y otros estados han usado pentobarbital "sin incidentes" en más de 100 ejecuciones. El tribunal no hizo ningún comentario sobre las alegaciones de demencia de Purkey.

La ejecución de Honken fue la décima llevada a cabo en Estados Unidos en lo que va de año, incluidas tres en Texas, que es el estado que más sentencias de este tipo realiza. El año pasado 22 prisioneros fueron ejecutados, el quinto año consecutivo en que por debajo de 30 y muy por debajo de las 65 ejecuciones que se llevaron a cabo en 2003, la última vez que se ejecutó a un recluso federal.

Honken creció en Iowa, pero se mudó con un amigo a Arizona para intentar enriquecerse preparando metanfetamina, una destreza que desarrolló tras estudiar química en la Universidad. Ambos se dedicaron a mover la droga a través de dos distribuidores con sede en Iowa.

[Esto es lo que comen los condenados a muerte antes de su ejecución]

Uno de esos traficantes fue Greg Nicholson, quien comenzó a cooperar con los investigadores en 1993 tras se señalado como sospechoso. Honken fue detenido y acusado de conspirar para fabricar metanfetamina después de que Nicholson delatara a Honken y testificara ante un gran jurado.

Honken declaró ante tribunal que se declararía culpable. Pero días antes de su audiencia de julio de 1993, él y su novia, Angela Johnson, fueron a buscar a Nicholson.

Lo encontraron en la casa donde vivía con su novia, Lori Duncan, y sus hijas, Kandi, de 10 años, y Amber, de 6 años. Los cuatro fueron secuestrados, asesinados a tiros y enterrados, pero sus cuerpos no fueron encontrados durante siete años. Honken también mató a su otro traficante, Terry DeGeus, de 32 años, cuyo cuerpo fue encontrado a pocos kilómetros de las otras víctimas.

Honken fue declarado culpable de los asesinatos de Iowa en 2004 en un juicio que contó con medidas de seguridad extraordinarias, incluido un jurado anónimo. El reo llevó un cinturón de aturdimiento debajo de su ropa para evitar intentos de fuga.

El jurado recomendó una sentencia de muerte y el juez federal de distrito, Mark Bennett, que declaró que generalmente se opone a la pena de muerte, estuvo de acuerdo.

"No voy a perder el sueño si es ejecutado. Normalmente lo haría, pero la evidencia fue abrumadora", concluyó Bennett.

Con información de AP

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