IE 11 is not supported. For an optimal experience visit our site on another browser.

Los cárteles mexicanos penetran en una insospechada región de EE.UU. donde la ley es escasa y la droga cuesta más

Le contamos cómo el estado de Montana, en el extremo norte del país, se convirtió en un negocio más lucrativo para los narcotraficantes que California y otras regiones adyacentes a la frontera sur.

Por Lisa Cavazuti, Cynthia McFadden y Rich Schapiro - NBC News

La noche del 17 de marzo de 2020, un expolicía mexicano que trabajaba para el cártel de Sinaloa salió de su habitación de hotel en Tijuana y cruzó a pie la frontera estadounidense hacia el sur de California a las 10:09 p.m.

La primera parada de Ricardo Ramos Medina fue el aeropuerto internacional de San Diego, donde recogió un coche de alquiler. Condujo hasta un lugar cercano y se encontró con una mujer que le entregó una bolsa de supermercado llena de metanfetaminas. Luego emprendió un viaje mucho más largo: 16 horas hasta Montana

Medina había hecho ese mismo viaje varias veces, pero esta vez no salió según lo planeado. Antes de llegar a Butte, fue detenido por agentes estatales y federales. En el interior de su Jeep Compass color blanco encontraron medio kilo de metanfetamina pura, suficiente, según las autoridades, para abastecer a toda la ciudad de Townsend, Montana (2,150 habitantes), por varios días. 

La detención, descrita en documentos judiciales y en entrevistas con investigadores del caso, ayudó a desmantelar una red de narcotráfico que, según los fiscales federales, introdujo en Montana al menos 1,000 kilos de metanfetaminas y 700,000 pastillas de fentanilo procedentes de México, a lo largo de tres años.

“¿Por qué Montana?”, se preguntó Chad Anderberg, un agente de la División de Investigación Criminal del estado que fue uno de los principales investigadores del caso. “Por el dinero. Podía sacar mucho más beneficio de las drogas que vendía aquí, que en cualquier otro estado”.

[Hablan los padres latinos que demandan a Snapchat tras la muerte de sus hijos por fentanilo: "Usaba mucho esa red social"]

Durante mucho tiempo, las drogas ilegales han fluido desde México hasta las zonas más remotas de EE.UU. Pero con el incremento de la producción de fentanilo, los cárteles se han metido más agresivamente en Montana, donde las píldoras se pueden vender por 20 veces el precio que obtienen en los centros urbanos más cercanos a la frontera, según funcionarios estatales y federales.

Algunas zonas del estado están inundadas de drogas, sobre todo las reservas indígenas donde, según líderes tribales, están aumentando la delincuencia y las sobredosis. 

En algunas reservas, los miembros de los cárteles han entablado relaciones con mujeres indígenas para establecerse en las comunidades y vender drogas, según agentes del orden y líderes tribales. Con mayor frecuencia, los traficantes atraen a los nativos americanos para que se conviertan en vendedores regalándoles un suministro inicial de drogas y convirtiéndolos en adictos endeudados con los cárteles.

“Ahora mismo es como si estuviera lloviendo fentanilo sobre nuestra reserva”, afirmó Marvin Weatherwax Jr., miembro del Consejo de Negocios de la tribu de los Pies Negros y representante del distrito 15 en la Cámara de Representantes de Montana.

Combatir el tráfico de drogas es difícil en un estado tan extenso como Montana, donde las fuerzas del orden tienen dificultades para vigilar los espacios abiertos y las reservas dependen de fuerzas policiales tribales, con escasez de fondos y personal. Al menos en una reserva, los miembros de una tribu formaron un grupo de vigilancia en un intento desesperado de luchar contra la delincuencia asociada a las drogas.

Sin embargo, las autoridades de Montana han logrado avances en los dos últimos años. La detención del expolicía mexicano formó parte de una redada masiva que atrapó a otros 21 miembros de una banda de narcotraficantes vinculada al cártel de Sinaloa, una de las organizaciones criminales más poderosas del mundo. Y desde el pasado mes de abril, 26 sospechosos han sido acusados en un segundo caso federal en el que están implicados socios del cártel mexicano y miembros de dos tribus nativas americanas.

[Cómo la sobredosis mortal de esta madre llevó al desmontaje de una red nacional de tráfico de fentanilo]

“La gente está sorprendida”, dijo Jesse Laslovich, fiscal federal de Montana, quien ha supervisado las investigaciones. “Es un estado lo más al norte de Estados Unidos y, sin embargo, hay presencia de un cártel”.

Montana, un lugar insospehado para el tráfico de drogas

Stacy Zinn pasó sus primeros cuatro años en la Administración para el Control de Drogas (DEA) en El Paso, Texas, donde investigó a los cárteles mexicanos. Después trabajó en Afganistán y Perú persiguiendo a narcoterroristas y traficantes de cocaína. En 2014, la DEA la trasladó a Montana y más tarde la puso al frente de sus oficinas en Billings, Great Falls y Missoula.

“Cuando me ascendieron y me dijeron: ‘Te vas a Montana’, yo dije: ‘¿Montana? ¿Hay drogas en Montana?’”, recuerda Zinn, quien se jubiló de la DEA en octubre después de 23 años. 

A veces se hace referencia a este estado como “el último mejor paraje” de Estados Unidos. Sus 1.2 millones de habitantes se reparten a lo largo de 150,000 millas cuadradas de montañas, ríos y terrenos accidentados en su mayor parte. 

Las metanfetaminas de fabricación local fueron durante mucho tiempo el principal flagelo de Montana. Pero a mediados de la década de 2000, los antaño abundantes centros de producción de metanfetaminas del Medio Oeste y los estados del norte empezaron a desaparecer, debido a las nuevas restricciones que prohibían el acceso a los precursores químicos de la droga.

Según las fuerzas del orden, los cárteles mexicanos vieron una oportunidad y empezaron a sacar provecho, inundando a Estados Unidos con una forma superpotente de metanfetaminas y enfocándose de manera especial en las comunidades indígenas.

A Zinn le sorprendió el alcance del problema de las metanfetaminas cuando llegó a Montana hace 10 años. Pero pronto estas drogas se vieron eclipsadas por el fentanilo, cuya producción es aun más barata y mucho más mortífera. 

[Joe Biden y Xi Jinping acuerdan frenar la producción de fentanilo: resumimos lo más destacado de su reunión]

Una pastilla de fentanilo falsificada que puede fabricarse por menos de 25 céntimos en México se vende por entre 3 y 5 dólares en ciudades como Seattle y Denver, donde los mercados de la droga están más establecidos, pero por hasta 100 dólares en zonas remotas de Montana. Era uno de los pocos estados que no había llamado la atención de los cárteles mexicanos, dijo Zinn, pero eso pronto cambió. 

“Los beneficios son de otro mundo”, afirmó.

Zinn estaba a más de 1,300 millas de la frontera sur y le tocó volver a investigar a los cárteles mexicanos: el de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación (CJNG). 

“Me emocioné”, dijo Zinn. “Este es el territorio que conozco y entiendo”.

Al principio sólo oía “rumores” sobre la presencia de un cártel. Sin embargo, con el paso de los años, los socios del cártel se han vuelto más audaces y están más presentes para ampliar sus operaciones.

“El cártel suele enviar equipos de avanzada o individuos para saber quién está distribuyendo pequeñas cantidades en una reserva específica, a quién pueden clavarle sus garras”, dijo Zinn. “Y cuando lo hace, se adueña de ellos. Lo vemos una y otra vez”.

Las mujeres suelen ser los objetivos principales. Los socios del cártel han perseguido a mujeres solteras en las reservas, según agentes del orden y funcionarios tribales, y luego han utilizado sus casas como base de operaciones. 

[Presentan cargos contra el marido de la dueña de la guardería del Bronx donde murió un bebé por fentanilo]

“Saben a quién elegir”, afirmó Stephanie Iron Shooter, directora de salud para los nativos americanos del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Montana. “Como en cualquier otra situación donde hay un depredador, así funcionan las cosas”.

La crisis de las drogas se ha experimentado con mayor intensidad en las reservas indias de Montana. 

Entre 2017 y 2020, la tasa de mortalidad por sobredosis de opioides en Montana casi se triplicó (de 2.7 muertes por cada 100,000 residentes a 7.3). En la década anterior a 2020, la tasa de muertes por sobredosis entre los nativos americanos fue más del doble que la de los residentes blancos de Montana, según el Departamento de Salud y Servicios Humanos del estado.

En muchos sentidos, las reservas indias son lugares ideales para que se establezcan operaciones de narcotráfico. Las comunidades padecen altos índices de drogadicción y hay un escaso número de fuerzas del orden. 

Según el consejo tribal, la tribu Cheyenne del Norte cuenta con dos agentes de policía tribal por turno, financiados por el Gobierno federal, para patrullar más de 440,000 acres de tierra en los que viven unos 6,000 residentes. La adyacente reserva Crow, la mayor del estado, cuenta con entre cuatro y seis policías por turno para patrullar una franja de terreno del tamaño de Rhode Island, según Quincy Dabney, alcalde de Lodge Grass, una localidad de la reserva. 

“Cuando no tenemos agentes sobre el terreno y la gente no tiene que rendir cuentas, esto se convierte en el Salvaje Oeste”, afirma Laslovich, fiscal federal. “Creo que eso se ve en el País Indio, aquí en Montana, más de lo que deberíamos”.

Para complicar más las cosas, las reservas son naciones soberanas donde las fuerzas de seguridad locales no pueden actuar sin un acuerdo con la tribu. Incluso cuando existen acuerdos, las autoridades locales y estatales suelen tener prohibido detener a miembros de las tribus. Y la policía tribal tiene en gran medida prohibido detener a personas ajenas a la reserva.

[La primera ley de despenalización de drogas del país, en Oregon, enfrenta rechazo en medio de la crisis del fentanilo]

Todo eso origina un laberinto jurisdiccional que dificulta la lucha contra la delincuencia en un momento en que las drogas hacen estragos en las comunidades indígenas, afirmaron funcionarios y exfuncionarios encargados de hacer cumplir la ley.  

“Estamos luchando contra este problema con una sola pierna, y la mitad de las veces estamos maniatados”, afirma Zinn.

La caída de un policía convertido en narcotraficante

El caso que involucra al expolicía mexicano convertido en narcotraficante se puso en marcha un par de años antes, cuando la Oficina del Sheriff de Butte-Silver Bow recibió una intrigante pista. 

En septiembre de 2018, un trabajador de una tienda local de FedEx llamó para informar que varias personas habían estado entrando en la tienda y metiendo fajos de billetes en paquetes dirigidos a la ciudad fronteriza de San Ysidro, California (Fed-Ex prohíbe el envío de dinero en efectivo).

Un par de meses más tarde, una de las personas que enviaba el dinero admitió a los investigadores que se trataba de dinero procedente del narcotráfico vinculado a una organización de México.

Durante los meses siguientes, los investigadores de un grupo especial de la DEA consiguieron un testigo colaborador. El testigo presentó a un agente encubierto al hombre que suministraba la droga desde su base en Sinaloa (México): Humberto Villarreal. 

“No se dan este tipo de casos en los que se trafica directamente desde México”, afirmó el sargento Kevin Maloughney, veterano de 18 años en la oficina del sheriff de Butte-Silver Bow.  

[Las muertes por sobredosis de drogas registran un récord histórico y la culpa no es sólo de la pandemia de coronavirus]

Los agentes no tardaron en pedir metanfetamina y pastillas con fentanilo directamente a Villarreal. Según las autoridades, las drogas solían llegar a Montana desde los escondites del sur de California.

Los investigadores se centraron en Medina, expolicía y primo de Villarreal, después de que lo detuvieron en la reserva de Fort Peck, en el extremo noreste del estado, por saltarse una señal de parada en marzo de 2019.

El ayudante del sheriff dejó que se marchara con una advertencia. Pero un informe sobre el inusual encuentro con un ciudadano mexicano en una zona tan remota de Montana llegó más tarde a los agentes que investigaban el tráfico de drogas. 

Descubrieron que Medina era una pieza clave de la red de narcotráfico. Tenía visados estadounidenses válidos, lo que le facilitaba cruzar a Estados Unidos por el puerto de San Ysidro, California, en viajes para recoger dinero en efectivo y entregar droga.

“Como no tenía antecedentes penales, no había motivo para que se le siguiera investigando”, dijo Anderberg, el investigador de Montana. 

Tras su detención, Medina dijo a los investigadores que había viajado a Fort Peck con la intención de ampliar las operaciones de narcotráfico del cártel a la reserva, según Anderberg.

La investigación, en la que participaron varias agencias, se saldó con la incautación de 65 libras de metanfetamina, más de 2,000 pastillas falsificadas de OxyContin mezcladas con fentanilo y 3 libras de heroína. Los agentes también confiscaron más de 32,000 dólares en efectivo y 19 armas de fuego, según la Fiscalía del Distrito de Montana.

Villarreal fue condenado a 17 años de prisión tras declararse culpable de los cargos de posesión con intención de distribuir metanfetamina y conspiración para cometer blanqueo de capitales. Medina se declaró culpable de posesión con intención de distribuir sustancias controladas. Fue condenado a ocho años de prisión. Otras veinte personas también fueron condenadas por su participación en la red de narcotráfico.

[Primero fue el fentanilo. Ahora este estado cuenta las víctimas de otra droga mortal]

Un segundo caso federal de drogas en Montana ha originado cargos contra más de dos decenas de personas e incluye acusaciones de que miembros del cártel mexicano utilizaban a nativos americanos en la operación. 

La investigación, aún en curso, se centra en la reserva india Crow, donde las autoridades afirman que los socios del cártel se hicieron con al menos dos propiedades y las utilizaron para distribuir metanfetamina a los habitantes de la reserva, así como de la cercana reserva india Northern Cheyenne y de la ciudad de Billings.

Los abogados de dos de los acusados, Ranita R. Redfield y Zachary D. Bacon, describieron en documentos judiciales cómo fueron utilizados por el cártel.

El abogado de Redfield escribió que ella regresó a la reserva de los crow después de pasar por un periodo de confusión familiar y angustia, y fue cuando cayó en las garras del cártel.

“Eligiendo distanciarse de personas que la conocían del pasado y sin tener un lugar donde vivir, a menudo se quedaba con el cártel”, escribió la abogada, Jessica Polan Wright. “Atrapada en el círculo vicioso de la adicción y bajo el control del cártel, Ranita se convirtió en un peón de sus operaciones”.

Redfield, de 47 años, que se declaró culpable de traficar metanfetaminas y fue sentenciada en diciembre a cinco años de cárcel. 

Bacon, de 35 años, se involucró en la operación tras conocer a la hija de uno de los narcotraficantes nativos americanos, según escribió su abogado en los documentos judiciales. En septiembre se declaró culpable de vender metanfetamina y fue condenado a cinco años de libertad condicional. 

“El modelo de negocio del cártel consiste en localizar primero a los distribuidores locales y congraciarse con ellos. Luego, cuando empezaron a llegar las facturas, trajeron a otros individuos menos amistosos”, escribió el abogado, Matthew Claus.

“El cártel extrajo decenas de miles de dólares en efectivo, armas y vehículos de la reserva Crow. El dinero y las armas salieron del estado y del país y luego el cártel se marchó. A su paso, dejaron a miembros de la tribu adictos, drogados y empobrecidos que se enfrentan a procesos judiciales y largas penas de prisión, como Zach Bacon”, añadió Claus.

[La crisis de opioides no es un problema solo de blancos: las muertes entre hispanos se han disparado]

El presunto cabecilla, miembro del cártel Jalisco Nueva Generación y conocido con el nombre de Carlos, huyó del estado, según fuentes policiales. 

Más muertes por sobredosis y menos recursos para enfrentar a los cárteles

La reserva de los Pies Negros, en el norte de Montana, se vio sacudida por la tragedia en marzo de 2022. En una sola semana, 17 personas sufrieron sobredosis de fentanilo, cuatro de ellas mortales. 

La comunidad alberga el único centro de tratamiento hospitalario que existe en una reserva india de Montana. Pero Crystal Creek Lodge Treatment Center, con 16 camas, se ha centrado durante mucho tiempo en las personas que luchan contra el abuso del alcohol. 

“Nos faltan muchos recursos para hacer frente a una crisis que ni siquiera nuestras instalaciones están equipadas para gestionar”, declaró Durand Tyland Bear Medicine, director del centro.

En el sureste de Montana, la reserva de los cheyennes del norte también sufre una epidemia de drogas, pero impulsada por la metanfetamina.

Parte de la droga que entra en la reserva procede de la red de cárteles que operan en la vecina reserva Crow, según afirma la fiscalía en los documentos judiciales. 

Serena Weatherwelt, presidenta de la tribu Cheyenne del Norte, afirmó que los delitos violentos y los robos se dispararon durante la pandemia, y que las llamadas a la policía a menudo no obtenían respuesta. La situación llegó a ser tan grave que algunos miembros de la tribu formaron su propio grupo de vigilancia, el People’s Camp.

“Tenían coches. Tenían focos. Tenían un teléfono”, explica. “La gente llamaba a ese número en vez de llamar a la policía”.

[Detienen a una policía de Nueva York por traficar drogas cuando estaba de servicio] 

En 2022, la tribu cheyenne del norte presentó una demanda federal contra el Departamento de Interior y su Oficina de Asuntos Indígenas, alegando que el Gobierno federal había incumplido su obligación de mantener a salvo a los residentes de la reserva al no proporcionar agentes de la ley adecuados.

Un portavoz de la Oficina de Asuntos Indígenas dijo que la agencia no hace comentarios sobre litigios en curso. 

Weatherelt dijo que la situación fue de mal en peor en los meses posteriores a que su tribu presentara la demanda. 

El pasado mes de diciembre, un jefe de policía tribal notificó a Wetherelt que una reorganización de la fuerza financiada con fondos federales significaba que el número de agentes y otro personal se había reducido de 19 a 7, según miembros del Consejo Tribal Cheyenne del Norte. 

“No pedimos mucho al Gobierno”, dijo Weatherelt. “Pedimos una aplicación básica de la ley para ayudar a nuestra gente...”.

Su voz se quebró por la emoción y luego guardó silencio brevemente. “Lo siento, pero esto me emociona”, continuó. “Parece como si no etuviéramos yendo a ninguna parte”.