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"Estoy aquí porque me iba a suicidar": Este mensaje de socorro de un soldado de Fort Hood no evitó su desaparición y su muerte

Elder Fernandes reportó abusos sexuales de un superior en la base de Texas y fue internado en el hospital militar con pensamientos suicidas. Días después fue hallado muerto.

KILLEEN, Texas.– Chris y Elder fumaban un cigarro sentados frente a la entrada de emergencias del hospital militar. Se conocían desde que se alistaron en el Ejército y se querían como hermanos. Pero a Chris Channell le costaba reconocer a su mejor amigo desde hacía semanas. “Entra allí dentro y dile a los médicos exactamente lo que me dijiste”, le recomendó ese día.

Y así se lo dijo a los médicos Elder Fernandes, un sargento de 23 años estacionado en la base militar de Fort Hood, Texas. De su puño y letra, escribió en los documentos de ingreso: “Estoy aquí porque me iba a suicidar. Hablar con alguien quizás ayude”.

Fue la última vez que los dos amigos se fumaron un cigarro. Delante de ellos estaba esa llanura extensa y solitaria del centro de Texas, sólo interrumpida por asfalto, edificios militares y campos de entrenamiento que forman la gigantesca base militar de Fort Hood. Fue también la última vez que se vieron. Fernandes fue hallado ahorcado en un área cercana de Fort Hood dos semanas después.

La autopsia determinó que se trató de un suicidio.

El nombre de este inmigrante naturalizado se sumó así a la treintena de militares de Fort Hood fallecidos en 2020, un año en que la gigantesca base militar levantó protestas, críticas e investigaciones después de la desaparición y muerte de la soldado Vanessa Guillén.

El Pentágono admitió que Fort Hood arrastra un alto nivel de muertes de soldados y una mala gestión del acoso y el abuso sexual.

En el conjunto de las Fuerzas Armadas, en 2020 se registraron 580 muertes por suicidio, según datos del Pentágono.

Tras la muerte de Fernandes, su círculo íntimo y las investigaciones policiales desvelaron cómo fue que la base se había convertido en un lugar del que quería escapar:

  • El soldado reportó abuso sexual de un superior directo.
  • Pero se sintió señalado precisamente por reportar.
  • Ingresó en un hospital de la base con pensamientos suicidas.
  • Le dieron el alta pero nadie comprobó si alguien lo acogería.
  • No saltaron las alarmas por su ausencia.
  • La base no activó su búsqueda.
“Estoy aquí porque me iba a suicidar. Hablar con alguien quizás ayude”, firmó el soldado de su puño y letra.Cedido / Noticias Telemundo

Los dos amigos, Elder Fernandes y Chris Channell, se conocieron en los entrenamientos de admisión al Ejército. Fernandes se inscribió en las Fuerzas Armadas sin avisar a su familia. Sabía que su madre, Ailina Fernandes, se oponía a la idea, le parecía llena de riesgos, pero él quería construirse una carrera similar a la de su padre, quien se quedó en su país de origen, Cabo Verde, ocupando altos cargos policiales.

Su madre, con la que emigró de Cabo Verde cuando tenía 11 años, ahora lee y relee las cartas que su hijo le escribió desde los entrenamientos. Detecta en ellas ilusión, ambición, y un sabor dulce a futuro. Le rogaba que no le enviará comida enlatada, como hacen algunas madres inmigrantes, que estaba prohibido, por ejemplo.

Tras un tiempo sirviendo en Europa, Fernandes volvió a Estados Unidos pero la pandemia de coronavirus alargó su estancia en la base de Fort Hood. Estaba lejos de su hogar en Massachussetts, pero su madre lo sintió como si estuviera de vuelta a casa.

Ailina Fernandes mira una foto de su hijo Elder en un pasillo de casa.Damià Bonmatí / Noticias Telemundo

“Uno espera que los soldados estén más cómodos en su propio país”, explicó Ailina Fernandes, “pero Elder estuvo más cómodo y más feliz en Europa. Sentirse mucho mejor en el extranjero que en tu propio país es una vergūenza para Estados Unidos”

Mientras pasaban los meses en Fort Hood, el soldado –ya convertido en sargento– fue distanciándose de su familia y amigos, pero entonces no sabían por qué.

Denunció abuso sexual en la base

En mayo de 2020, tres meses antes de su desaparición, Elder Fernandes presentó una queja por abusos sexuales en la base, remitida más tarde a los legisladores que indagarían en su desaparición y su muerte.

El joven sargento aseguraba en su queja que un militar de rango superior le tocó el trasero de manera intencionada durante sus horas de trabajo en unas oficinas de la base. Según se lee en los documentos de la investigación interna, “usó la palma de la mano para agarrar sus nalgas”.

Fernandes dijo que “sintió que lo estaba haciendo para degradarlo”. No queda constancia escrita de si hubo otros incidentes de supuesto acoso sexual o psicológico que el soldado no denunciara por vergüenza o por miedo a represalias. 

"Hay una especie de revictimización cuando alguien cuenta su historia y es excluido o alienado, no lo creen o nada le pasa al perpetrador", dijo a Noticias Telemundo la militar retirada Queta Rodríguez, quien entró a la base a investigar para el Pentágono después de que salieran a la luz varios casos de soldados fallecidos o abusados en 2020.

Para Fernandes, para mí, para muchos hombres, ser abusado sexualmente por otro hombre es algo de lo que no quieres hablar".

CHRIS CHANNELL  AMIGO DEL SOLDADO

El primero que supo sobre la situación de Elder Fernandes fue su amigo, y también sargento, Chris Channell, la misma noche del incidente reportado.

“Para Fernandes, para mí, para muchos hombres, ser abusado sexualmente por otro hombre es algo de lo que no quieres hablar, que no quieres revelar a tu familia", explica, "le dije que tenía que hablar con alguien o poner una queja oficial, pero me lo discutió. Quería dejarlo estar”.

Ese “dejarlo estar” ha sido una actitud habitual en la base, según destaparon las indagaciones tras el asesinato de Vanessa Guillén.

La soldado latina había dicho a su madre que no reportaría el acoso sexual para no dañar su carrera militar. Y los investigadores enviados por el Pentágono tras su muerte dijeron que ningún alto cargo tomó acciones ante los casos de agresión o acoso sexual. Alertaron así de que existía “una falta de confianza generalizada” en el programa de atención a las víctimas.

La víctima se sintió señalada

Elder finalmente presentó la queja, como queda registrado en el expediente del caso:

“Me dijo: ‘he puesto una queja’. Y lo loco fue que, aunque pusiera esa queja, se quedó en su unidad, lo que no se debería hacer con las situaciones de víctima-agresor”, explica Channell, quien también dice ser víctima de acoso sexual en las Fuerzas Armadas.

Tras unas semanas, la base acabó cambiando al soldado de unidad. Según el relato de sus amigos y familia, eso lo hizo sentir señalado, como “el castigado”, como “el culpable”, y en ambas unidades empezaron a saber por qué lo habían trasladado. Ese sentimiento forma parte de una queja a mayor escala de activistas y organizaciones de víctimas de abuso en el Ejército. Aseguran que, en Fort Hood, las consecuencias recaían sobre quién reportaba.

Su entorno dice que fue notando cambios en Elder. Pasó de trazar una carrera militar ejemplar a enfrentarse con sus líderes en su lugar de trabajo. Se aisló, redujo sus mensajes de texto a monosílabos, lloraba a veces y se enojaba con frecuencia.

Empezó a dar pasos para liberarse físicamente de Fort Hood, donde hasta el momento vivía en los apartamentos para soldados. Logró un auto para salir más fácilmente de la base y se mudó a casa de su amigo Chris, que vivía en la ciudad vecina de Killeen. Incluso la familia sospecha que se casó por conveniencia durante esos meses para que fuera más fácil que le aprobaran vivir fuera de la base.

Durante esas semanas, el superior denunciado fue entrevistado por los investigadores. Negó los hechos y fue sometido a una prueba de polígrafo. El examen concluyó que el líder militar no estaba mintiendo, según reflejan ahora los documentos de la investigación.

Al menos otros tres soldados declararon que no vieron el incidente y uno dijo que Fernandes había empeorado su actitud en el trabajo. El acusado también culpó al soldado de confrontarlo en una gasolinera del área.

Un mural recuerda al soldado inmigrante en McAllen, Texas, con la etiqueta en inglés #JusticiaParaElder.Damià Bonmatí / Noticias Telemundo

Los grupos de víctimas de acoso sexual en el Ejército critican el uso del polígrafo para detectar quién dice la verdad o mentiras en casos de acoso sexual.

A finales de 2020, Noticias Telemundo Investiga le preguntó al general mayor John B. Richardson, a cargo de la base, si esa técnica era la adecuada, pero replicó que no es un experto en el polígrafo y que era un asunto de la división de investigación criminal.

Dijo que no quería seguir en Fort Hood

Mientras todo eso pasaba, la convivencia de Fernandes con su amigo tampoco funcionó. “Empezó a distanciarse más”, recuerda Channell. Terminó por marcharse de la casa: dijo que se iba a mudar a un apartamento en Killeen pero no llegó a hacerlo.

Los documentos policiales revelan que Fernandes rentó un apartamento pero nunca llegó a tener las llaves. Dejó todas sus cosas en un almacén de mudanzas, como tantos que pueblan Killeen para dar servicio a los soldados. Dormía en estacionamientos al aire libre cercanos a la base, desde donde se conectaba al wifi de moteles.

Su familia, en Boston, empezó a preocuparse por la falta de noticias. La mamá presentía que algo estaba pasando y su hermano contactó con Chris Channell el 11 de agosto de 2020. El amigo logró ubicar a Fernandes y fue a visitarlo: estaba en su auto en un estacionamiento entre el motel Super 8 y el hotel La Quinta.

Internado por querer suicidarse

Channell acompañó al soldado a Darnell Medical Center, un hospital militar de Fort Hood, donde se despidieron en la puerta. En los documentos de ingreso, Fernandes escribió que estaba allí porque se iba a suicidar y que hablar con alguien quizás le ayudaría.

Estuvo casi una semana en el hospital militar, en constante comunicación con su familia en Massachusetts. Su madre, Ailina Fernandes, dice que hablaba hasta cuatro veces diarias con su hijo, sin que le explicara claramente el motivo de su ingreso ni le dejara viajar hasta allí. Decía que era un hospital militar y no la dejarían entrar.

“Lo tuvieron allí durante seis días y lo dejaron ir sin ni siquiera llamarnos a la familia para contarnos cuál era su situación”, se queja la madre. Su hijo le prometió que la volvería a llamar al salir.

La base de Fort Hood confirmó a Noticias Telemundo Investiga que, el lunes 17 de agosto de 2020, el soldado salió del hospital y un militar de rango superior lo escoltó hasta la casa de su amigo Chris Channell. Así lo había pedido el paciente, y así se lo hizo saber a su amigo de camino a la casa.

Pero, desde ese momento, ni su familia ni sus amigos ni sus superiores en la base volvieron a saber nunca más de él.

No comprobaron dónde iba

Su amigo se queja de que el militar que escoltó a Elder, pese a su delicada salud mental, no comprobó que llamara a la puerta, ni que alguien lo recibiera para seguir bajo observación. Esa noche de lunes, cada hora, su amigo enviaba a Fernandes un nuevo mensaje de texto para saber dónde estaba, pero no tuvo respuesta. 

El martes, Channell dijo a su cadena de mando que su amigo y compañero nunca había llegado a la casa, e inició una búsqueda informal con unos soldados que estaban de visita en el área.

Ese mismo martes el soldado ni acudió a la cita médica de seguimiento que tenía concertada, ni apareció en los entrenamientos físicos de la unidad. Desde Massachusetts la mamá dejaba mensajes en el buzón de voz de su hijo sin obtener respuesta alguna.

Fue cuando decidió volar a Texas ese mismo miércoles. 

El soldado estuvo caminando, aparentemente sin rumbo, en el área cercana a Fort Hood antes de aparecer muerto.Caleb Olvera / Noticias Telemundo

No activaron la búsqueda

Durante las primeras 48 horas, la base no activó ninguna búsqueda, ni declaró a Elder Fernandes como desaparecido.

“Fort Hood no hizo nada para mi hijo Elder. No quiso acreditar que mi hijo estaba desaparecido. Cuando yo fui a la policía de Fort Hood, ellos me dijeron que no podían hacer nada para mi hijo antes de 30 días”, dijo Ailina Fernandes a Noticias Telemundo Investiga.

Fort Hood no hizo nada para mi hijo. No quiso acreditar que mi hijo estaba desaparecido".

ailina fernandes  MADRE DEL SOLDADO

En ese momento, como ocurrió con la desaparición de Vanessa Guillén, la base no declaraba desaparecidos a los soldados que no se presentaban a trabajar, sino que los consideraban desertores (AWOL por su sigla en inglés). 

Ante la falta de respuestas de Fort Hood, la madre acudió a la policía de la ciudad de Killeen para presentar un reporte de persona desaparecida. Pronto se sumó a su misión Tim Miller, un voluntario que lidera un equipo de búsqueda en Texas desde hace décadas y que fue clave para encontrar los restos de Vanessa Guillén. 

Cuando hace memoria de esos días angustiantes, Miller acusa a la base de falta de acción por la desaparición de Fernandes. Dice que tuvo incluso un enfrentamiento verbal con sus líderes porque no activaron la búsqueda.

Tim Miller lidera un equipo de voluntarios en Texas desde 1984, cuando su hija Laura desapareció y fue asesinada. Un retrato de ella preside la oficina.Damià Bonmatí / Noticias Telemundo

“Tuvimos el tratamiento más feo que podía imaginar por parte de un comandante”, explica Miller, “no dieron seguimiento al caso como debían. Había una capacidad de alerta y de supervisión muy lentas. Espero que no sea así en todas las bases militares del país porque, si lo es, nuestro país está en un tremendo problema”.

Estuvo vivo después de su desaparición

Ahora se sabe que Elder Fernandes seguía vivo en esos primeros días. Según los reportes policiales, encendía y apagaba su celular, oyó algunos mensajes de voz, e incluso un vecino del área habló con él justo el día en que su madre, Ailina Fernandes, aterrizó en Texas.

“Estaba estirado aquí, bajo estos árboles”, explicó Jayson Glazner, un vecino de Nollanvile, Texas, una pequeña localidad a 11 millas del lugar donde el Ejército dejó a Fernandes tras salir del hospital.

Glazner se mueve en un carrito todoterreno por su extensa propiedad y recuerda que aquel día le ofreció agua y un jalón a ese joven desorientado. Pero lo rechazó y se fue en dirección opuesta a la base, bajo el sofocante calor de agosto en Texas.

Un vecino encontró a Fernandes en este terreno a 10 millas de Fort Hood.Damià Bonmatí / Noticias Telemundo

Fernandes no llevaba ropa militar y el vecino no tenía noticia de su desaparición de la base de Fort Hood. Pasaron días hasta que vio la foto de Elder Fernandes en una televisión local y su corazón le dio un vuelco.

“Se me revolvió el estómago. Si lo hubiera reconocido antes, hubiera podido pararlo”, dice.

Se me revolvió el estómago. Si lo hubiera reconocido antes, hubiera podido pararlo”

Jayson Glazner, vecino del área de fort hood

Glazner fue la última persona de la que se tiene constancia que vio con vida al soldado. Pero cuando volvió a ver su rostro en televisión era ya estaban informando de que lo hallaron muerto.

Junto a un campo de golf y las vías del tren

El 25 de agosto de 2020, la policía de Temple, a unas 20 millas de la base, recibió una llamada desde un lugar solitario e industrial de la ciudad, cerca de un campo de golf y las vías del tren. Un trabajador de ferrocarriles estaba recogiendo pelotas de golf en las vías cuando se encontró un cuerpo colgado de un árbol, según quedó recogido en su testimonio a las autoridades.

Junto al cuerpo encontraron una mochila, muy cargada, como si el fallecido llevara su vida a cuestas, con una treintena de objetos: 453 dólares en efectivo, protector solar, una gorra deportiva de Boston...

Dos días después, el certificado de muerte confirmó que el cuerpo era de Elder Fernandes, de 23 años, y la autopsia aseguró que se trataba de un suicidio. El cuerpo llegó con honores militares a Boston y su madre recibió las banderas y títulos al mérito militar de su hijo.

En la milla 220 de esta línea de ferrocarril, a la altura de Temple, Texas, hallaron el cuerpo de Elder Fernandes.Damià Bonmatí / Noticias Telemundo

El 26 de agosto de 2020, un día después de su muerte, Fort Hood concluyó que el abuso sexual no estaba probado. “La causa probable no existe”, se lee en las conclusiones del expediente.

Los líderes militares aseguraron en cualquier caso que habían tomado seriamente la queja de Fernandes, que le habían ofrecido ayuda, que lo habían cambiado de unidad.

La oficina de prensa de Fort Hood dijo a Noticias Telemundo Investiga que nadie cometió ningún delito en este caso.

Meses después de la muerte de Vanessa Guillén y Elder Fernandes, el Pentágono cesó a 14 oficiales de Fort Hood, incluidos dos generales, y anunció una reforma de su programa para proteger a las víctimas de abuso y acoso sexual.

El Ejército consideró que no había pruebas del abuso sexual denunciado.Cedido / Noticias Telemundo

El cuerpo de Fernandes está enterrado en una zona reservada para militares en un cementerio de Brockton, Massachusetts, donde Elder pasó parte de su juventud, tímida y solitaria, con comidas familiares de recetas africanas, paseos con el perro en el parque, y partidos de fútbol en el patio trasero con sus hermanos.

Tras su muerte, su madre fue llenando la casa de fotos, marcos, posters y almohadas con el rostro de Elder luciendo esa sonrisa que se congeló a los 23 años. Pero la mujer también buscó ayuda para saber qué pasó. Le corroe la idea de que fue una muerte evitable.

La madre y la tía del soldado hablan con el abogado Lenny Kesten en la casa familiar a las afueras de Boston.Damià Bonmatí / Noticias Telemundo

El abogado de la familia dice que por ahora no han demandado, básicamente, porque no pueden. “El Ejército es inmune a las demandas de los soldados”, explica el abogado Lenny Kester, pero agrega que las Fuerzas Armadas no cumplieron con sus obligaciones.

“Es sorprendente lo que pasó", explica, "le dieron el alta del hospital pero no hubo seguimiento. Deberían haberle dado apoyo pero, en cambio, lo dejaron en un borde, afuera de la casa de un amigo, fuera de la base, sin que hubiera nadie, ni apoyo, ni nada”.

Ailina Fernandes visita la tumba de su hijo Elder, enterrado al sur de Boston.Damià Bonmatí / Noticias Telemundo

Mientras conversa en las escaleras de entrada de su casa, la madre del soldado recibe un paquete con más fotografías a gran tamaño de su hijo. Lo abre entonces y las mira con orgullo. 

También ese día le llega otra caja, pero en este caso con las cosas que se encontraron junto al cuerpo de Fernandes. Para abrirla, sin embargo, esperará un momento de intimidad, a solas, un momento para reencontrarse con lo que su hijo le dejó.