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Esta profesora cerró la puerta de la escuela para frenar al asesino y aceptó que iba a morir sin tan siquiera hablar con su hija

Escondida bajo una mesa, silenció los mensajes que le enviaba su niña, "paralizada" por el miedo a que el tirador la escuchara. Pero su valentía fue puesta en duda por las autoridades.

Emilia Marin trabajaba como maestra en la escuela primaria de Uvalde (Texas) donde el 24 de mayo fueron asesinados 19 niños y dos profesoras. Fue ella quién cerró la puerta del edificio justo antes de que llegara el asesino, y sobre quién recayeron las dudas sobre si realmente lo hizo, lo que agravó el trauma, según denuncian sus abogados, de acallar los mensajes de su hija por teléfono mientras se escondía de las balas y se hacía a la idea de que iba a morir.

Según relató su abogado, Don Flanary, a la cadena de noticias CNN, Marin estaba ayudando a un compañero a traer comida a la escuela para celebrar el fin del curso cuando vio un accidente de auto frente a la escuela. La maestra corrió entonces a llamar al teléfono 911 de emergencias, y dejó abierta la puerta del edificio con una piedra.

Al regresar, mientras hablaba aún con el 911, vio como un colega echaba a correr y varias personas gritaban en una funeraria frente a la escuela: “¡Tiene un arma!”. El asesino había chocado con el auto que tomó tras disparar en su casa a su abuela, y se dirigía hacia la escuela para perpetrar la matanza, según la reconstrucción policial.

Lo que sucedió a continuación fue "lo más horrible que nadie podría haber soportado", según el relató del abogado, que la está asesorando sobre una demanda contra el fabricante del rifle de asalto AR-15 que usó el asesino para acabar con 21 vidas ese día.

Momento en el que el asesino entra a la escuela de Uvalde, Texas.
Momento en el que el asesino entra a la escuela de Uvalde, Texas.Noticias Telemundo

Marin vio de frente al asesino y rápidamente cerró la puerta de una patada. Entró en un aula y se escondió debajo de una mesa, desde donde escuchó lo más de 100 disparos que hizo el asesino desde que salió del auto hasta que fue abatido casi una hora después.

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En un momento, “pensó que él iba a entrar y matarla e hizo las paces con eso”, contó el abogado. Mientras estaba escondida, su hija le envió un mensaje pero ella silenció su teléfono "congelada" de terror al pensar que el asesino podría escuchar el sonido.

El asesino no entró en su aula y la profesora sobrevivió, pero su trauma se ha visto agravado por las declaraciones de las autoridades texanas sobre cómo el joven pudo acceder al edificio a través de una puerta que quedó abierta. "Se cuestionaba a sí misma, como ¿lo hice [cerrar la puerta] o no lo hice?", explicó su abogado.

El Departamento de Seguridad Pública de Texas aclaró días después que el asesino pudo entrar porque el mecanismo de la puerta no funcionó pese a que la maestra sí la cerró.

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El trauma de la matanza sumado a esas acusaciones han dañado su salud mental y física, dijo su abogado: "No puede dejar de temblar".

Marin presentó una demanda contra Daniel Defense, fabricante del rifle AR-15 utilizado en el ataque. Entre tanto, Uvalde ha enterrado a sus muertos a la espera de que la presión política para un mayor control de las armas (y en especial de los rifles de asalto) prospere en medidas concretas. “¿Cuántas matanzas más estamos dispuestos a aceptar?”, resumió el presidente, Joe Biden, este jueves.