Asesinado un periodista que escribía de crimen en México, el país más peligroso de América para reporteros

Javier Valdivia reportaba sobre grupos criminales, y es por lo menos el cuarto periodista mexicano asesinado este año debido a su trabajo. Este es el contexto de violencia en el cual se dio su muerte.

Suscríbete al Email de Noticias Telemundo

Todos los días, las últimas noticias directamente en tu correo electrónico
SUBSCRIBE
/ Source: Telemundo

Javier Valdivia, padre de familia de Veracruz con una trayectoria de dos décadas en el periodismo, es ahora parte de uno de los muchos saldos sangrientos de México: es por lo menos el cuarto reportero mexicano asesinado en lo que va del año.

El cuerpo de Valdivia fue encontrado la tarde del miércoles sobre unas vías del tren en la ciudad veracruzana de Córdoba, con su motocicleta cerca, por lo que en un inicio los investigadores pensaron que se había tratado de un accidente, según El Mundo de Córdoba, periódico para el cual Valdivia trabajaba.

Sin embargo, la motocicleta estaba prácticamente intacta y Valdivia fue aparentemente decapitado antes de ser colocado sobre las vías.

Valdivia estaba escribiendo sobre grupos criminales que operan en la frontera de Veracruz con Oaxaca.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, reconoció en la mañana del jueves que es deber de las autoridades “hacer esta investigación y castigar” a quienes resulten responsables.

[Madre mexicana reclama justicia para su hija, que fue violada, y ocupa la Comisión de Derechos Humanos]

Y agregó: “Sé lo heroico que es hacer periodismo en esa región”.

El asesinato de Valdivia no es un hecho aislado; México ha sido declarado desde hace años el país más peligroso para hacer periodismo en las Américas, y el más mortífero fuera de zonas de guerra como Siria.

Desde 2000 hay registro de más de 140 periodistas asesinados por hacer su trabajo; tan solo en los últimos cinco años han sido asesinados al menos 52, según el grupo de defensoría Artículo 19.

Las vías del tren donde fueron encontrados el cuerpo de Javier Valdivia y su moticicleta, el miércoles 9 de septiembre de 2020.EFE

Al menos 14 de estos homicidios sucedieron cuando López Obrador ya era presidente.

Prácticamente ninguno de los asesinatos ha sido castigado, ya sea con los responsables detenidos o sentenciados.

Entre los periodistas fallecidos por la violencia este año, además de Valdivia, están Pablo Morrugares, del estado de Guerrero y asesinato en agosto; y Jorge Miguel Armenta, quien escribía sobre corrupción en el estado fronterizo de Sonora.

Morrugares y Armenta eran parte de un programa federal de protección a periodistas, mecanismo con el cual se les designan guardaespaldas o se les proporcionan botones de pánico (que en muchos casos no funcionan, según reportes).

México, en un contexto de violencia imparable

El homicidio de Valdivia sucede en un contexto de derramamiento de sangre sin tregua en todo el país, que afecta a mucho más que los periodistas.

[Las promesas y realidades de López Obrador: violencia, economía y corrupción]

El último año rompió récords en cuanto a homicidios (35,588 registrados) y tuvo el peor saldo en décadas en feminicidios (asesinatos de mujeres por el hecho de serlo, usualmente precedidos por violencia física o sexual), con un promedio de 10 al día. 

En lo que va de año, pese a los encierros en casa por la pandemia de COVID-19, los asesinatos registrados han aumentado en la mitad de los estados del país y la violencia hacia las mexicanas sigue creciendo.

Tan solo este miércoles, además de Valdivia, fueron asesinados también la activista Yésica Silva, en el estado fronterizo de Chihuahua, y el diputado local Alejandro Toledo Morales, en el estado suroeste de Guerrero.

Foto de archivo de un homenaje a periodistas mexicanos asesinados que fue puesto en 2017 frente a la secretaría de Gobernación.AP

[Hallan en un pozo restos de pareja de jubilados estadounidenses desaparecidos en México]

 López Obrador ha apostado su política de seguridad a la Guardia Nacional, un cuerpo creado con soldados y los restos de lo que era la Policía Federal.

Sin embargo, en las últimas dos décadas se ha comprobado que es insuficiente para combatir la delincuencia organizada y la violencia el adoptar una política de militarizar las políticas de seguridad, medida que fue establecida con la “guerra contra el narco” del expresidente Felipe Calderón –cuyo secretario de Seguridad, Genaro García Luna, ahora está acusado de de colaboración con el narcotráfico y enfrenta un juicio en Nueva York.

Aun así, la política de militarización fue continuada con Enrique Peña Nieto y ahora también por López Obrador, que le ha dado muchas más tareas de seguridad a la guardia.

Un informe publicado esta semana destaca que el despliegue militar incluso ha resultado en un aumento de los homicidios de mexicanos y mexicanas, nunca a una disminución.