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Trump planteó llevar a Guantánamo a los estadounidenses contagiados de coronavirus, según revela un nuevo libro

Dos periodistas del prestigioso diario The Washington Post revelan el caos, los exabruptos y los continuos enfrentamientos en el Gobierno del expresidente por la gestión de la pandemia, y qué era lo que le desesperaba.

En febrero de 2020, cuando el mundo comenzaba a intuir que estaba a las puertas de una emergencia sanitaria sin precedentes por la rápida propagación del coronavirus, el expresidente Donald Trump planteó a su equipo una descabellada idea: que los estadounidenses contagiados en el exterior hicieran cuarentena en Guantánamo

Trump quería evitar de esta forma que el virus llegara al país. Pero sus consejeros le sacaron esta idea rápidamente de la cabeza por miedo a la reacción que provocaría aislar a ciudadanos en la misma isla en la que Estados Unidos mantiene presos a presuntos terroristas.

Por lo demás, el virus llevaba ya meses, quizá incluso desde diciembre, propagándose ya por Estados Unidos. 

"Importamos bienes [...] No vamos a importar un virus”, le dijo el exmandatario a su equipo, de acuerdo con un nuevo libro escrito por dos periodistas del diario The Washington Post sobre la gestión de la pandemia de la anterior Administración. Yasmeen Abutaleb y Damian Paletta se basaron en unas 180 entrevistas con funcionarios del Gobierno anterior y el actual.

"¿Y es que no somos dueños de una isla?", preguntó Trump a los reunidos en febrero de 2020, cuando lo peor estaba por venir. "¿Qué pasa con Guantánamo?", especificó ante la sorpresa de todos.

 

 

El libro ofrece una nueva visión sobre cómo Trump apoyó curas milagrosas sin base científica para transmitir un mensaje de esperanza a la población, sobre su lucha personal con el virus -que enfermó de mucha más gravedad de lo que reconoció el Gobierno-, y de cómo pensaba en las consecuencias que tendría la pandemia en las elecciones de 2020.

"¡Las pruebas de coronavirus me están matando!" gritó el expresidente en una llamada de teléfono con Alex Azar, el entonces secretario del Departamento de Salud el 18 de marzo de 2020. "¡Voy a perder las elecciones por culpa de los exámenes! ¿Qué idiota hizo que el Gobierno federal hiciera estas pruebas?", preguntó Trump.

[La lista de errores que muestran cómo Trump y su Gobierno han minimizado la pandemia]

La respuesta de Azar fue fulminante: había sido el yerno y consejero de Trump, Jared Kushner, quien unos días antes había prometido liderar la estrategia nacional de las pruebas de diagnóstico con ayuda del sector privado, según los reporteros.

Alex Azar, secretario de Salud y Servicios Humanos (HHS), habla mientras el entonces presidente Donald Trump escucha, el 20 de noviembre de 2020, en la Casa Blanca en Washington, DC.Mandel Ngan / AFP via Getty Images

Trump también pidió a su equipo despedir a Robert Kadlec, el que era jefe de preparación frente a emergencias del Departamento de Salud, por permitir que 14 estadounidenses contagiados a bordo del crucero Diamond Princess volvieran al país. “Esto duplica mis cifras [de infectados] de la noche a la mañana”, se quejó Trump con Azar. 

Además, el expresidente presionó para reemplazar al director de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés), Stephen Hahn, cuando este se negó a saltarse el debido proceso y acelerar la aprobación de la vacuna antes de las elecciones.

[Los CDC revisan y eliminan directrices sobre la pandemia de coronavirus realizadas durante la presidencia de Trump]

El libro también desgrana la complicada relación entre Trump y Anthony Fauci, principal experto del país en enfermedades infecciosas, quien terminó por convertirse en objeto de feroces críticas de la Casa Blanca mientras su popularidad entra la ciudadanía aumentaba. 

En lugar de despedirlo, el exmandatario y su círculo optaron por ignorar sus consejos y apoyarse en Kushner y un grupo de asesores económicos para gestionar la pandemia.

 

 

"Todos vamos a estar muertos para junio"

La estrategia de contención fue un desastre desde el principio y en varios frentes, según le contaron decenas de fuentes de primera mano a los periodistas . 

El mismo Kushner explotó un día contra Kadlec, cuando se enteró que de que 600 millones de mascarillas no llegarían a Estados Unidos hasta el verano, hasta tres meses después de que se declarara la pandemia. 

"¡P---o imbécil!", le gritó Kushner a Kadlec y lanzó su bolígrafo contra la pared, según el libro. "Todos vamos a estar muertos para junio", agregó.

El recuento muestra que el ambiente dentro de la Administración era "tóxico", según dicen los reporteros, y combativo; todos se atacaban y culpaban entre todos, algo que otros reportes de primera mano en años pasados han corroborado. 

Mark Meadows, quien fue abruptamente contratado como jefe de Gabinete para reemplazar a Mick Mulvaney, también le gritó a Kadlec y amenazó con despedirlo cuando se enteró que un posible tratamiento, el remdesivir, había sido entregado a los hospitales incorrectos, que no se había refrigerado bien y miles de dosis se habían echado a perder.

 

El entonces presidente Donald Trump (der) ofrece una conferencia de prensa con miembros de su grupo de trabajo sobre el coronavirus, incluido el subsecretario interino de Política de Transporte (LR) Joel Szabat, el subsecretario de Preparación y Respuesta del HHS, Robert Kadlec, el subsecretario de Seguridad Nacional Ken Cuccinelli, el director de los CDC, Robert Redfield, el secretario de salud y servicios humanos, Alex Azar, y el vicepresidente Mike Pence, en la Casa Blanca, el 26 de febrero de 2020 en Washington, DC.Chip Somodevilla/Getty Images

Se opusieron a enviarle mascarillas gratis a todos

Marc Short, jefe de Gabinete del exvicepresidente, Mike Pence, rechazó un intento del Departamento de Salud por enviar tapabocas gratis a todos los hogares en Estados Unidos en los primeros días de la pandemia, una medida que algunos expertos en salud pública creen que habría despolitizado el uso de las mascarillas y salvado cientos de miles de vidas.

Pero Short creía que eso alarmaría innecesariamente a la gente, cuenta el libro, y otros altos funcionarios también compararon los tapabocas con "ropa interior en la cara".

"Uno de los mayores defectos en la respuesta de la Administración Trump es que nadie estaba a cargo de la respuesta", escriben los autores, "al final nadie rindió cuentas, no tenía timón".

 Con información de The Washington Post.