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Por qué muchos padres que se han vacunado contra el COVID-19 no quieren vacunar a sus hijos todavía

La FDA se prepara para autorizar el uso de emergencia de la vacuna de Pfizer-BioNTech para niños de 5 a 11 años. Pero algunos padres dejan claro que no serán los primeros en inmunizar a sus hijos. Estos son sus argumentos.

Por Daniella Silva - NBC News

Sarah Beth Burwick, abogada de Los Ángeles, California, contó que ella y su marido se vacunaron contra el COVID-19 “lo antes posible” y que sus dos hijos recibieron todas las vacunas infantiles “en el calendario, sin siquiera cuestionarlo”. 

Sin embargo, no piensa apresurarse a vacunar contra el coronavirus a sus niños de 5 y 2 años, aunque uno de ellos podría ser elegible tan pronto como la próxima semana.

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“Primero tendría que haber información para convencernos de que es necesario”, argumentó Burwick, de 37 años. “Creo que es innecesario. Y me siento incómoda por la rapidez con la que se está impulsando esta medida con un estudio tan pequeño”, añadió.

Mientras la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) se prepara en los próximos días para autorizar el uso de emergencia de la vacuna de Pfizer-BioNTech para niños de 5 a 11 años, algunos padres afirman que no piensan ser los primeros en la fila para vacunar a sus hijos.

No es que sean escépticos con respecto a las vacunas como norma -señalando que ellos mismos se inmunizaron contra el coronavirus y que previamente han vacunado a sus hijos contra otras enfermedades-, sino que tienen temores, preguntas y dudas sobre la posibilidad de administrar inmediatamente a sus hijos la vacuna contra el COVID-19.

Les preocupa el tamaño del ensayo de la vacuna para niños, la cantidad de datos de seguridad a largo plazo disponibles y la posibilidad de que se produzcan efectos secundarios (incluida la rara afección cardíaca miocarditis).


También se preguntan si la vacuna debe inyectarse a los niños cuando el riesgo de complicaciones graves de coronavirus en los más pequeños sigue siendo bajo. 

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Michelle Goebel, de 36 años, ingeniera y madre de tres hijos en Carlsbad, California, afirmó que tanto ella como su marido y sus padres se han vacunado contra el COVID-19 “porque entendemos el riesgo estratificado por edades”. 

Sus hijos, de 9, 6 y 3 años, están totalmente al día con sus vacunas, dijo, e “incluso se vacunaron contra la gripe la semana pasada”. Pero no está dispuesta a vacunar a sus hijos si se autoriza de emergencia una vacuna contra el COVID-19 para ellos.

“No me opongo a vacunarlos en el futuro, tal vez, pero ahora mismo mi marido y yo no nos sentimos cómodos con los datos”, señaló. “Necesito más cifras. Quiero ver las reacciones reportadas a medida que el número aumenta. Creo que me gustaría que transcurriera al menos un año desde los datos del ensayo para hacer un seguimiento de esos participantes originales y asegurarme de que no aparece nada, básicamente", agregó.

Algo más de 1,500 niños de entre 5 y 11 años recibieron la vacuna en el ensayo de Pfizer-BioNTech (otros 750 recibieron un placebo).

Los efectos secundarios de la vacuna incluían dolor de brazos, fiebre y dolores musculares. Sin embargo, la FDA comunicó que el ensayo de Pfizer no era lo suficientemente grande como para detectar efectos secundarios extremadamente raros, como la miocarditis que se ha observado después de la segunda dosis, especialmente en hombres jóvenes y adolescentes. No hubo casos de esta dolencia en el ensayo con niños pequeños.

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Goebel está especialmente en desacuerdo con el plan de California de convertirse en el primer estado de EE.UU. en exigir la vacunación para los niños que asistan a las escuelas presencialmente, lo que podría afectar a millones de estudiantes. 

“Estoy totalmente a favor de que se apruebe una vacuna para ellos y que sea una elección de los padres y del pediatra basada en el perfil de riesgo o las comorbilidades del niño”, señaló, pero cree que “nuestro estado se está precipitando al no obligar a vacunar a los niños contra la gripe”.

Bryan Longmire, un padre del sureste de Texas, declaró a la filial de la NBC KBMT que no querría poner nada en el cuerpo de su hijo “que no fuera completamente necesario”.

Par Longmire hacer que las vacunas estén disponibles en la escuela es una buena idea para algunos padres, pero espera que siga siendo una opción para las familias.

“Si se llega al punto en que intentan instituir un mandato o algo así, entonces probablemente tendré problemas con eso”, afirmó Longmire. “Cada uno tiene lo suyo. Haz lo que tengas que hacer para proteger a tu familia y si crees que una vacuna es necesaria para ello, entonces creo que está bien”.

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Más de 1.9 millones de niños de entre 5 y 11 años han dado positivo por el coronavirus, y más de 8,400 han sido hospitalizados, según las autoridades. Casi 100 han muerto.

Las encuestas sugieren que la batalla para convencer a los padres sobre la vacuna para los niños pequeños es ardua. Solo un tercio de los padres aclaró que buscaría inmediatamente las vacunas para los niños de 5 a 11 años, según una encuesta de la Kaiser Family Foundation.

Y el hecho de que los niños reciban una dosis de la vacuna dependerá a menudo del lugar en el que vivan, ya que los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) analizados por nuestra cadena hermana NBC News revelan que las marcadas disparidades regionales en las tasas de vacunación de los niños que ya cumplen los requisitos se están agravando en todo el país.

El doctor Paul Offit, investigador de vacunas del Hospital Infantil de Philadelphia y miembro del comité asesor de la FDA que votó el martes para recomendar la vacuna de Pfizer-BioNTech para la autorización de uso de emergencia para los niños de 5 a 11 años, reconoció la dificultad de la decisión.

La doctora Wendy Hasson, directora médica de la unidad de cuidados intensivos pediátricos del Hospital Infantil Randall de Portland, Oregón, dijo que, como madre de un niño de 3 años, ha seguido de cerca el ensayo de la vacuna para niños y ha prestado especial atención a los posibles problemas cardíacos.

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Hasson señaló que “la mayoría de los pacientes con miocarditis o pericarditis que recibieron atención respondieron bien a los medicamentos y al reposo y se sintieron mejor rápidamente”, según la información de los CDC.

“Pero sabemos que el coronavirus puede afectar al corazón de todos los grupos de edad, y que eso puede causar efectos duraderos”, recordó. “Así que para mí, a la hora de tomar esta decisión para mi hijo, me siento muy cómoda asumiendo ese pequeñísimo riesgo de miocarditis inducida por la vacuna para protegerle contra el riesgo de tener complicaciones más graves por el COVID-19”.

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Para los padres que tengan dudas y estén sopesando los riesgos y beneficios, Hasson, que también es miembro de la Academia Americana de Pediatría, explicó que deberían consultar a sus pediatras y hacerse preguntas como las siguientes:

¿Tiene mi hijo u otras personas de la casa algún factor de riesgo subyacente de coronavirus grave? ¿Hay personas en mi familia que no puedan responder bien a la vacuna por estar inmunodeprimidas? ¿Qué hace mi comunidad para proteger a mi hijo (teniendo en cuenta factores como las tasas locales de vacunación y las tasas locales de transmisión coronavirus)? ¿Está tomando mi escuela alguna precaución, como el uso de mascarillas y el distanciamiento físico? ¿Y cómo afecta a mi familia que mi hijo tenga que estar en cuarentena debido a una exposición escolar?

“Creo que uno de los trabajos que tenemos como pediatras es asegurarnos de que estamos preparados para responder a esas preguntas, porque lo que realmente espero es que los padres tengan dudas legítimas y luego pregunten o busquen información para aclararlas”, señaló la doctora Jennifer Kusma, médico asistente de la división de pediatría general avanzada y atención primaria del Hospital Infantil Ann & Robert H. Lurie de Chicago.

La doctora recordó que tener preocupaciones sobre la toma de decisiones médicas para su hijo es normal.

Estudiantes de jardín de infantes en la Escuela Primaria Webster en el primer día del semestre de otoño para el Distrito Escolar Unificado de Long Beach, California, el martes 31 de agosto de 2021.Long Beach Press / MediaNews Group via Getty Images

Julie Hamill, abogada y madre de tres hijos en Rancho Palos Verdes, California, afirmó que tiene previsto hablar con el médico de sus hijos antes de tomar una decisión, pero que teme el mandato de vacunación para los niños en edad escolar. Ella y su marido están inmunizados, y sus hijos también están al día con todas sus vacunas.

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“Creo que, a mi edad, los riesgos y los beneficios están a favor de la vacunación”, argumentó Hamill, de 38 años, cuyos hijos tienen 2, 5 y 7 años. 

“Esta es una cuestión para el pediatra, por encima de todo. Hablaremos con él y es de quien tomamos el consejo médico”, afirmó.

Pero también le preocupa que los profesionales médicos se sientan presionados para recomendar las vacunas. 

“Es algo que parece tan innecesario en función del nivel de riesgo. Supongo que algo que me haría cambiar de opinión es que empezáramos a ver datos que demuestren que un gran número de niños están gravemente enfermos o mueren. Eso me haría cambiar de opinión. Por supuesto que sí. Pero los datos que estamos viendo no muestran eso”, afirmó.

Hamill dijo que no está “completamente cerrada” a la idea de vacunar a sus hijos.

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“Seguiré escuchando a mi médico y consultando los datos y siguiendo lo que está pasando”, dijo. 

Kusma dijo que los pediatras “buscan lo mejor para los niños” y examinan los datos y “toda la literatura que nos llega para asegurarnos de que estamos ayudando a los padres a tomar la mejor decisión para sus hijos”. 

“Creemos que esta vacuna es segura a partir de todos estos datos y que ha sido sometida a ensayos tan rigurosos como cualquier otra vacuna”, dijo.

Goebel espera que haya comprensión para los padres como ella y, en última instancia, que las familias puedan elegir.

“Hemos evaluado el perfil de riesgo-beneficio y nos sentimos cómodos permitiendo que nuestros hijos sigan sin vacunarse”, dijo. “Sé que hay muchos padres dispuestos a ponerse en la cola de los niños de 5 a 11 años en función de su nivel de ansiedad. Así que creo que si permitimos que los padres nerviosos de los niños de 5 a 11 años se pongan en la cola y vacunen a sus hijos, deberíamos permitir que los padres que se sienten cómodos sigan así. Al menos por ahora”.