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Millones de personas siguen sin los sentidos del olfato y el gusto tras contraer COVID-19

Investigaciones indican que el 5% de quienes se infectaron con el virus continúan lidiando con la pérdida del olor y el sabor. Una experta lo llama "una nueva crisis de salud pública".

Por Evan Bush - NBC News

¿Sigue teniendo problemas con su sentido del olfato después de enfermarse de COVID-19? No está solo. 

Se calcula que alrededor del 5% de los pacientes con casos confirmados de COVID-19 –unos 27 millones de personas en todo el mundo– ha sufrido una pérdida duradera del olfato o el gusto, según sugiere un nuevo estudio.  

En el análisis publicado el miércoles en The BMJ (la revista médica revisada por pares de la Asociación Médica Británica), los investigadores evaluaron 18 estudios anteriores sobre la pérdida del olfato y el gusto en varios continentes y en diversos grupos demográficos. Aproximadamente tres cuartas partes de los afectados por la pérdida del gusto o el olfato recuperaron esos sentidos en 30 días.

Las tasas de recuperación mejoraron con el tiempo, pero alrededor del 5% de las personas informaron de una "disfunción persistente" seis meses después de su infección con COVID-19. 

La investigación sugiere que la pérdida del olfato y el gusto podría ser una preocupación prolongada que requiere más estudios y recursos sanitarios para los pacientes que luchan contra los síntomas a largo plazo. 

Se cree que millones de personas siguen sufriendo la pérdida del olfato o del gusto tras enfermar de COVID-19.
Se cree que millones de personas siguen sufriendo la pérdida del olfato o del gusto tras enfermar de COVID-19.Shahrzad Elghanayan / NBC News; Getty Images

La pérdida del olfato se ha relacionado con mayores tasas de mortalidad en los adultos mayores y se ha demostrado que tiene importantes repercusiones en el bienestar emocional y psicológico de las personas, señaló la Dra. Zara Patel, rinóloga de la Universidad de Stanford que no participó en la investigación de The BMJ. 

"El hecho de que ahora haya millones de personas más en todo el mundo con una capacidad olfativa disminuida puede ser simplemente una nueva crisis de salud pública", aseguró Patel. 

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La pérdida del olfato fue uno de los síntomas más claros de COVID-19 en los primeros días de la pandemia. 

"Se podría seguir la pista a la enfermedad en todo el mundo" analizando las búsquedas en Google sobre la pérdida de olfato, agregó la rinóloga.

El análisis de The BMJ ofrece una amplia revisión de los estudios sobre el olfato en todo el mundo y a lo largo del tiempo. En el análisis se incluyeron datos de casi 3,700 pacientes. 

También contiene estudios de América del Norte, Europa y Asia, y se observó que las mujeres tenían menos probabilidades de recuperar el sentido del olfato y del gusto que los hombres. Los pacientes con mayor congestión nasal también tenían menos probabilidades de recuperar el sentido del gusto. 

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El análisis mostró un aumento constante de la proporción de personas que recuperaron el sentido del olfato con el paso del tiempo. A los 30 días, alrededor del 74% de los pacientes lo habían recuperado; a los 90 días, esa cifra ascendía al 90%. Al cabo de seis meses, cerca del 96% de los pacientes afirmaba haber recuperado el olfato. 

Los científicos están empezando a comprender cómo afecta el COVID-19 a la función olfativa. 

El coronavirus suele provocar una inflamación en la hendidura olfativa, es decir, los conductos de la parte superior de la cavidad nasal donde los humanos perciben el sentido del olfato y procesan los sabores más allá de los básicos, como el agrio o el amargo.  

Los investigadores creen que el virus no infecta inicialmente las neuronas olfativas, sino que se adhiere a las células de soporte, que ayudan a las neuronas a proporcionar una vía de señalización.

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Los pacientes que sufrieron pérdida de olfato después de enfermarse de coronavirus constituyen un subgrupo único, dijo la Dra. Aria Jafari, rinóloga del Centro de Senos Nasales de la Universidad UW Medicine en Seattle, que no participó en el nuevo análisis. “Tienden a mejorar y con cierta rapidez, lo que tiene sentido en función de las células afectadas”. 

Jafari afirmó que alrededor de la mitad de sus pacientes privados del sentido del olfato probablemente tuvieron COVID-19 en algún momento. Muchos experimentaron impactos dramáticos en su bienestar debido a la pérdida. 

"Suelen estar angustiados por la pérdida del sentido del olfato. Es una parte tan importante de nuestro día a día y lo que nos hace humanos", afirmó Jafari, añadiendo que ha tratado a un chef , a un chocolatero y a otras personas cuyo sustento depende de su capacidad para determinar el olor y el sabor. "Lo más común que escucho es que conduce al aislamiento social y a sentirse desconectado del mundo y de la sociedad tal y como la conocen. Y eso puede ser realmente molesto".

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Jafari aseguró que muchos pacientes también describen un periodo de transición "que puede ser angustioso" cuando recuperan el olor, en el que huelen cosas que no están presentes -como goma quemada o humo- o experimentan olores anormalmente desagradables. 

Las personas que no pueden oler o percibir los sabores pueden tener mayores tasas de enfermedades psiquiátricas, depresión y ansiedad, insistió Jafari. En un caso extremo la médica trató a un paciente que se desnutrió tras perder los sentidos del olfato y el gusto. 

El olfato subyace en la forma en que nos relacionamos con los demás y nos abrimos camino en el mundo, dictando "las primeras impresiones de otras personas, a quienes elegimos para encuentros sexuales o para parejas de toda la vida", aseguró Patel. Los estudios sugieren que las señales olfativas podrían influir subconscientemente en la atracción que sienten las personas por otras, basándose en su genética.

El análisis está sustentado en estudios que utilizan datos declarados por los propios pacientes. Patel afirmó que esto podría subestimar el verdadero costo de la disfunción olfativa y sesgar algunos de los hallazgos de la investigación, ya que las personas a veces son incapaces de percibir la cantidad de sensibilidad que han perdido. 

Los autores del estudio están de acuerdo. 

“Muchos análisis anteriores han demostrado que las pruebas olfativas objetivas pueden identificar a muchos más pacientes con pérdida de olfato que si les pedimos que lo digan por ellos mismos", escribió en un correo electrónico el profesor Song Tar Toh, autor del estudio y jefe del departamento de Otorrinolaringología-Cirugía de Cabeza y Cuello del Hospital General de Singapur. "Es probable que el verdadero número de personas afectadas sea muy superior a nuestra estimación".  

Patel sospecha que la verdadera tasa de disfunción olfativa entre quienes han experimentado COVID-19 podría ser superior al 20%. Podría ser que las mujeres no sean más propensas a luchar contra la recuperación, sino que sean más perceptivas de un déficit prolongado en su capacidad olfativa. 

"Las mujeres, en general, tienen, por término medio, un sentido del olfato más agudo que los hombres”, aseveró la rinóloga. "Sabemos que las personas con un sentido del olfato y del gusto más agudo son mucho más propensas a reconocer cuando tienen una pérdida y son más propensas a buscar atención para una pérdida".

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Jafari dijo que el análisis de The BMJ coincide en general con su experiencia clínica y sus observaciones sobre la recuperación de los pacientes. 

"Es bueno cotejar datos de todo el mundo para comprender mejor lo que ocurre y eliminar cierta variabilidad de estos análisis específicos de una población de pacientes o de una institución", añadió. "Aumenta el nivel de evidencia, en general, para respaldar lo que nosotros, como cirujanos de senos paranasales, vemos en nuestros consultorios". 

Las versiones iniciales de la variante ómicron parecían afectar menos al sentido del olfato que las anteriores oleadas de coronavirus, afirmó Patel. 

Pero la última subvariante, BA.5, podría invertir esa tendencia. 

"Todavía no tenemos suficientes datos para saberlo con seguridad", informó Patel. “Ahora, en mi clínica, estoy empezando a ver un repunte de nuevo”. 

Existen tratamientos para las personas que han perdido el sentido del gusto y del olfato debido al COVID-19.

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El entrenamiento olfativo estructurado –en el que los pacientes esnifan dos veces al día aceites esenciales como el limón, el clavo, el eucalipto y la rosa para estimular diferentes tipos de neuronas– puede volver a enseñar al cerebro a reconocer diferentes olores. Los médicos suelen recetar un enjuague de esteroides para los senos paranasales con el fin de disminuir la inflamación y ayudar al entrenamiento. 

Algunas pruebas emergentes sugieren que los suplementos de ácidos grasos Omega 3 podrían ser útiles para los pacientes con disfunción olfativa.

Patel y otros están explorando más tratamientos, como las inyecciones nasales de plasma rico en plaquetas y la estimulación eléctrica. 

Patel indicó que espera que la financiación de la investigación y el interés público por la disfunción del olfato y el gusto sigan creciendo para que los investigadores puedan profundizar y descubrir nuevos tratamientos. 

Antes de la pandemia, "era el sentido huérfano, la cenicienta", dijo Patel. "Sólo después de que tantos millones de personas se hayan visto afectadas o hayan tenido seres queridos afectados, la gente está llegando a comprender el enorme impacto que tienen el olfato y el gusto en la calidad de vida".