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“De héroes a villanos”: médicos y enfermeros cuentan los maltratos de pacientes incrédulos ante el COVID-19

Agotados por la sobrecarga de trabajo, ahora enfrentan también la ira de los pacientes. Un hospital de Missouri está equipando a su personal con botones que alertan a las autoridades luego de que las agresiones se triplicaran en el último año.

Por Elizabeth ChuckNBC News

La paciente de la Dra. Sheryl Recinos se negó a aceptar su diagnóstico de COVID-19. Insistió en que su tos se debía al perfume de la doctora y dijo estar segura de que su prueba positiva de COVID-19 no podía ser correcta.

Recinos, hospitalista de medicina familiar en California, no se había puesto perfume. Y el resultado de la prueba, le dijo su paciente, era correcto.

Esta interacción ocurrió en el verano de 2020 y fue un caso atípico en aquel momento. Pero en los últimos meses, este tipo de conversaciones se han vuelto más comunes.

Algunos pacientes han exigido que se les den los mismos medicamentos que recibió el expresidente Donald Trump cuando tuvo COVID-19.Brandon Bell / Getty Images / Getty Images

Recinos ha tratado a personas que, tras dos semanas en el hospital por problemas respiratorios relacionados con el COVID-19, siguen sin creer que tienen coronavirus. Ella ha tenido pacientes que han cuestionado su criterio, otros que han exigido que se les den los mismos medicamentos que recibió el expresidente Donald Trump cuando tuvo COVID-19 y familiares que le han gritado por algo tan simple como dar oxígeno a sus seres queridos; un tratamiento necesario que, según ellos, les hacía más daño que bien.

“Es desconcertante. Nunca había visto algo así”, dijo Recinos, que trabaja en turnos de 12 horas hasta 20 días seguidos. “Muchos de nosotros hemos trabajado tanto tiempo y durante tantas horas, y estamos siendo infravalorados por el público en general”.

La cuarta ola de la pandemia ha supuesto un reto único para los trabajadores sanitarios de primera línea, muchos de los cuales ya estaban al borde del agotamiento.

Agotados por la escasez de personal en los hospitales y emocionalmente desgastados, los trabajadores sanitarios también se enfrentan al escepticismo y la rabia crecientes de los pacientes, lo que hace que se sientan frustrados y llenos de miedo.

“Nuestros pacientes ya no confían en nosotros”, afirma Amy Arlund, enfermera en una unidad de cuidados intensivos en Fresno, California. “Hace un año y medio, la emoción que acompañaba a la avalancha de pacientes era la simpatía, la empatía, el remordimiento, la culpa, pero ese pozo de emociones se ha secado. Lo que queda es ira, hostilidad y desconfianza”.

El problema va en aumento en todo el país

En Missouri, un hospital está equipando a su personal con botones de pánico para alertar automáticamente a las autoridades luego de que las agresiones de los pacientes se triplicaran en el último año.

En Idaho, familiares que no creen que el COVID-19 es real han acusado a médicos y enfermeras de matar a los pacientes. Y en un hospital de Massachusetts, al menos dos o tres enfermeras son agredidas por los pacientes cada día, según informó la emisora local de radio de Boston WBUR.

En entrevistas, tanto médicos como enfermeras dijeron sentirse derrotados, ya sea por el aumento de la hostilidad de los pacientes o por la negativa de muchos en sus comunidades a aceptar que las mascarillas y las vacunas son formas seguras y eficaces de evitar que la gente colapse los hospitales.

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Todos pidieron que para proteger su seguridad se omitieran en este reportaje las instituciones en las que trabajan, y en algunos casos hasta las ciudades, porque sus opiniones no reflejan las de sus empleadores.

La Dra. Mona Masood, psiquiatra fundadora y organizadora principal de Physician Support Line, una línea telefónica confidencial que creó para los médicos al comienzo de la pandemia, dijo que últimamente han llamado más médicos para decir que han sido objeto de hostilidad.

Lo llamamos la “narrativa de héroes a villanos”, dijo Masood, y añadió que al principio de la pandemia, cuando los trabajadores de la salud eran agradecidos con muestras diarias de gratitud, los médicos se sentían como si fueran celebrados como héroes, pero estaban preocupados por no tener suficientes herramientas para estar a la altura de las expectativas.

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Ahora, dijo, los médicos llaman a Physician Support Line sintiéndose abrumados por la rudeza con la que se les trata. Añadió que a veces llaman rápidamente durante sus turnos.

“Nos llaman y dicen: ‘Déjeme desahogarme para poder volver a entrar, porque Dios no quiera que no vaya a ser lo más profesional que pueda ser: la gente también me va a culpar por eso’", dijo. “Se sienten como si estuvieran atrapados”.

“Tenemos pocos descansos”

La escasez de personal en la profesión médica viene de antes de la pandemia, pero se ha acentuado especialmente a medida que los hospitales se han llenado de pacientes de COVID-19.

Todo el mundo está en modo crisis todo el tiempo“, dijo Arlund. “Nuestro cuerpo no está hecho para mantener eso durante 18 meses seguidos”.

Hasta el mes pasado, Arlund había sido enfermera de crisis, un puesto de especialidad que le obligaba a atender a los pacientes de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) con mayor riesgo de deterioro. En los últimos meses, esos pacientes han exigido tratamientos como la ivermectina, una falsa cura para el COVID-19; han pedido medicamentos de los que nunca ha oído hablar en sus dos décadas de enfermera y, en general, han expresado su desconfianza hacia ella y sus colegas.

A mediados de septiembre, Arlund tenía un paciente con COVID-19 cuyo nivel de oxígeno estaba muy por debajo de lo que debería estar. El paciente se negaba a llevar una máscara de oxígeno especializada o a aceptar dormir boca abajo, una medida que le ayudaría a evitar el uso de un respirador.

Cuando Arlund y sus compañeros le ordenaron que se pusiera la máscara de oxígeno, el paciente -que en ese momento se estaba poniendo morado- respondió que Arlund le estaba impidiendo ver el partido de fútbol en la televisión.

“Llegué a un punto en el que simplemente tuve que alejarme”, dijo Arlund, quien ha perdido a seis colegas por el coronavirus. Ella renunció a su puesto como enfermera de crisis mientras seguía siendo enfermera de la UCI.

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Los ataques contra personas en el campo médico no se limitan a los hospitales. La Dra. Kellie Snooks, médica pediátrica de una UCI en Wisconsin, dijo que los pediatras están siendo criticados en las redes sociales por instar a que se imponga el uso de mascarillas en las escuelas.

Snooks respalda fervientemente los mandatos del uso de mascarillas. A medida que la variante delta del coronavirus, altamente contagiosa, se ha ido extendiendo, su UCI pediátrica se ha llenado hasta el tope, algo que rara vez ocurría antes de la pandemia.

La gente cree que los trabajadores de la salud tienen agendas ocultas, y no es así”, dijo Snooks, añadiendo que estaba desconcertada por el hecho de que todavía hay oposición incluso cuando la ciencia que demuestra que los tapabocas detienen la propagación del virus y que las vacunas son seguras. “Sólo queremos que la gente esté sana, y nos estamos agotando y estresando en el proceso”.

Cómo aliviar la carga

Masood, fundadora de Physician Support Line, dijo que los trabajadores sanitarios necesitan más apoyo en materia de salud mental, empezando por cambiar la cultura en la Facultad de Medicina, donde los residentes que hacen más turnos seguidos suelen ser los que reciben más elogios.

Su línea de apoyo ha recibido 3,000 llamadas desde marzo de 2020, y ahora está recibiendo el mayor volumen. Los 800 psiquiatras voluntarios que atienden la línea dan a quienes llaman los recursos para obtener más apoyo o estrategias como ejercicios de mindfulness, para estar presentes y en calma.

A Mawata Kamara, enfermera de urgencias en California, le ha servido de ayuda tomarse días libres en el trabajo por motivos de salud mental. También ha empezado a rechazar turnos extra, algo que consideró que no podía hacer durante la primera y segunda oleada de la pandemia.

No voy a quemarme de nuevo“, dijo Kamara.

Tanto ella como los demás trabajadores sanitarios entrevistados para este artículo rogaron a la gente que se vacunara y que vacunaran a sus familias.

“Estamos haciendo todo lo posible para dar al público la información necesaria para protegerse, pero nuestras palabras son tan poderosas como la seriedad con la que están dispuestas a tomarlas”, dijo Kamara.

Otros dijeron que están pidiendo a la gente que haga todo lo posible para no ir al hospital.

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Es más que vacunarse, usar mascarillas y practicar una buena higiene de manos, dijo Lindsey Harris, presidenta de la Asociación de Enfermeras del Estado de Alabama.

“¿Cómo podemos prevenir esas comorbilidades -diabetes, enfermedades cardíacas, etc.- en las que los resultados de los pacientes podrían ser mejores si contrajeran el COVID-19?”, dijo.

Escribir siempre ha sido una vía de escape para Recinos, hospitalista de medicina familiar, y le ha ayudado a sobrellevar la pandemia. 

Cuando comenzó la cuarta ola, Recinos no pudo soportar ver tantas pérdidas como las del año pasado. Se trasladó temporalmente fuera de su condado, el condado de Los Ángeles, donde hay una tasa baja de vacunación, a un hospital en un condado con una tasa de vacunación mucho más alta.

Sigue atendiendo a pacientes de COVID-19, pero el problema de la desinformación es generalizado, dijo.

“Nunca he admitido a un paciente por una reacción a la vacuna, pero he admitido a muchos pacientes por COVID-19”, dijo. “No entiendo por qué esto tuvo que convertirse en algo político“.

Si usted es un médico o un estudiante de medicina que necesita apoyo en materia de salud mental, llame al 1-888-409-0141 de 8 am a 1 am ET, los siete días de la semana. Las llamadas son gratuitas y confidenciales.