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Lo que la ciencia confirma sobre el coronavirus a un año de la pandemia

Tras 12 meses de estudiar el nuevo coronavirus, nunca visto en humanos, ahora se conoce que el virus no discrimina por edad, estado de salud, nacionalidades ni clima. Recopilamos 10 hechos irrefutables que ahora sabemos sobre el COVID-19.
/ Source: Telemundo

El SARS-CoV-2 ha presentado un reto para los científicos porque es un virus nuevo que no había sido detectado antes en humanos. Fue identificado por primera vez en Wuhan, China, en diciembre de 2019. Aunque pertenece a la familia de los coronavirus, los cuales han sido estudiados durante años, se desconocía prácticamente todo de él. Hasta hoy, aún persisten muchas interrogantes sobre el tema.

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El virus causa una enfermedad conocida como COVID-19, nombrada así el 11 de febrero de 2020 por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El 'CO' es por corona, la forma que tiene el virus cuando es visto a través de un microscopio. 'VI' es por virus, y 'D' por disease, la palabra en inglés para enfermedad.

Más de un año después de que fuera identificado por primera vez, y gracias al esfuerzo de miles de científicos alrededor del mundo, esto es lo que se conoce del virus.

1.- Es sumamente contagioso y se transmite por gotas de saliva

El nuevo coronavirus se transmite principalmente a través de gotículas respiratorias que las personas expelen al toser, estornudar, hablar, cantar o hasta simplemente respirar, y que pueden quedar suspendidas en el aire. El contagio puede ocurrir cuando ocurre contacto a menos de 6 pies de distancia con una persona infectada, o en menor medida cuando una persona toca una superficie infectada y después lleva sus manos a ojos, nariz o boca.

Particularmente en espacios sin ventilación, las gotículas pueden permanecer en el aire durante horas, y pueden provocar la enfermedad a las personas que entran en contacto con ellas, según los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés). 

La transmisión del virus puede darse a altas temperaturas y ambientes cálidos, tal y como demuestra el incremento de casos durante el verano. Tampoco hay razones para creer que el clima invernal pueda matar al coronavirus, advierte la OMS. 

2.- Nadie está completamente “a salvo” del COVID-19

Al virus no le importa la edad, condición física o estado de salud de las personas. Absolutamente todos aquellos que no tengan inmunidad contra el virus están en riesgo de contagiarse.

Sin embargo, la gravedad de la enfermedad es distinta de persona en persona. Los síntomas varían en cada caso y pueden tardar en aparecer. Los CDC han ido expandiendo la lista que ahora incluye los siguientes síntomas: fiebre o escalofríos, tos, dificultad para respirar, fatiga, dolores musculares y corporales, dolor de cabeza, pérdida del olfato o gusto, dolor de garganta, congestión nasal, náuseas o vómitos y diarrea.

Un individuo puede presentar uno o más síntomas de la lista en un plazo entre 2 a 14 días después de la exposición al virus.

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Estudios muestran que una de cada cinco personas que resultan positivas en las pruebas de diagnóstico son asintomáticas, de acuerdo con la revista Nature. Estas personas que no presentan síntomas pueden transmitir el virus sin saberlo, por lo cual es importante que todos respeten en todo momento las medidas de prevención.

La edad u óptima condición física no descarta por completo la posibilidad de sufrir de una enfermedad severa. Si bien se ha observado que mujeres embarazadas, personas mayores de 65 años o con condiciones crónicas (como enfermedades pulmonares, obesidad o diabetes) pueden ser más vulnerables, se han visto casos de pacientes jóvenes, incluyendo menores de 14 años, que han tenido que ser conectados a respiradores artificiales o han muerto.

El 19% de las muertes relacionadas con el COVID-19 han ocurrido en menores de 65 años, según datos de los CDC al 6 de febrero de 2021.

3.- Aunque representan una menor proporción de los casos, los niños pueden enfermarse gravemente del COVID-19

Los niños y adolescentes corren el mismo riesgo que cualquier adulto de contagiarse del virus, desarrollar la enfermedad e infectar a otras personas. No obstante, según los CDC, la mayoría no tiene síntomas o los presenta muy leves.

Se han reportado casos severos en niños, con más frecuencia en menores de un año, advierte la Academia Estadounidense de Pediatría. Algunos niños y adolescentes desarrollan un Síndrome Inflamatorio Multisistémico, semanas después de una infección por COVID-19, que requiere de inmediata atención médica. Son una minoría, pero es importante que los padres estén atentos a síntomas como irritabilidad, dolor abdominal, diarrea, vómitos, sarpullido, ojos enrojecidos, ganglio linfático inflamado en el cuello, lengua roja y manos o pies inflamados.

Algunos de los síntomas del nuevo síndrome son difíciles de detectar en principio porque se asemejan a un malestar estomacal o gripe, indican expertos (DPA).Via Getty Images

4.- Un resultado negativo en la prueba de detección no siempre descarta la infección

Las pruebas de detección sirven para saber si una persona tiene una infección activa de coronavirus, es decir, si se tiene el virus en ese momento. Pero puede ocurrir que, al instante de hacerse la prueba, la persona esté en la etapa inicial de la infección en la que los niveles del virus aún no son detectables, lo que daría pie a un resultado negativo no confiable.

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Algunas pruebas también arrojan resultados negativos erróneos (falsos negativos), debido a su margen de error o a problemas en la toma de la muestra. Según la Universidad de Harvard, estos falsos negativos pueden ocurrir en el 20% de los casos.

Incluso si su prueba salió negativa al COVID-19, los CDC recomiendan que siga respetando las medidas de prevención: usar mascarilla, mantener el distanciamiento de 6 pies de otras personas, evitar conglomeraciones y espacios poco ventilados y, de ser posible, ponerse la vacuna.

5.- Los positivos en la prueba de detección son confiables y hay que guardar cuarentena (así no haya síntomas)

Los resultados positivos en las pruebas de detección sí son prácticamente irrefutables.

Si usted da positivo para el COVID-19, los CDC indican que debe aislarse en casa (a menos de que requiera atención médica) hasta que pase tres días sin fiebre, sus síntomas respiratorios mejores y transcurran diez días desde la aparición de los síntomas, o hasta que reciba dos resultados negativos seguidos con un período de 24 horas entre cada uno.

Si da positivo al COVID-19, pero no ha tenido síntomas, para salir de casa debe esperar a que hayan pasado 10 días desde la prueba de detección, o recibir dos resultados negativos en una segunda prueba con al menos 24 horas de diferencia entre ellos.

Si ha tenido contacto estrecho con una persona con COVID-19, debe permanecer en casa por 14 días a partir del momento de la exposición, advierten los CDC.

6.- Es posible reinfectarse del virus

Enfermarse dos veces de coronavirus es raro, pero posible. Se conocen casos de personas que enferman por segunda vez y dan positivo, meses después de haberse recuperado de una infección inicial. Variantes del virus, como las identificadas en Sudáfrica y Reino Unido, también han sido asociadas con reinfecciones. Por ello es importante que todas las personas, incluso aquellas que ya se enfermaron y recuperaron, respeten siempre las medidas de prevención.

Porque el virus es tan nuevo, se desconoce cuánto tiempo dura la inmunidad después de que alguien se contagia. Según los Institutos Nacionales de Salud, más del 95% de las personas que tuvieron la enfermedad desarrollaron inmunidad que duró al menos ocho meses. Sin embargo, esto puede variar de persona en persona.

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Tampoco se conoce todavía cuánto dura la inmunidad alcanzada a través de las vacunas contra el COVID-19.

Es importante recordar que haber dado positivo en la prueba de anticuerpos para el SARS-CoV-2 no necesariamente implica que se haya tenido el COVID-19, ya que estas pruebas tienen un alto margen de error. Por ello, no se puede asumir que uno es inmune contra el virus.

 

7.- La vacuna, las mascarillas, el lavado de manos y el distanciamiento social son la mejor defensa

La mejor manera de prevenir la enfermedad es evitar la exposición al virus mediante el frecuente lavado de manos con agua y jabón durante 20 segundos (o sanitizador de manos que contenga al menos 60% de alcohol), mantener al menos 6 pies de distancia con los demás y el uso permanente de la máscara al salir de casa. Evitar tocarse el rostro, limitar el contacto social evitando ir a lugares muy congregados y desinfectar las superficies que se usan con frecuencia también son medidas necesarias, recalcan las autoridades sanitarias.

Las mascarillas disminuyen la cantidad de gotas de saliva que salen de la boca y la nariz, las cuales se esparcen por el aire y superficies. Para ser eficientes, las mascarillas deben cubrir de la nariz a la barbilla, sin espacios a los lados del rostro. Las mejores son aquellas con dos o tres capas, hechas de un material que no dejen pasar la luz. Los CDC recomiendan usar dos mascarillas bien ajustadas para máxima protección.

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Las mascarillas protegen a los demás en caso de que uno esté infectado (incluso sin presentar síntomas). Está demostrado que, cuando todo el mundo las usa, son un arma poderosa para detener la propagación del virus, explica un editorial publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA). Pero su uso no reemplaza las medidas de distanciamiento social, aclaran los CDC. Hay que seguir manteniendo distancia de aproximadamente seis pies con los demás.

El uso prolongado de las máscaras no provoca intoxicación por dióxido de carbono, ni hipoxia, subraya la Organización Mundial de la Salud. Aunque sean un poco incómodas, está comprobado que no afectan la oxigenación.

Getty Images

Las vacunas son la mejor forma de reducir la posibilidad de desarrollar una enfermedad grave por el coronavirus, la cual le pueda llevar al hospital o provocarle la muerte. También ayudarán a reducir la presión sobre el sistema de salud y a acelerar la vuelta a la normalidad.

Por ello, los expertos recomiendan que se vacune en cuanto le sea posible, sin importar si le toca la vacuna de Pfizer, Moderna o Johnson & Johnson. En palabras de Anthony Fauci, el principal epidemiólogo del país: "Simplemente tome la vacuna que esté más accesible para usted".

8.- Todavía no existe una cura contra el COVID-19: no crea en remedios “milagrosos”

Ni el ajo, el limón con bicarbonato, ni el jengibre ni ningún otro remedio natural (ni que tengan propiedades antimicrobiales o fortalezcan el sistema inmune) “matan” al virus ni previenen la infección. Desde comienzos de la pandemia han estado circulando cadenas de WhatsApp con supuestas curas contra el COVID-19. No hay ningún estudio o evidencia científica respetable que valide esas afirmaciones.

También han circulado informaciones sobre algunos medicamentos para tratar o prevenir el COVID-19. Si bien hay varios ensayos clínicos en marcha, aún no está demostrado que compuestos como la hidroxicloroquina, la ivermectina u otros sean efectivos o seguros, así estén siendo promovidos en algunos lugares de América Latina. Su uso sin indicación médica puede traer peligrosos efectos secundarios.

“Si parece demasiado bueno para ser verdad, probablemente lo es”, asegura la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés) en un apartado de su página web dedicado a alertar a la población sobre estafas que proclaman vender curas para el COVID-19. “Las curas milagrosas que se apoyan en científicos o contienen ingredientes secretos probablemente son una estafa”, advierte la organización.

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Pocos medicamentos gozan de aprobación de emergencia de la FDA y se administran únicamente en hospitales a pacientes en estado de gravedad que cumplan con determinados criterios. Uno de ellos es el remdesivir, que en algunos estudios ha comprobado acortar el tiempo de recuperación en personas hospitalizadas. La efectividad del fármaco está siendo estudiado en varias partes del mundo, con resultados contradictorios.

Otros fármacos, como el olumiant, los anticuerpos monoclonales y el plasma convaleciente también han recibido autorización de la FDA para su uso de emergencia en el tratamiento de personas hospitalizadas.

La dexametasona también ha sido utilizada exitosamente en Reino Unido de forma experimental para tratar la enfermedad en pacientes en estado crítico. No obstante, la OMS advierte que el medicamento no sirve para prevenir el contagio ni para tratar síntomas leves. Este antiinflamatorio, alerta, reduce la respuesta inmune del cuerpo y puede hacer a los pacientes más propensos a contraer infecciones.

Los antibióticos no son efectivos para prevenir o tratar la enfermedad, recalca la OMS, ya que el COVID-19 es causada por un virus, no por una bacteria. Algunas personas que enferman de COVID-19 también pueden desarrollar una infección bacteriana como complicación. En este caso, un proveedor de atención sanitaria puede recomendar antibióticos, explica la OMS.

Ingerir o rociarse con un spray de cloro u otro desinfectante no te protegerá contra el nuevo coronavirus y puede ser sumamente peligroso, advierte la Organización Mundial de la Salud. Se trata de sustancias tóxicas que únicamente deben ser usadas para desinfectar superficies.

Irma Mesa, de 74 años, recibe la vacuna Pfizer-BioNTech conra el COVID-19 en el Hospital Jackson de Miami. Mesa no ha visto a sus hijos ni a sus nietos desde enero de 2020.AP

9.- Las vacunas son seguras y efectivas

Hasta ahora, tres vacunas han sido aprobadas en Estados Unidos para ser administradas en la población. Para ser autorizadas, los resultados de los ensayos clínicos de cada vacuna fueron sometidos a estudios por parte de las autoridades sanitarias y comités independientes de científicos.

La vacuna de Pfizer-BioNTech tiene una eficacia de 95% para prevenir el COVID-19, mientras que la de Moderna tiene una eficacia del 94.1%.

En Estados Unidos, la vacuna de Johnson & Johnson resultó ser 72% eficaz en la prevención de una enfermedad de moderada a grave, y evitó el 100% de las hospitalizaciones y muertes relacionadas con el COVID-19. 

Los efectos secundarios graves son muy raros. Aproximadamente 5 de cada millón de personas en los Estados Unidos han presentado una reacción alérgica severa a las vacunas, según los CDC. El país además ha registrado 1,170 reportes de muertes entre personas que han recibido la vacuna, pero en ningún caso se ha descubierto vínculo entre el deceso y la vacunación.

10.- El COVID-19 es mucho más que un resfriado: no hay que subestimarlo

Hay quienes comparan al COVID-19 con un resfriado común o con la gripe (influenza), pero si bien los síntomas pueden ser similares (fiebre, tos, escalofríos, congestión, dolor muscular), este virus tiene una tasa de mortalidad mucho más elevada y ha estado asociado a problemas de salud que van más allá de un ataque a las vías respiratorias.

Si bien la mayoría de las personas se recupera satisfactoriamente, hay reportes de pacientes que han desarrollado una respuesta inflamatoria que compromete la función de los órganos, otros que presentan coágulos sanguíneos, accidentes cerebrovasculares, falla renal, inflamación coronaria y hasta psicosis. “Todos se enfocan en la mortalidad y problemas respiratorios (…) pero el virus ciertamente tiene efectos sobre el cerebro”, dijo a Stat News, Mark George, psiquiatra y neurólogo de la Universidad Médica de Carolina del Sur.

Más de 958,400 personas se han contagiado de coronavirus y casi 13,000 han muerto en Los Ángeles hasta el miércoles. AP

En lo que va de la pandemia, se han registrado más de 109 millones de casos y más de 2 millones de muertes en el mundo. En comparación, cada año se registran entre 3 y 5 millones de casos confirmados de influenza, y entre 250,000 y 500,000 muertes en el mundo, indica un artículo de Infobae con base en data de la Organización Mundial de la Salud.

En pocas palabras, el COVID-19 ha generado más casos y muertes en una franja de tiempo menor.

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El COVID-19 se trata de una enfermedad nueva y desconocida para la humanidad. A medida que se investiga, es posible que la información cambie. Por ejemplo, al principio se creía que los síntomas se limitaban a tos, fiebre y dificultad respiratoria eran los únicos síntomas, y ahora la lista se ha expandido. Esto no quiere decir que las autoridades sanitarias como la Organización Mundial de la Salud o los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades mientan: siguen siendo las fuentes más fiables de información que debe consultar y que constantemente están actualizando la información.

Es importante saber interpretar los resultados de estudios científicos correctamente. Por ello, le recomendamos no creer cualquier cosa que lea en redes sociales y tampoco caer en teorías conspiratorias.

Con información de Nature, Stat News.