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La industria de la carne y el Gobierno de Trump pusieron en riesgo a los empleados en la pandemia para no cerrar las plantas

Un informe del Congreso sostiene que las empresas presionaron al expresidente para firmar una orden ejecutiva usando reclamaciones "sin fundamento" sobre escasez de productos y pese a saber que el coronavirus se estaba extendiendo entre sus empleados.

Por Josh Funk - The Associated Press

En el peor punto de la pandemia de coronavirus, la industria de procesamiento de carne trabajó estrechamente con sus aliados políticos en la Administración de Donald Trump para evitar restricciones sanitarias y mantener los mataderos abiertos incluso cuando el COVID-19 se propagó rápidamente entre sus trabajadores, según un informe del Congreso publicado el jueves.

El reporte del Subcomité de la Cámara de Representantes para la Crisis del Coronavirus afirma que las empresas cárnicas presionaron para mantener sus plantas abiertas a pesar de que sabían que los trabajadores estaban en alto riesgo de contraer el virus.

Esa presión llevó a los funcionarios de los Departamentos de Salud y de Trabajo a diluir sus recomendaciones para esta industria y culminó en una orden ejecutiva que Trump emitió en la primavera de 2020 designando a las plantas de carne como infraestructuras críticas que debían permanecer abiertas pese a la pandemia.

El representante demócrata Jim Clyburn, que lidera el subcomité, dijo que los funcionarios del Departamento de Agricultura (USDA, por sus siglas en inglés) y la industria cárnica priorizaron la producción y las ganancias sobre la salud de los trabajadores.

Al menos 59,000 empleados contrajeron el virus y 269 murieron.

[Según informa el diario The Washington Post, el informe denuncia que las empresas presionaron con denuncias "sin base" de que habría escasez de carne vacuna y de cerdo si cerraban las plantas.]

Foto de archivo del 7 de mayo de 2020. Los trabajadores salen de la planta de procesamiento de carne de cerdo de Tyson Foods en Logansport, Indiana.
Foto de archivo del 7 de mayo de 2020. Los trabajadores salen de la planta de procesamiento de carne de cerdo de Tyson Foods en Logansport, Indiana.AP

"La vergonzosa conducta de los ejecutivos de las empresas que persiguen el beneficio a cualquier precio durante una crisis y de los funcionarios del Gobierno deseosos de cumplir sus órdenes sin tener en cuenta el daño resultante para el público no debe repetirse nunca", dijo Clyburn.

El exsecretario de Agricultura Sonny Perdue, que ahora dirige el Sistema Universitario de Georgia, no quiso hacer comentarios el jueves. Un portavoz dijo que Perdue está centrado en "servir a los estudiantes de Georgia".

El informe se basa en las comunicaciones entre ejecutivos de la industria, grupos de presión y funcionarios del USDA y otros documentos que el comité recibió de agencias gubernamentales, Tyson Foods, Smithfield Foods, JBS, Cargill, National Beef, Hormel y otras empresas. Estas compañías controlan el 85% del mercado de la carne vacuna y el 70% de la producción del cerdo en todo el país.

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El North American Meat Institute dijo que el informe distorsiona la verdad e ignora las medidas que tomaron las empresas al gastar miles de millones de dólares para equipar nuevamente las plantas y comprar equipos de protección para los trabajadores.

"El comité ha hecho un mal servicio a la nación", dijo la presidenta del grupo comercial, Julie Anna Potts: "Podría haber tratado de aprender lo que la industria hizo para detener la propagación del COVID-19 entre los trabajadores de la carne y las aves de corral, reduciendo los casos positivos asociados con la industria mientras los casos estaban aumentando en todo el país. En lugar de e utiliza una visión retrospectiva y escoge los datos para apoyar una narrativa que no es en absoluto representativa de los primeros días de una emergencia nacional sin precedentes".

Uno de los principales sindicatos que representa a los empleados de las plantas de procesamiento condenó la forma en que la Administración Trump ayudó a la industria cárnica.

"Solo deseamos que la Administración Trump se preocupe tanto por la vida de los trabajadores como por la carne, el cerdo y los productos avícolas, cuando queríamos que las plantas avícolas cerraran para una limpieza profunda y para salvar la vida de los trabajadores", dijo Stuart Appelbaum, presidente del sindicato de tiendas minoristas, mayoristas y departamentales.

El informe señala que las empresas cárnicas tardaron en tomar medidas para proteger a los trabajadores del virus y presionaron para que las recomendaciones del Gobierno de exigir el uso de mascarillas, instalar separadores entre los puestos de trabajo y fomentar el distanciamiento social en sus plantas fueran opcionales.

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Sin embargo, la portavoz de JBS, Nikki Richardson, aseguró que la empresa "hizo todo lo posible para garantizar la seguridad de la gente que mantenía en funcionamiento la crítica cadena de suministro de alimentos".

El portavoz de Tyson Foods, Gary Mickelson, se hizo eco de ese sentimiento y dijo que la empresa ha trabajado estrechamente con las Administraciones de Trump y Biden, junto con funcionarios estatales y locales, para responder a los desafíos de la pandemia.

El portavoz de Smithfield, Jim Monroe, aseguró que la industria reaccionó rápidamente, y ha gastado más de 900 millones de dólares hasta ahora para proteger a los trabajadores.

Agregó que era apropiado que las empresas cárnicas compartieran sus preocupaciones con los funcionarios del Gobierno a medida que se desarrollaba la pandemia.

Pero el informe citó un mensaje que un ejecutivo de Koch Foods envió a un cabildero en la primavera de 2020 que dijo que la industria no debería hacer más que revisar la temperatura de los empleados en la entrada de las plantas. "¡Ahora a deshacerse de esos molestos departamentos de salud!", afirmó.

El informe dice que los funcionarios del USDA trataron de utilizar la orden ejecutiva de Trump para impedir que los funcionarios de salud estatales y locales decretaran el cierre de las plantas.

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Incluso con esos esfuerzos, la producción de carne de Estados Unidos cayó a alrededor del 60% de lo normal durante la primavera de 2020 porque varias plantas importantes se vieron obligadas a cerrar temporalmente para realizar una limpieza profunda, pruebas generalizadas y actualizaciones de seguridad o funcionaron a velocidades más lentas debido a la escasez de trabajadores. Las empresas tomaron medidas para cerrar las fábricas en consulta con los funcionarios de salud después de que se confirmaran los brotes.

“A lo largo de la pandemia hemos trabajado duro para mantener unas operaciones seguras y consistentes. Al mismo tiempo, no hemos dudado en dejar de trabajar temporalmente o reducir la capacidad de las plantas de procesamiento cuando lo hemos considerado necesario”, dijo el portavoz de Cargill, Daniel Sullivan.

Los documentos descubiertos por el comité mostraron que las empresas cárnicas presionaron fuertemente por la orden ejecutiva en parte porque creían que les ayudaría a protegerse de la responsabilidad si los trabajadores se enfermaban o morían, algo que un tribunal federal de apelaciones rechazó más tarde en una demanda contra Tyson sobre las muertes de los empleados en una planta de Iowa. Los correos electrónicos muestran que las propias empresas presentaron un borrador de la orden ejecutiva a la Administración días antes de que se emitiera.

En los primeros días de la pandemia, las empresas cárnicas sabían que el virus se estaba extendiendo rápidamente entre sus trabajadores porque las tasas de infección eran mucho más altas en las plantas y sus comunidades circundantes. El informe dice que en abril de 2020, un médico de un hospital cercano a una planta de JBS en Cactus, Texas, dijo a la empresa y a los funcionarios del Gobierno en un correo electrónico que claramente había un brote importante en la planta porque todos los pacientes de COVID-19 en el hospital trabajaban ahí o estaban relacionados con un trabajador.

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"Sus empleados enfermarán y pueden morir si esta fábrica sigue abierta", advirtió el médico.

El informe también destaca el modo en que las empresas cárnicas se opusieron agresivamente a las recomendaciones de seguridad de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional. Eso llevó a que la guía final incluyera un lenguaje que efectivamente hacía que las reglas fueran opcionales porque decía que las recomendaciones debían hacerse "si es factible" o "cuando sea posible".