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Con datos falsos, Robert Kennedy Jr. ataca las vacunas del COVID-19

El sobrino del expresidente John F. Kennedy aseguró que la inyección para prevenir el virus es mortífera, y usó información sin validar para apoyarlo. En EE.UU., más de 200 millones de personas se han inmunizado y son prueba de que las vacunas son seguras y evitan enfermarse de gravedad.

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Por Samantha Putterman — Politifact

El COVID-19 originó la mayor campaña de vacunación de la historia. Y rápidamente también surgió una implacable campaña de desinformación sobre las vacunas. 

Una de las últimas declaraciones controvertidas sobre las vacunas provino de Robert F. Kennedy Jr., sobrino del ex presidente John F. Kennedy, y una de las mayores fuentes de retórica anti-vacunas en la actualidad, mientras hablaba con legisladores de Louisiana.

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El 6 de diciembre Kennedy habló durante unos 20 minutos ante la Cámara de Louisiana, cuando se discutía una propuesta para exigir que los estudiantes se vacunen contra el COVID-19 antes de ingresar a la escuela. La reunión se alargó varias horas hasta que el Comité de Salud y Bienestar de la Cámara de Representantes votó 13-2 para oponerse a exigir la vacunación. 

Kennedy usó su tiempo para hacer una serie de declaraciones falsas y problemáticas sobre las vacunas del COVID-19 e incluso llegó a decir que los registros de vacunación “confirman que esta es la vacuna más mortífera jamás fabricada”.


Robert F. Kennedy, Jr. habla con el público luego de una audiencia para cuestionar la derogación de la excepciones religiosas a la vacunación en Nueva York, en agosto de 2019. Hans Pennink / AP

Mientras señalaba un gráfico que compila las muertes reportadas en el Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas (VAERS, por sus siglas en inglés) durante los últimos 30 años, Kennedy afirmó que hay “más personas que han muerto en ocho meses por esta vacuna que por 72 vacunas en los últimos 30 años".

Pero su afirmación es falsa y contiene varios errores que explicamos aquí, uno por uno.

VAERS no es confiable

El mayor problema son los datos de mala calidad en los que se basa Kennedy para exponer su punto.

La plataforma federal VAERS está dirigida por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). Se creó a fines de la década de 1980 para ayudar a las agencias de salud e investigadores a recopilar y analizar datos sobre las secuelas de las vacunas y detectar patrones que podrían merecen un análisis más detallado. Pero la base de datos es un sistema de acceso abierto, a diferencia de otras fuentes de datos gubernamentales, que se examinan antes de ponerlas a disposición del público.

VAERS está diseñado para que cualquier persona (padres de familia, pacientes y profesionales de la salud) pueda informar libremente sobre cualquier efecto en la salud que ocurra después de una vacuna, según explican los CDC, aunque no haya pruebas de que esos efectos son causados ​​por una vacuna.

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Los informes no se verifican antes de subirlos al sistema y allí se han incluido desde accidentes automovilísticos hasta reportes de personas que se hicieron daño a sí mismas. Aún así, cualquier persona con una computadora puede buscar los datos, descargarlos e interpretar los números como desee, lo que hace que VAERS sea un terreno fértil para la desinformación sobre las vacunas.

El motor de búsqueda VAERS tiene un aviso de responsabilidad prominente que dice: “El número de informes por sí solo no se puede interpretar ni utilizar para llegar a conclusiones sobre la existencia, gravedad, frecuencia o tasas de problemas asociados con las vacunas”. Los informes de VAERS por sí solos “no pueden usarse para determinar si una vacuna causó o contribuyó a un evento adverso o enfermedad”, señala el sitio.

Las personas que utilizan la base de datos deben hacer click en un formulario en el que aceptan que comprenden estas limitaciones.

El Dr. Paul Offit, director del Centro de Educación sobre Vacunas y médico de la División de Enfermedades Infecciosas del Hospital Infantil de Philadelphia, opina que VAERS tiene un nombre incorrecto, porque lleva a la gente a creer que si se informa algo, automáticamente es un efecto adverso de la vacuna.

“En el mejor de los casos, VAERS es un mecanismo generador de hipótesis. Realmente debería titularse ‘Sospecha de evento adverso”, explica Offit. “No hay pruebas de detección. Podría informar que su hijo recibió la vacuna y se convirtió en el Hombre Increíble”, dijo. 

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En Estados Unidos se han administrado más de 459 millones de dosis de vacunas de COVID-19 entre el 14 de diciembre de 2020 y el 29 de noviembre de 2021, según los CDC. Durante este tiempo, VAERS recibió 10,128 informes de muertes (0.0022%) entre personas que recibieron la vacuna, explicó a Politifact en un correo electrónico la portavoz de la agencia, Martha Sharan. Ese número  incluye a las personas que murieron por cualquier causa.

“Los informes de eventos adversos, incluidas las muertes, no significan necesariamente que una vacuna de COVID-19 haya causado un problema de salud”, agregó Sharan. “Las declaraciones que sugieren que los informes de muertes al VAERS después de la vacunación equivalen a muertes causadas por las vacunas son científicamente inexactas, engañosas e irresponsables”, dijo. 

Los funcionarios de salud tienen datos sobre miles de millones de personas que han recibido múltiples dosis de las vacunas de COVID-19, explicó la Dra. Rebecca Weintraub, profesora en el Departamento de Salud Global y Medicina Social de la Facultad de Medicina de Harvard.

“Así que sí, estamos seguros de que tenemos datos sólidos de que estas vacunas son tan seguras y eficaces como otras vacunas”, dijo Weintraub. “Previenen la muerte, previenen enfermedades graves y disminuyen la transmisión. Y sabemos que aquellos que están vacunados y aún así se infectaron eliminan el virus más rápido”.

En promedio, 2,800 personas mueren cada día en Estados Unidos, y los funcionarios de salud dicen que siempre habrá personas que se vacunen y que mueran después por causas no relacionadas. Esto es especialmente cierto para una vacuna que se ha aplicado a más del 70% de la población del país.

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“Hank Aaron (el ex beisbolista) es un ejemplo”, dijo Offit. “Murió de un derrame cerebral porque tenía cerca de 80 años, no por una vacuna”.

Los CDC dijeron en un correo electrónico a PolitiFact que no han detectado ningún patrón inusual o inesperado de muertes después de la inmunización, que indique que las vacunas de COVID-19 están causando o contribuyendo a las muertes. Solo se registraron seis muertes confirmadas después de la vacuna de Johnson & Johnson, debido a complicaciones de una reacción adversa rara y grave llamada síndrome de trombocitopenia. La reacción llevó a los funcionarios a pausar la aplicación de esa vacuna durante 10 días.

En un correo electrónico, la portavoz de Robert Kennedy Jr., Rita Shreffler, citó los mismos números de VAERS y dijo que un estudio de 2010 encontró que el VAERS subestima enormemente las lesiones por vacunas, que son menos del 1%.

Pero ese estudio evaluó un sistema automatizado que rastreaba los cambios de salud de un paciente después de una vacuna, en lugar del sistema de informes voluntarios del que Kennedy extrajo sus números. Kennedy tampoco explicó cómo calculó su porcentaje.

En los datos de VAERS, el subregistro varía ampliamente según el síntoma que se informa, dijo el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS por sus siglas en inglés) en su sitio web.

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“Como ejemplo, una gran cantidad de las millones de vacunas administradas cada año por inyección causan dolor, pero relativamente pocos de estos episodios conducen a un informe del VAERS”, dice el HHS. “Los médicos y los pacientes entienden que los efectos secundarios menores de las vacunas a menudo incluyen este tipo de malestar, así como fiebre baja. Por otro lado, es más probable que se notifiquen eventos médicos más graves e inesperados que los menores, especialmente cuando ocurren poco después de la vacunación, incluso si pueden ser una coincidencia y se relacionan a otras causas”.

Las vacunas contra el COVID-19 se comparan con otras vacunas

René Nájera, epidemiólogo y editor del sitio web Historia de las vacunas (History of Vaccines) del Colegio de Médicos de Philadelphia, dijo que la declaración de Kennedy es típica de los activistas contra las vacunas que hacen comentarios inflamatorios sin evidencia creíble.

Nájera dijo que es difícil comparar las vacunas del COVID-19 con las vacunas que se desarrollaron hace décadas, porque la tecnología y la comunicación ahora son mejores. En todo caso, dijo, una señal muy pequeña de una reacción adversa sería identificada y detectada más rápidamente ahora que en ese entonces.

“Primero, tuvimos la vacuna contra la viruela a principios del siglo XIX”, dijo Nájera. “Se le dio a millones de personas en todo el mundo, pero no sabemos cuántas personas pueden haber muerto por su causa; en ese entonces no existían agujas limpias. Pero sí sabemos que previno la viruela y la epidemia comenzó a desaparecer después”.

Lo más parecido a una vacuna “mortal” fue el resultado de un accidente de laboratorio, dijo Nájera, no el tratamiento en sí.

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Cuando se autorizó la vacuna contra la polio en la década de 1950, algunos laboratorios independientes comenzaron a crearla. Un laboratorio de California, Cutter Laboratories, no desactivó el virus utilizado en la vacuna como debería haberlo hecho, y miles de niños estuvieron expuestos al virus vivo de la poliomielitis. Docenas de menores murieron por esa exposición. 

Cuando se lanzó la vacuna contra la influenza en la década de 1970, se descubrió que, en muy raras ocasiones, las personas desarrollaban el síndrome de Guillain-Barré después de vacunarse. Guillain-Barré es un trastorno en el que el sistema inmunológico ataca los nervios y también puede ser el resultado de contagiarse con la influenza. 

A finales de la década de 1990, se descubrió que la vacuna del virus vivo RotaShield era una causa poco común de invaginación intestinal, un tipo de obstrucción intestinal que se produce cuando el intestino se pliega sobre sí mismo como un telescopio. Hubo una muerte y la vacuna fue retirada del mercado.

“Eso fue detectado por los mismos sistemas de vigilancia que tenemos ahora, y aunque era algo muy tratable se retiró del mercado”, dijo Nájera.

Offit explicó que, en raras ocasiones, las vacunas se han asociado con eventos adversos, incluidas las enfermedades que deben prevenir, pero que la afirmación de Kennedy “simplemente no es cierta”.

“Las inyecciones de COVID-19 son similares a otras vacunas, que tienen eventos adversos asociados”, dijo. “Las vacunas de ARNm contra el COVID-19 son una causa poco común de miocarditis. La vacuna de J&J es una causa muy poco común de coágulos de sangre, de uno entre 500,000”, dijo Offit. 

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“La vacuna contra la influenza rara vez puede causar el síndrome de Guillain-Barré. La vacuna contra la poliomielitis que usamos desde principios de los años 60 hasta la década de 2000 fue una causa poco común de poliomielitis. La vacuna contra la fiebre amarilla puede causar fiebre amarilla en aproximadamente uno de cada millón de receptores”.

Mientras tanto, pocas medidas de salud pública pueden compararse con el impacto de las vacunas, que según los analistas y funcionarios médicos han salvado más vidas que cualquier otro avance médico. 

Las vacunas han reducido las enfermedades, la discapacidad y la muerte por una variedad de enfermedades infecciosas. Un informe de 2017 destacó el impacto en Estados Unidos de la inmunización contra nueve enfermedades, incluidas la viruela, el sarampión y la poliomielitis. Se demostró que todos se habían reducido en un 90% o más

Nuestro veredicto

Kennedy afirmó que la vacuna del COVID-19 es la más mortal jamás fabricada según los reportes de muertes enviados al VAERS.

Pero VAERS es una fuente poco confiable y las agencias que lo administran dicen que sus informes no pueden usarse por sí mismos para establecer si una vacuna causó algún evento adverso.

Funcionarios de salud y expertos dijeron que las vacunas de COVID-19 son seguras y comparables a otras, y que se habrían suspendido si hubieran causado muchas muertes.

Por lo tanto, calificamos la afirmación de Kennedy como absolutamente falsa.