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Ucrania enfrenta un crudo invierno sin electricidad en medio de constantes ataques rusos a la red energética

Los residentes se abastecen de calentadores, mantas, abrigos y bancos de energía para cargar sus aparatos electrónicos, mientras Rusia ha destruido el 40% de la infraestructura electroenergética de Ucrania y sigue dirigiendo sus ataques a la red.

Por Sam Mednick - The Associated Press

Las velas decorativas que Yaroslav Vedmid compró hace más de un año tenían un propósito meramente decorativo, pero la cera derretida atestigua que han sido encendidas casi todas las noches, como consecuencia de los cortes de electricidad en toda Ucrania.

Sentado a la mesa con su mujer en un pueblo de las afueras de la capital, Kiev, ambos dicen que perdieron la cuenta de las veces que han comido a oscuras desde que los ataques rusos comenzaron a causar apagones a principios de octubre. Moscú ha declarado abiertamente su intención de atacar las infraestructuras energéticas del país y llevar a la nación a encarar el frío.

“Cuando dependes de la electricidad, lo peor es que no puedes hacer planes. Psicológicamente es muy incómodo”, afirmó Vedmid, un empresario de 44 años de Bilohorodka. Los cortes son cada vez más largos: casi 12 horas de apagones al día, relató.

Hasta ahora, Rusia ha destruido cerca del 40% de la infraestructura energética de Ucrania, afectando a 16 regiones, según el Gobierno ucraniano.

Los autos pasan en la Plaza de la Independencia en en Kiev, Ucrania, el lunes 31 de octubre de 2022.
Los autos pasan en la Plaza de la Independencia en en Kiev, Ucrania, el lunes 31 de octubre de 2022. AP

El último ataque se produjo el lunes, cuando una avalancha masiva de misiles lanzados desde cruceros y aviones no tripulados rusos impactaron a Kiev, Jarkiv y otras ciudades, dejándolas sin suministro de agua y electricidad, en una aparente respuesta a lo que Moscú llamó un ataque ucraniano a su flota en el Mar Negro.

En Kiev, alrededor del 80% de los consumidores de esta ciudad de 3 millones de habitantes se quedaron sin agua debido a los daños sufridos en una instalación eléctrica el lunes. El martes se restableció totalmente el agua y parte de la electricidad. El gobernador de la región de Kiev, Oleksiy Kuleba, informó que 20,000 apartamentos de la región seguían sin electricidad.

Un crudo invierno sin electricidad

Los imprevisibles apagones van en aumento mientras el Gobierno se esfuerza por estabilizar la red energética y reparar el sistema, de cara al invierno. Los cortes añaden otra capa de angustia e incertidumbre a una población que ya lucha contra el estrés de casi nueve meses de guerra.

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Para tratar de aliviar la carga de la gente, las compañías energéticas están publicando avisos diarios de cuándo los barrios no tendrán electricidad. Pero esto no es consistente, especialmente cuando los ataques rusos se intensifican. La semana pasada, una central eléctrica de la región central resultó dañada, lo que provocó un cierre de emergencia y llevó al Gobierno a advertir a los ciudadanos de cortes más prolongados.

“Desgraciadamente, la destrucción y los daños son graves”, aseguró el gobernador de la región de Kiev, Oleksiy Kuleba, en una publicación de Telegram. “Es necesario prepararse para cortes de energía de emergencia por un período indefinido”.

En toda la capital, los residentes se están abasteciendo de calentadores, mantas, abrigos y bancos de energía para cargar sus aparatos electrónicos. Aunque la mayoría dice estar dispuesta a soportar el peso de los apagones por tal que se resuelva la guerra, la frecuencia y longitud de los cortes son agotadores.

A partir del martes, el Gobierno planea cambiar el horario del metro de Kiev para incluir tiempos de espera más largos y así ahorrar energía.

Muchos no pueden costear generadores

El día en que The Associated Press visitó la casa de Vedmid en octubre, hubo un apagón no programado de cinco horas y luego otro programado durante la cena.

Cada vez que se corta la electricidad, la familia pierde el servicio de Internet. Como la red telefónica de la aldea también es deficiente, la familia no puede comunicarse con los demás.

Mirando su teléfono móvil, Vedmid se encoge de hombros. Google Maps no funciona, y no sabe cuánto tiempo tardará en llegar a la estación de tren para un viaje que planeaba con su mujer al campo.

Pero lo que más le preocupa son los meses que se avecinan, en los que las temperaturas podrían descender hasta los cuatro grados Fahrenheit (20 grados centígrados). “Mis mayores temores son por el invierno, porque ahora mismo la electricidad influye en nuestra comodidad pero no amenaza nuestras vidas”, aseguró.

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La familia ha encargado un generador, que debería estar instalado en diciembre, pero la demanda se ha disparado y no todos pueden permitirse comprar uno, o el combustible para hacerlo funcionar. El precio del combustible se ha duplicado desde el comienzo de la guerra, dicen los residentes locales.

Sin embargo, algunos han encontrado un lado positivo en los apagones. La esposa de Vedmid, Olena, asegura que lee más libros en lugar de usar tanto su celular para ver los últimos acontecimientos de la guerra. Eso la ayuda a sentirse menos ansiosa.

Si no fuera por los incesantes bombardeos rusos y la falta de equipos de reparación, muchos de los cuales deben ser importados, los daños podrían restablecerse en unas semanas, según los expertos en energía.

“El principal peligro son los repetidos ataques con misiles”, afirmó el profesor Gennadii Riabtsev, investigador jefe sobre seguridad energética en el Instituto Nacional de Estudios Estratégicos. Los residentes de las ciudades cercanas al frente, como Mykolaiv, Zaporizhzhia y Kharkiv, serán los que más sufran los cortes, agregó.

DTEK, la principal empresa energética de Ucrania, ha declarado que se ha quedado sin equipos para reparar. El coste de los equipos asciende a cientos de millones de dólares.

Es probable que Rusia continúe la guerra durante el invierno, con la esperanza de debilitar el apoyo occidental a Ucrania y “congelar a Europa para que se rinda”, según un informe publicado esta semana por el Instituto para el Estudio de la Guerra, un grupo de expertos con sede en Washington.

Los residentes que viven más cerca de la zona de batallas dicen que se preparan para que las condiciones empeoren.