IE 11 is not supported. For an optimal experience visit our site on another browser.

Rusia hizo estallar la bomba atómica más potente de la historia. La respuesta de Estados Unidos evitó un peligro aún mayor

La bomba del Zar era 3,333 veces más potente que la de Hiroshima. El Pentágono quería responder con una 200 veces más destructiva pero el presidente tomó otro camino.

El 30 de octubre se cumplieron 60 años desde que la Unión Soviética detonó el arma nuclear más potente del mundo: la bomba del Zar. La respuesta de Estados Unidos a ese desafío fue frenar la carrera internacional por desarrollar arsenales más letales, según un nuevo estudio difundido por el diario The New York Times.

Tras la detonación de la bomba, que tenía una fuerza 3,333 veces superior a la que Estados Unidos estalló en Hiroshima, el entonces presidente, John F. Kennedy, no sólo ignoró el llamado de los militares a favor de crear un arma más letal, sino que impulsó y firmó un pacto con el bloque soviético que excluía más superarmas.

"Está claro que Kennedy estaba indeciso pero eligió no ir en la dirección de la bomba", explica Alex Wellerstein, historiador del Stevens Institute of Technology de Hoboken, Nueva Jersey, y autor del estudio basado en documentos desclasificados recientemente.

La bomba del Zar tenía el tamaño de un autobus escolar pequeño y 50 megatones de potencia; es decir, el equivalente a 50 millones de toneladas de explosivos convencionales.

Un hombre se toma una foto frente a una réplica de la bomba del Zar en Moscú, Rusia.Maxim Zmeyev / Reuters

La agencia rusa de energía nuclear, Rosatom, publicó el año pasado un vídeo documental de 30 minutos, anteriormente secreto, que mostraba la fuerza de su detonación. La bomba causó un destello cegador y formó una inmensa nube en forma de hongo.

Su radiactividad se disparó a la estratosfera y dio la vuelta al mundo durante años.

A pesar de la respuesta precavida de Kennedy, Estados Unidos llevaba tiempo preparándose en secreto para seguir el mismo camino de la Unión Soviética, según revela la investigación de Wellerstein publicada el viernes en la revista científica Bulletin of the Atomic Scientists.

Por ese entonces, los planes estadounidenses se centraron en las bombas de hidrógeno, que en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial llegaron a un nivel aproximadamente 1,000 veces más destructivo que las armas nucleares lanzadas sobre Japón.

[Expertos internacionales detectan señales preocupantes sobre el programa nuclear de Corea del Norte]

Wellerstein cita en su estudio a Edward Teller, uno de los principales artífices de la bomba de hidrógeno, quien dijo en una reunión de 1954 de la Comisión de Energía Atómica que su laboratorio estaba trabajando en dos diseños de superbombas.

Una sería de 1,000 megatones (20 veces más potente que la que los soviéticos detonaron en 1961) y la otra de 10,000 megatones (200 veces más destructiva).

El cabildeo para el desarrollo de estas armas se intensificó cuando los militares sumaron su voz a los científicos.

En enero de 1961, cuando Kennedy asumió el cargo, los planes para construir una superbomba menor estaban avanzados. Wellerstein indicó que se le informó al nuevo presidente sobre un arma de 100 megatones que tendría seis pies de ancho y 12 pies de largo, y que era fácil de transportar y lanzar por un avión bombardero.

[El Pentágono muestra su alarma por las armas hipersónicas de China tras fracasar un ensayo militar similar de Estados Unidos]

La detonación de la bomba del Zar, en octubre de 1961, aportó una nueva urgencia a este debate. El Pentágono, según el diario citado, quería superbombas "aunque no hubiera objetivos conocidos que justificarn tales armas", explica la investigación.

Wellerstein afirmó que Robert S. McNamara, entonces secretario de Defensa, fue informado de que la Comisión de Energía Atómica estaba preparada para construir el equivalente estadounidense de la bomba del Zar. La comisión dijo que los dispositivos experimentales estarían listos para las pruebas explosivas a finales de 1963.

Ese año, sin embargo, Kennedy vio una salida a la inminente carrera armamentística. Para poner fin a las oleadas de radiación mortal de las pruebas atmosféricas y las consiguientes epidemias de cáncer y otras enfermedades que provocaban, los expertos nucleares del Gobierno estaban estallando sus dispositivos bajo tierra en Nevada.

[Corea del Norte muestra imágenes de un ensayo militar de nuevos misiles de largo alcance]

En junio de 1963, Kennedy expuso su visión de un tratado de prohibición parcial de pruebas nucleares con los soviéticos, que limitaría las pruebas nucleares a los emplazamientos subterráneos.

“Declaro ahora”, dijo en un discurso en la American University, “que Estados Unidos no se propone realizar pruebas nucleares en la atmósfera mientras otros estados no lo hagan”. Su declaración, añadió, “no sustituye a un tratado formal vinculante, pero espero que nos ayude a conseguirlo.”

[Alcalde de Nagasaki hace un llamado para un mundo sin armas nucleares]

Y lo consiguió. Negoció un tratado con Moscú que fue ratificado por el Senado. El 7 de octubre de 1963, Kennedy lo firmó y puso en vigor el acuerdo. “Por primera vez”, dijo, “hemos sido capaces de alcanzar un acuerdo que puede limitar los peligros de esta época”.