Candidatos a vicepresidente al rescate

El debate de los candidatos a vice presidente es quizá el más importante en la historia de tales debates

Columna de opinión

Por Carlos Rajo

El debate de los candidatos a vice presidente es quizá el más importante en la historia de tales debates. Nunca antes había estado tanto en juego en uno de esos encuentros y la expectativa sobre lo que harán tanto el demócrata Joe Biden como el republicano Paul Ryan es brutal.

Biden, el actual Vice Presidente, está obligado a rescatar la campaña de Barack Obama del hoyo negro en la que el presidente la puso luego de su pobre desempeño en el debate de la semana pasada.

Ryan, el congresista de Wisconsin, está obligado a mantener el repunte que ha tenido la campaña de Mitt Romney luego de todo lo que ha ganado precisamente por lo bien que estuvo el candidato en el primer debate presidencial.

La historia muestra que los debates ente los candidatos a vice presidente son algo secundario o de relativa importancia en relación tanto a la campaña en general como a los debates presidenciales en particular. Son debates que generan menor audiencia televisiva que los presidenciales y que son vistos como una especie de complemento a lo que tienen que decir los candidatos presidenciales mismos.

Una excepción a esta regla de lo secundario de los debates a VP sucedió hace cuatro años cuando el debate entre este mismo Biden y la candidata republicana Sara Palin, el cual tuvo una expectativa mayor que la de otros pero únicamente por la curiosidad que había por el desempeño de la popular -o polarizante- candidata republicana. Al final sin embargo, el debate no tuvo mayores consecuencias de cara a la elección debido a que el candidato Obama iba adelante de John McCain.

Hoy es diferente. Obama está en problemas y está urgido de que Biden de un nocaut a Ryan. Pareciera que cada dia que pasa luego del debate presidencial aparece una nueva encuesta confirmando que Romney está adelante o al menos a la par de Obama. El presidente entonces necesita parar este “derramamiento de sangre” en su campaña.

En el papel Biden está más que capacitado para golpear a Ryan. El Vice Presidente tiene una experiencia política de más de cuatro décadas (fue Senador de 1972 a 2008 y antes político local en Delaware), es un buen orador y conoce de punta a punta los programas, políticas y demás temas que se discuten en una campaña electoral. Además, a diferencia de Obama, no tiene esa característica que tiene el presidente de en ocasiones aparecer como alguien distante, profesoral y/o arrogante. Al contrario, Biden es el típico político de la vieja escuela que sabe conectarse con el público utilizando lenguaje informal que recuerda sus orígenes humildes (nació en Pennsylvania y la familia se movió a Delaware porque el padre no encontraba trabajo).

Pero esta facilidad de palabra es también -o puede ser- uno de los puntos débiles de Biden. Su locuacidad, o salirse del guion escrito, lo hace muchas veces decir cosas que no estaba supuesto a decir. Con Ryan además, corre el riesgo de verse mayor en relación a los menos años del congresista republicano (Biden tiene 70 años por 42 de Ryan).

Biden está obligado a ir a la ofensiva, a intentar poner contra la pared a Ryan, a hacer que el congresista deje el terreno de las generalidades y hable de sus planes en asuntos como el Medicare (el seguro médico para la gente mayor), el presupuesto y los recortes de impuestos. Según los demócratas, si la gente conoce los detalles de los planes de Ryan en estos temas se escandalizará por lo extremos que son.

Biden también tiene que hacer una de las tantas cosas que no hizo Obama en el debate: decirle al público cuáles serán los planes de un próximo gobierno Obama-Biden para mejorar la economía, para crear esos millones de trabajos que hacen falta, para que el que tiene trabajo obtenga mejores salarios, en fin, contraatacar la versión republicana de que Obama y su vice presidente sólo ofrecen más de lo mismo.

Ryan por su parte, también tiene enormes presiones de cara al debate. De su desempeño depende que continúe la narrativa que mucha de la prensa ha venido dando en los últimos días de que la campaña de Romney está de regreso y que la elección es moneda al aire. Y de ser posible, dar el golpe final para inclinar la balanza a favor de la boleta republicana.

Ryan igualmente tiene sus positivos y negativos. El congresista conoce mejor que nadie los grandes planes republicanos sobre la deuda y demás. No por casualidad es considerado una de las “eminencias grises” del partido republicano. El problema es que como decíamos, muchos pueden espantarse al conocer estos planes o Ryan corre el riesgo de aparecer como alguien aburrido dando detalles que nadie entiende.

Es la primera ocasión en que Ryan estará en un debate de este tipo con los reflectores de todo el país sobre él, lo cual puede poner nervioso a cualquiera. No es lo mismo ser congresista de Wisconsin que estar de pronto en el centro de la atención nacional. La ventaja que tendrá es que al menos en el papel sabe de que tiene que hablar. A diferencia de Palin, lo de Ryan es real -asuste o no en sus detalles-. El tipo ha hecho su tarea en términos de  por años haber vivido, respirado y literalmente dormido con los materiales que conforman las políticas de gobierno.

Dicho esto, hay que recordar que en varias presentaciones en televisión Ryan no ha tenido una respuesta clara a las preguntas sobre los detalles de cómo cuadra su plan de recorte de impuestos con lo que han dicho él y Romney de que no aumentarán el déficit gubernamental. Según Ryan -y Romney- estos recortes se compensarán con la eliminación de deducciones y otros beneficios que la gente reclama en su declaración de impuestos. El problema es que Ryan nunca dice qué deducciones y beneficios recortará. Con toda seguridad Biden martillará en este punto. Ryan tendrá que dar detalles.

Lo de la edad no es cosa menor. Ryan y Biden pertenecen a diferentes generaciones y es posible que para muchos votantes sea más atractivo escuchar a alguien más joven que de alguna manera se mueve más en los códigos y el universo cultural de ellos mismos. La misma juventud por supuesto, puede hacer parecer que ese mismo Ryan se vea todavía no listo para el paquete que significa ser el Vice Presidente de Estados Unidos.

Ryan llega al debate en una posición en la que nunca antes había estado la campaña republicana: subiendo en las encuestas, con buena prensa y con el ánimo en general de la base por lo alto confiados en que están ahí cerca de darle vuelta a la elección. El congresista entonces puede darse el lujo de tener un debate sin grandes destellos pero que al menos no lo haga verse mal. Si da el campanazo y mete un cuadrangular, que bueno para los republicanos, casi amarran la elección. Pero si no pasa nada, no es el fin del mundo. La campaña seguirá igual y será Romney el que tendrá de nuevo la gran responsabilidad la próxima semana.

En cierto sentido, es el Vice Presidente Biden quien la tiene más complicada. Obama lo puso contra la pared.