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Boehner en el ojo del huracán por la reforma migratoria

boehner en el ojo del huracan

Por Carlos Rajo

El destino de la reforma migratoria depende ahora en gran medida de John Boehner, el congresista republicano y presidente de la Cámara baja quien es sujeto de intensas presiones de diferentes sectores del partido republicano, unos en favor de la reforma y otros porque se rechace la ley aprobada por el Senado. 

Boehner tendrá su primera prueba de fuego este miércoles cuando presidirá una reunión privada de todos sus congresistas republicanos y en la cual se verá cuál es la tendencia que prevalece entre los 240 legisladores. Si es que hay una mayoría en favor de la reforma o es lo contrario. Será clave también en esa reunión ver a donde están las simpatías del “Speaker” Boehner respecto de la reforma migratoria (el término en inglés para designar al presidente de la Cámara baja).

Hasta hoy lo único que se sabe de Boehner es que el líder republicano no presentará ante el pleno de la Cámara el proyecto aprobado por el senado ya que según lo ha dicho, tal ley no cuenta con el apoyo de la mayoría de sus congresistas. Lo que sí hará, ha explicado, es proponer que la Cámara pase su propia ley de reforma migratoria.

Mientras tanto, y más allá de lo que decidan sus congresistas, la presión sobre Boehner y el tira y afloja entre los grupos cercanos al partido republicano no da tregua. El martes para el caso, tres organizaciones conservadoras bastante influyentes hicieron pública una carta que le enviaron a Boehner en la cual le urgen que apoye la reforma migratoria.

“El Senado pasó la semana pasada una ley que consideramos es un progreso”, se lee en la carta enviada a Boehner por el “American Action Forum”, el “Americans for Tax Reform” y el “American Conservative Union”. “Independiente de si es una ley completa o diferentes leyes, apoyamos un paquete de reforma migratoria que refleje la contribuciones económicas que los inmigrantes hacen a nuestro país”.

Los firmantes de la carta son las tres personalidades en el mundo conservador y su postura en favor de la reforma -y la presión sobre el ‘Speaker’ Boehner- reflejan el hervidero que se vive dentro del mundo republicano y conservador en torno a la reforma migratoria. 

Uno de ellos es el economista Douglas Holtz-Eakin, quien fue entre otras cosas asesor de John McCain cuando este fue candidato presidencial en 2008. El  otro es Grover Norquist, una especie de “llanero solitario” de los conservadores en su oposición a los impuestos y quien es temido por congresistas y senadores a quienes antes de cada elección les exige que firmen manifiesto en contra del aumento de impuestos. El otro es Al Cárdenas, menos influyente que los otros, pero que representa a parte del sector latino dentro de los republicanos en favor de la reforma.

Horas antes de que apareciera la carta, sin embargo, también entró en la discusión pública un artículo firmado por dos personajes -William Kristol de la revista The Weekly Standard y Rich Lowry del National Review- quienes forma parte del sector pensante de los conservadores y quienes también con gran pasión le piden a Boehner que ignore toda esta idea de pasar cuanto antes una reforma migratoria.

“No hay argumento (para pasar) la ley (del senado), y ciertamente tampoco urgencia”, señalan Kristol y Lowry. “Es claro que uno puede ser pro inmigrante y en favor de la inmigración, y aun en favor de la legalización de los 11 millones de inmigrantes que están aquí” y aun así “oponerse vigorosamente a esta ley”.

El punto central de Kristol y Lowry es que la ley que aprobó el senado “no resuelve el problema de la inmigración ilegal”, debido, según ellos, a que nadie garantiza que en diez años no habrá de nuevo varios millones de indocumentados pidiendo otra reforma migratoria. 

Este punto de los dos pensadores republicanos es debatible, por supuesto, los demócratas para el caso, dirán que en la ley del senado se han incluido suficientes candados -entre ellos la virtual ‘militarización’ de la frontera con México- para garantizar que en una década o más no habrá otros millones de indocumentados. Que además, con la implementación del programa E-Verify será muy difícil sino que imposible para un indocumentado conseguir trabajo (y que por ello menos gente intentará cruzar la frontera).

El otro argumento de Kristol y Lowry tiene que ver con “la urgencia” en pasar la ley. Según ellos, los republicanos deberían de esperar a que pasen las elecciones para congresistas y senadores de 2014 y asumiendo que conservan el control de la Cámara baja y que recuperan el control del senado, tendrían un mejor panorama político para pasar una ley de reforma migratoria más a su gusto.

“Los republicanos ansiosos por apoyar la ley (del senado) lo hacen por una cuestión de pánico político”, aseguran Kristol y Lowry, en referencia a la idea de que los republicanos deben apoyar la reforma debido a lo mal que están con los votantes latinos.

“Esto es de tontos”, sigue el argumento de los dos escritores. “¿Estamos supuestos a creer que los candidatos republicanos para el senado en estados como Arkansas, Carolina del Norte, Iowa, Virginia y Montana serán afectados si el partido no abraza la ley de inmigración de  Chuck Schumer (senador demócrata quien en gran parte escribió la ley de reforma)”.

La referencia aquí de Kristol y Lowry es que en estos estados de mayoría conservadora los republicanos no deberían de preocuparse por el voto latino y que entonces aun si votan en contra la reforma no tendrán consecuencias políticas negativas. Un argumento similar se hace en la Cámara baja, donde muchos de los congresistas republicanos son de distritos congresionales donde la mayoría de sus votantes son conservadores que se oponen a la reforma migratoria.

Otra figura republicana que se ha metido al debate sobre la reforma migratoria -y de nuevo, también ejerciendo presión sobre Boehner- es el ex presidente George W. Bush, quien en una entrevista de televisión habló en favor de la reforma. Este miércoles, además, Bush presidirá un acto oficial en la Biblioteca Presidencial en Dallas que lleva su nombre y en el cual dará un discurso con el título “En que contribuyen los inmigrantes”.

No es que el ex presidente Bush sea tan popular con los republicanos o que sea escuchado por los congresistas, en particular los cercanos al llamado Tea Party -que son quienes más se oponen a la reforma- pero lo cierto es que lo suyo no es menor y tampoco puede pasar desapercibido. El discurso llamará la atención por ser en la Biblioteca Presidencial y se pondrá énfasis en algunas ideas que no son nuevas en Bush pero que sin embargo van al corazón de la justeza de la reforma: la aportación de los inmigrantes a la economía y tejido social de Estados Unidos y la necesidad de que la sociedad muestre compasión por la situación migratoria de millones de indocumentado

“Pienso que es importante arreglar un sistema (de inmigración) descompuesto, de tratar a la gente con respeto y de tener confianza en nuestra capacidad de asimilar a la gente”, señaló Bush en la entrevista con la cadena ABC. “La razón para pasar una reforma migratoria no es para ayudar al partido republicano, es para arreglar un sistema que está quebrado”.

Ciertamente que no la tiene fácil el congresista Boehner. Mucha de la atencion del país estará puesta en los próximos días y semanas en este político nacido en Ohio, de orígenes modestos -desde niño trabajó en el bar que fundó su abuelo-, de 63 años y quien es conocido entre otras cosas porque fácilmente se le salen las lágrimas en situaciones públicas que lo emocionan.  Y conocido también, por ejercer un modo de liderazgo suave y nada autoritario, donde actúa más como un árbitro o tío bueno tratando de poner orden entre los diferentes grupos de congresistas republicanos (conservadores, ultra conservadores, etc.) que como un líder fuerte imponiendo su propia agenda. La conciencia del país y en gran medida el destino del partido republicano -más allá de lo que digan Kristol y Lowry- estarán en juego con lo que él decida. El “Speaker” Boehner está en el ojo del huracán.