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Barack Obama, ¿ingenuo u optimista?

Obama responde preguntas de Telemundo sobre la reforma migratoria

Columna de Opinión

Por Carlos Rajo

Bien sea porque es un optimista por naturaleza, bien sea porque es un ingenuo y confía en que el Congreso estará a la altura de las circunstancias, o porque sinceramente está convencido de que el clima político ha cambiado, el punto es que el Presidente Obama cree que habrá reforma migratoria pronto. A más tardar a fin de año, y quizá tan pronto como en junio.

“Estoy esperanzado que esto pueda hacerse, y no creo que debería tomar muchos, muchos meses”, señaló Obama en la entrevista que dio a Telemundo el miércoles. “Creo que esto es algo que ciertamente estaremos en capacidad de hacer este año y me gustaría si lo podemos hacer más pronto, en la mitad del año si es posible”.

Vaya semana ésta última de enero. Primero fue lo de los senadores presentado el Acuerdo bipartidario sobre los grandes parámetros de lo que debería ser la reforma migratoria, luego el presidente desde Las Vegas dando igualmente sus ideas generales sobre lo que debería incluir la ley de reforma, y hoy de nuevo el mandatario poniéndole tiempos -más temprano que tarde- al momento en que el Congreso debería de aprobar la ley.

Ojala le estén escuchando los senadores y congresistas, en particular los muchos legisladores republicanos que por años se han opuesto a la reforma migratoria. Lo que sí es claro es que todos estos eventos que se han sucedido en la semana le han dado una dinámica increíble al tema de la reforma. No es tan fácil que el presidente diga en una entrevista televisiva algo de lo que al menos no tiene cierta confianza de que se materialice.

“El punto aquí no es tanto algo técnico sino algo político”, explicó Obama en la entrevista con el presentador de Telemundo, José Díaz-Balart. “Es asunto de que republicanos y demócratas se junten y encuentren coincidencia de voluntades y luego hagan valer su caso”.

La referencia a que esto no es algo técnico tiene que ver con algo que el presidente había dicho en su discurso en Las Vegas, de que la verdad no hay mucho nuevo en todos estos proyectos, planes, acuerdos o como se le quiera llamar a todo lo que se ha hablado esta semana. Que básicamente los detalles de cualquier reforma migratoria ya los saben muchos de estos senadores y congresistas, algunos de ellos porque han participado en varios otros intentos de aprobar una reforma migratoria.

Ahí en Las Vegas incluso, Obama le dio crédito al presidente George W. Bush, señalando que muchas de las ideas que él ahora propone han sido tradicionalmente apoyadas por demócratas y republicanos (Ted Kennedy y Bush respectivamente).

El problema por supuesto, es que aun cuando lo “técnico” quizá no sea problema (requisitos y demás), lo político sigue siendo dinamita en el tema de inmigración. Es posible que el presidente base su optimismo o buenos deseos de que habrá reforma pronto, en lo que todo el mundo acepta es una nueva realidad política surgida luego de la elección presidencial de noviembre. Los latinos votaron en masa por los demócratas y el partido republicano -al menos mucha gente ahí- se ha dado cuenta que si no modifica su postura de rechazo a la reforma migratoria no podrá acercarse y eventualmente conquistar al menos una buena parte de ese voto latino.

Aun con esta nueva realidad política Obama previene de lo que vendrá. “Usted sabe, será difícil”, le advirtió a Diaz-Balart en la entrevista. Los indocumentados “tendrán que pagar una multa, tendrán que pagar impuestos pasados. (Pasar) por una revisión de antecedentes criminales”, lo mismo que aprender inglés y “trabajar duro para conseguir este increíble privilegio de ser un ciudadano de Estados Unidos”.

Y es posible que esto tome tiempo, continuó Obama en su advertencia, “pero el punto es que debe haber certidumbre para ellos de que si hacen estas cosas podrán conseguirlo (su legalización y eventual ciudadanía)”. Lo que no queremos es “una vaga promesa” de que en algún momento después de quien sabe cuanto tiempo la persona podrá conseguir la ciudadanía, detalló el mandatario.

Este punto de que exista claridad en el procedimiento de la eventual legalización no es gratuito. Obama lo repite en la entrevista con Telemundo y ya lo había dicho en Las Vegas. Es una diferencia central -la principal diríamos- con el Acuerdo de los senadores. En la visión de Obama, si la persona cumple con los requisitos es suficiente para que se anote en la fila de los que esperan una “green card” (aun si es al final de esa cola). Los senadores en cambio condicionan esta posibilidad de ir a la fila a que se hayan dado las medidas para proteger la frontera.

“Queremos darle claridad a la gente sobre cómo pueden ir avanzando (en el proceso de legalización)”, agregó Obama.

En la entrevista con Telemundo se tocó también un tema que ha pasado un tanto bajo el radar en la algarabía que se ha dado esta semana por lo de la reforma migratoria, es lo de que los potenciales beneficiarios de tal reforma seguirán sin tener acceso a los beneficios de la nueva ley de salud.

Según Obama, estos beneficiaros podrán adquirir un seguro médico bajo la nueva ley sólo que sin subsidios debido a que todavía no serán ciudadanos. “Si quieren participar y pagar por adelantado pueden inscribirse en uno de los centros de intercambio de seguro (que cada estado establecerá)”, explicó el mandatario. “La manera como hemos hecho (la ley) es que la gente de pocos ingresos obtendrán un crédito en sus impuestos para comprar el seguro. Esto es algo que hacemos (sólo) para los ciudadanos”.

Dejemos para otra ocasión el análisis en detalle de este tema y lo que dijo el presidente. Baste decir que en el país si alguien es residente legal tiene en muchos casos -y éste del seguro médico debería de ser uno de ellos- los mismos derechos que alguien que es ciudadano. Lo que la ley de seguro médico establece es que los indocumentados ciertamente no tendrán acceso a ningún beneficio. Y el detalle por supuesto, es que esos potenciales beneficiarios de la reforma migratoria en determinado momento serán residentes legales.

Otro tema también relativamente espinoso del cual fue preguntado el presidente es el relativo a las deportaciones, que aun con todo el ruido de la posible reforma migratoria siguen dándose en números alarmantes. Obama dijo “no tener que pedir perdón” por simplemente hacer que se cumplan las leyes y que se “fortalezca la seguridad fronteriza”.

La respuesta no sorprende, es básicamente recordar que es lo que hace un presidente: hacer que se cumpla la ley. El tema sin embargo, está lleno de una tremenda carga emocional para muchos latinos. En los dos últimos años se han deportado un promedio de más de 400 mil indocumentados por año, causando infinidad de dramas familiares con padres y/o madres deportados y en muchos casos sus hijos quedándose solos en Estados Unidos o al cuidado de un familiar o amigo.

En el tema del control de armas, Obama recordó en la entrevista lo necesario de que haya un “sistema integrado” de leyes para que las comunidades puedan protegerse de la violencia con armas de fuego. Insistió en la urgencia de que el Congreso actúe y repitió lo que ha dicho muchas veces: que este esfuerzo porque haya más control de armas no tiene nada que ver “con quitarle las armas a la gente. Nadie está hablando de que de alguna manera se violará la Segunda Enmienda (de la Constitución)”, aseguró el presidente.

Hay que tomarle la palabra al presidente en lo de inmigración. Hoy cada día que pasa será un día menos en ese plazo que él mismo de alguna manera se ha puesto. Y no importa cuál sea la base de su optimismo. Sea por ingenuidad o porque de veras sabe medir la temperatura tanto en los corredores del poder en Washington como en el resto del país, ojala esté en lo cierto de que habrá reforma migratoria en unos meses.