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108 Horas: En busca de los responsables de las explosiones en Boston

108 Horas: En busca de los responsables de las explosiones en Boston

Por: Tom Winter, Mario García, Mónica Alba

NBCNews

Jeff Bauman estaba esperando que su novia cruzara la meta del Maratón de Boston aquella tarde fresca de abril, cuando de repente vio al joven con gorra negra de béisbol y espejuelos de sol que parecía no pertenecer al lugar.

(Para ver la segunda parte de este artículo haz click aquí)

“Me acuerdo que este muchacho estaba parado cerca de mí,” dijo Bauman. “El parecía fuera de lugar. Todos allí estaban disfrutando, aplaudiendo, tomando fotos, y él estaba parado allí con su mochila, como si nada.”

Minutos después, a las 2:49 de ese día 15 de abril del 2013, explotaron dos bombas que estaban escondidas en mochilas, a 13 segundos de diferencia entre ellas, lanzando pedazos de metal a la multitud que estaba concentrada cerca de la meta del maratón en la Calle Boylston. La explosión provocó  la muerte a tres personas e hirió a otras 264, incluyendo a Bauman,  y desató la persecución  de los asesinos que terminó  casi 100 horas más tarde en el patio de una casa de los suburbios de Boston.

Los siguientes cuatro días fueron “frenéticos…intensos”, dijo el Comisario de la Policía de Boston, Ed Davis, a NBC.

“Teníamos a personas sueltas con intenciones maléficas,” dijo Davis, “que sentíamos que eran peligrosas y era muy importante arrestarlos rápido.”

NBC ha recreado lo sucedido durante la búsqueda de los perpetradores a través de las entrevistas realizadas a los sobrevivientes, testigos y oficiales de la policía. 

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Después de la explosión, Davis se apresuró  a llegar a la línea de la meta. “Vi una escena de devastación,” recordó. “Era una escena como de campo de guerra.”

La explosión de las mochilas repletas de metal desgarró la piel a muchos de los espectadores, provocando que catorce de ellas perdieran alguna parte de sus cuerpos.

Jeff Bauman pensó que algo había salido mal con los fuegos artificiales porque la explosión lo tumbó. Entonces, se dio cuenta de lo que le había pasado a sus piernas.

Celeste Corcoran, quien estaba cerca de la meta esperando que su hermana Carmen completara su primer maratón, cayó con las piernas destrozadas y los oídos reventados.

Su hija Sydney, de 17 años, se derrumbó en el pavimento cuando un trozo de metal le destrozó la arteria femoral de la pierna derecha. Una persona desconocida acudió  inmediatamente a ayudarla, actitud que se repetiría una y otra vez en la escena. 

“Me acuerdo estar tirada en el piso, mirando hacia arriba y ahí estaba un hombre con su frente junto a la mía diciéndome que iba a estar bien,”  dijo Sydney. Ese extraño y otro más, rasgaron sus camisas para hacer un torniquete en su pierna.

Sydney, Celeste y Bauman fueron rápidamente trasladados a los hospitales cercanos. Sydney no sabía lo que le había pasado a su madre, y ni imaginaba que estuviera en el mismo hospital, Boston Medical Center, para una cirugía de emergencia.

Celeste tenía que firmar la autorización para que le extirparan lo que quedaba de sus piernas. “Yo sólo miré al doctor y dije “¿las dos piernas?”, recuerda Celeste. El doctor asintió. Ella firmó la autorización. “Lo único que podía pensar en ese momento era que me quitaran el dolor.”

Desde la zona de la explosión, el Comisario Davis ordenó bloquear el acceso a un área de 15 cuadras a la redonda y pidió la ayuda del FBI. 

Rick DesLauriers, quien era el agente especial del FBI en Boston, miraba desde su oficina el humo que salía de Boylston cuando recibió la llamada de Davis.  Recordó DesLauriers que “Ed dijo, envíame a los expertos en bombas y a los equipos especiales (SWAT) lo más rápido posible.”

En pocas horas, el FBI se puso a cargo de la investigación, la que adquirió carácter federal.

Técnicos especializados en encontrar evidencias examinaron los restos de sangre, vidrio, y ropa esparcidos por el lugar.

“Ellos sabían que buscar,” dijo Davis. “A la hora, ya había sido identificado y asegurado una parte del artefacto detonante.”

Ese descubrimiento, junto a la evidencia de que las bombas fueron hechas con ollas de presión rellenas de pedazos de metal, confirmó la sospecha de Davis sobre la participación de terroristas. En la búsqueda también encontraron nylon negro procedente de una mochila.

El Comisario había estado temprano en la mañana entre la multitud que miraba la carrera y se dio cuenta de la cantidad de personas que hacían fotos y videos con los teléfonos móviles. “Estaba seguro de que nadie podría haber pasado por allí sin haber sido captado en una foto,” dijo.

El martes en la mañana, DesLauriers pidió a través de la televisión a todos lo que habían  estado cerca de la meta que enviaran sus fotos y videos para ayudar en la búsqueda de los culpables. Los investigadores  recibieron inmediatamente los materiales que fueron revisados por más de 120 analistas y agentes del FBI en su laboratorio de Virginia.

Mientras tanto, la clave del caso aparecería esa misma mañana, a sólo 24 horas de haber finalizado el maratón.