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Estados Unidos suma más de 400,000 muertos por coronavirus pero no todos son estadounidenses

Ahora que Biden busca acelerar la vacunación contra el COVID-19 es importante recordar que dos de cada cinco fallecidos eran hispanos, entre ellos inmigrantes indocumentados, quienes han sido relegados en la fila de espera para vacunarse.
/ Source: Telemundo

En su discurso inaugural, el presidente, Joe Biden, recordó que la pandemia de COVID-19 “ya le quitó la vida a más de 400,000 estadounidenses”. Y este jueves lanzó su plan nacional para redoblar el combate a la pandemia, que probablemente habrá cobrado la vida de medio millón de personas en Estados Unidos para finales de febrero, según prevén las autoridades sanitarias. 

¿Es cierto que las 400,000 víctimas de la pandemia en el país son estadounidenses? Las palabras de Biden necesitan contexto para visibilizar el efecto real de la pandemia en las comunidades latinas, conformadas en su mayoría por inmigrantes.

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Que la población latina ha sido impactada por el coronavirus de manera desproporcionada —su tasa de muerte es casi tres veces mayor que la de la población blanca— no es ninguna novedad. Pero en momentos en que el nuevo gobierno de Joe Biden se apresta a acelerar la campaña de vacunación nacional contra la COVID-19, se hace necesario enfatizar por qué es vital que la población hispana sea alcanzada por ese masivo esfuerzo.    

Según los datos más recientes compartidos por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), de 329,593 fallecidos registrados hasta el 13 de enero, cerca de 72,000, o 22%, eran hispanos. Estos representan alrededor de dos de cada cinco fallecidos. Es importante aclarar que los datos de los CDC tienen un retraso de entre una a ocho semanas, o más, debido al tiempo entre que ocurre un fallecimiento y cuando se redacta el certificado de defunción. 

La proporción de latinos que han fallecido durante la pandemia supera el porcentaje de latinos en integran la población total de Estados Unidos: 18.5%. Se estima que 1 de cada 1,000 latinos en el país ha muerto de COVID-19 frente a 1 en cada 1,030 personas blancas. Los hispanos, además, lideran las muertes de las personas entre 0 y 54 años, y en varios estados como Alabama, Connecticut, Delaware, Mississippi, Ohio y Carolina del Sur, los hispanos muertos por COVID-19 duplican el porcentaje de hispanos que residen allí. 

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Dentro de la ya golpeada población latina, sin embargo, hay un grupo en particular que ha sido devastado: los inmigrantes. 

Es difícil establecer el número de inmigrantes que han fallecido a causa del coronavirus, pero estudios y datos publicados durante la pandemia nos dan algunas pistas:

El Pew Research Center estima que más de un tercio de los latinos que residen en Estados Unidos son inmigrantes. Si, como mencionamos más arriba, cerca de 72,000 hispanos han muerto por COVID-19, podríamos estimar que, por lo menos, unas 25,000 víctimas de la pandemia fueron inmigrantes, indocumentados y residentes legales.   

Lost on the Frontline es un proyecto del diario The Guardian y Kaiser Health News que mantiene un conteo de los trabajadores de la salud que han fallecido en la pandemia y a quienes humaniza a través de reportajes sobre sus vidas. Hasta el 20 de enero, el proyecto había contado 3,248 fallecidos, 15% de ellos latinos. Más de un tercio del total eran inmigrantes de países de todo el mundo, incluyendo México, Cuba, República Dominicana, Colombia y Perú. 

Tomando en cuenta que 30% de los doctores y más de 16% de las enfermeras que trabajan en Estados Unidos son inmigrantes, la probabilidad de más muertes dentro de esta población no es baja. Es más, 60% de los trabajadores en puestos que no han descansado durante la pandemia, como la agricultura, la pesca, y los servicios, son inmigrantes. Es más, existen cifras que señalan que menos del 30% de los inmigrantes ocupan trabajos que pueden hacer desde casa.      

Un número más claro entre los inmigrantes que han muerto por COVID-19 son aquellos indocumentados que se encontraban detenidos por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por su sigla en inglés). Hasta el 19 de enero, ocho inmigrantes habían fallecido bajo su cuidado durante la pandemia, casi todos latinos. Otros 580 de cerca de 15,000 que permanecen en custodia de ICE han dado positivo al virus. Las cifras, dicen los defensores de los inmigrantes, podrían ser aún más altas porque ICE no registra las muertes de personas que se contagiaron en sus instalaciones, pero fallecieron después de ser liberados o deportados.  

Algo que debería interesarles a las autoridades de salud es que combatir el coronavirus dentro de los centros de detención de ICE no solo beneficia a los inmigrantes, sino también a la población en general. Un estudio publicado en diciembre por la Detention Watch Network, una coalición nacional que busca la abolición de la detención migratoria, identificó 245,000 casos como “el resultado de una transmisión comunitaria (descontrolada) de COVID-19 más allá de las paredes y rejas de instalaciones de ICE”.

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Con estos datos, y entendiendo que Biden probablemente utiliza la palabra “estadounidenses” con un enfoque general de la población afectada en el país, es justo también explicar que entre las víctimas de la pandemia hay un número importante de hispanos, cuya tasa de hospitalización y muerte es mayor que la de las personas blancas. Estos datos son relevantes especialmente ahora que algunos políticos ya han anunciado su intención de dejar a los indocumentados de últimos en las listas de vacunación en algunos estados.