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Trump sorprende a un locutor de radio al concederle un indulto que no había pedido

Con 19 años, Gary Hendler tenía un auto de lujo y pasaba sus días con los artistas más famosos. Pero, junto a unos amigos, decidió dar un paso que terminó por descarrilar su vida.
Antes de que acabara su administración, Donald Trump otorgó indulto presidencial a más de 70 personas.
Antes de que acabara su administración, Donald Trump otorgó indulto presidencial a más de 70 personas.AP
/ Source: Telemundo

Por Rick Shapiro - NBC News

Mientras revisaba la lista de personas que recibieron un indulto presidencial por parte de Donald Trump en la mañana del miércoles, uno sobresalió como si hubiera sido escrito en brillantes letras rojas.

No era Steve Bannon, el exasesor de Trump. No era Lil Wayne, el famoso rapero.

Esta persona no tenía conexión con Trump y nunca ha grabado un disco de hip-hop.

Su nombre es Gary Hendler. Es mi tío.

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El tío Gary, de 67 años, se declaró culpable de cargos por conspiración de drogas en 1984, pero no pasó tiempo en prisión, y nunca esperó recibir un indulto de Trump.

Ello por una buena razón: nunca solicitó uno de él.

Sí envió una solicitud de indulto de 90 páginas al Departamento de Justicia del expresidente Barack Obama en 2016. Pero todo parecía haber sido para nada.

Obama le otorgó algún tipo de clemencia a 1,927 personas al final de su segundo mandato, pero Gary no estaba entre ellos.

“Pensé que eso había sido el fin de todo para mí”, dijo Gary, un locutor de radio y exadicto que había pasado más de 30 años ayudando a las personas a recuperarse de las adicciones.

Él había tenido cero contacto con la Administración Trump en los últimos cuatro años. Nadie siquiera se puso en contacto con él para hacerle saber que un indulto estaba en camino.

“No podía creerlo”, dijo, usando una grosería como énfasis, cuando se le preguntó por su reacción a la noticia.

Dijo que revisó la lista por mera curiosidad cuando despertó la mañana del miércoles.

“Era su última noche en la Casa Blanca. Sabía que iba a indultar personas”, dijo Gary, quien votó por Joe Biden. “¿Pensaba que iba a estar en la lista?", se pregunta, "era algo tan remoto que ni siquiera era gracioso”.

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La historia de Gary comenzó en 1973, cuando se enganchó con la metacualona, una droga recreacional de los años 1970 mientras atendía la Universidad de Temple en Philadelphia.

Él no era un estudiante universitario promedio. Ya había experimentado un poco de una vida rápida mientras trabajaba en una empresa de distribución de discos basada en Philadelphia durante la preparatoria.

“Yo tenía 19 años, y tenía un Bentley”, dijo, “y me estaba reuniendo con los artistas más famosos del mundo: los Temptations, los Four Tops, Barry Manilow”.

Tres amigos con adicciones y él abrieron una “clínica del estrés”en 1991 en el área de Philadelphia y contrataron un psiquiatra para prescribir metacualona a cualquiera que preguntara. 

Los socios de Gary cortaron lazos con él un mes después, antes de que cualquiera hiciera alguna ganancia del negocio, dijo. Él vagó por las calles el siguiente año antes de entrar a rehabilitación en 1982.

“La única cosa buena que resultó de ser sacado de la clínica es que me obligó a confrontar la vida que había estado viviendo”, escribió en su solicitid de indulto de 2006.

“Alrededor de un año después, en mayo de 1982, me registré en un programa de tratamiento de adicciones en el Hospital de Pennsylvania que salvó mi vida”.

La clínica permaneció abierta hasta 1984, cuando agentes federales hicieron una redada en el negocio y arrestaron a sus antiguos socios, así como a los doctores y los farmacéuticos que trabajaban para ellos.

Gary, cuyo nombre seguía en los documentos corporativos, fue interrogado. Estaba sobrio y a punto de casarse: “Había dado vuelta a mi vida y veía mi implicación en la clínica solo como un capítulo malo de mi vida”, escribió en una solicitud a la Casa Blanca de Obama.

Él acordó declararse culpable y cooperar con el Gobierno. Fue sentenciado a tres años de libertad condicional supervisada y una multa de 300 dólares.

“Soy afortunado”, dijo en entrevista el miércoles, “si no fuera por nuestra pelea, habría ido a prisión con el resto de ellos”.

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Eventualmente se convirtió en padre de dos hijas y lanzó un exitosa negocio de bienes raíces en el área de Philadelphia.

En 1985, inició reuniones con Alcohólicos Anónimos en una sinagoga afuera de Philadelphia que continúa al día de hoy. También es anfitrión de un programa de radio, Clean and Sober Radio, donde participan músicos, atletas y figuras de la política que discuten su lucha con el abuso de sustancias.

En 2015, el gobernador, Tom Wolf, lo nombró para servir en el Consejo Asesor de Pennsylvania sobre el Abuso de Drogas y Alcohol.

"Ha asesorado a muchas personas en su camino hacia la sobriedad con sus transmisiones de radio", se lee en la descripción de Gary publicada por la Administración Trump.

"Su exoficial de libertad condicional señaló que se había vuelto 'integral' en las vidas de muchos miembros de la comunidad que estaban lidiando con problemas de abuso de sustancias", añadía. 

Gary, que vive con su esposa en Ardmore, Pensilvania, dijo que agentes del FBI lo visitaron y realizaron entrevistas con sus vecinos y familiares en 2016. Todavía no tiene idea de cómo terminó su nombre entre los que llegaron al escritorio de Trump.

Su abogada de indultos, Margaret Love, dijo que el lenguaje en la descripción de Gary -que el indulto fue apoyado por el ex fiscal general adjunto, Rod Rosenstein, y la Oficina del Fiscal de Indultos- muestra que pasó por el proceso normal del Departamento de Justicia al escritorio del presidente.

"Fue totalmente normal", dijo Love, quien dirigió la Oficina del Abogado de Indultos durante el período de sesiones de George H.W. Bush y Bill Clinton.

"Sin alegatos especiales ni tráfico de influencias. De las 149 solicitudes, solo 18 pasaron por el proceso del Departamento de Justicia. Es afortunado", añadió.

Gary dijo que rompió a llorar cuando vio su nombre en la lista de indultos el miércoles por la mañana. Todavía recuerda la fecha exacta en la que consumió drogas o alcohol por última vez: el 3 de mayo de 1982: "Es el capítulo final, el cierre de mi vida en la adicción y todas las cosas horribles que vinieron con ella".