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Las 7 grandes mentiras de Trump en la Casa Blanca

Una promesa vacía a miles de inmigrantes, tonterías o locuras sobre una enfermedad que supera ya los 400,000 muertos, una catarata de falsedades que incitaron una rebelión sediciosa… Estas son las mentiras más escandalosas, pero hay muchas más.
/ Source: Telemundo

Una de las características más consistentes del Gobierno de Donald Trump fue la desinformación. Las afirmaciones falsas o inexactas de sus voceros y algunos de sus asesores fueron objeto de críticas y burlas en las redes sociales y los medios de comunicación durante sus cuatro años de mandato. Pero fue el propio presidente el gran abanderado de esa máquina de mentiras que operó en la Casa Blanca desde enero de 2017.

Según una estimación del diario Washington Post, Trump hizo cerca de 30,000 comentarios falsos o engañosos en los cuatro años de su presidencia. Muchas, fueron mentiras absurdas, contrarias a su investidura. Pero otras fueron tan peligrosas que tuvieron efectos reales en la población, el sistema institucional y los pilares democráticos del país. 

El equipo de verificación de Noticias Telemundo con el aporte de los editores de la organización Politifact, escogió las grandes mentiras de Trump durante su mandato; aquellas afirmaciones que tuvieron consecuencias desastrosas para algunas personas, las que impactaron en las comunidades latinas dentro y fuera del país o representaron una amenaza real a la democracia estadounidense. A continuación, nuestra lista, sin ningún orden en particular: todas son como mínimo gravísimas. 

  • “Para abril, cuando empiece a calentar, [el virus] milagrosamente se irá”

Trump minimizó el coronavirus desde el primer día en que se tuvo noticia de la pandemia y aseguró en múltiples ocasiones que pronto desaparecería. Para ser exactos, lo dijo 40 veces entre el 10 de febrero y el 31 de octubre de 2020, según un conteo que llevó el diario The Washington Post.  

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El 7 de febrero, escribió en su cuenta en Twitter, ahora suspendida, que había hablado con el presidente chino, Xi Jinping, y vaticinó un manejo exitoso del coronavirus en China, “especialmente a medida que la temperatura caliente y el virus, con suerte, se debilite y luego desaparezca”

Días después, el 10 de febrero, en un encuentro con gobernadores estatales en la Casa Blanca, Trump repitió el mensaje: “Durante el mes de abril, el calor, hablando en líneas generales, mata a este tipo de virus”. Horas más tarde, en un mitin en Nueva Hampshire en plena campaña presidencial, lo volvió a asegurar: “Para abril, cuando [la temperatura] empiece a calentar, por milagro se va”.

Para entonces, de un total de 1,018 fallecidos por COVID-19 en el mundo, solo una persona había muerto fuera de China. Estados Unidos registraba solo 13 infecciones

Sin embargo, un mes después, cuando la Organización Mundial de la Salud declaró el coronavirus una pandemia el 11 de marzo, Trump siguió desestimando el coronavirus. Al día siguiente, desde la Oficina Oval y en compañía del primer ministro de Irlanda, dijo que la pandemia era “una cuestión de tiempo; creo que se va a ir bastante rápido”

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Rápida había sido la expansión del coronavirus. En un mes, los países y territorios afectados pasaron de 25 a 117 y las muertes fuera de China habían pasado de una a 1,440. A inicios de marzo los casos en Estados Unidos se habían elevado de 13 a 987 y de no registrar fallecidos, la cifra oficial de muertos era 29.

En abril, cuando, según Trump, el virus debía desaparecer “milagrosamente”, Estados Unidos ya era el país con más casos confirmados del nuevo coronavirus en el mundo, cerrando el mes con más de 1 millón de infectados y más de 52,000 muertos. Aun así, Trump seguía insistiendo en que la pandemia desaparecería pronto. “Se va a ir”, dijo el 28 de abril, en una conferencia de prensa. En los meses siguientes y pese a cifras cada vez más dolorosas, se mantuvo firme en una afirmación que había resultado ampliamente una mentira.

A inicios de septiembre se reveló un audio grabado por el periodista Bob Woodward en marzo, en el que Trump reconocía que le restó importancia a la gravedad de la pandemia a propósito: “Todavía me gusta minimizarlo porque no quiero crear pánico”.

Incluso el 31 de octubre, Trump dijo que con o sin una vacuna para luchar contra la COVID-19, el virus: “va a desaparecer”. Ese mismo día, Estados Unidos registró un nuevo récord global al anunciar casi 100,000 nuevas infecciones en un solo día

A finales de 2020, una de cada 1,000 personas en Estados Unidos había muerto de COVID-19. El primer día del nuevo año, el país cruzó la marca de los 20 millones de personas infectadas y reportó la pérdida de un total de 350,000 vidas. Ahora, el número de contagiados se ha incrementado a más de 23 millones y el número de fallecidos rebasó los 400,000.

  • La falsas acusaciones de fraude y una elección presidencial robada

Un día después de las elecciones, el pasado 4 de noviembre, Trump se pronunció desde la Casa Blanca sobre los resultados que se inclinaban ya a favor de su contrincante, el democrata Joe Biden. “Esto es un fraude para el pueblo estadounidense, es una vergüenza para nuestro país”, dijo, “francamente, ganamos estas elecciones”.

Horas antes lo había dicho también en Twitter, denunciando que él había ganado por un alto margen y que “están tratando de ROBAR la elección”.

Conforme los votos seguían favoreciendo a Biden, Trump continuó denunciando un fraude electoral y emprendió más de 50 batallas legales para intentar detener el conteo de votos o revertir los resultados en estados que ya habían declarado a Biden como presidente electo. Sin embargo, ninguna de sus demandas prosperó porque nunca pudo presentar evidencia convincente de ningún fraude. 

Trump llegó incluso a acudir a la Corte Suprema para anular la certificación de Biden como ganador en las elecciones en Pennsylvania, un estado que él había anticipado que ganaría. Pero el 8 de diciembre, el máximo tribunal rechazó el pedido. Ese mismo día, la corte también desestimó un pedido para declarar a Trump ganador en Nevada

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El 14 de diciembre, el Colegio Electoral confirmó la victoria de Biden, quien recibió 306 votos frente a 232 de Trump. Biden también superó a Trump en el voto popular por más de siete millones. Con 81.2 millones de votos a su favor, Biden fue el candidato con más votos en la historia de Estados Unidos

Aun así, Trump siguió arremetiendo contra los resultados. En días posteriores, siguió lanzando denuncias falsas en Twitter sobre las elecciones con frases como “tremenda evidencia de fraude electoral”“la fraudulenta elección de 2020” y “muchos miles de votos de no ciudadanos en Nevada”. Estos y muchos otros mensajes, incluyendo en Navidad, fueron marcados por Twitter por carecer de veracidad. En la última semana de 2020, un nuevo intento republicano de invalidar votos a favor de Biden también fracasó

En el mayor ejemplo de la toxicidad de las mentiras de Trump sobre el resultado de las elecciones, el 6 de enero, cuando el Congreso se encontraba contando los votos del Colegio Electoral para certificar la victoria de Biden, cientos de partidarios del presidente invadieron violentamente el Capitolio en un evento sin precedentes.

Lejos de pedirles a sus seguidores que se retiren de las instalaciones del Congreso, Trump siguió insistiendo en la mentira del fraude electoral, por lo que Twitter no solo eliminó tres de sus mensajes dañinos, incluyendo un video, sino que suspendió su cuenta por 12 horas. En el video, Trump les dijo a los manifestantes “los amamos, son muy especiales”. 

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Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, difundió un mensaje el 7 de enero asegurando que “los eventos impactantes de las últimas 24 horas claramente demuestran que el presidente tiene la intención de usar lo que resta de su tiempo en el cargo para socavar la transición pacífica y legal de poder a su sucesor elegido, Joe Biden”, y anunció la suspensión indefinida y por lo menos por dos semanas de las cuentas del presidente tanto en Facebook como en Instagram. Cinco personas murieron en los hechos de aquel día. 

En la madrugada del 7 de enero, Trump dijo en un comunicado que habría “una transición ordenada el 20 de enero”. Pero insistió: “Estoy totalmente en desacuerdo con el resultado de la elección”.

Esa misma noche, publicó un video en el que habló directamente a los manifestantes diciéndoles que “los que rompieron la ley, van a pagar”. Pero no reconoció el resultado de las elecciones, sino que defendió sus múltiples y fallidas batallas legales para revertirlo diciendo que su único objetivo era “defender la integridad del voto y al hacerlo estaba luchando por defender la democracia estadounidense”, poniendo en duda la legalidad de unas elecciones avaladas una y otra vez por las autoridades electorales de cada estado y las cortes. 

El 8 de enero, después de su castigo de las 12 horas, Trump volvió a la red social para anunciar que no asistiría a la toma de posesión de Biden y llamar a sus seguidores “grandes patriotas estadounidenses”. Fue entonces que Twitter decidió suspender la cuenta del presidente de manera permanente “debido al riesgo de una mayor incitación a la violencia”.

  • La supuesta aprobación de la hidroxicloroquina

El 19 de marzo del 2020, durante una actualización sobre la situación de la pandemia en Estados Unidos, Trump dijo a reporteros que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) había sometido la hidroxicloroquina a un proceso de aprobación expedito y que había autorizado su uso para tratar el coronavirus. “Ha sido aprobada”, dijo sobre el medicamento usualmente usado contra la malaria, el lupus y la artritis reumatoide.

Sin embargo, minutos después, desde el mismo podio, el jefe de la FDA, Steven Hahn, debió desmentir al presidente. Dijo que Trump les había ordenado evaluar el medicamento, pero que su departamento quería hacerlo dentro de una “prueba clínica extensa y pragmática para recoger esa información y responder las preguntas que necesitan ser contestadas”.

Dos días después, haciendo oídos sordos a lo que dijo Hahn, Trump escribió en Twitter que la hidroxicloroquina junto con la azitromicina —que se usa para tratar infecciones bacterianas como la bronquitis y la neumonía—, “tomadas juntas, tienen una oportunidad real de ser una de las mayores revoluciones en la historia de la medicina”

Sin embargo, el mensaje de Trump ya había llegado a la población y menos de una semana después, una pareja sextegenaria en Arizona consumió fosfato de cloroquina para protegerse del coronavirus. El hombre murió y la mujer llegó al hospital en estado crítico, aunque sobrevivió. “Trump seguía diciendo que era prácticamente una cura”, dijo la viuda a la cadena NBC.   

Hasta la fecha no se ha demostrado ningún beneficio clínico de la hidroxicloroquina o la cloroquina en el tratamiento de la COVID-19. “Los datos actuales indican que no reducen la mortalidad de los pacientes de COVID-19 hospitalizados ni son de ayuda para las personas con síntomas moderados de esta enfermedad”, ha dicho la Organización Mundial de la Salud (OMS), que además advirtió que si se toman sin supervisión médica, “pueden ocasionar efectos secundarios graves, por lo que deben evitarse”.

La FDA también ha advertido sobre su consumo “debido al riesgo de problemas con el ritmo cardíaco”.

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No fue la única vez que Trump alentó el consumo de remedios no comprobados ni aprobados para tratar el coronavirus. Un mes después, en una conferencia de prensa el 23 de abril en la Casa Blanca, Trump le pidió a su equipo para el coronavirus investigar si un desinfectante podría ser usado como remedio. “Veo que el desinfectante lo mata en un minuto, un minuto. ¿Habrá manera de hacer algo así a través de una inyección o casi una limpieza?”, dijo.

Los comentarios del entonces presidente fueron inmediatamente criticados y provocaron que incluso los fabricantes de desinfectantes salieran a advertir a la población de los riesgos de consumirlos. “Bajo ninguna circunstancia nuestros productos desinfectantes deben administrarse en el cuerpo humano”, dijo en un comunicado el fabricante de Lysol y otros productos. 

  • “Tenemos que separar familias. Los demócratas nos dieron esa ley”

La separación de miles de familias migrantes en la frontera es recordada como una de las políticas más crueles de la presidencia de Trump, una decisión de su gobierno por la que culpó sin razón a los demócratas.

El 16 de mayo de 2018, durante una mesa redonda en la Casa Blanca sobre las políticas del estado santuario de California, Trump señaló falsamente: “Tenemos que separar familias. Los demócratas nos dieron esa ley. Es una cosa horrible que tengamos que separar familias, los demócratas nos dieron esa ley y no quieren hacer nada al respecto”.

Una imagen icónica del 2018. María Meza, de Honduras, huye con sus dos hijas de 5 años de los gases lacrimógenos que lanzó la Patrulla Fronteriza a un grupo de inmigrantes en Tijuana, en la frontera con México, el 25 de noviembre de 2018.Kim Kyung-Hoon/Reuters

Además de responsabilizar a los demócratas por la separación de familias, Trump también quiso culparlos por una falta de legislación migratoria. Pero en ese entonces, tanto el Senado como la Casa de Representantes, donde se crean las leyes, eran liderados por los republicanos

Aun así, Trump siguió insistiendo en su mentira en Twitter (su cuenta ya fue desactivada). Días después de la reunión en la Casa Blanca, escribió: “Presionen a los demócratas para que pongan fin a esta horrible ley que separa niños de sus padres cuando cruzan la frontera”.

Un mes después, el 5 de junio de 2018, volvió a decir que la separación de familias era “culpa de una mala legislación aprobada por los demócratas. Las leyes de seguridad fronteriza deben cambiar, ¡pero los demócratas no se pueden poner de acuerdo!” Y el 16 de junio, exclamó que “¡Los demócratas pueden arreglar esta separación forzosa de familias en la frontera trabajando con los republicanos en nueva legislación!”

Pero lo cierto es que la separación de familias nunca fue una ley ni fue heredada por los demócratas. Se trató de una política establecida por la administración Trump.

En marzo de 2017, el entonces secretario de Seguridad Nacional, John Kelly (quien luego fue nombrado jefe de gabinete de Trump), fue consultado en una entrevista en la cadena CNN si era cierto que el gobierno estaba considerando separar a padres e hijos en la frontera. Su respuesta fue muy clara: “Sí, lo estoy considerando, para disuadir más movimiento a lo largo de esta terriblemente peligrosa red. Estoy considerando justamente eso”.   

Poco más de un año después, el 7 de mayo de 2018, el entonces fiscal general de Trump, Jeff Sessions, anunció oficialmente la que se conocería como política de tolerancia cero. A los padres que planeaban cruzar la frontera con sus hijos, Sessions les advirtió: “Puede ser que ese niño sea apartado de ti”

Esa misma semana, en una entrevista con la radio pública NPR, Kelly dijo que la separación de familias funcionaría como un duro disuasivo para los migrantes: “Ellos eligieron venir ilegalmente a Estados Unidos y esta es una técnica que nadie espera que se usará de manera extensa o por mucho tiempo”.

En medio de críticas, Trump anunció en junio de 2018 el fin de la política de tolerancia cero, apenas horas antes de que una juez la cancelase. Sin embargo, después se supo que el Gobierno había estado separando familias en la frontera con México desde mediados de 2017 —poco después de las declaraciones de Kelly en CNN— como parte de un programa piloto en El Paso, Texas. 

  • “Un camino a la ciudadanía” para los dreamers

En una entrevista exclusiva con Noticias Telemundo en julio del año pasado, Trump aseguró que tomaría una acción decisiva para abrir “un camino a la ciudadanía” para los dreamers, como se les conoce a los inmigrantes que llegaron de niños traídos por sus padres. Dijo que el proyecto de ley u orden ejecutiva llegaría “en las próximas semanas”, pero de eso han pasado más de seis meses y Trump nunca hizo nada. Mejor dicho, sí hizo, pero no a beneficio de los dreamers.

Durante su gobierno, Trump dijo en más de una ocasión que amaba a los Dreamers y que se ocuparía de DACA, el programa creado por el expresidente Barack Obama para proteger a estos jóvenes de la deportación. 

Cientos de personas protestaron en la ciudad de Nueva York el 30 de agosto de 2017, luego de que la administración Trump anunciara la cancelación de DACA.Joe Penney/Reuters

En su primera conferencia de prensa desde la Casa Blanca, el 16 de febrero de 2017, menos de un mes después de juramentar como presidente, Trump dijo lo siguiente: “Vamos a mostrar un gran corazón... Vamos a lidiar con DACA con corazón”

El 21 de abril de ese mismo año, en una entrevista con la agencia de noticias The Associated Press, dijo que su Gobierno no “buscaba hacer nada ahora mismo” con DACA y que su política era que los Dreamers permanecieran sin problemas en el país. Aunque dijo que a largo plazo buscaría “resolver el problema”, en ese momento aseguró que los dreamers podían “estar tranquilos”.

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Meses después, el 1 de septiembre del 2017 dijo “Amamos a los dreamers”. Cuatro días más tarde, anunció el fin de DACA. Aun así, el 6 de septiembre reiteró sobre los dreamers: “Tengo un gran amor por ellos”.

Cuando varios estados demandaron con éxito al gobierno para evitar el fin del programa, Trump, el presidente que decía amar a los dreamers, llevó el caso hasta la Corte Suprema, que en junio de 2020 terminó fallando en su contra también. 

Aun así, quien les había dicho a los dreamers que no tenían que preocuparse, no se dio por vencido. Después del fallo de la Corte Suprema, la Administración Trump redujo la extensión de DACA de dos años a solo uno para quienes renovaron su protección y dejó de recibir nuevas solicitudes para adherirse al programa. 

  • “Vamos a construir un gran muro”

La gran promesa de campaña de Trump fue la construcción de un muro a lo largo de las casi 2,000 millas de frontera que comparten Estados Unidos y México, y prometió también que México pagaría por el 100% de la barrera. Incluso después de reunirse con el expresidente mexicano Enrique Peña Nieto en una visita que causó controversia, Trump regresó a Estados Unidos asegurando que “México pagará por el muro”.

En esa oportunidad, Trump describió su proyecto como un muro “impenetrable, físico, alto, poderoso, hermoso”.

Una vez en la Casa Blanca, anunció la construcción inmediata del muro y hasta el fin de su gobierno repitió muchas veces que ya lo estaba levantando. El 4 de enero de este año, en un mitin en Georgia un día antes de la segunda vuelta de las elecciones que le dieron el control del Senado a los demócratas, dijo lo siguiente:

“Vamos a construir el muro y México va a pagar por él, lo hará si yo estoy aquí”, aseguró a una multitud de simpatizantes. 

Sin embargo, tras destinar 15,000 millones de dólares a la construcción de barreras sobre 738 millas, la administración Trump solo ha cubierto 452 millas, o sea menos de una cuarta parte de lo que prometió en un principio. 

Es más, según el informe más reciente del gobierno sobre el proyecto del muro, publicado en diciembre, de las barreras levantadas, menos de 80 millas corresponden a barreras en lugares donde antes no había ninguna. Y de estas, solo la mitad son de nuevas barreras primarias, el resto son barreras secundarias. 

La mayor parte de la obra finalizada representa reemplazos en zonas donde el material estaba dilapidado o desactualizado. Otras 300 millas ya recibieron financiamiento, pero están en etapa de construcción o de pre-construcción. El “gran y hermoso muro” de Trump es entonces no más que 40 millas de barreras nuevas

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Tampoco fue cierto que México cubriría los gastos. Ni el Gobierno de Peña Nieto ni el del actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, han pagado por una sola milla de las barreras construidas o por construir. Lo que ha Trump ha levantado de “muro” ha sido el dinero de los contribuyentes estadounidenses.   

  • “Una conversación perfectamente correcta y rutinaria”

En julio de 2019, Trump le pidió a Volodymyr Zelenskiy, entonces presidente electo de Ucrania, que investigara las actividades de Hunter Biden, el hijo del hoy presidente electo de Estados Unidos, quien años antes se había unido a la junta directiva de una empresa de gas natural ucraniana

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La llamada, que fue descrita por Trump como “totalmente adecuada”, estaba al centro de una denuncia realizada por un funcionario anónimo al inspector general de inteligencia en agosto de ese año. Ese mismo mes, la web informativa Politico reveló que la Administración Trump estaba reteniendo 250 millones de dólares en ayuda militar a Ucrania.

La denuncia del informante, que fue calificada de “preocupación urgente”,  no se conocería hasta septiembre, cuando llegó al Congreso. En la llamada con Zelensky, Trump le había hecho “una promesa” al líder ucraniano. 

El 21 de septiembre, cuando aún podía decir lo que quería en Twitter, Trump señaló en esa red social que su llamada con Zelensky había sido “una conversación perfectamente correcta y rutinaria” y aseguró que “nada de lo que se dijo fue malo de ninguna manera”.

Sin embargo, dos días después, el presidente le dijo a reporteros: “Es muy importante hablar de corrupción... ¿Por qué le darías dinero a un país que crees que es corrupto?” 

Donald Trump levanta un periódico que anunciaba su absolución en el Senado el 6 de febero de 2020, tras su impeachment por la llamada que hizo al presidente de Ucrania para pedirle que investigase a su rival demócrata, Joe Biden.Leah Millis/Reuters

Un día después, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, apareció en televisión refiriéndose a informes de prensa “de una llamada del presidente de Estados Unidos a un poder extranjero para intervenir en su elección. Esto es una violación de sus responsabilidades constitucionales”.

Las acciones tomadas hasta la fecha por el presidente han violado seriamente la constitución, especialmente cuando el presidente dice ‘el Artículo 2 dice que puedo hacer lo que yo quiera’”, dijo.

Y agregó: “Esta semana, el presidente ha reconocido haberle pedido al presidente de Ucrania que haga cosas para beneficiarlo políticamente”, lo que constituía una “traición a su juramento, traición a nuestra seguridad nacional y traición a la integridad de nuestra elección”.

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Era el inicio de una investigación en contra de Trump que conduciría a su juicio político por “una conversación perfectamente correcta y rutinaria”.  Finalmente fue exonerado por el Senado, bajo mayoría republicana.

Pero en solo cuestión de horas, Trump dejará la Casa Blanca como el único presidente en haber enfrentado un juicio político dos veces y dejando atrás una estela de falsedades que dejaron huella en el país. Como en el primero, esta vez también fueron sus mentiras las que lo empujaron al precipicio político. Un asesor de Trump citado por CNN lo resumió así: “Trump destruyó todo lo que construyó políticamente porque nunca pudo decir la verdad”.

Este artículo fue elaborado gracias al convenio FactChat, coordinado por la International Fact-Checking Network (IFCN) con el apoyo de WhatsApp. El objetivo del proyecto es llevar mejor información en español. Este y otros chequeos los puedes recibir directo por WhatsApp al hacer click aquí o al registrar el número +1 727-477-2212 y escribir "Hola" en el primer mensaje. Te esperamos.

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