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"Una situación crítica": negocios latinos al borde de la quiebra por la pandemia esperaban un empujón de la toma de posesión que nunca llegó

Al presidente, Joe Biden, no lo recibieron bombos y platillos como a sus antecesores. El histórico despliegue de seguridad por el asalto al Capitolio golpeó a la industria de servicio, en la que trabajan muchos latinos, y que ya peligra por los estragos de la pandemia del coronavirus. Conversamos con algunos de ellos.
/ Source: Telemundo

WASHINGTON D.C.— Desde los 11 años Steve Ornstein ha trabajado con plantas y flores, ayudando a su madre. En los casi 48 años que lleva en este negocio nunca había visto nada como lo que está viviendo esta industria con la pandemia del coronavirus. A los meses de sacrificios e incertidumbre se sumó ahora una toma de posesión presidencial que en vez de celebración y fuente de ingresos fue un evento militarizado y sombrío.

“Del cielo a la tierra”, es como Ornstein describe la diferencia entre esta y las tomas de posesión pasadas. Su compañía, Edge Floral Designs, organizaba eventos para cientos de personas, construían instalaciones y arreglos florales, desde los tradicionales centros de mesa, hasta enormes instalaciones de arbustos como las que construyó para el traspaso de poder entre el expresidente Barack Obama y su sucesor, Donald Trump, a quien este año le tocó el turno de cederle el poder a Joe Biden.

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Pero al presidente número 46 no lo recibieron bombos, platillos y coronas de flores como a sus antecesores. El mortal asalto al Capitolio del 6 de enero, y el despliegue de seguridad sin precedentes que causó, cambió las reglas del juego y golpeó duramente a la industria de servicio, en la que trabajan en su mayoría los latinos. La comunidad latina además es justamente la más golpeada por el coronavirus. 

Este año, todo fue diferente. La alcaldesa de Washington, D.C., Muriel Bowser, y los gobernadores de Virginia y Maryland, pidieron no visitar la ciudad. Cercaron un perímetro de 4.6 millas (7.4 kilómetros) alrededor del Capitolio y la Casa Blanca marcado por continuos chequeos de seguridad. Hasta 25,000 soldados de la Guardia Nacional viajaron de todo el país para resguardar la ciudad junto con las fuerzas de la Policía Metropolitana, el FBI, ATF (Agencia de Alcohol, Tabaco y Armas, por su sigla en inglés) y el Departamento de Seguridad Nacional, entre otros. El Comité de la Toma de Posesión llevó a cabo casi toda la celebración de manera virtual.

Esta es una anomalía en la historia del país. Por décadas, el traspaso de poder de un presidente a otro significaba un boom comercial para la ciudad: cada cuatro años, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, con y sin ánimo de lucro, organizaban recepciones, galas y bailes, a los que asistían miles de personas que gastaban miles de dólares en comida, bebidas, transporte, decoración y arreglos florales. 

Ornstein cuenta que ha organizado decenas de eventos políticos, desde un concierto benéfico que dio Barbara Streisand a finales de los años 80, pasando por la toma de posesión de Bill Clinton, hasta la de Trump en 2017. Aquellos traspasos de poder “se pueden describir como un exceso, sobre todo con lo mínimo y escueto que es todo ahora”, dice.

En esta floristería a 40 minutos en auto de la capital, la mitad del personal son hispanos, de Venezuela, Costa Rica, El Salvador y Honduras. La mano derecha de Ornstein, el costarricense Juan Carlos Madrigal, se encarga de toda la utilería y diseños de los eventos. En el sinfín de celebraciones políticas que han adornado a través de los años, Madrigal cuenta que siempre son populares las hortensias y las rosas rojas y blancas, por ser los colores de la bandera de Estados Unidos.

“Desafortunadamente, por la protesta que hubo en el Capitolio, la seguridad se puso muy estricta y cancelaron la mayoría de eventos que teníamos previstos para montar, ya sea en hoteles, lo que era las recepciones, las galas que había después de la inauguración”, cuenta Madrigal. “Sí ha afectado bastante”. 

En los días antes y durante las anteriores tomas de posesión hacían hasta 15 eventos y empleaban unas 30 a 40 personas, recuerda este costarricense. Este año ese personal se redujo a 10. “Es una gran diferencia hace cuatro, ocho, 12 años, a comparación con ahora... Nunca había visto esto antes”, dice. 

Pero no es solo la toma de posesión que no fue; la pandemia del coronavirus significó un cambio “fuertísimo” para el negocio, pues “después de tener tantos eventos los fines de semana, a veces no tenemos ni un solo evento”, cuenta Madrigal. “Muy crítica la situación, muy compleja. No solo para los trabajadores sino también para el empleador, porque él se preocupa porque los empleados estén bien”. 

“Hubiera salido más barato cerrar, pero ellos son como mi familia”, dice Ornstein, quien explica que pidió préstamos del Programa de Protección de Pago, (o PPP) por la pandemia, así como préstamos personales. Dentro de poco se quedará sin ahorros. “Me lo tomo personal. Me preocupo por mis empleados. La asistencia por desempleo no es suficiente”.

Es difícil ver cómo algunos de sus compañeros no han podido seguir trabajando, dice Madrigal. “Aquí nos sentimos como parte de la familia, nos preocupamos los unos por los otros, y ahora al no tenerlos acá uno se preocupa por ellos... eso también es crítico”. 

El día que la Guardia Nacional comió pupusas

La política toca todos los aspectos de la vida en Washington. Un evento de la magnitud de la toma de posesión de un presidente significaba que “los restaurantes tenían filas de cuadras y estaban completamente llenos esos días”, cuenta Ana Reyes, dueña y gerente del icónico restaurante salvadoreño El Tamarindo en el noroeste de la capital. 

Ana Reyes, izquierda, dueña y gerente del restaurante salvadoreño El Tamarindo en Washington D.C., el 19 de enero de 2020. A su lado, su madre Betty y su hijo.Juliana Jiménez

Desde 1982, cuando los padres de Ana -José Isidro y Betty- lo fundaron, este restaurante ha sido un punto de encuentro para la comunidad hispana de la ciudad, en particular para su gran población salvadoreña (unos 20,000 según el Censo, la segunda mayor concentración en Estados Unidos). 

Para la familia Reyes, la cantidad de clientes y de negocios, ya que también hacen catering para reuniones y eventos, disminuyó mucho este año. Sin embargo, el día antes de que Biden juramentara como presidente recibieron un pedido sorpresa: 500 órdenes de comida para los soldados de la Guardia Nacional que se hospedaban en un hotel cerca de allí.

“Es un honor cuidar a los que nos están cuidando”, le dijo Reyes a Noticias Telemundo mientras preparaba las últimas órdenes junto con sus padres, su hermana y su hijo de 12 años. 

Sin embargo, no ha sido fácil. En comparación, para la primera toma de posesión de Obama en enero de 2009, Reyes cuenta que “el ambiente era de fiesta en toda la ciudad, como de festival”. Eso contrasta con las calles en los días previos al 20 de enero: cercadas con bardas de 7 pies (2 metros) y alambres de púas, calles sin residentes y turistas, muchas bloqueadas al paso de vehículos y punteadas por chequeos de seguridad de la Guardia Nacional. 

Que los autos no pudieran moverse libremente afectó a muchos negocios, entre ellos los restaurantes, donde tantos latinos trabajan en las cocinas y como meseros. Debido a la pandemia, desde hace meses muchos de estos sitios no atienden en persona para evitar las aglomeraciones en recintos cerrados. Por ello dependían de domicilios y órdenes para llevar, pero eso se volvió imposible con el cierre de las calles. Muchos se vieron forzados a adaptarse de nuevo.

Así ocurrió en Immigrant Food, un restaurante que abrió sus puertas a finales de 2019 a una cuadra de la Casa Blanca, un par de meses antes de que estallara la pandemia. Su misión es resaltar los aportes de los inmigrantes al país, gastronómicos y de todo tipo, en oposición directa a las políticas antiinmigrantes del Gobierno del ahora expresidente Donald Trump.

Al estar ubicados dentro del perímetro de seguridad, no podían enviar domicilios y tenían en cambio que servir en mesas afuera del local a los pocos transeúntes que divagaban en las gélidas temperaturas de enero.  

Pero sin embargo aprovecharon la ocasión y crearon un plato para honrar a la nueva Administración, ésta mucho más acogedora a los inmigrantes. Esto es evidente tanto en las órdenes ejecutivas que firmó el presidente Biden en su primer día, como en quienes la componen, empezando por la vicepresidenta Kamala Harris. El chef Enrique Limardo, y su mano derecha, Mile Montezuma, crearon el Madame VP bowl, un plato inspirado en la ascendencia jamaiquina de Harris (por su padre) e india (por su madre), una fusión de arroz, pollo, curry, piña dulce, plátanos y jalapeños. Ambos cocineros son venezolanos.

Se han logrado mantener a flote todos estos meses de pandemia “haciendo algo diferente, siendo creativos”, dice Montezuma, “eso es lo que quiere la gente”. Han ofrecido kits para armar arepas o anchetas navideñas con comida navideña de diferentes partes del mundo. 

En Edge Floral también la innovación los ha salvado. Su dueño, Ornstein, es un amante de los autos antiguos; le encanta repararlos y darles una vida nueva. De ese amor surgió el Blooming Bus, una van Volkswagen de los 70s que renovaron y ahora cargan con flores y llevan a plazas en la zona. 

“Es el mismo concepto de un food truck (un carrito de comida, como de tacos), en que no tienes que esperar a que la gente venga a ti sino que tú vas a donde está la gente”, explica Ornstein. Por ahora esto los ha ayudado a sobrevivir, pero apenas estuvo disponible la segunda ronda de préstamos por la pandemia, aplicaron a primera hora, dice.

[Nueva ronda de préstamos PPP: información sobre cómo solicitar la ayuda y quiénes podrán recibirla]

Juan Carlos Madrigal explica que otras industrias, como la construcción, aún tienen trabajo, aunque reducido, pero la industria de las flores y los eventos depende justamente de que la gente se pueda reunir en grandes números.

Y no es solo que la gente cancele eventos para prevenir contagios, o que no tengan dinero para celebrar funerales, cumpleaños o bodas (las cuales pueden costar entre 10,000 a 100,000 dólares), pues millones han perdido sus empleos, o sus negocios también han recibido un duro golpe. Es que si los protocolos de sanidad prohíben las grandes reuniones, sus eventos seguirán siendo menores tanto en cantidad como en escala, y sus ingresos se reducirán drásticamente.

“Antes eran eventos de 300 personas, ahora son de 10... Si antes se vendían 50 centros de mesa, ahora se venden tres”, dice Madrigal. 

“Esperemos que con el nuevo grupo de personas que llega haya un cambio”, dice respecto a la Administración Biden, “pero yo creo que lo más importante es que haya trabajo. Puede venir cualquier otro gobernante, pero si no hay trabajo eso afecta a absolutamente a todo”.