El asesino del Golden State mató a 13 personas. Una sola palabra le librará ahora de la pena de muerte

Joseph James DeAngelo Jr. ha admitido ser el famoso asesino del Golden State. "Culpable", ya lo había confesado antes a la policía, pero este lunes lo dijo por primera vez en público. "Yo hice todas esas cosas. Yo destruí todas esas vidas. Y ahora tengo que pagar el precio".

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Un anciano de 74 años y apariencia frágil ha alzado este lunes su voz rasposa para pronunciar una única palabra que le puede evitar la pena de muerte por inyección letal.

Joseph James DeAngelo Jr. ha comparecido en silla de ruedas ante una corte en Sacramento, California, vestido con vestido de preso naranja y protegido con una pantalla transparente frente a la cara por la pandemia de coronavirus.

Luego de pasar décadas en el anonimato tras aterrorizar a California con sus crímenes, y gracias a una novedosa técnica forense que permitió rastrear su ADN fue arrestado en 2018, acusado de una oleada de violaciones y asesinatos que sacudió a lo largo y ancho del estado cuando él trabajaba como policía.

Ya había hablado antes, pero sólo con las autoridades, según dijo el fiscal Thien Ho durante la audiencia. “Yo hice todas esas cosas”, confesó DeAngelo a los agentes, según Ho: “No tuve la fuerza de expulsarle. Él me moldeó. Él iba conmigo. Estaba como en mi cabeza, quiero decir, era parte de mí. No quería hacer esas cosas”.

Hablando de esa otra personalidad en tercera persona, el anciano añadió: “Expulsé a Jerry y tuve una vida feliz. Hice todas esas cosas. Destruí todas esas vidas. Y ahora tengo que pagar el precio”, según el recuento del fiscal.

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Ha pasado ya casi medio siglo, pero los atroces crímenes de los que se le acusa aún se recuerdan en California: más de un centenar de robos, 45 violaciones y 13 asesinatos cometidos entre 1976 y 1986.

Durante décadas, a este asesino serial se le conoció sólo por el apodo que le dio una escritora de crímenes que se obsesionó con su caso: el Asesino del Golden State (porque así se conoce a California, el estado dorado).

El sospechoso, cuya identidad se desconocía por completo, era un hombre blanco de 5 pies y 10 pulgadas, con pelo rubio o moreno claro y constitución atlética.

Sus ataques eran siempre similares: enfocaba con una linterna a la cara de sus víctimas, entraba en las casas, robaba y violaba a las mujeres. Las ataba con cordones de zapatos, y se dirigía a ellas hablando con los dientes apretados, como para ocultar su verdadera voz.

En un principio sólo atacaba a mujeres que vivían solas o con niños. Más adelante también asaltó casas donde vivían además hombres, a los que ataba y obligaba a permanecer inmóviles. A ellas, las violaba. A veces permanecía horas en la vivienda, e incluso se cocinaba allí la comida.

Durante años aterrorizó el área de Sacramento, aunque llegó a atacar también a 400 millas de distancia, en el condado de Orange, en el sur del estado. Se difundió un retrato de su posible apariencia, se ofreció una recompensa de 50,000 dólares, pero el caso quedó archivado durante décadas en los ficheros sin resolver.  

Una técnica entonces novedosa y desde ese momento utilizada a menudo, permitió ponerle también cara y nombre.

Los detectives analizaron docenas de bases de datos de árboles genealógicos, que no fueron creadas para rastrear a criminales sino para que ciudadanos corrientes pudieran conocer mejor sus raíces e incluso localizar a parientes lejanos.

El ADN recopilado en las escenas del crimen se usó para crear un perfil genético, que luego se combinó con los datos disponibles en línea de una empresa que vende estos servicios de genealogía. Así localizaron a familiares de DeAngelo y rastrearon su ADN hasta encontrarle y detenerle.

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Este lunes, en una sala de la Universidad Estatal de Sacramento habilitada como corte del condado, y dispuesta con unas 170 sillas de metal separadas a seis pies de distancia para evitar contagios de coronavirus, DeAngelo ha alzado esa voz que hace décadas aterrorizó a sus víctimas (algunas de ellas, sentadas en esa misma sala) y ha pronunciado una sola palabra: “Culpable”.

Así ha reconocido 13 cargos de asesinato y otros 13 de secuestro; pesan sobre él además 63 violaciones que ya han prescrito, por las que no podría ser juzgado. De esta forma, confía en poder evitar la pena de muerte.

DeAngelo había ofrecido un pacto a la Fiscalía: admitir su culpa a cambio de evitar esa condena. Eso eliminaría además la necesidad de celebrar el juicio, lo que al final ha convencido a los fiscales: la mayoría de testigos y víctimas que podrían hablar en su contra son personas mayores ya, y algunos sufren problemas de salud, por lo que un proceso dilatado como el que se preveía podía suponer un riesgo añadido para ellos en plena pandemia.

Así, los fiscales de los seis condados donde se llevaron a cabo los crímenes acordaron “por responsabilidad ética y moral tomar en consideración cualquier oferta de la defensa” en ese sentido. El juez será quien decida al final y dicte sentencia, pero con toda probabilidad la voz quebrada de DeAngelo morirá en prisión.

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