Estas jóvenes organizaron la protesta que cercó a Trump en la Casa Blanca. Ahora planean el siguiente paso contra el racismo

“Todo comenzó con una invitación por Twitter", explica una de las organizadoras de la marcha en Washington, "jamás imaginamos que íbamos a crear una organización y seguir creciendo”.
/ Source: Telemundo

WASHINGTON.— Tras semanas de manifestaciones multitudinarias en todo el país contra la brutalidad policial, activistas negros y de otras minorías comienzan a guardar sus coloridos carteles y megáfonos para labrar una estrategia a largo plazo que agriete el “racismo sistémico” que, aseguran, Estados Unidos arrastra desde hace siglos.

El movimiento de derechos civiles en la década de 1960 se fraguó entre sangrientas protestas pero se topó en muchos casos con un bloqueo político. El reverendo Martin Luther King Jr. pagó con su vida su militancia, y su emblemático discurso de equidad racial sigue siendo una tarea inconclusa.

“Él va a cambiar el mundo”, dijo durante su entierro uno de los hermanos de George Floyd, asfixiado por un policía blanco el 25 de mayo en Minneapolis, Minnesota. Pero, ¿está el mundo, o al menos Estados Unidos, dispuesto para ese cambio?

En Washington se reunieron para exigirlo en las calles más de 40,000 manifestantes el pasado fin de semana; vigilados por camiones militares, soldados de la Guardia Nacional e incluso agentes de la Patrulla Fronteriza, y demandaron no sólo igualdad racial o el fin de la brutalidad policial, sino también una reforma judicial y más inversiones en educación, empleo, salud y vivienda.

Pintaron en la calle que conduce a la Casa Blanca, con grandes letras amarillas, la leyenda “Black Lives Matter” (las vidas negras importan), mientras las autoridades elevaron una reja metálica alrededor de la mansión presidencial. Esa reja, que ahora comienza a ser desmontada, se convirtió en un memorial cubierto por flores, banderas y carteles en honor a las víctimas de la brutalidad policial. 

El presidente, Donald Trump, que fue quien ordenó militarizar la capital, se ha refugiado en un mensaje de “ley y orden”, obviando la injusticia racial o un llamado a la reconciliación nacional, e incluso defendiendo la brutalidad policial con conspiraciones falsas. Mientras, su apoyo en los sondeos se desploma.

Carteles en las rejas metálicas de la Casa Blanca, el 7 de junio. AFP via Getty Images

Frente a militares, vallas metálicas y búnkers, Trump tenía en esta ocasión enfrente a un grupo de siete jóvenes que, en cuestión de pocos días, colaboraron para ayudar a organizar la multitudinaria protesta en Washington.

“Todo comenzó con una invitación por Twitter para ir a las protestas; jamás imaginamos que íbamos a crear una organización y seguir creciendo”, explica una de ellas, Kerrigan Williams, de 22 años.

Esta estudiante de posgrado en la Universidad de Georgetown, originaria de Houston, Texas, ayudó a fundar el grupo Freedom Fighters DC –uno de los grupos que impulsaron la manifestación– y ahora perfila estrategias para la siguiente fase de activismo.

“Exigimos que no se dé más dinero a la policía y no se construyan más cárceles. Queremos enfocarnos en acciones locales, en nuestro propio patio, porque eso puede desatar una cadena a nivel nacional”, explica a Noticias Telemundo.

Jasmín Barrios, estudiante de tercer año en la Universidad Howard, en la capital, se unió a Williams en la organización de las protestas porque, según afirmó, la brutalidad policial también se ensaña con los latinos, y es “una lucha de todos”.

“Me gustaría ver a la comunidad latina en las protestas; si les da miedo, pueden donar dinero, también pueden leer libros, y los jóvenes pueden educar a sus familiares”, cuenta Barrios, de 24 años e hija de inmigrantes guatemaltecos.

Al artista Freedom Brenner, la pandemia de coronavirus le vació el calendario y mermó sus ingresos, pero la indignación por la muerte de Floyd pudo más que la cautela y cuarentena que guardaba en su hogar en Newark, Nueva Jersey, y se sumó a las protestas en Nueva York.

“Absolutamente creo que esto es algo distinto. Me siento inspirado y optimista como jamás antes en mis 52 años de vida, incluso con la elección de Barack Obama, que ya fue una gran victoria”, cuenta Bremner, quien describe el racismo como “una rodilla invisible sobre el cuello de los afroamericanos”.

“Creo que la pandemia ha dejado a muchos blancos sin empleo, endeudados y sin apoyo de una red de seguridad social, y quizá por primera vez eso les hace pensar que el sistema no le funciona a nadie”, añade Bremner.

 “Este sentido de vulnerabilidad ha dado paso a una nueva empatía. Con el encierro y sin distracciones, los blancos ya no podían ocultarse de esto: es un país racista hasta el tuétano”, concluye.

El artista y activista Freedom Bremner (centro), en las protestas en Nueva York contra el racismo. Foto cortesía de Freedom Bremner / Noticias Telemundo

Rosalyn D. Lake-Montero, una maestra afrolatina en Washington, coincide en ese llamado a la movilización conjunta de todas las minorías, y resalta:  “George Floyd no había hecho nada malo. Es una triste realidad que aunque hagas lo correcto, aún así puedes terminar linchado o muerto”.

La meta inmediata de activistas del movimiento Black Lives Matter y de otros grupos cívicos es lograr una reforma policial que, entre otros elementos, prohíba ciertas tácticas y elimine la inmunidad de los agentes.

A largo plazo, sin embargo, buscan movilizar el voto de las minorías para los comicios del 3 de noviembre, y mantener la presión en todos los niveles de gobierno por medidas que cierren la brecha socioeconómica entre las etnias.

Su labor comienza a dar frutos: en el Congreso, los demócratas promueven ya una ambiciosa reforma policial, aunque la propuesta bicameral no cuenta con el respaldo de los republicanos, que controlan el Senado, mientras la Casa Blanca elabora su propia iniciativa. Otras ciudades y estados también impulsan reformas a la policía. 

Kerrigan Williams (centro), estudiante y activista que ayudó a fundar el grupo Freedom Fighters DC contra la brutalidad policial. Foto cortesía de Kerrigan Williams / Noticias Telemundo

El movimiento de Black Lives Matter y los Freedom Fighters DC exigen suprimir los fondos a la policía y las prisiones, y canalizarlos a proyectos  comunitarios. 

En 2017, el gasto global para actividades policiales en todo el país totalizó 115,000 millones de dólares, o el 4% de presupuestos locales y estatales, según un análisis del Instituto Urbano.  

Los afroamericanos son el 12% de la población pero conforman el 38% de la población carcelaria, según el Buró Federal de Prisones. También tienden a recibir sentencias más largas que los blancos por delitos menores.

La coalición Movement for Black Lives, creada en 2016, promueve un plan de seis puntos para mejorar la educación, salud y seguridad de los afroamericanos, “en vez de inversiones que criminalizan, enjaulan y perjudican a la gente negra”.

 

El movimiento además tiene cabida para personas de raza blanca que, con su silencio, pueden ser cómplices del racismo institucional, según Robin DiAngelo, autora y catedrática de la Universidad de Washington.

“Los afroamericanos entienden el racismo de una manera que los blancos jamás podrán. El racismo es la base de nuestra sociedad, y continuar sin interrumpir ese sistema activamente es ser su cómplice”, explicó DiAngelo a la cadena de radio pública NPR.

"El estatus quo de esta sociedad es el racismo", añadió, "es cómodo para mi como mujer blanca vivir en una sociedad racista, pero debemos comenzar a trabajar para que ya no lo sea".

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