"Solo esperamos sus cenizas": mexicanos sin recursos luchan por repatriar a familiares que murieron de coronavirus

Desde Nueva York hasta Madrid, las familias de los mexicanos que han fallecido por coronavirus en el extranjero buscan maneras de conseguir trasladarlos de vuelta a su país.

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/ Fuente: Telemundo

Por Gabriela Martínez y Diana Baptista

La familia de Marcos Argüello no pudo despedirse de él. En Semana Santa se enteraron que estaba enfermo de coronavirus y que había sido internado en un hospital en Nueva York.

“Él se comunicaba con nosotros y nos decía que tenía una tos muy fea que no lo dejaba estar, pero que él se sentía bien y que iba a salir adelante, que no nos preocupáramos”, dijo en entrevista con Noticias Telemundo su cuñada, Alicia Medel.

Antes de que pudieran volver a hablar con él, a Marcos se le indujo el coma y fue conectado a un ventilador. Esa misma semana, falleció.

Es algo desgarrador. De verdad que tenemos el corazón partido”, agregó.

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El hombre de solo 34 años de edad era proveniente de la comunidad de Chilchotla, en el estado de Puebla. Alicia lo describe como un hombre responsable, con muchas amistades y sin condiciones de salud preexistentes.

Después de la muerte de su padre en 2008, el joven de entonces 22 años quedó a cargo de su madre y su hermana pequeña, por lo que migró a Nueva York para aprovechar una oportunidad laboral que le ofrecieron.

Por 12 años, trabajó en varios restaurantes. Durante ese tiempo no pudo visitar México y apenas estaba planeando volver a su familia, que se dedica al campo.

“Allá en Estados Unidos lo único que él hacía era trabajar para mantener a toda la familia. Él era el sostén de la familia, más que nada de mi suegra”, dijo Medel.

Marcos Argüello, poblano fallecido en Nueva York por coronavirus.Cortesía

Tan lejos de Estados Unidos, la familia depende de las amistades de Marcos para coordinar la cremación con la funeraria. Al día de hoy no han hablado con nadie del gobierno mexicano sobre la repatriación de sus cenizas.

Sin recursos para la cremación ni la repatriación de las cenizas, que asciende a $11,500, su familia depende de una campaña en GoFundMe para juntar donaciones y lograr que Marcos regrese a su casa. Ya se han resignado a no volver a ver su cuerpo ni a poder darle un entierro cristiano. Sin embargo, tienen miedo de que sus cenizas se queden tan lejos de su país.

“Solo esperamos sus cenizas para hacerle su homenaje como se merece, ese sería el mejor consuelo para la familia”, aseguró.

¿Qué opciones tienen?

Puebla es el tercer estado en México con mayor número de inmigrantes en Estados Unidos: un aproximado de 56,000 poblanos viven en este país, de los cuales la mayoría reside en Nueva York, de acuerdo con el Anuario de Migración y Remesas 2020.

Hasta el 4 de mayo, la Fundación Pies Secos había confirmado la muerte de 120 poblanos en Nueva York por consecuencia del coronavirus, de los cuales el 30% había fallecido en sus casas, de acuerdo con el periódico La Jornada de Oriente.

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A principios de abril, el concejal del Distrito 21 de Nueva York, Francisco Moya, solicitó un fondo de emergencia para apoyar a las familias de bajos recursos con los gastos funerarios de sus seres queridos que hayan fallecido del COVID-19.

“Estas familias tienen dos opciones: entierro o cremación. Para quienes no pueden pagar el gasto de cremación de $925, y mucho menos el costo de un entierro, ¿a dónde pueden acudir?”, expresó en un comunicado.

Moya es nativo de Corona, Queens, una de las comunidades en Nueva York donde los latinos están muriendo desproporcionadamente debido al virus.

Al 19 de mayo, en Estados Unidos se registraban 959 mexicanos fallecidos por el coronavirus, según la Secretaría de Relaciones Exteriores. De ellos, 641 murieron en Nueva York.

El gobierno mexicano recomienda que los restos de las personas que fallezcan en el extranjero sean cremados antes de su traslado, para que su manipulación no suponga ningún riesgo, de acuerdo con la Guía para el Traslado de Restos.

Obstáculos 

Eran las 7 de la mañana del sábado 21 de marzo cuando el corazón del mexicano Javier Ortiz Martinez, de 46 años, dejó de latir. Falleció por una insuficiencia cardiorrespiratoria, al menos eso es lo que dice el acta de los servicios funerarios, cuando iba de camino a su negocio de reparación de electrónicos en Madrid, España, el tercer país con más mexicanos en el exterior (52,500). 

Hace casi dos meses que Javier falleció y su hermana, Verónica Ortiz, dos años mayor, no ha podido cumplir la misión que su madre le encomendó: repatriar las cenizas de su hijo. Desde aquella fatídica fecha Verónica no ha hecho más que sortear obstáculos.

Javier murió en los torniquetes de la estación de metro de Atocha Cercanías, muy cerca de donde fueron los atentados terroristas que hace 16 años terminaron con la vida de casi 200 personas. Dos días antes, mientras trabaja en su local, empezó a sentir que se asfixiaba.

“El jueves me escribió a las 8 de la mañana, que por favor llamara a una ambulancia, que se sentía muy mal, que no podía respirar, tenía tos, le faltaba el aire y sentía que se desvanecía”, relata su hermana.

“Nunca llegó la ambulancia que esperábamos”, reitera Verónica que pasó con él sus últimos días.

“Nos decían: tenemos que hablar con el paciente, para saber cuál es su estado. Nosotros le decíamos que él no podía hablar”, cuenta su sobrino Miguel. Por aquellas fechas Madrid era la comunidad del país con más casos confirmados y Europa el epicentro de la pandemia. Los hospitales estaban saturados, tan solo dos días después de que falleciera Ortiz comenzó a funcionar el hospital de campaña de IFEMA creado con más de 5,000 camas para descongestionar los hospitales.

(De izq a dcha., desde arriba) Miguel Ángel López, Verónica Ortiz, Antonio Ortiz, Maria Martínez y Javier Ortiz.Cortesía

Javier llegó hace 13 años a la capital española a estudiar un máster en ingeniería. Cuatro años después, se trajo a su hermana y a su sobrino, Miguel Ángel López Ortiz, de 20 años, para darles “un futuro mejor”, según cuenta este.

No fue diagnosticado con COVID-19 pero en febrero le habían diagnosticado laringitis, una inflamación de la laringe provocada en la mayoría de los casos por una infección viral. “Las cuerdas vocales se le cerraban y se asfixiaba”, recuerda su sobrino.

Diez días después de que falleció Javier, Verónica empezó con problemas respiratorios, con dolor de cabeza, en el cuerpo, fiebre, tos y asfixia. Fue a dar al hospital y después de cinco días, salió. El diagnóstico: “neumonía bilateral posiblemente por COVID-19”, según el informe de alta.

Al salir del hospital, Verónica se puso en contacto con la embajada para pedir ayuda económica para pagar los servicios funerarios y repatriar las cenizas de su hermano. A raíz de la pandemia ella perdió su trabajo como cocinera y no podía asumir los 2,700 euros de los gastos funerarios.

En la embajada le dijeron que primero intentara pedir apoyo a familiares y amigos en España y México. Y eso fue lo que hizo. Envió un mensaje por medio de Facebook a amigos y miembros de la comunidad mexicana en España y en tres semanas logró juntar 2,400 euros. Al mismo tiempo, Verónica solicitó los servicios funerarios gratuitos del Ayuntamiento de Madrid pero no recibió respuesta. 

Ahora las cenizas de Javier yacen en el salón de su departamento, a la espera de de poder cruzar el Atlántico. Verónica sigue esperando el certificado de defunción para poder seguir con el trámite y repatriarlas.

Allá donde creció Javier, en la alcaldía Magdalena Contreras, en la Ciudad de México, lo espera su madre. “Lo único que ella me pide es que le mande las cenizas de mi hermano y así ella se queda tranquila”, asegura Verónica.

Para que las personas que pierden a una persona querida puedan iniciar el proceso de duelo es muy importante haberse despedido de ella.

“Cuando el ser querido vive en otra ciudad una de las dificultades que tiene la persona en el trabajo de duelo es aceptar que la persona realmente murió, aceptar lo que ocurrió”, asegura Felipe Martínez Arronte, presidente de la Asociación Mexicana de Tanatología.

“Traer las cenizas va a ayudar a que las personas puedan despedirse a través de ciertos ritos. Eso al menos les consuela y les ayuda a iniciar este proceso tan difícil de sufrimiento”, añade.

Las familias que se han enfrentado a la pérdida de un ser querido van a requerir de apoyo tanatológico, destaca Martínez.

“Un duelo no es una enfermedad, los duelos se tienen que transitar acompañado. Son situaciones que todos tenemos que vivir o que hemos vivido en algún momento, sin llegar a que se prolonguen”, subraya.

Las familias que requieran apoyo económico para repatriar los restos pueden contactar a la Secretaría de Relaciones Exteriores al teléfono 001-520-623-78-74.

Con información de La Jornada de Oriente.

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