IE 11 is not supported. For an optimal experience visit our site on another browser.

Coronavirus en Nicaragua: "No estamos salvando a todos los que podemos"

El presidente Ortega miente sobre la pandemia mientras crecen las denuncias por “hombres de blanco” que recorren el país con ataúdes sellados para entierros rápidos. “Pero no podemos levantar la voz, el miedo es generalizado”, denuncia un familiar.
/ Source: Telemundo

Danilo es médico internista desde hace 25 años, y las decisiones de vida o muerte no le estremecen tanto como al resto. Pero desde que el COVID-19 llegó a Nicaragua, le cuesta cada vez más medir el tiempo. Desgrana sus días con números tétricos: el domingo fueron doce, el lunes cinco, el martes solo dos y da un suspiro mientras dice que el miércoles fue un buen día porque no hubo muertos. Pero solo era el preámbulo de la tragedia: el jueves fallecieron otros doce pacientes, y el viernes presenció ocho decesos.

Son casi 40 muertes en menos de una semana y todos son casos de coronavirus, pero no nos dejan registrarlos así, tampoco nos dan pruebas para confirmar el diagnóstico, y el Gobierno nos obliga a poner que murieron de neumonía”, asegura a Noticias Telemundo con tono cansado.

Danilo, quien pidió mantener su anonimato por temor a las represalias, dice que la fatiga psicológica lo traspasa en sus largos turnos en un hospital de Masaya, a 30 kilómetros de Managua, la capital.

[Toda la información sobre el coronavirus en el mundo]

“Ningún entrenamiento te prepara para ver morir a decenas de personas en una semana”, dice tras explicar que le toca diagnosticar manteniendo una distancia de dos metros y con radiografías de pulmón porque no tiene pruebas de COVID-19 en su hospital.

Como los pacientes suelen toser incesantemente, les tiene que pedir a los familiares que les compren mascarillas artesanales. La tos del coronavirus es seca pero muy abundante: “Les arde cuando tosen, es como si tragaran espinas. Y respirar profundo les duele, por eso jadean muchísimo y se congestionan muy fácil”, detalla.

En su centro de salud hay sólo cinco ventiladores para los 65 internados en la sala de atención para pacientes respiratorios, un eufemismo del Gobierno para evitar decir que son enfermos de coronavirus.

“La mortalidad es altísima porque sólo se conecta a la gente joven a los ventiladores, a los viejos nada. Por eso, aunque hay tantos enfermos, siempre hay uno o dos respiradores libres”, comenta.

Y solloza cuando se le pregunta quién decide quién accede a los ventiladores, es decir, quién decide entre vivir o morir: “¡No somos nosotros, es el Gobierno!”.

Danilo y cuatro colegas explicaron a través de varias llamadas telefónicas que en cada centro asistencial hay una comisión temporal integrada por autoridades del Ministerio de Salud (Minsa), funcionarios locales y del hospital que son los que deciden el ingreso de los pacientes a las unidades especiales y, lo más crucial, el acceso a los escasos respiradores.

No estamos salvando a todos los que podemos, pareciera que los viejos no tienen derecho a los respiradores. Acá se maneja el criterio de la edad por encima de cualquier otra cosa y eso es una locura”, se lamenta Danilo.

Un grupo de trabajadores usaban máscaras de protección en un día de trabajo en Managua, Nicaragua, el 11 de mayo de 2020.
Un grupo de trabajadores usaban máscaras de protección en un día de trabajo en Managua, Nicaragua, el 11 de mayo de 2020.AP

El COVID-19 arrinconó a la humanidad en un espacio de zozobra donde el miedo, la incertidumbre y los cambios son la única constante. Esa crisis es evidente en todo el mundo menos en países como Bielorrusia, Turkmenistán, Corea del Norte y Nicaragua, donde el Gobierno de Daniel Ortega ha impuesto un simulacro de normalidad que contradice las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las medidas adoptadas en el resto del planeta.

Según las cifras oficiales, Nicaragua sólo había registrado hasta ahora 25 contagios y ocho fallecimientos. El Gobierno actualizó este martes sus cifras: 254 casos y 17 muertes, un crecimiento abrupto en un solo día que apunta la irregularidad del conteo.

El Observatorio Ciudadano COVID-19, un equipo de profesionales independientes que monitorea casos sintomáticos sin reportar por las autoridades, afirma sin embargo que para el 16 de mayo ya se habían registrado 1,594 personas con sintomatología de coronavirus en todo el país y 351 muertes.

En una reciente investigación de El Confidencial, fuentes del Minsa revelaron que se han realizado 5,900 pruebas de COVID-19, de las cuales 1,600 han dado positivo. Varios expertos en salud pública advierten que esa cifra podría ser el triple o más, debido a que el gobierno monopoliza las pruebas en Managua.

Para varios analistas, el incremento en los contagios es consecuencia del retraso en implementar medidas estrictas que evitaran la propagación de la pandemia: no se han cerrado las fronteras ni se ha restringido la llegada de viajeros, y tampoco hay toque de queda o restricciones al tránsito. Ni siquiera se recomienda el distanciamiento social o el aislamiento voluntario.

Las escuelas siguen funcionando, y en mayo hay programadas más de 400 actividades multitudinarias como ferias, fiestas patronales o desfiles hípicos.

“Tenemos preocupaciones en cuanto a la falta de distanciamiento social, las aglomeraciones masivas, tenemos preocupaciones sobre las pruebas, el rastreo de contactos y sobre el reporte de casos”, advirtió ya el 7 de abril Carissa Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud. “También nos preocupa lo que vemos inadecuado en cuanto a control y prevención de la infección”, añadió.

Honduras y Costa Rica han reforzado la vigilancia de sus fronteras y han hecho pronunciamientos públicos sobre cómo la ausencia de medidas de contención en Nicaragua pone en riesgo a la región.

Este lunes, Ortega decidió cerrar los dos pasos fronterizos con Costa Rica aduciendo que hay más de un millar de camiones retenidos por la decisión del país vecino de hacer tests a todos los conductores.

Según Costa Rica, hasta el momento 61 camioneros han dado positivo, por lo que fueron obligados a retornar.

Nicaragua tiene más de 6.5 millones de habitantes pero solo 10 médicos por cada 10,000 personas, según datos oficiales, lo que ni siquiera es la mitad de los 23 profesionales que recomienda la Organización Mundial de la Salud como mínimo para prestar servicios esenciales.

El 7 de mayo más de 540 médicos exigieron a las autoridades que les garantizaran material de protección, además de implantar medidas de mitigación, y advirtieron que, de no hacerlo, se traduciría en muertes y el colapso del sistema de salud.

La Asociación Médica Nicaragüense han contabilizado al menos 74 contagios entre médicos, enfermeros y personal de apoyo en hospitales.

“La pandemia está en su fase ascendente porque ya llegó a diferentes lugares del país, y estamos viendo cómo los hospitales se saturan”, explica el epidemiólogo Leonel Argüello, quien durante la revolución sandinista de los años 80 fue uno de los fundadores del Ministerio de Salud.

En las últimas tres semanas hemos visto el incremento del fenómeno de los entierros exprés por parte de los funcionarios del Minsa, eso claramente indica que la situación está empeorando”, añade.

En Chinandega, una ciudad del occidente del país que se ha convertido en uno de los focos más fuertes de infección, abundan las denuncias de “los hombres de blanco”. Se trata de funcionarios del Minsa que recorren la localidad a bordo de camionetas con ataúdes sellados para efectuar esos entierros rápidos.

“Yo me pregunto, si mi padre no murió por coronavirus por qué no nos dejaron enterrarlo. Porque a mi padre no lo enterré yo, lo enterraron ellos”, ha explicado Enrique Ordóñez, un ejecutivo de ventas, a la agencia de noticias The Associated Press.

“Pero usted sabe, no podemos levantar mucho la voz. El miedo es generalizado en nuestro país”, añade. 

En Nicaragua solo hay 12 camas hospitalarias por cada 10,000 habitantes y, según las estimaciones de epidemiólogos y expertos en salud pública consultados por Noticias Telemundo, existen 160 ventiladores de los que el 80% ya son utilizados por pacientes con otras enfermedades.

El epidemiólogo Leonel Argüello afirma que su país lidia con varias epidemias a la vez: malaria, dengue y coronavirus. Solo en el caso de la malaria se ha registrado un aumento del 155% en comparación con el año pasado.

“Además tenemos factores de riesgo como problemas para el acceso al agua potable, en la higiene domiciliar, comunitaria y personal, además no hay una campaña de información y prevención. Somos una bomba de tiempo”, explica

Una mujer usaba una mascarilla contra el COVID-19, mientras asistía a un funeral en el cementerio central de Managua, Nicaragua, el 11 de mayo de 2020.
Una mujer usaba una mascarilla contra el COVID-19, mientras asistía a un funeral en el cementerio central de Managua, Nicaragua, el 11 de mayo de 2020.AP

En un documento de protocolos, que fue revisado por Noticias Telemundo, las autoridades sanitarias proyectan que, en el primer semestre de la pandemia, Nicaragua registrará 32,500 contagios y más de 8,000 personas serán pacientes graves. Al menos 1,016 necesitarán cuidados intensivos durante un promedio de 10 días o más, una cifra muy por encima del equipo disponible. 

Se trata de una estrategia de control y de propaganda de gobiernos que tienen un origen populista y ya pasaron al mundo de la dictadura”, explica el historiador argentino Federico Finchelstein, académico de The New School for Social Research, que se dedica al estudio de regímenes fascistas y populistas. 

“Este tipo de estrategias se inscriben en un autoritarismo que no se veía en los típicos populismos latinoamericanos, tanto de izquierda como de derecha”, indica Finchelstein, que acusa a las autoridades de “negacionismo de la ciencia”.

“Se trata de promover la muerte, esa es su estrategia”, asevera.

 Un hombre que usaba una máscara veía una pelea de boxeo en Nicaragua, el 25 de abril de 2020.
Un hombre que usaba una mascarilla de protección veía una pelea de boxeo en Nicaragua, el 25 de abril de 2020.AP

Carlos Hernández, miembro del Comité Científico Multidisciplinario, sostiene que no tiene sentido analizar los datos gubernamentales del COVID-19 porque en el país se realizan muy pocas pruebas.

Prefiere centrarse así en los patrones de casos de neumonía reportados en 2020, entre los que ha detectado, junto a sus colegas, una alarmante paradoja.

En los últimos ocho años, el promedio semanal de neumonías era de 2,000 a 2,500 casos, y nunca había bajado del millar. Ahora oscila entre 600 y 900, pero la letalidad, que promediaba dos muertos por cada 1,000 casos, se ha triplicado.

“Hasta que se demuestre lo contrario, para nosotros son casos de COVID-19 a los que se les debió aplicar la prueba”, explica.

Estudiantes de la escuela pública Rigoberto López Pérez en Managua, Nicaragua, el 27 de abril de 2020.
Estudiantes de la escuela pública Rigoberto López Pérez en Managua, Nicaragua, el 27 de abril de 2020.AP

Cuando se estudian los casos por departamento del país, se detectan brotes en todos los territorios. Las neumonías se duplican y triplican en algunas regiones de una semana a la otra, lo que, según Hernández, es anormal. Se trata, explica, de un patrón propio de los “casos en racimo”, que caracterizan a las epidemias muy contagiosas como el coronavirus.

“En esos territorios casi no había neumonía y ahora se están multiplicando por dos y por tres de manera acelerada y ascendente", concluye, "se nos está muriendo gente de COVID-19 pero el Gobierno no los suma”.

Nicaragua es el segundo país más pobre del continente después de Haití. Un estudio reciente de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social proyecta que la tasa de pobreza puede pasar este año del 28.2% de 2019 hasta el 36.9% por el impacto económico del coronavirus.

Eso significaría que unas 2.4 millones de personas, casi la población entera de una ciudad como Chicago, debería subsistir con menos de dos dólares al día.         

Pero no sólo es pobreza sino también una desigualdad que permea todas las capas sociales y profesiones, y que Danilo, el internista de Masaya, dice experimentar todos los días. En su hospital, explica, es fácil reconocer a los médicos que más ganan, como cardiólogos y neurocirujanos, porque tienen mejores equipos de protección.

“El gobierno no nos da nada, entonces uno tiene que comprarse sus cosas con el sueldo. Mientras ellos cargan cascos y máscaras especiales, nosotros andamos con las artesanales que es lo que podemos pagar”, comenta tras un largo turno sembrado de fallecimientos:  “Se siente como si nuestro trabajo, que es salvar vidas, fuera una sentencia de muerte”.

Si usted tiene información de casos de coronavirus en México o Centroamerica puede escribirnos a albinson.linares@nbcuni.com.

Lea también:

"Es como si quisieran que nos enfermáramos": Nicaragua contradice las recomendaciones contra el COVID-19

"Los contagios se están duplicando en cuestión de días": así se propaga el coronavirus por Latinoamérica

Nicaragua no toma medidas ante el coronavirus