“Estamos tratando de convivir”: así es la tregua de pandillas rivales mezcladas en las cárceles de El Salvador

Noticias Telemundo recorrió la cárcel de Ciudad Barrios para ver lo que pasa en las celdas hacinadas que por primera vez comparten los miembros de pandillas rivales. “Si crean algún problema y se pierden vidas, y el que empezó no muere, tendrá que pagar con su vida”, asegura una tregua entre la MS-13 y el Barrio 18. Los expertos analizan si podría extenderse a las calles.

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/ Source: Telemundo

Por Roberto Valencia

SAN SALVADOR.– En plena pandemia del COVID-19, el sistema penitenciario de El Salvador ha adoptado una medida sin precedentes: mezclar en las mismas celdas a pandilleros de la Mara Salvatrucha (MS-13) y de las dos facciones del Barrio 18, estructuras criminales que han sido rivales a muerte en las calles desde que el fenómeno de las maras irrumpió en el país en los primeros años de la década de los 90.

Desde finales de abril, emeeses y dieciocheros conviven en espacios hacinados de las seis cárceles en las que el Estado salvadoreño mantiene encerrados a los miembros activos de las tres pandillas más numerosas: los penales de Quezaltepeque (departamento de La Libertad), San Francisco Gotera (Morazán), Ciudad Barrios (San Miguel) y tres ubicados en Izalco (Sonsonate).

“Ahora ya estamos conviviendo junto con los compañeros de las Letras [por la MS-13], ¿verdad?”, indicó a Noticias Telemundo Ariel Alexander Ávila Gómez, un miembro activo de la pandilla Barrio 18-Sureños que se encuentra recluido en Ciudad Barrios.

“Es algo que quizá nunca lo pensamos tiempo atrás, ¿verdad? Pero siempre venimos lo que es acoplándonos”, agregó.

Noticias Telemundo pudo ingresar en exclusiva a esta prisión, ubicada a 100 millas al este de la capital, San Salvador, y corroboró que los pandilleros llevan días conviviendo. 

Miembros de la Mara Salvatrucha y el Barrio 18 conviven en una celda en el centro penal de Ciudad Barrios.Marlén Viñayo

La medida es consecuencia directa del repunte homicida que El Salvador vivió entre los días 24 y 28 de abril. Según la Policía Nacional Civil, se registraron 85 asesinatos, un promedio de 17 diarios, cuando en las semanas previas se estaba promediando dos homicidios al día. El Gobierno atribuyó la explosión de violencia a la Mara Salvatrucha y consideró que la orden criminal se había consensuado en las prisiones.

“Queremos evitar que salgan órdenes al exterior”, dijo Osiris Luna, el director general de Centros Penales, para justificar el agrupamiento de los pandilleros rivales. “En las administraciones anteriores, los centros penitenciarios eran cuarteles generales donde una pandilla ejercía el control, y no el Estado”, agregó.

En las dos semanas transcurridas no se han reportado riñas ni heridos o fallecidos por la convivencia.

Dentro del penal de Ciudad Barrios

Los más de 2,000 internos del penal de Ciudad Barrios que se encuentran confinados en los sectores 2, 3 y 5 están durmiendo en celdas sobrepobladas junto a pandilleros rivales, según constató Noticias Telemundo.

El dieciochero Ávila Gómez era uno de los 90 pandilleros que compartían la celda 6 del Sector 2, un espacio diseñado para un máximo de 30 personas: “Aquí, como usted puede ver, estamos en un gran hacinamiento… Hay lo que son 46 compañeros de las Letras y habemos 44 compañeros de los Números Sur”.

Los propios internos se han organizado. Cada celda ha designado a un encargado por pandilla. En la número 6 del Sector 2, compartida por la MS-13 y la 18-Sureños, la contraparte de Ávila Gómez es el emeese Francisco Arturo Quintero.

Pandilleros de la Mara Salvatrucha y el Barrio 18 conviviendo en el centro penal de Ciudad Barrios.Marlén Viñayo

Estamos tratando de convivir, como le comentó el compañero. Esto no lo esperábamos. Para nosotros ha sido una sorpresa estar aquí, pero nos hemos coordinados entre ambas pandillas a modo de que todo marche bien”, dijo Quintero.

Esa “coordinación” no se limita a su celda, al sector o al penal de Ciudad Barrios. Es una tregua carcelaria en toda regla –en argot pandillero se denomina correr el Sur–, que se ha implementado de forma simultánea en las seis cárceles con pandilleros activos, y en los sectores de pandilleros del Centro Penal de Seguridad de Zacatecoluca, conocido como Zacatraz.

Sur es una sigla: South Union Race. En California, correr el Sur es aplicar los códigos que la Mafia Mexicana, "La Eme", impone a las pandillas bajo su paraguas, que son las que operan en la mitad sur del estado.

Pero referido a la cárcel y en cualquier otro país, correr el Sur es establecer una tregua de no agresión entre las pandillas de orígenes sureños. Entre las asentadas en El Salvador están la Mara Salvatrucha, las dos facciones del Barrio 18 y también La Mirada Locos 13, aunque esta última tiene poco control territorial.

Una tregua carcelaria a escala nacional

Un reporte de la inteligencia penitenciaria fechado el 29 de abril establece los acuerdos y normas de convivencia en el Centro Penitenciario Izalco Fase II.

La información, proporcionada por un pandillero informante, se refiere en principio a cuestiones prácticas como el uso de los baños y barriles de agua, pero también especifica cómo se resolverán los estallidos de violencia: “Si crean algún problema [en el interior de la celda] y se pierden vidas, y el que empezó no muere, tendrá que pagar con su vida”, reza uno de los nueve puntos del informe.

En las tres décadas transcurridas desde que en El Salvador comenzaron a aparecer los primeros grafitis alusivos a la MS-13 y la 18, es la primera vez que miles de miembros activos están durmiendo en las mismas celdas, literalmente hombro con hombro. Es la primera vez que, en la práctica, se está corriendo el Sur en el sistema penitenciario.

En septiembre de 2004, el Estado consumó una polémica política pública: asignar cárceles completas a las pandillas, que para ese entonces ya tenían a miles de sus miembros encarcelados.

Jefferson Alexander Gómez, miembro del Barrio 18-Revolucionarios, cumple su condena en el centro penal de Ciudad Barrios.Marlén Viñayo

La medida puso freno a las masacres entre las distintas pandillas o entre pandillas y bandas organizadas de “civiles” [así llaman los pandilleros a los no pandilleros] dentro de los recintos. Pero también consolidó internamente las estructuras criminales, de forma que las cárceles pasaron a ser el centro de mando de las clicas y tribus que operan en miles de colonias, barrios y cantones salvadoreños.

En 2016, durante el Gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén, se iniciaron los primeros esfuerzos por revertir esta situación: algunas cárceles dejaron de ser exclusivas de una u otra pandilla, pero se mantuvo aislados a unos y otros.

Entre julio y agosto de 2019, justo después de que Nayib Bukele asumiera el Gobierno, hubo traslados masivos de pandilleros entre penales, y miembros de las tres pandillas fueron asignados a cárceles –y sectores dentro de cada prisión– que por años habían sido controladas por una única pandilla.

El penal Ciudad Barrios había sido entregado a la Mara Salvatrucha durante casi 15 años. “Era el cuartel general de una pandilla”, comenta Osiris Luna, el director general del sistema penitenciario. Desde agosto, las pandillas compartían sectores pero no celdas. En abril, pasaron a ser encerrados juntos.

Empleados del centro penitenciario de Ciudad Barrios soldaban una placa de metal en la puerta de una celda.Marlén Viñayo

Además, se han blindado con placas metálicas las puertas, que eran de barrotes. “Un sellado total para que no se puedan comunicar con el lenguaje de señas que ellos tienen o con otro tipo de lenguaje”, explica Luna.

“De ahora en adelante, todas las celdas de pandilleros en nuestro país permanecerán selladas. Estarán adentro, en lo oscuro, con sus amigos de la otra pandilla”, tuiteó Bukele en la tarde del 27 de abril. Para entonces, las imágenes de cientos de pandilleros en calzones, esposados y topados unos contra otros ya habían dado la vuelta al mundo.

Luna corroboró además la existencia de una tregua carcelaria: “Definitivamente no ha habido ningún altercado entre las pandillas dentro de la misma celda, y es que, como ellos mismos lo han podido mencionar, tienen un pacto de no agresión”.

¿Se extenderá la tregua a las calles?

En las horas y días siguientes al anuncio de Bukele, y a falta de saber cómo se comportarían los pandilleros o si realmente iban a ser mezclados masivamente, hubo críticas tanto en el plano nacional como en el internacional.

Miembros de las pandillas salvadoreñas en el penal de Ciudad Barrios, el 4 de mayo de 2020.Marlén Viñayo

Una de las más sonoras fue la del director para las Américas de la organización humanitaria Human Rights Watch, José Miguel Vivanco. En una entrevista concedida a la BBC, dijo que la mezcla revela “maldad y crueldad”, y acusó a Bukele de querer que los pandilleros “terminen unos con otros en las prisiones o fuera de ellas”.

Consultado vía Skype para este reportaje, Vivanco reiteró su rechazo a la medida: “En todos los países de la región, incluyendo en El Salvador, no se busca mezclarlos, porque los riesgos de que se maten, que se agredan o que generen un problema de seguridad al interior de las prisiones son altísimos”.

De momento, juntarlos en las mismas celdas no ha generado riñas ni motines a corto plazo en El Salvador. Está por verse lo que sucederá a medio y largo plazo.

Entre las muchas y variadas hipótesis está que la convivencia desemboque en que las tres pandillas acentúen sus niveles de colaboración, tanto dentro como fuera de los penales. Sobre la mesa está la posibilidad de que esta medida desemboque en que se incrementen –o se sofistiquen– las actividades delictivas de estas estructuras criminales, contra el Estado o contra la ciudadanía en general.

El salvadoreño Luis Enrique Amaya, consultor internacional en temas de seguridad y conocedor del fenómeno de las maras, cree que aún es pronto para determinar cómo evolucionarán las pandillas tras la tregua carcelaria, pero no ve lugar para suponer que desaparezca su histórica rivalidad a muerte en las calles.

Según Amaya, en el mundo de las pandillas “no es correcto pensar que la cárcel dicta órdenes que son automática y mecánicamente cumplidas por la calle; por el contrario, lo que sucede es un proceso de diálogo y de negociación entre los liderazgos dentro y fuera de las prisiones; y es ese diálogo el que determinará si el Sur se puede expandir al resto del país”.

El criminólogo Carlos Ponce también expresó sus reservas sobre el resultado de juntarlos. “Hasta hace poco, la política penitenciaria era segregar a las pandillas en presidios designados exclusivamente para cada una. El cambio es impulsado bajo el supuesto de que la política anterior fortaleció la organización pandillera, y que, por lo tanto, revertirla tendrá el efecto opuesto”, escribió Ponce en una columna publicada el 5 de mayo en el periódico El Diario de Hoy.

En la celda 6 del Sector 2, no obstante, parecen tenerlo más claro. “Fuimos enemigos y todo, pero ahora ya sabemos que es otra vida la que tenemos que hacer juntos, pues, conviviendo así como estamos ahora en día, ¿verdad?”, explica el dieciochero Ávila Gómez, mientras el emeese Quintero asiente con la cabeza.

Pandilleros que conviven en el centro penal de Ciudad Barrios, el 4 de mayo de 2020.Marlén Viñayo

Cambios en medio de la pandemia

Las nuevas disposiciones ordenadas por el presidente Bukele en las cárceles se dan en medio de la pandemia del COVID-19. La Dirección General de Centros Penales no reporta ningún preso contagiado, entre los más de 37,000 internos.

Las visitas en Ciudad Barrios están prohibidas desde marzo de 2016, los turnos del personal son ahora de 21 días, para aminorar el trasiego, y se han colocado en las celdas barriles con agua y jabón, y también se han impartido charlas.

Pandilleros de la Mara Salvatrucha y el Barrio 18 en una celda en el centro penal de Ciudad Barrios, el 4 de mayo de 2020.Marlén Viñayo

“Las autoridades tomaron sus medidas y nos explicaron cómo era la situación, para evitar que entre esa enfermedad acá, primero Dios; nosotros también hemos tomado nuestras medidas y tenemos la celda aseada”, dice Carlos Geovanny Sánchez Rivera, integrante del Barrio 18-Revolucionarios, otra de las tres grandes pandillas que operan en el país.

Aún la pandemia no se ha sentido con fuerza en El Salvador. Hasta el 13 de mayo el número de contagios confirmados era de 1,037, de los que más de un tercio ya se han recuperado. Los fallecidos ascendían a 20.

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