Coronavirus en Guatemala: hay 100 respiradores para 16 millones de personas. Y los indígenas sólo pueden recurrir a ritos ancestrales

Los casos de COVID-19 se disparan en Guatemala. Los hospitales carecen de medios, y en las comunidades indígenas el abandono es tal que sólo les queda recurrir a conjuros y oraciones.

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Por Albinson Linares

La gente de Nebaj, que en su mayoría pertenece al pueblo indígena Ixil, no suele sorprenderse ante las adversidades.

En esta ciudad ubicada en las montañas de Guatemala, no lejos de la frontera mexicana, recuerdan con orgullo cómo sobrevivieron hace siglos a las incursiones de los españoles con los tlaxcaltecas y los cholultecas; a los estragos de la gripe de 1918; a la guerra civil y su política de tierra arrasada; y al genocidio del dictador Efraín Ríos-Montt que, a principios de los años 80, arrasó más de 400 pueblos y aldeas. Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), solo entre 1982 y 1983 murieron 1,771 ixiles asesinados por las fuerzas armadas.

Aunque se dicen acostumbrados a la supervivencia desde tiempos ancestrales, en estos días confiesan su temor a la epidemia de coronavirus, que les obliga a quedarse en casa, y ha suspendido el transporte y la mayoría del comercio, además de impedir la siembra de frijoles, maíz, güisquil y otros cultivos en sus milpas.

“Esto ha generado un gran pánico en la población, aunque el Gobierno dice que los médicos están preparados ya conocemos nuestra realidad”, explica con desaliento Miguel de León, alcalde indígena de Nebaj, a unas 180 millas de la capital.

“No han querido que tengamos una participación directa en esta emergencia”, añade en una entrevista telefónica. “No quieren vernos y hacen como si no existiéramos, pero vamos a ser los más afectados porque los pueblos indígenas viven en extrema pobreza y sin buen acceso a la salud”.

Casi 1.5 millones de personas se han contagiado por la pandemia de coronavirus, que ha provocado unas 90,000 muertes ya, según la Universidad de Johns Hopkins.

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Guatemala ha impuesto estrictas medidas de cuarentena, como el toque de queda, la suspensión total de clases y transporte público, el cese de las actividades no esenciales, el cierre de fronteras y el uso de mascarillas en la vía pública, entre otras.

Aún así, ya se han confirmado 126 casos y 3 muertes, con un incremento de contagios del 45% en las últimas horas, por lo que las autoridades les están pidiendo a las personas mayores de 65 años que no salgan de sus casas

En países como Italia, España y Estados Unidos las cifras de contagio se incrementaron de manera abrupta a medida que se empezaban a generalizar las pruebas. Las autoridades guatemaltecas no han especificado si se han incrementado los exámenes; según declararon a medios locales, solo se hicieron unas 7,000 del 17 de febrero al 8 de abril (el país tiene casi 17 millones de habitantes).

Un grupo de personas se congregaron en la Parroquia Nuestro Señor de Candelaria, en Ciudad de Guatemala, el 9 de abril de 2020. EFE / EFE

“Lo peor está por venir”, dijo este miércoles Alejandro Giammattei, que además de presidente es médico cirujano retirado. Giammattei ganó la segunda vuelta de las elecciones en agosto de 2019 y, aunque fue muy criticado por su escaso conocimiento de la gestión pública, su formación en medicina le da una cercanía especial con las carencias del sistema de salud del país. 

Como es una constante en Centroamérica, el sistema sanitario del país ya presentaba carencias críticas mucho antes de la llegada del coronavirus, cuyo primer caso fue confirmado por las autoridades el 13 de marzo.

Según diversos expertos y analistas, la nación tiene un retraso de 45 años en cuanto a las políticas e infraestructura de salud pública.

“El derecho a la salud se ha visto muy afectado por esta pandemia”, explica Nery Rodenas, director de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, “el país no cuenta con los elementos para enfrentar una crisis de grandes magnitudes como esta. No se podrá atender a cientos o miles de personas infectadas y eso es una grave amenaza”.

Un centenar de respiradores para 16 millones de personas

El 31 de marzo, la ONU advertía que el gobierno guatemalteco solo destina un 2% del PIB para inversiones en el sector salud, muy por debajo del 6% recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Además, solo cuenta con 7,5 médicos y 6 enfermeras por cada 10,000 habitantes cuando el estándar recomendado es de “al menos 25 trabajadores de salud por cada 10,000 habitantes en áreas rurales y de 44.5 en áreas urbanas”.

Los residentes de medicina interna del Hospital General San Juan de Dios, y mucho personal sanitario del país, están muy agobiados porque no hay equipo de protección. Hemos advertido lo que viene y es como si no te creyeran”, explica Nancy Sandoval, presidenta de la Asociación Guatemalteca de Enfermedades Infecciosas.

Sandoval ha denunciado de manera recurrente la falta de preparación de los médicos y las enfermeras guatemaltecas ante esta crisis, y ha jugado un papel importante para convencer a las autoridades de salud sobre la importancia de implementar las primeras medidas de prevención.

“A nivel de infraestructura es como si Guatemala se hubiese quedado estancada en los años 70. Solo tenemos dos hospitales de especialidades en la capital y solo son unas 2000 camas”, explica.

Guatemala tiene 16 millones de habitantes pero su sistema de salud pública solo cubre a unos 6,5 millones de personas. “Y eso no significa que tenga nun acceso real a la salud, porque solo contamos con 45 hospitales”, explica Lucrecia Hernández-Mack, exministra de Salud y diputada del Movimiento Semilla, un partido opositor.

Hernández-Mack afirma que uno de los aspectos más preocupantes es el subregistro de los casos, porque “se han hecho muy pocas pruebas” y su procesamiento se centraliza en la capital, donde los laboratorios no tienen los insumos necesarios.

“No hay precisión en las estadísticas porque no se está realizando la cantidad de pruebas necesarias para tener una verdadera comprensión de la magnitud del problema”, explica la especialista, quien recuerda que no se construyeron los 4,200 puestos de salud que se propusieron durante su gestión como un proyecto a largo plazo.

No nos sirve de nada tener más hospitales, si no tenemos los servicios básicos", añade, "Guatemala tiene problemas para atender a los pacientes con desnutrición, neumonías, diabetes, hipertensión, problemas renales y otras enfermedades que deberían tratarse mejor. Y ahora llegó el coronavirus”.

A fines del mes pasado, Gianmattei anunció la entrega de un hospital temporal para pacientes con COVID-19 que tiene 309 camas, de las cuales 48 están dedicadas a los cuidados intensivos. Según las autoridades es el hospital más grande de su tipo en Centroamérica y también se están construyendo instalaciones similares en los departamentos de Quetzaltenango, Zacapa y Petén.

El país solo cuenta con 56 respiradores mecánicos en el sistema de salud pública y aproximadamente 50 más en los centros médicos privados.

Ana Lucía Gudiel, portavoz del Ministerio de Salud, aseguró a la agencia de noticias Efe que pronto se incorporarán 200 dispositivos más. Pero los expertos advierten que esa cifra no será suficiente porque muchos de esos aparatos ya están siendo utilizados por pacientes que sufren otras enfermedades. Además, según afirman los médicos, los respiradores no suelen pertenecer a los hospitales, sino a empresas privadas que los alquilan.

Vendedoras en el mercado central de Ciudad de Guatemala, el domingo 5 de abril de 2020.EFE / EFE

“¿Qué van a hacer con este maldito virus?”

En poblaciones grandes como Ciudad de Guatemala y Quetzaltenango, el personal médico ha denunciado carencias de equipos e insumos que imposibilitan la atención de pacientes con coronavirus —además de someterlos al riesgo inminente de contagio—, pero la situación es mucho más apremiante en municipios como Nebaj.

No tenemos guantes, no hay mascarillas de las buenas, no tenemos casi alcohol y así nos obligan a trabajar en Nebaj”, explica Ricardo, un enfermero profesional que pertenece al pueblo Ixil. A sus 50 años y con más de 28 de experiencia, lamenta: “Solo hay 10 equipos de protección para todo el distrito, imagínese son como 85,000 personas y pretenden que usemos eso que es desechable. Corremos riesgo a diario, muchos compañeros salen llorando del trabajo”.

Ricardo, quien pidió mantener su anonimato por temor a las represalias, dice que le produce una enorme confusión ver los anuncios del presidente por televisión, quien promete ayuda y equipos, y luego debe seguir trabajando sin ninguna garantía.

“A veces es mejor no mirar nada, me pongo mal de los nervios cuando veo que no tenemos ni siquiera información en nuestras lenguas indígenas, por eso la gente no sabe nada. Y ahora están llegando deportados y muchos vienen tosiendo”.

A fines del primer trimestre de este año, Estados Unidos había deportado a 9,554 guatemaltecos. El 26 de marzo, tres migrantes dieron positivo en las pruebas del coronavirus, por lo que Guatemala suspendió los vuelos de retornados durante Semana Santa; sin embargo, el 7 de abril llegó un avión con 20 menores no acompañados, y las autoridades anunciaron que los vuelos se reanudarán el 13 de abril.

Tenemos más de 30 casos de deportados y como 40 más de personas que se regresaron por su cuenta desde Estados Unidos y México, como muchos están tosiendo los pusimos en cuarentena pero nos toca visitarlos y monitorearlos sin equipos, sin protección. Corremos un riesgo muy grande porque nos podemos contagiar y ¿quién va a atender a nuestros familiares?”, explica Ricardo, mientras cuenta que por la condición de su contrato temporal no tiene acceso a la protección del Seguro Social.

Otro efecto del coronavirus es la disminución de las remesas en Centroamérica, una región muy dependiente de los envíos de dinero que los migrantes hacen desde Estados Unidos. Solo en 2019 supusieron el 14% del PIB en Guatemala, unos 10,500 millones de dólares. Jonathan Mencos, director de Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, le dijo a la agencia de noticias The Associated Press que la región podría sufrir una caída del 20% de esos ingresos.

Aunque los pobladores de Nebaj se dedican a la agricultura, buena parte de los residentes reciben remesas de sus familiares que se encuentran en Estados Unidos.

Es el caso de Antonio, un joven ixil de 25 años, que vive en Centreville, Virginia: “Me da mucho dolor porque me quedé sin trabajo de construcción estos días, todo se paró aquí y no puedo mandarle dinero a mi mamá porque tengo que asegurar la renta”, explica mientras se le quiebra la voz.

Antonio, quien pidió mantener su anonimato porque cruzó de manera ilegal hacia Estados Unidos, nació y vivió toda su vida en Nebaj hasta que hace cuatro años decidió probar suerte en el norte: “Mis papás viven prácticamente de lo que les mando para comprar medicinas y cubrir sus necesidades, ahora ¿qué van a hacer con este maldito virus?”.

Ceremonia indígena en Nebaj, Guatemala, el 9 de abril de 2020.Cortesía de Miguel de León / Cortesía de Miguel de León

Saberes ancestrales

Según el censo de 2018, un 42% de la población guatemalteca se define como maya. En el país se hablan 24 lenguas indígenas, por lo que la ausencia de campañas sobre el coronavirus con información completa y relevante en esos idiomas es una forma de exclusión para los líderes de comunidades indígenas como Miguel de León.

“Nosotros acatamos las medidas higiénicas y el toque de queda pero los médicos no tienen sus equipos, y como sabemos que una cosa es lo que nos dicen y otra es la realidad, seguimos con nuestros conocimientos ancestrales”, dice De León, que por estos días se ha dedicado a conversar con la comunidad de Nebaj para explicarles todo lo que lee en español.

“Tenemos que consumir ‘comida cálida’ como los caldos de gallina, que nos suben las defensas”, asevera, mientras se lamenta por las pérdidas que la región va a experimentar en sus cosechas debido a las medidas de aislamiento.

De León, de 55 años, es uno de los sobrevivientes de las masacres perpetradas por Efraín Ríos Montt. La vida le alcanzó para ver cómo la justicia, muy tardía, llevó el juicio contra el dictador hasta Nebaj. Durante las audiencias de 2016 y 2018 tuvo que ver cómo los ancianos del pueblo, los “contadores del tiempo” que resguardan sus saberes milenarios, volvían a revivir todo ese horror para que el asesinato sistemático de centenares de ixiles no quedara impune.

“Pero se murió antes, la justicia siempre se retrasa con nosotros”, dice con amargura. Ríos Montt falleció por un infarto y bajo arresto domiciliario en 2018.

Como las actividades religiosas de la Semana Santa se interrumpieron por la pandemia, algunos ixiles de Nebaj realizan ceremonias ancestrales para invocar a sus antepasados buscando una guía ante el caos actual.

Muy temprano en la mañana acuden a los cerros, cuevas o cementerios, esos lugares sagrados en los que invocan a sus nahuales, los espíritus que acompañan a cada persona, mientras queman incienso, pom y salmodian plegarias en su lengua. También hacen ofrendas y, cuando no hay cuarentena, por esta época suelen compartir pan, miel y platillos como los tamalitos de frijol y pepita.

Ceremonia indígena en Nebaj, Guatemala, el 9 de abril de 2020.Cortesía de Miguel de León

“La gran preocupación de las comunidades indígenas es preservar a los ancianos que son los guardianes de las tradiciones y, en este momento, corren el mayor de los peligros porque suelen presentar problemas de desnutrición y debilidad”, explica Irma Alicia Velásquez, antropóloga guatemalteca y profesora invitada en la Universidad de Stanford.

“Nosotros no vemos esto como el fin del mundo”, añade Velásquez, pero “desde la perspectiva indígena el virus viene a desequilibrarlo todo; lo que se está pidiendo en las ceremonias es que el hombre blanco entienda que no puede seguir abusando de la naturaleza, es necesario reparar el daño y restaurar la armonía. Para eso invocamos a los ancestros”.

De León cree que el coronavirus es una prueba más para los ixiles, pero no se muestra ingenuo cuando habla del desamparo que sufren comunidades como Nebaj. Sabe que si tuvieran un buen acceso al sistema de salud podrían sobrellevar el estado de calamidad que decretó el Gobierno sin tener que recurrir, de manera desesperada, a sus saberes ancestrales.

Nuestras tradiciones son un complemento, aquí lo que necesitamos son médicos y buenas medicinas", concluye con firmeza, "aunque nos excluyan seguiremos luchando para que se reconozca que este es un país pluricultural y multiétnico”.

Si usted tiene información de casos de coronavirus en México o Centroamerica puede escribirnos a albinson.linares@nbcuni.com.

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