Los inmigrantes que cultivan frutas y verduras en EE.UU. se exponen al coronavirus. ¿Los protegen sus empleadores?

Estados Unidos ha restringido la llegada de empleados temporales para el campo, pero frente al lobby de los productores agrícolas el gobierno procura procesar la mayoría de visas de trabajo H-2A. En época de pandemia, los que sí han podido venir están improvisando medidas caseras para protegerse del coronavirus ante la inacción de sus empleadores.
Aplicantes a visas H-2, ante el consulado de Estados Unidos en Monterrey (México) en abril de 2019.
Aplicantes a visas H-2, ante el consulado de Estados Unidos en Monterrey (México) en abril de 2019. Milli Legrain

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Por Milli Legrain

WASHINGTON, DC.– Arturo Hernández no tiene mucho tiempo para conversar. Sale esta misma noche de camino Estados Unidos. Desde su pueblo en el estado de San Luis Potosí, al norte de México, debe tomar un taxi a Tamazunchale, la ciudad más cercana. De allí viaja en camión a Monterrey, sede del consulado estadounidense, a 100 millas de la frontera. Después, tomará otro bus que lo lleve al estado de Luisiana para cultivar verduras: “Calabaza, pepino, melón, sandía, chile morón, berenjena…”.

No es su primera vez: Hernández lleva desde 1990 cruzando la frontera con una visa temporal H-2A que, cuando tiene suerte, su empleador le renueva anualmente. Ha trabajado para varias empresas y en varios estados, pero ahora lleva ya ocho temporadas con la misma compañía en Luisiana.

En 2019 hubo 205,000 trabajadores como él que vinieron a Estados Unidos a cultivar frutas y verduras, la mayoría mexicanos. A ellos se suman más de 66,000 con visas para trabajos de hostelería; este año, el Gobierno había acordado el mayor aumento de estos visados temporales desde que Trump es presidente.

Entonces llegó la epidemia de coronavirus.

El Departamento de Estado suspendió la concesión de visados en su embajada y consulados en México la semana pasada, limitándose a tramitar los permisos para trabajadores agrícolas que ya habían venido en años anteriores.

Presionado por granjeros y asociaciones profesionales, que temen por las cosechas sin la ayuda imprescindible de estos trabajadores, el Gobierno que preside Donald Trump evitó en un principio desvelar cuántos visados aprobaría, y cuál sería la magnitud del recorte respecto a temporadas pasadas.

El Instituto de Política Económica estimó que hasta 60,000 trabajadores que se postulaban por primera vez podrían verse afectados. Un portavoz del Departamento de Estado indicó a Noticias Telemundo que “la gran mayoría” de los que aplicaron “que sean elegibles” serán aceptados “sin entrevista”, ante la interrupción de los servicios consulares. Pero la situación sigue confusa e incierta.  

Incertidumbre y alternativas

“La madre naturaleza no espera por el coronavirus ni por las restricciones del Gobierno”, advirtió la semana pasada Lee Wicker, director adjunto de la Asociación de Productores de Carolina del Norte, en conversación telefónica con Noticias Telemundo. Su organización es el mayor empleador de trabajadores extranjeros con visa temporal (11,000) en Estados Unidos.

Cientos de trabajadores con visas H-2 se congregan en una plaza de Monterrey (México), minutos antes de salir para Estados Unidos en autobús, en abril de 2019. Milli Legrain

Coincide en la advertencia Dan Fazio, director de la Asociación de Trabajadores de Granja de Washington, que se centra en el cultivo de manzana, cerezas y peras en este estado y en Oregón. Si en mayo no llegan trabajadores suficientes, dice, “en septiembre no habrá cosecha”.

Bajo presión de grupos de productores agrícolas, los Departamentos de Trabajo y de Agricultura se pusieron de acuerdo el 20 de marzo para extender las visas de unos 20,000 trabajadores temporales que ya están en el país para trabajar en el campo o la hostelería, y cuyo visado iba a caducar; algunos podrán ser empleados así en la temporada de primavera, para plantar frutas y verduras.

Seguros, medidas de protección, y algo de optimismo

Más de una decena de estados han decretado orden de quedarse en casa a todos los trabajadores no esenciales para frenar el coronavirus, y, aunque esta medida no afecta a los agricultores porque su labor es esencial para alimentar al país, sí se aconseja mantener una distancia social de seis pies en todas las circunstancias.

¿Cómo pueden protegerse entonces estos trabajadores que llegan desde México a Estados Unidos, uno de los países más afectados por la pandemia, viajando juntos en autobús y compartiendo cuartos de hotel y otras instalaciones? ¿Y qué pueden hacer si se contagian?

Miles de trabajadores migrantes se hospedan en hoteles económicos en Monterrey en abril de 2019, esperando visa para Estados Unidos.Milli Legrain

Alexis Guild, directora de Salud de la organización Farmworker Justice, duda de que el COVID-19 esté cubierto por la protección que todo empleador debe ofrecer a los trabajadores temporales con visado (conocida en inglés como Workers’ Compensation) para accidentes y enfermedades laborales.

Así, las únicas alternativas parecen ser los seguros de salud, que sólo algunos empleadores ofrecen, o contratar un seguro privado. Los trabajadores sí tienen derecho a subsidios para hacer frente a estos gastos por medio del Affordable Care Act conocido (conocido popularmente como Obamacare).

Ante a esta falta de protecciones, 37 organizaciones han enviado una carta a los Departamentos de Estado, Trabajo y Seguridad Nacional exigiendo que “se implementen medidas de protección como condición para traer a más trabajadores con visado H-2A a Estados Unidos”.  

“Los patrones deben poner su barba en remojo y tomar medidas más fuertes para evitar un contagio entre apicultores”, advierte por su parte Pedro Quintana, un nicaragüense que trabaja en la crianza de abejas en California.

Cuenta que el domingo pasado se incorporó un nuevo trabajador a su equipo. El empleador lo mandó a un hotel a pasar la primera noche para proteger el resto del equipo. Pero la Organización Mundial de la Salud advierte que el periodo de incubación del coronavirus dura hasta 14 días.

Un albergue ofrece camas a precio reducido para migrantes tramitando su visa en Monterrey (México) en abril de 2019. Milli Legrain

Además, la naturaleza de su trabajo entre colmenas les impide cumplir las reglas del distanciamiento social. Así que Quintana decidió tomar precauciones por su cuenta: “No andamos con ropa de trabajo en casa. Echamos Lysol [un producto de limpieza] en las puertas de la refrigeradora y el carro.”, explica, “me echo gel desinfectante hasta en la cara y cierro los ojos, así no me arde”.

“Algo bueno tiene que salir de esto. Después de la tormenta siempre viene la calma”, concluye sin embargo con optimismo.

Arturo Hernández está “triste” por dejar a su familia. Y tiene miedo. Cuenta que su patrón no le ha dado ninguna recomendación contra el coronavirus. Así, él viaja con “gel de mano y cubrebocas”. Ante la falta de trabajo en su región y los bajos salarios, no ve otra alternativa que seguir emigrante, como hace desde hace tres décadas: “Qué voy a hacer? Tengo que trabajar porque aquí está canijo. No hay trabajo aquí donde vivo yo”.

* El nombre de los trabajadores mencionados en este reportaje ha sido alterado por temor a represalias.

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